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jueves, 4 de julio de 2013

CAPÍTULO 21: Otra gran noticia.

Jésica estaba en un sueño y no quería despertar jamás.
"Esto no está pasando...seguro. Es demasiado bueno."-Pensó.
La joven quedó paralizada al comprobar que era verdad, puesto que sentía dolor al pellizcarse la piel por comprobar si estaba dormida.
-Hugo...yo...sí.-
La expresión de Hugo era bastante desconcertante. Al haber tardado tanto en responder Jésica, había "desconectado" y no prestó atención a la respuesta.
-¿Qué...qué has dicho?-Preguntó Hugo.-
-Que sí...me casaré contigo.-Respondió Jésica llorando de emoción.-
-¡De verdad, te amo tanto!-
Se levantó Jésica y saltó a brazos de su novio y le besó apasionadamente.
Jésica llevaba planeando desde pequeñita cómo sería el día en que un hombre se le declarase, y esa era la forma que siempre soñó, después de cenar, a la luz de las velas.
Esa noche durmieron en la cama de Jésica abrazados.
La felicidad se hacía notar en sus caras.
A la mañana siguiente, Jésica se despertó con la sensación de haber vivido el mejor día de su vida

Querido diario:
¡Por fin ha ocurrido!, Hugo me ha pedido que me case con él, y por supuesto he dicho que sí.
Llevaba meses intentando que me lo pidiera y lo ha hecho, soy la chica más feliz del mundo ahora mismo.
Estoy deseando ver a los chicos y decírselo.

Cerró el diario y se dio la vuelta.
Contempló embobada como su futuro marido dormía sonriente y le acarició la cara.
-Buenos días precioso.-Le susurró al oído.-
Hugo sonrió y le devolvió el saludo.
-Buenos días princesa.-
Jésica le besó y se levantó de la cama...bueno lo intentó, porque Hugo se lo impidió.
-Quédate un poquito más...-
-Tengo hambre cariño...-
-Aquí me tienes.-Bromeó Hugo.-Sírvete.-
Jésica se rió, besó de nuevo a su novio y se levantó.
-En serio, tengo que comer algo, aún estoy algo débil por lo de ayer.-
Hugo se estiró y bostezó y se levantó de la cama.
-Te acompaño, porque si me quedo aquí me duermo otra vez.-
-Vale, pero...da igual.-
Hugo sonrió y abrazó a Jésica.
-Pero que mujer más guapa tengo.-Le susurró a Jésica al oído.-
Jésica sonrió y le abrazó.
-No tanto como mi marido...-
Ambos sonrieron y Hugo fue a cambiarse al cuarto de Laura y Jésica se cambió en el suyo.
Se vistieron y salieron al bosque para que Jésica "desayunara" y al llegar se encontraron a Elena, Diego, Lana y Daniel.
-¡Hola chicos!-Saludaron a la vez Jésica y Hugo.-
-¡Hola tía!-Saludó contenta Lana.-
Hugo se acercó y se puso a hablar con Diego y con Daniel.
-Los hombres somos los que no comemos jajaja.-Comentó Hugo.-
-Ya ves...jajaja, en fin, ¿qué tal Hugo?-Preguntó Daniel.-
-Pues muy bien...-Respondió Hugo mirando a Jésica sonriente.-
Diego vio la mirada de Hugo y se dio cuenta de que ocurría algo.
-¿Qué sucede?-Preguntó Diego.-
-Nada...que yo sepa.-Respondió extrañado.-
Elena vio a Jésica sonriente, a pesar de estas devorando literalmente a un ciervo.
-¿A tí te pasa algo?-Preguntó Elena.-
-No...bueno...sí.-
-Cuéntamelo, ¿algo malo?-
-¡No!, ni mucho menos...es solo que..-
Elena no le dejó terminar y sacó su primera conclusión.
-¿Te han aceptado en la universidad?-
-Mejor aún jajaja.-
Lana se acercó a ellas y comentó sobre el tema.
-¿Te ha tocado la lotería?-
Elena y Jésica se rieron. En ese momento Lana parecía tener la edad que realmente tenía, ya que si a Jésica le hubiera tocado la lotería ya lo habría dicho o lo estaría celebrando.
-No jajaja, esperad a que vayamos con los chicos y lo digo allí, siempre que Hugo no haya dicho nada.-
Jésica empezó a correr y en seguida llegó con Dani, Hugo y Diego.
-¿No has dicho nada?-Le preguntó a Hugo.-
-Sabía que lo querías hacer tú, así que cuando quieras.-
Llegaron Lana y Elena y Lana preguntó por lo que estaba tan contenta Jésica.
-¿Preparados?-Preguntó Jésica para crear más suspense.-
Todos asintieron y sonrieron.
-Me podéis llamar Jésica Lac si queréis.-
-¿Por qué?-Preguntó Lana.-
-¡Mi vida, felicidades!, ay tesoro que bien-Dijo Elena abrazando a Jésica.-Hugo, cuida bien de esta encantadora chica, es lo mejor que te pasará en la vida.-
Jésica y Hugo se miraron y se rieron.
-No lo dudes.-Respondió Hugo a su hermana abrazando a Jésica.-
Las felicitaciones fueron una gran forma de comenzar el día para Jésica y Hugo.
Volvieron a casa y se pusieron a preparar la comida, ya que iban a salir a pasear antes de comer y no querían estar pendientes de si llegaban a tiempo.
Mientras cocinaban, a Jésica le sonó el teléfono.
-¿Hola?-Contestó Jésica.-
-Hola Jess, soy Lucy, Cristian me ha dado tu teléfono.-
Hugo le preguntó a Jésica que con quién hablaba y Jésica respondió con un gesto con la mano hacia abajo para indicar que la persona era pequeña y movió los labios sin pronunciar su nombre para que él le leyera lo labios y Lucy no supiera que habían preguntado por ella.
-Hola cielo, ¿qué quieres?-
-Necesito tu ayuda.-
Jésica comenzó a hablar con Lucy moviéndose por toda la habitación y, cuando finalmente colgó, le dijo a Hugo que tenía que irse.
-¿Qué ha ocurrido?-Preguntó Hugo lavándose las manos después de terminar de cocinar.-
-Lleva desde que atacó a su prima sin comer, y acaba de pasar por una calle donde se ha caído una persona y hay sangre, y me ha pedido que vaya a ayudarla, si te vienes me harías un favor.-
Hugo asintió sin dudarlo y fue con su novia a ver a Lucy.
Era pleno verano, así que el pueblo estaba medio vacío; lo suficientemente vacío como para ir corriendo Jésica como el vampiro que era sin resultar sospechosa.
-Te espero con Lucy.-
Eso fue lo último que dijo Jésica antes de echar a correr para ayudar a su amiga.
Llegó Jésica a una calle junto a un parque de niños, probablemente propiedad de la guardaría que estaba justo en frente.
Lucy estaba sentada en el suelo agarrándose las piernas con las manos para no moverse.
-Lucy, ¿te encuentras bien?-
Lucy negó con la cabeza. La tensión que tenía en ese momento la pequeña era visible a metros de distancia, al menos para ella.
-¿Cuánto llevas sin comer?-Le preguntó Jésica.-
-Desde lo de mi prima...-
Jésica levantó a Lucy y la cogió en brazos como si fuera un bebé.
-Te voy a llevar al bosque donde como siempre.-Dijo Jésica.-
Procuró no mencionar las palabras "sangre" o "humanos" en la frase para evitar sospechas.
Lucy asintió y vio de lejos a Hugo.
-¿No es ese tu novio?-
Jésica giró y vio a Hugo acercarse corriendo.
-¿Dónde vais?-Preguntó Hugo.-
-Me la llevo al bosque, tiene más hambre del que pensaba...-
-Lo sé, lo he notado...-
Hugo notó la tensión en el interior de Lucy al igual que lo hizo Jésica.
Los tres fueron al bosque y Lucy vio que se encontrarían a Cristian en breve.
-"No quiero que me vea así, haz algo..."-Pensó Lucy.-
Jésica miró a su derecha y le hizo señas a Hugo para indicarle que Cristian estaba cerca y que Lucy quería que le distrajese.
Sin apartar la vista de su novio, Jésica logró leerle los labios: "Id por la derecha, es más largo pero más seguro."
Jésica le hizo caso y giró y a los pocos metros Hugo se cruzó con Cristian.
Mientras Hugo le distraía, Jésica aprovechó y empezó a correr para llegar al bosque y al llegar vieron un ciervo cerca de donde esta mañana había matado a otro.
-¿Sabes cazar?-Preguntó Jésica.-
Lucy negó avergonzada con la cabeza.
-¿No has cazado nunca?-
-No...este año he sobrevivido a base de animales muertos o de alguna persona herida en un accidente...no estoy orgullosa de lo que he hecho..., enséñame a cazar por favor Jess.-
-Por supuesto...pero no uses esto para las personas, procura alimentarte de animales solo.-
-Entendido.-Respondió feliz aunque hambrienta.-¿Cómo empezamos?-
Jésica sonrió al ver el entusiasmo de la pequeña por aprender a cazar, cosa que siendo humana no se le habría ocurrido nunca.
-Es como los gatos, ¿has visto a un gato cazar?-
-Sí...a mi gatita de cuando era más pequeña, le encantaba cazar un ratón de juguete.-
-Muy bien, pues te tienes que colocar lejos, lo suficiente para que el animal no te huela y huya. Ten en cuenta que tu velocidad es muy superior a la de cualquier animal de los que hay por esta zona, así que la distancia no es ningún problema...-
Jésica instruyó a Lucy para que su primera caza fuera bien, y resultó ser un éxito absoluto.
La pequeña Lucy se alimentó y consiguió controlarse para no matar al ciervo, pues era como Jésica, amante de los animales.
Hugo no había vuelto, pero no se preocuparon, ya que era muy posible que se hubiera entretenido con Cristian o que hubiera decidido ir a dar una vuelta con él.
-¿Y qué tal con tu novio?-Preguntó Lucy.-
Jésica sonrió y le puso la mano en el hombro a Lucy.
-Pues anoche me pidió que me casara con él, y le dije que sí...así que...-
-¡Qué bien!, me alegro un montón, jajaja, hacéis una pareja perfecta, seguro que todo os va muy bien.-
Las dos chicas se abrazaron debajo del árbol en el que estaban apoyadas, y escucharon un ruido entre los arbustos.
-¿Lo has oído también verdad?-Preguntó Lucy.-
Jésica asintió y buscó con la mirada el origen del sonido.
Lucy vio a Hugo escondido y decidió fingir que buscaba por otra zona para hablar con él.
-¿Por qué estás escondido?-Susurró Lucy.-
-Mi hermana le ha dicho a todos que nos vamos a casar y quiere darle una sorpresa, no estoy yo, somos muchísimos...imagino que los olerás a todos.-Bromeó Hugo.-
Lucy empezó a oler y, efectivamente, detectó muchos vampiros pero sobre todo a los hombres lobo.
-¿Qué hago para distraerla?-
-Dile que has visto algo moverse por allí.-Contestó Hugo señalando la dirección opuesta.-
Lucy asintió y fingió que perseguía algo.
-¡Jess, hay algo aquí!...¡ayúdame que se ha movido, está en ese árbol!-Dijo corriendo hacia el mencionado árbol.-
Jésica corrió hacia Lucy a buscar el animal o lo que hubiera encontrado, y en lugar de eso encontró una tarjeta en el suelo: "Felicidades vampirita".
Se extrañaron ambas al ver la nota, pero Lucy supo que Hugo les mandó hacia ese sitio para que Jésica leyera la nota.
-¿Qué es esto?-Preguntó Jésica.-
-No se...se le habrá caído a alguien...¿no será tuya?-
Jésica negó con la cabeza y miró la nota otra vez.
-Vampirita solo me lo llama una persona...Clara.-
En ese momento salieron todos de entre los arbustos y gritaron: "¡Felicidades!.
Jésica se giró rápido y vio como todos sus amigos estaban allí: Elena, Diego, Lana, Daniel, Carlos, Pablo, Ana, Amanda, Alejandro, Clara, Pedro, Cristian, Azucena, Lorena, Carolina, Lidia, Marcos y Cristian.
-¿Cristian, qué haces aquí?-Preguntó Jésica.-
-Me encontré hace un rato con tu novio y hablando me dijo que iban a hacer una fiesta sorpresa por tu boda y me apunté.-
-"¿Entonces no sabía nada de esto?-Pensó Jésica.-
Lucy negó con la cabeza, asombrada también de ver a su primo.
-Bueno...¿cuándo me pensabas contar que te vas a casar?-Preguntó Pedro corriendo a abrazar a su amiga.-
Jésica se rió y le abrazó encantada.
-Tenía pensado decíroslo poco a poco pero...pero...-
Elena vio que Jésica hacía gestos que ella ya había hecho hacía ahora dieciséis meses.
-Un momento.-Dijo Jésica con la mano en la boca.-
Salió corriendo y nadie tuvo la oportunidad de decirle nada, pero Lidia y Elena sabían lo que pasaba.
-"¿Cuánto hace que Jésica y tú os habéis...ya sabes...acostado?"-Preguntó Elena a su hermano, ingeniándoselas para que ningún otro hombre lobo ni ningún vampiro pudiera escucharla.-
-"8 semanas más o menos..."-
-Lidia, 8 semanas..., ¿lo dices o lo digo?-Preguntó Elena.-
-Dilo tú que eres familia.-Respondió sonriente Lidia.-
Elena accedió a informar a la familia de la noticia que quería dar.
-Chicos...Jésica...-
-¡Estoy embarazada!-Gritó Jésica nada más llegar.-

viernes, 31 de mayo de 2013

CAPÍTULO 20: Una situación...distinta.

A la mañana siguiente Lana despertó en el sofá-cama de Jésica junto con Daniel.
Con mucho cuidado se levantó y fue a hacerse el desayuno, pero la calma no duraría mucho.
Lana lanzó un grito al ver a Jésica en el suelo cubierta de sangre.
Rápidamente Diego, Elena y Daniel fueron a ver qué ocurría.
La escena era desoladora: Jésica estaba tirada en el suelo con la cara amoratada y una gran herida en el cuello.
Daniel se dio cuenta de algo, y Diego se percató de ello.
-¿Qué ocurre Dani?-
-Nada nada...es solo que...-Contemplo que los ojos llorosos de Elena y Lana le miraban fijamente y no tuvo más opción que terminar la respuesta.-Que resulta raro ver que ni Elena ni Lana se hayan abalanzado sobre Jésica a por la sangre.-
Aunque en un primer momento Elena iba a reprocharle que entre vampiros la sangre no produce ansiedad, pensó que lo que había dicho tenía sentido.
-Dani...¿sabes si Jésica hizo algo anoche?-
-¿Cómo lo voy a saber?, estuve cenando con Lana, Pablo y Azucena.-
-Cierto...-
Jésica comenzó a moverse despacio, sin intentar levantarse, pero si intentado abrir los ojos y mover los brazos.
Lana dirigió la vista hacia ella.
-Jess, Jess...¿qué ha pasado?, ¿quién te ha hecho esto?-
Jésica tosió fuertemente y comenzó a vomitar sangre.
La reacción fue que Daniel tuviera que irse al cuarto de baño a vomitar también, pero del asco que le dio ver aquello.
Diego le proporcionó a Jésica un cubo y Lana le levantó la cabeza a Jésica para que no se atragantara.
Elena pensó en aquello y llegó a una conclusión: Jésica había ingerido sangre de un vampiro, pero no de uno como ella, sino de uno que se alimentaba de sangre humana.
Lana escuchó el pensamiento de Elena y recordó lo que ocurrió el día anterior.
Jésica estaba demasiado débil para escuchar los comentarios entre Lana y Elena, pero intentó pronunciar una palabra, aunque sin éxito.
-Lu...lu...-
Ni hizo falta más. Esa sílaba que había pronunciado Jésica era más que suficiente para adivinar el resto de la palabra.
-¿Lucy?-Preguntó Lana.-
Elena recordó, al igual que Lana, la conversación de Jésica con Cristian el día anterior. Cristian no lo supo pero todo lo que le fue diciendo lo fue repitiendo mentalmente Jésica para que se enterasen Elena y Lana.
Jésica no consiguió responder, pero si asentir.
Daniel regresó y vio que Jésica se movía y se dirigió a ella.
-Jésica, ¿qué ha ocurrido?-
-Lucy, la hermana de Cristian, la ha atacado y al defenderse ha bebido su sangre y no la tolera, porque es un vampiro muy reciente.-Explicó Elena.-
-¿No se os ha ocurrido llamar a un médico?-Intervino Diego.-
-¡No!-Contestó rápidamente Elena.-Lana no lo sabrá porque es muy joven, pero en estas situaciones que se dan poco, porque los vampiros las evitamos porque conocemos sus consecuencias, la única solución es que Jésica beba sangre humana.-
Lana se levantó corriendo y se dirigió a la puerta.
-Iré al hospital, seguro que Lidia me da una bolsa.-Dijo mientras corría hacia la salida.-
-¡Lana no!-Intervino Elena de nuevo.-Tiene que beber directamente de un humano, y ahora Dani tiene suerte de que esté débil, porque te aseguro que el hambre que tiene ahora Jess es inaguantable y...-
Daniel apartó a Elena de un empujón y apoyó su muñeca en la boca de Jésica. Esta se negó a beber, a pesar de que sus ojos rojos intensos indicaban que realmente tenía mucha hambre.
-¡Jésica, es la única forma!-Insistió Daniel.-
Elena jamás había visto a un vampiro en semejantes condiciones rechazar sangre humana. Estaba asombrada por el autocontrol de Jésica, pero aún así, apoyó la idea de Daniel.
-Lana y yo nos iremos lejos hasta que tengas fuerzas para irte de caza, llamaré a Hugo, a Clara y a Pedro para que vengan a controlarte.-Dijo Elena.-
-¿Por qué no nos podemos quedar?-Preguntó llorando Lana.-Quiero estar con la tía Jésica.-
-Cielo, no aguantarás el olor de la sangre de Daniel, puede descontrolarse y hacerle mucho daño por eso llamaré a Hugo, Clara y Pedro para que la controlen junto con Diego.-
Antes de que Lana dijera nada más, Hugo estaba en la puerta.
-¡Largo de aquí Lana!, hazle caso a tu madre.-Ordenó Hugo.-Clara y Pedro ya vienen.-
Elena cogió del brazo a Lana y tiró de ella, y a pesar del esfuerzo que supuso para Lana separarse de Jésica, logró entrar en razón e irse con su madre.
Según salían vieron a Clara y a Pedro, pero no venían solos, venía con ellos una joven morena de unos 15 años o como mucho 16.
-¡Iros chicas!-Dijo Clara.-Luego te informo Elena.-
Esto fue lo último que escucharon Lana y Elena antes de que todo volviera a la normalidad.
Clara, Pedro y la joven entraron en la casa y Jésica se percató de que alguien a parte de los dos a los que esperaba habían entrado pero no tenía fuerzas para decir su nombre.
-Jésica muerde.-Le ordenó Daniel.-
Como era de esperar, se volvió a negar y Diego miró a Daniel y ambos asintieron. No entendía lo que ocurría, pero como estaba tan débil no logró preguntarlo.
No tardó en descubrirlo, en cuanto vio que Diego se acercaba a Daniel con la boca abierta.
Jésica no quiso verlo y cerró los ojos, pero no pudo evitar abrirlos tras escuchar el grito de dolor de Daniel y observó que tenía una herida en la muñeca de la cual la sangre no paraba de salir.
Daniel volvió a la posición de Jésica y le colocó la muñeca en la boca y esta vez no pudo evitarlo y mordió la herida y comenzó a succionar la sangre.
Daniel estaba sufriendo más que en toda su vida, pero le estaba salvando la vida a la hermana de su difunta novia, y en cierto modo era como una hermana para él.
-¡Tengo que volver con Jésica!-Le dijo Lana a su madre.-
-Lana no. Si vuelves no lo soportarás y atacarás a Daniel y si te lo impiden atacarás al que te lo impida, y me niego a sufrir otra pérdida.-
Elena no se acordó de que nunca le había hablado a Lana de su tía Laura. Se dio cuenta al ver que su hija expresaba duda solamente en la mirada.
-¿Qué otra pérdida ha habido?-Preguntó Lana dejando atrás el tema de Jésica.-
Elena resopló al darse cuenta de su error, pero no tuvo más remedio que contárselo todo.
-Cielo, tú quieres mucho a tu tía Jésica y a toda su familia, ¿verdad?-
-Ajam...-
-Bueno pues la tía Jésica tenía una hermana pequeña, de tan solo 2 años menos que ella y hace unos dos años se murió tras...un accidente.-
Elena cometió otro error al mentirla "parcialmente", y es que Lana también leía la mente de otros vampiros, puesto que ella era uno también.
Utilizando su habilidad de cambiar el estado de ánimo de la gente, Lana obligó a su madre a verse forzada a decir la verdad, y esta no pudo hacer nada para impedirlo.
-La mejor amiga de Jésica se transformó en lobo el mismo año en que murió Laura, que era la hermana de Jess...-
Le contó la historia completa a Lana y, finalmente, le explicó por qué no quería que fuera en esta situación.
-Si entraras de repente mientras están controlando a Jésica y alguno se descontrolara, no perdonaría que te pasara nada, y si tu te descontrolases tampoco me lo perdonaría.-
-Querrás decir que no me lo perdonarías a mi.-Corrigió Lana a su madre.-
-No cariño, no me perdonaría el haberte dejado ir cuando prometí que os mantendría a todos a salvo. Por eso nos hemos ido hasta que pase todo.-
Lana abrazó a su madre y se disculpó por su forma de hablar.
-Tranquila tesoro...estás asustada y nerviosa, es normal.-Consoló Elena a su hija.-Tranquila, si pasa algo nos avisarán no te-
-Chiquitas, Diego se ha llevado al hospital a Daniel a que le cosan la muñeca pero está bien. Cuando queráis venís.-Les dijo Jésica a Lana y a Elena.-
La emoción y la alegría en la cara de Lana era evidente. SI antes lloró un poco cuando tuvo esa discusión con su madre, ahora lloraba mucho al recibir de parte de Jésica que todo iba bien.
Madre e hija salieron corriendo y en nada llegaron a casa de Jésica, y sin llamar al timbre ni nada, Lana entró a buscar a su tía.
-¡Tía Jésica!-Gritó emocionada Lana al ver a su tía tumbada en el sofá.-
-Jajaja, hola cariño...-Dijo con la voz algo débil aún.-¿cómo te encuentras?-
Lana abrazó a su tía y soltó una carcajada.
-¿Me preguntas a mi que cómo me encuentro?-Preguntó de nuevo Lana.-Eso te lo tendría que preguntar yo a ti.-
-Yo estoy bien, ¿no me ves?-Bromeó Jésica.-
-Ya te veo...-
Lana no tardó en llorar y Jésica abrió los brazos para abrazar a su sobrina.
-¿Qué sucede cielo?-Preguntó Jésica.-
-Me has...asus...asustado tía Jess-
Se le escapó una pequeña lágrima a Jésica al comprobar el miedo que tenía aún su sobrina e intentó compensarlo.
-¿Te vienes al mercadillo a ver si ves algo que te guste?-
Lana se secó las lágrimas y asintió.
-Vámonos, que tengo que visitar a una joven vampira con mala sangre, nunca mejor dicho.-Dijo Jésica levantándose.-
Hugo impidió que se pusiera de pie y le dejó sentada.
-¿A dónde te crees que vas morena?-Le preguntó a Jésica.-Tú quieta ahí, me niego a que vayas a ver a Lucy.-
-¿Lucy?-Preguntó Lana.-¿Quiéres ir al mercadillo a hablar con la que ha estado a punto de matarte?-
-Chicos, dejadme que os lo explique.-Dijo Jésica.-Vino a verme esta madrugada, pero antes me avisó Cristian por sms de que su prima pretendía venir, así que me preparé por si acaso. Lucy es muy maja y buena chica, pero la sed no la tiene ni mucho menos controlada. Tras un rato hablando le comenté que su primo quería que hablara con ella mañana porque le asustó el tema de lo que le hizo a su hermana y no le hizo gracia que yo lo supiera y se enfadó con su primo. Empezó a decir que le iba a matar y se fue corriendo, pero a pesar de que bebe sangre humana la alcancé a tiempo y le impedí que continuara. Se enfadó conmigo por bloquearla el paso pero logré que volviera a dentro a seguir hablando. Me equivoqué; seguía muy muy enfadada y me intentó atacar y yo sabía algo que en ese momento no sabía e imagino que lo dedujo al ver lo que ocurrió, que si yo bebía sangre de un vampiro reciente que se alimenta de sangre humana, su sangre y la mía serían incompatibles, pues parte de ella sigue siendo humana, otra vampiro y por otro lado aún no ha asimilado la sangre de todas aquellas personas que se la hayan proporcionado a la fuerza o no...-
-Vale vale, lo entiendo, pero ¿cómo te has recuperado tan pronto?-Preguntó Lana.-
-Pues soy más fuerte de lo normal debido a mi parte de bruja. Por lo visto me ha dado una fuerza extra o algo así.-
-Tiene sentido...-Comentó Elena.-Aún así, nos has dado un buen susto y sigo sin entender por qué quieres ir al mercadillo.-
-Porque se lo prometí a Cristian.-Respondió firmemente Jésica.-Ha sufrido mucho y no quiero que piense que está solo. Ahora que sabe cómo es su prima quiere convivir con ello, y o la enseño a controlarse o no tardará en hacerle daño o en perderla para siempre.-
Ninguno de los presentes estaba dispuesto a dejar irse a Jésica, pero justo cuando más le necesitaba, entró Diego.
-Jésica vamos a ver a esta chiquita.-Dijo nada más entrar.-Y te vienes tú Hugo.-
Elena se sorprendió al escuchar a su marido decirle a Jésica que fuera a ver a quien había querido matarla y se negó.
-No dejaré que Jésica haga esto y mucho menos que te lleves a mi hermano.-
Hugo intervino en la conversación una vez que entró en razón.
-Es el único modo, tiene razón Jésica, pero...¿no somos pocos tres enfrentados a una vampira tan descontrolada?-
-¿Dudas de tu fuerza?-Preguntó Diego vacilándole.-
-Sabes que no, pero no quiero encontrarme allí con otros tantos vampiros y tener que enfrentarme a ellos solo. Porque sinceramente, si vienen a por mi dejaré que vengan siempre y cuando Jess esté a salvo, y no quiero que si me pasa algo te quedes solo y-
-¡Haced el favor de venir ya, que estoy harto de esperar!-Gritó una voz grave y familiar.-
Jésica reconoció la voz que había gritado. Su oído y su memoria le permitían reconocer voces de cualquiera al que hubiera escuchado alguna vez hablar, pero ciertas voces eran inconfundibles.
Antes de que Jésica pronunciara el nombre de esa persona entró por la puerta.
-Chicos, o salís ya o no vamos.-
Confirmado, era Pablo el que gritaba.
-¿Qué haces aquí petardo?-Preguntó Jésica dirigiéndose a él para abrazarle.-
-Me han contado lo que te ha pasado y como veo que estás bien no pregunto jajaja, pero me niego a que esto quede así. Esa renacuaja tiene que saber que o se controla o no puede seguir aquí.-
Jésica le dio dos besos a su primo y miró a Elena como si le pidiera permiso para irse de su propia casa. Elena asintió esta vez.
-Mantenedme informada y si pasa algo avisadme.-Dijo Elena como condición a que se fueran a ver a Lucy.-
-Está Carlos esperando fuera con Azucena, me van a matar como no vayamos ya.-
Jésica le dio un beso a Lana y otro a Elena y se marchó.
Llegaron al mercadillo y se dividieron para buscar a Lucy, y Jésica fue quién dio con ella.
Como ya sabía, no iba sola. Parecía que iba a una batalla, porque Jésica notó la presencia de más criaturas de lo normal, sin embargo, no localizó más que a un vampiro, Lucy. ¿Quiénes eran los otros seres?
-Hola Lucy.-Saludó Jésica haciendo que esta levantara la cabeza para mirarla.-
-Hola Jésica...-Contestó entristecida.-
A pesar de las ganas de acabar con ella que sentía Jésica en su interior, se vio forzada a preguntarle si estaba bien, pues su tono de voz sugería que no.
-¿Ocurre algo?-
-Es que...lo de esta madrugada...no me lo perdonaré.-Contestó Lucy.-Ya hice mucho daño a mi primo, no quiero hacerle más daño.-
En seguida llegaron Hugo, Diego, Carlos, Azucena y Pablo y se pusieron al corriente de lo que ocurría.
Jésica notó que Lucy se sentía incómoda con tanto vampiro y hombre lobo cerca, y la tranquilizó diciéndole que no la iban a hacer daño.
-Aunque creas que han venido para atacarte no es cierto, han venido para ayudarme.-Dijo Jésica.-
-¿Ayudarte a qué?-
-A hacerte entrar en razón.-Respondió Jésica.-Tu primo me lo ha contado como ya te dije pero no tiene por qué volver a pasar nada similar-
Lucy se mostró receptiva. A estar sola como vampiro nunca había pensado en una vida alternativa.
-Te escucho.-
-Primero necesito que confíes en mi y en que vosotros lo hagáis también.-Dijo Jésica mirando después a sus amigos.-
Todos asintieron afirmando que iban a confiar en ella.
-Quiero quedarme a solas con Lucy un rato y luego si necesito algo os aviso.-
-¡No!-Dijo una voz aguda al fondo del mercadillo.-
Diego la reconoció y se fue en dirección a esa voz, pero no pudo detenerla.
-Jésica ha intentado matarte y...-
Jésica vio que Carolina paró en seco y dejó de hablar en cuanto se acercó un poco.
-¿Carolina?-Preguntó Lucy.-
-¿Eres Lucy?-Preguntó Carolina en respuesta.-
-Pues claro...que...¿qué haces aquí? no sabía que estabas en el pueblo.-
-Vivo aquí desde hace un año guapa...no me puedo creer lo que le hiciste a Jésica y tampoco que vosotros no me avisarais de que os ibais, me he quedado sola en tu casa Jésica.-
En ese momento respondió a su pregunta. No sabía quién más había pero sabía que allí se encontraban más personas de las previstas.
Por otro lado, también recordó haber visto a Carolina en casa, pero no sabía por qué al salir no.
-¿Os conocéis?-Preguntó Jésica.-
-Sí, jajaja.-Respondió Carolina feliz.-Lucy era muy buena amiga hasta que me mudé y nos dejamos de ver. Cuando yo tenía 6 años, enseñé a Lucy a alcanzar un bote de galletas aprovechando que pesaba poquito. Yo le cogía y ella lo cogía, jajaja.-
-Me acuerdo de eso, jajaja.-Comentó Lucy contenta.-
-¿Es verdad que has atacado a Jésica?-Preguntó Carolina saliéndose de su conversación particular.-
Lucy asintió apenada por lo sucedido y Carolina mostró una expresión similar, pero de decepción.
-Entonces, ¿eres...?-
-Sí...desde hace un año o un poquito menos, pero sí.-
Carolina quería asegurarse de ello acercándose a ella. Al ser tan joven, su olfato podía detectar un vampiro a kilómetros, pero anulaba esa "faceta" suya porque no le gustaba la idea de no acercarse a ningún vampiro, puesto que la mayoría de sus amigos lo eran.
Lucy no entendía por qué se acercaba, pero cuando estuvo relativamente cerca la olió y se echó para atrás.
A pesar de ser vampira desde hace un año, no comprendía por qué su mejor amiga de la infancia le olía mal. Sabía que los hombres lobo existían, pero nunca había estado cerca cerca de uno.
-¿A qué hueles?-Preguntó extrañada Lucy.-
-A lo que soy.-
Lucy comprendió que no era humana y que por lo tanto no iba a decirlo en público, pero le pidió que lo dijera en bajo o en privado.
Finalmente optaron por irse a hablar en privado.
Lucy y Carolina se alejaron poco, lo justo para que los humanos no escucharan, aunque ambas sabían que los vampiros sí podían oír.
-¿Por qué me resulta tan desagradable estar contigo?-Preguntó Lucy.-
-Porque los vampiros y los hombres lobo tienen una rivalidad desde hace siglos y se ha transmitido generación tras generación, y ya es algo común.-
Lucy se sorprendió más de lo que Carolina esperaba, pues se había dado cuenta de que no era humana pero no había pensado en que fuera una licántropa.
-¿Eres...licántropa?-
-Sí.-
La respuesta de Carolina fue breve, lo justo para que Lucy lo comprendiera y, si tenía alguna duda preguntara. Tampoco quería contarle historias que no le interesaran.
-¿Cómo has sabido que soy vampira?-
-Estuve mientras curaban a Jésica de...lo que tuviera y al acercarme a ti lo confirmé.-
-Entiendo...¿tú me crees verdad?-
-¿A qué te refieres?-
-No lo hice aposta. No sabía los efectos que tendrían mi sangre en Jésica...me enfadé mucho pero jamás le haría daño a nadie...-
Carolina miró a su amiga con cara de escarnio y dedujo que sabía lo de su prima.
-No es lo que piensas...-
-¿No?, ¿y qué es entonces?, porque a mi me sigue pareciendo un asesinato.-
Lucy comenzó a llorar y, aunque estaba enfadada, Carolina la abrazó. El que hubiera hecho daño a su prima no quería decir que no lo sintiera ahora.
-Si no es lo que parece, ¿qué es?-
Lucy se secó las lágrimas y comenzó a hablar.
-Silvia tuvo problemas con su novio. Ella quería cortar y él se negaba. Cristian no sabe que, durante meses, su hermana estuvo amenazada de muerte por su novio. Un día fui a verla y estaba discutiendo con su novio. Me dijo que me fuera porque no podía hablar ahora y me fui, pero no olvidé la cara de su novio. Según cerré la puerta le escuché llamarla "zorra" y me prometí a mi misma que le haría pagar caro el haberle dicho eso a Silvia. Una semana después sufría el ataque de un vampiro y me convertí. Fui a casa de Silvia a pedirle ayuda, pues aunque no creyera en los vampiros y demás, siempre confió en mi, y sabía que si le decía lo que pasaba, podría creer en esos seres. Cuando llegué, su novio estaba en la puerta y fui a hablar con él. Me preguntó que por qué iba a ver sufrir a Silvia y me dijo que la iba a matar el día que se descuidase. Se fue y de pronto escuché gritos en casa.-Lucy miró la cara de atención de Carolina y prosiguió el relato.-Entré por la fuerza, aprovechando que ahora que era vampiro tenía más y vi a Silvia en el suelo con un corte en el cuello, y a su novio con un cuchillo ensangrentado en la mano, llorando pero con el cuchillo. Cuando me vio me pidió perdón y se marchó corriendo. Fui a ayudar a Silvia pero desde que me convertí no había bebido más que una vez, la necesaria para completar el proceso. El hambre pudo conmigo y...bueno ya sabes el resto.-
Carolina estaba llorando. A pesar de todo, era inocente y realmente lamentaba la pérdida de su prima.
-¿Me crees verdad?-Preguntó Lucy sollozando aún.-
Carolina asintió emocionada por el relato y abrazó a su amiga.
-Tenemos que contárselo a tu primo.-
-No hace falta.-Dijo una voz grave acercándose.-
Carolina y Lucy vieron como aparecía Cristian cabizbajo.
-Cristian...yo...lo siento mucho de veras, lo llevo peor que tú...-
Cristian abrazó a su prima llorando pero de alegría por tras saber que su prima era inocente.
-Tranquila...pero deberías haber hablado conmigo después.-
-No podía, después de lo que viste temía que no me dejaras explicarme.-
-Te entiendo...pero a partir de ahora, que lo se todo, necesito que confíes en mí siempre, ¿vale?-
-Por supuesto primo.-
Se abrazaron de nuevo los primos y volvieron al puesto del mercadillo.
-¿Habéis hablado?-Preguntó Jésica.-
Cristian miró a su amiga con la típica cara que se pone cuando algo es evidente que sabe el otro.
-¿Por qué miras así a Jess?-Preguntó Carolina.-
-Porque sabe que se ha enterado de todo.-Intervino Lucy.-¿Me creéis todos?-
Todos asintieron y decidieron ayudar a Lucy en el mercadillo.
El resto del día fue mucho más tranquilo y, al irse a casa, Hugo decidió pasar la noche con su novia y Daniel y Lana la pasaron en casa de Elena y Diego.
-¿Quiéres que haga yo la cena?-Preguntó Hugo mientras sacaba una sartén.-
-Vale, mientras voy a mi diario que tengo que escribir.-
Jésica subió a su habitación y escuchó la risita de Hugo desde la cocina.
-¡Te he oído tonto!-Gritó sonriente Jésica.-
-¡Eres una cotilla!-Respondió sacando de la nevera un plato con filetes.-

Querido diario:
Hoy hemos averiguado la verdad acerca del suceso tan extraño de Lucy, la prima de Cristian, con Silvia.
Por otro lado estoy viva gracias al novio...bueno, "amigo especial" de Lana, Daniel.
Ese pequeñajo es todo amor y creo que mi hermana habría sido muy feliz con él.
El lunes iré al instituto a hablar con el señor Lay para comentarle lo ocurrido y anunciarle la muerte de su hija, que al parecer no tiene constancia de ello aún, y si esperamos más será peor.
Por mi parte ayudaré a Lucy a controlarse y el que su mejor amiga de la infancia...bueno actual, porque mayores no son ninguna que digamos..., sea un hombre lobo ayuda, porque por otro lado controlará la repulsión por esas criaturas, sin las que sería incapaz de vivir.
En fin, no creo que hoy escriba más, Hugo y yo pasamos la noche en casa y no tenemos planes mañana, así que será una noche larga.

Terminó de escribir y cerró el diario.
Salió de su cuarto y encontró una alfombra roja en la escalera, como la de los premios importantes.
Se asomó al piso de abajo y la mesa estaba preparada al completo, la comida servida y había velas encendidas.
-Vale...¿cómo lo has hecho tan rápido?-Preguntó confusa Jésica.-
-Has tardado más de la cuenta.-
Jésica miró el reloj y había estado escasamente 10 minutos en su habitación.
-No me lo creo, pero me da igual, está precioso todo.-
Jésica bajó las escaleras y a mitad de camino se detuvo.
-¿Ocurre algo cielo?-Preguntó Hugo.-
-Voy con vaqueros...y tal vez me podría cambiar de ropa...-
-Estás bien así, tranquila.-Dijo sonriendo Hugo.-
Jésica sonrió y terminó de bajar las escaleras.
Caminó hacia la mesa y Hugo se sentó en frente de ella.
La cena fue perfecta. Ni un contratiempo, ni un despiste tonto...nada.
De postre, Hugo había traído de casa una tarta de bizcocho y nata con fresas por encima que tenía un aspecto de lo más apetitoso.
Jésica disfrutó de la cena y del postre como nunca, pero recordó que después de una comida similar, hacía dos años se convirtió en vampiro, y eso la entristeció un poco.
Hugo se dio cuenta y supuso que era por eso precisamente, de modo que se levantó y se sentó al lado de su novia.
-Tranquila...hoy no me he cortado.-Bromeó para que se sintiera mejor.-
Jésica soltó una pequeña risita y se sentó en las piernas de Hugo y le besó.
-Te quiero.-Dijo Jésica acariciándole la cara.-
-Te amo.-
Hugo besó a Jésica y comenzó a acariciarle la cara. Jésica cerró los ojos y sonrió y Hugo le acarició suavemente el cuello.
Jésica pensaba que iba a seguir acariciándola, pero en lugar de eso, Hugo la sorprendió tapándola los ojos.
-¿Qué haces?-Preguntó Jésica.-
-Déjame levantarme y te sientas ahora, pero con los ojos cerrados.-
Jésica hizo caso a su novio y le dejó ponerse de pie y luego ella se sentó.
La cabeza de Jésica se llenó de pensamientos sobre lo que iba a pasar, pero en ninguno de ellos estaba lo que ocurrió de verdad.
-Jésica Miró, te amo desde hace tiempo, sabes que mi vida sin ti no tendría sentido y que cada día que paso contigo es único...-
Jésica sonrió y abrió los ojos poco a poco, por si acaso Hugo le decía que los cerrara. Pero no lo hizo y, en su lugar, le hizo abrirlos del todo.
-Jésica...¿quieres casarte conmigo?-

CAPÍTULO 19: Como de la familia.

Llegaron a casa y la mesa estaba preparada. Había mucha comida y muy variada.
Elena había traído algunos platos caseros de la madre de Diego para probarlos y Hugo preparó una receta de patatas asadas que triunfó.
Pero como estaba claro, no todos se saciarían con esa comida. La pega de vivir con vampiros y hombres lobo y demás criaturas es que cada una necesita una alimentación concreta.
-Mamá, tengo hambre.-Dijo Lana.-
-Dame un momento que termino de preparar con tu tío esto y nos vamos con Jésica.-
Lana fue a sentarse junto a Daniel, pero en su lugar se sentó en su regazo y apoyó la cabeza sobre su pecho. Los latidos de su corazón se oían perfectamente gracias a su oído de vampiro, y también escuchaba su sangre fluir, aunque no le resultaba tan tentador como a Jésica, porque ella era medio licántropa y también tenía necesidades más humanas.
Daniel, que había escuchado como Lana le decía a su madre que tenía hambre, le propuso una idea.
-¿Cómo llevas el autocontrol?-Le preguntó a Lana mentalmente.-
-Bien, aún no he matado a ningún animal.-
Daniel miró a Lana fijamente y entendió lo que quería hacer.
-Daniel me he alimentado de animales toda mi vida, desde que nos fuimos no he probado más sangre humana, no se si podré controlarme.-
-Inténtalo. Si vas a vivir aquí un mes, tienes que controlarte, porque no siempre tendrás a tu alcance un ciervo o un animal. Habrá veces que estés rodeada de gente y necesites comer, y si muerdes a alguien...-
Lana no le dejó terminar y mordió su cuello.
No recordaba que doliera tanto, sin embargo, la sensación de alimentar a ese bebé que hace tres días tenía en brazos era la misma.
No tardó en separarse de Daniel y en seguida fue a por una gasa para la sangre.
Al levantarse Lana y separar la boca de la herida del cuello, la sangre comenzó a resbalar, y como era de suponer, Jésica y Elena la olieron.
Sus ojos comenzaron a enrojecerse. Elena no probaba sangre humana desde antes del parto y Jésica hacía más tiempo todavía que no la probaba.
Lana volvió rápido con la gasa, justo a tiempo para detener a Jésica y Elena, que en cualquier momento se iban a lanzar a por Daniel.
-Vamos al bosque chicas, tenéis que comer.-Dijo Lana limpiándole la sangre a Daniel.-
Los ojos de Elena volvieron a su castaño habitual al escuchar a su hija, y poco a poco los de Jésica también.
-Vamos Lana, volveremos en 10 minutos.-Dijo Elena abriendo la puerta.-
Cuando iban a salir estaba en la puerta Cristian.
-Cri...Cristian, ¿qué haces aquí?-Preguntó Elena.-
-Mi padre me dio la dirección de Jésica, creí que habías vuelto a Italia.-
-Sí...bueno, vamos a pasar este mes aquí.-Miró de arriba a abajo a Cristian, estaba mucho más guapo de lo que estaba la última vez.-Has cambiado mucho, estás muy guapo.-
-Gracias Elena, ¿es tu hermana pequeña?-Preguntó Cristian mirando a Lana.-
Jésica escuchó la pregunta e inmediatamente le dijo mentalmente a Elena y a Lana que no sabía que era vampira, de manera que tenían que decir alguna mentira.
-Sí, es mi hermana pequeña, pero ya tiene sus añitos.-Bromeó Elena.-
-Jajaja, ¿cómo te llamas?-Preguntó Cristian.-
-Lana, me llamo Lana.-
Cristian le dio dos besos como era su costumbre al conocer a alguien, y Lana se los devolvió.
-Cristian, ¿qué haces aquí?-Preguntó Jésica simulando que no se había enterado de que estaba en la puerta.-¿Quién te ha dicho dónde vivo?-
-Mi padre. Escucha, hace varios meses que no hablamos y tengo que hablar contigo, ¿te importa venir 10 minutos?-
Jésica miró a Elena y a Lana y decidieron que ellas se fueran y luego iría ella.
-Por supuesto que no. Chicos, salgo a hablar con un amigo, ahora entro.-
Hugo asintió con la cabeza y recordó a Cristian. Nunca le había visto en persona, pero el señor Lay tenía una foto de cada uno de sus tres hijos en su despacho, y le reconoció.
-¿Qué querías Cristian?-
-He venido a pedirte ayuda.-
-Dime qué necesitas y haré lo que pueda.-
-Tienes que ayudarme a controlar a mi sobrina Lucy. Mi padre te habló de ella, me lo ha dicho. La fui a ver el otro día y...-
Cristian comenzó a llorar y se sentó en el suelo. Jésica se sentó a su lado y dedujo que había hecho alguna burrada, pero si era vampira como sabíamos, era de esperar que matara algún animal o algo.
-Dímelo cielo, ¿qué le pasa a tu sobrina?-Preguntó Jésica sin hacer mención a vampiros y demás.-
-La encontré en el salón, tirada en el suelo, llena de sangre...y a su lado, Silvia, en el suelo, con...con el cuello completamente abierto, y un charco de sangre entre ellas.-
Jésica pensó que había matado algún animal, o incluso que le había confesado directamente que era vampira. Jamás pensó que podía ser algo tan grave.
-Cielo, ¿qué quieres que haga con Lucy?-
-Ayúdala a controlar su sed.-
Jésica se quedó sin palabras al escuchar aquello. Había averiguado lo que era y en lugar de venir pidiendo explicaciones sobre por qué no se lo dijo, venía pidiendo ayuda.
-¿Cómo lo has sabido?-Preguntó Jésica.-
-Cuando vi a mi sobrina tenía los ojos rojos, y recordé que cuando me corté, antes de ir a por la tirita, me fijé en tus ojos y estaban algo rojos. En principio pensé que estaban irritados pero busqué información cuando vino Elena y me dijo que te tenías que ir y que no habías podido volver a despedirte. Recordé que dijiste que no podías comer por tu dieta y a mi siempre me han gustado los libros de fantasía y recordé algunos de vampiros. Aunque me costó creerlo lo admití y cuando vi a mi hermana en el suelo desangrada y los ojos de Lucy así, decidí venir a verte.-
Jésica abrazó a Cristian para consolarlo.
-¿Dónde puedo ver a Lucy?-
-Mañana es domingo, así que tiene que ir a una reunión con el club de lectura en el instituto.-
Jésica hizo memoria y como no tenía ningún plan concreto para mañana, decidió ir a ver a Lucy.
-Mañana a las 12 de la mañana iré, pero no creo que vaya sola.-Dijo Jésica.-
-No te preocupes, no pasa nada porque vayas acompañada.-
-No no, digo tu sobrina.-Aclaró Jésica.- Si viste lo que hizo y sospecha que lo sabes o que has venido a verme o algo, irá con alguien que la defienda o que impida que hable del tema, te lo digo por experiencia propia.-
-Entonces lleva tú a alguien, ¿no crees?-
-Sí, aprovecharé la visita para llevarles a dar una vuelta y de paso que miren el instituto, porque mi...mi hermana a lo mejor se queda aquí a estudiar, porque vivía con mi tía pero ahora que ya es mayor quiere estudiar aquí.-
-Genial, yo tengo que ir a ayudar a un amigo que está haciendo un trabajo y necesita que le ayude, cuando termine te llamo y me cuentas.-
Jésica asintió, le dio dos besos a Cristian y se fue.
Al poco tiempo volvieron las chicas, y como era de esperar, Lana no había comido nada.
-Que sea la última vez que lo haces estando Jésica o yo delante después de tanto tiempo sin sangre humana, ¿entendido?-Le dijo Elena a su hija.-
-Sí mamá, perdona otra vez.-
Elena besó en la frente a su hija y entró en casa con ella y Jésica.
-Ya podemos comer chicos.-Dijo Jésica nada más entrar.-
La mesa estaba preparada y la comida servida. No esperaban que al volver estuviera todo hecho.
Comieron todos menos Jésica que no tenía hambre. Si normalmente evitaba la comida normal por su sed de sangre, ahora que había comido no podía ni intentarlo.
Esa tarde la pasaron todos juntos y al llegar la noche, Daniel y Lana fueron al restaurante de Lorena, donde estaban ya Azucena y Pablo.
Daniel habló con Pablo en secreto por el móvil y quedaron en llevar los dos traje y corbata, pero para que fuera sorpresa, lo llevaron en un maletín.
Las chicas por el contrario iban ya preparadas. Lana llevaba un vestido azul marino con flecos en la parte de abajo y unas sandalias con 10 centímetros de tacón. El pelo lo llevaba liso y llevaba pintada sombra de ojos azul clarito.
Al llegar al restaurante vieron a Azucena con un vestido dorado largo pero sin mangas, con unas sandalias algo más bajas que las de Lana y con un moño sujeto con una peineta.
Estaban las dos espectaculares, y ciertamente se notaba la diferencia entre chicas y chicos.
-Chicas vamos a lavarnos las manos.-Dijo Pablo.-
-Vale.-Contestó Azucena.-Lana, esta es Lorena.-
-Así que el restaurante es tuyo...mola.-Dijo sonriendo Lana.-
-Gracias Lana, te pareces mucho a Elena Lac, ¿lo sabías?-
Lana miró a Azucena y esta asintió.
-"¿Seguro que lo sabe?"-Preguntó Lana.-"Si no lo sabe y se entera ahora mi madre me mata".
Azucena volvió a asentir con la cabeza y habló por fin.
-Soy su hija.-
Lorena se sorprendió al imaginarse a Elena con una hija tan mayor.
-¿Cuántos años tienes?, si no te importa decirlo claro.-Dijo Lorena.-
-En absoluto, me gusta presumir de mi edad, jaja.-Bromeó Lana mirando a ambos lados para asegurarse de que nadie escuchaba.-Hace poco cumplí un añito.-
Esa respuesta dejó sin palabras a Lorena. No se explicaba que tuviera un año y aspecto de 18.
Azucena miró fijamente a Lorena y le guiñó un ojo, y entonces comprendió que no era humana.
-¿Eres como tu madre?-
-Sí, mitad y mitad.-Bromeó Lana para responder sin que nadie se enterase.-Por eso aparento más años, crezco muy rápido.-
-¿Y cuándo dejarás de crecer?-
-Suponemos que pronto...más bien esperamos que pronto, jajaja.-
Dejaron la conversación cuando vieron al fondo del restaurante dos hombres con traje negro saliendo por la puerta de los servicios.
-No puede ser...-Susurró Azucena.-
Pablo, como tenía oído de vampiro escuchó el comentario de Azucena y le respondió que sí podía ser.
-¿Cómo os habéis cambiado?-Preguntó Lana contemplando una y otra vez a los chicos.-
-Ah, es un secreto.-Respondió Daniel.-
Lorena vio que llevaban un maletín y lo miró.
-En ese maletín, seguro.-
Ni Daniel ni Pablo se dieron cuenta de dejarlo en el servicio, así que confesaron dónde llevaban el traje.
La cena se extendió hasta altas horas de la noche. Cuando se fueron todos los clientes, Pablo sacó una bolsa de sangre del maletín.
-Regalo de Lidia chicas.-Dijo Pablo sacando la bolsa y dejándola en la mesa.-
Lorena era humana pero entendió lo que ocurría.
Aún así, le resultaba extraño cenar con sangre en la mesa, aunque por supuesto, Pablo esperó a que Daniel y Lorena cenaran, pues lo más probable era que al ver la sangre se les quitara el apetito.
-Muchas gracias, ¿a qué se debe el regalo?-Preguntó Azucena.-
-Fui esta tarde a por los resultados de unas pruebas y le conté que Elena, Diego y Lana iban a venir. Como me dijo que no podía ir a veros porque está muy ocupada, me dijo que le diera esto, y cuando le comenté lo de la cena de esta noche...-
-Dije que podía ir a veros.-Interrumpió una voz dulce desde la puerta.-
Pablo ya sabía quién era, pero nadie más.
Cuando Lana se giró y vio a esa mujer morena, con una sonrisa inconfundible y con una de las voces más melódicas que jamás había oído, supo quién era.
Sin embargo, la reacción no fue la misma por la otra parte.
-¡Lidia!-Gritó Lana dirigiéndose a ella con los brazos abiertos.-
Lidia no reconoció a Lana hasta que no se acercó y vio sus ojos celestes.
A punto estuvo la enfermera de detenerla con un hechizo para que dejara de avanzar, pero la reconoció a tiempo y no lo hizo.
-Lana...¿realmente eres tú?-
Lana se sonrojó y se rió, recordando las muchas veces que le habían preguntado eso, como si fuera alguien disfrazado de ella.
-Sí...creo, jajaja.-
Lidia se rió y abrazó a la joven.
-Estás preciosa.-
Lidia cogió de la mano a Lana y la dio una vuelta sobre sí misma para mirarla detenidamente.
No se podía creer que esa fuera Lana, pero era la única respuesta lógica. Los ojos eran iguales que los de aquel preciosos bebé al que ayudó a nacer.
-Gracias Lidia, me acuerdo de ti pero no mucho...aún me cuesta reconocer a algunas personas y el pueblo ni lo recordaba.-
Lidia se rió al escuchar a la pequeña Lana decirle que no recordaba el pueblo y a ella muy poco.
-¿Por qué me recuerdas a mí?, ¿Sabes qué hice por ti?-Preguntó Lidia.-
Lana no tardó mucho en responder y la verdad es que no esperaba esa respuesta.
-Creo que tú fuiste la que me ayudó a nacer...recuerdo que fuiste la primera en cogerme en brazos y que en seguida apareció este petardo y me cogió.-Bromeó Lana mirando a Pablo.-
Lidia asintió con la cabeza.
-Sí, yo asistí el parto de tu madre...-
-De no ser por Lidia no habrías nacido.-Interrumpió Pablo.-
Lana creía que su madre había tenido un parto normal, programado y con la atención necesaria. Nunca se planteó preguntarle a su madre cómo fue su parto, pero esta era la oportunidad de saberlo.
-¿Qué sucedió el día que nací?-
-Tu madre...-
Lidia le contó la historia con todo detalle y Lana comprendió que lo que Lidia había hecho por su madre y por ella había sido el gesto más bonito del mundo.
-No se si mis padres lo harán pero yo te considero de la familia.-Comentó Lana emocionada por la historia.-
Pablo asintió el comentario de Lana, pues si era familiar de Lana, también lo era suyo.

domingo, 19 de mayo de 2013

CAPÍTULO 18: Y surgió el amor.


Eran casi las 7 de la tarde y Jésica recordó que tenía que ir a ver a Carolina, para enseñarle el instituto y el pueblo, y por mucho que quisiera estar con sus amigos en ese momento tan triste, tenía que ir a verla, pero prometió volver por la noche a hacer compañía a todos.
Por el camino, Jésica fue recordando la dirección de la casa de Carolina, y al fin llegó: Calle del Viento nº 16.
Era un inmenso chalet adosado, con una puerta exterior de cristal, con una cortina de encaje por dentro.
Algo que sorprendió especialmente a Jésica fue que el buzón era como los ingleses, los buzones grandes y negros normalmente, que tenían una pestañita roja que cuando se levantaba era porque había correo, y pensó en ponerlo en su casa también.
Llamó al timbre y mientras esperaba a que Carolina abriera la puerta, cruzó la calle un chico no mucho mayor que ella, de pelo rubio y con grandes ojos de un color oscuro, que no conseguía distinguir, pero que fuera cual fuera el color, eran preciosos.
Jésica centró su mirada en el joven de cabellos dorados, y este paró de caminar y se acercó a ella.
A medida que se acercaba, Jésica encontraba cierto parecido con alguien conocido, pero no recordaba quién.
-Hola, me llamo Cristian Lay, se que esto te resultará extraño pero, ¿por casualidad eres Jésica Miró?-
Jésica se sorprendió al ver que ese chico que acababa de ver por primera vez sabía quién era, y aunque por un lado le alagaba, por otro le preocupaba.
-Sí, soy yo, ¿cómo lo has sabido?-
-Verás, soy el hijo de tu profesor de instituto, el señor Lay, acabo de llegar desde Galicia y me voy a quedar aquí viviendo con mi padre.-
No pudo evitar Jésica sonreír al escuchar que iba a vivir aquí, pero recordó que el hijo de Steve Lay estaba casado e iba a tener un bebé, de modo que le preguntó por su familia.
-Verá, hace unos meses mi mujer y yo nos divorciamos por una discusión que manteníamos desde hace unos dos años, pero que cada vez fue aumentando más, y ha terminado por separarnos.-
-Oh vaya...lo siento mucho, de veras.-
-No pasa nada, por el bien de la niña, hasta que sea mayor y pueda cuidarse ella sola, me haré cargo como pueda de ella, iré cada mes a verla varias veces y le enviaré dinero a mi ex mujer. Que nos hayamos separado no quiere decir que no quiera volver a ver a mi hija, a demás, nos llevamos más o menos bien todavía, pero hemos decidido que vivir juntos no es buena idea.-
Jésica asintió con la cabeza indicando que comprendía la difícil situación de Cristian.
-¿Tu padre vive por aquí cerca?-Preguntó Jésica.-
-Vive en esta calle, en el número 54, o en el 53, la verdad no me acuerdo muy bien.-
-Yo he venido a ver a Carolina, una chica de...14 años tendrá, que es nueva y quiere que le enseñe el instituto para que no se sienta perdida y eso, si quieres venirte, no creo que tenga inconveniente.-
 Cristian aceptó la invitación de Jésica, y fue a casa de su padre a dejar las maletas, y quedaron en que volviera a casa de Carolina en 10 minutos.
Carolina abrió la puerta he invitó a Jésica a pasar.
-Me pongo las sandalias y voy.-DIjo Carolina sin mirarle a la cara mientras subía las escaleras hacia el piso de arriba.-
Mientras Carolina se calzaba, Cristian llamó al timbre, y Jésica abrió.
-Pasa, se está calzando, ahora baja.-Le dijo Jésica.-
-¿Quién es Jésica?-Gritó Carolina desde su habitación.-
-Me llamo Cristian Lay, voy a vivir en tu calle, en el número 54, soy el hijo del profesor de biología del instituto.-
Carolina bajó con un corto vestido blanco, sin tirantes, con un cinturón vaquero y unas sandalias marrones claro con piedras incrustadas en el cierre. Realmente iba preciosa.
Jésica les presentó y le explicó a Carolina por qué había abierto la puerta sin pedir permiso.
Se fueron al instituto, y por el camino, Cristian y Jésica le contaban a Carolina las cosas que se estudiaban en el instituto al que iba a ir, ya que Cristian en su infancia también acudió algunos años a clase en el pueblo.
Al llegar, se encontraron con el señor Litán, uno de los profesores de informática y tecnología del instituto, y se ofreció a enseñarle el edificio a la pequeña mientras Cristian y Jésica daban una vuelta por el pueblo.
-¿Te apetece ir a una heladería?, siempre vamos allí mis amigos y yo, hacen muy buenos helados, te invito yo si quieres incluso.-Ofreció Jésica de camino hacia allí.-
-Me parece genial, oye una pregunta, ¿cómo lograste esas notas en selectividad?-
La pregunta sorprendió a Jésica y ambos frenaron.
-Per...perdona, ¿te molesta la pregunta?-Preguntó Cristian.-
-No no...es solo que no se cómo te has enterado de las...ah claro, tu padre, ¿verdad?-
Cristian asintió sonriendo y continuaron el camino.
Al llegar, se encontraron con Lorena y Jésica volvió a presentarle a más gente a Cristian.
-Lorena es profesora de música, pero ahora mismo no da clases por unos problemas de salud, pero me parece que para el próximo curso volverá a dar clases, ¿no es así Lore?-Preguntó Jésica tomándose el helado.-
-Sí, tuve un accidente de tráfico hará unos dos años, y la recuperación ha sido lenta, pero mi rehabilitador me ha dicho que el próximo año, bueno...quiero decir el próximo curso volveré al instituto a dar clases. ¿Cómo lo has sabido Jésica?, no te he dicho nada.-
Jésica recordó que solo Hugo sabía que ella leía la mente, y se suponía que no iba a volver a hacerlo, pero como ya se temía, lo hizo involuntariamente, de modo que se inventó una excusa para salir del apuro.
-El señor Litán me comentó algo sobre que una antigua profesora iba a volver el curso que viene a dar clases, y pensé en ti, menos mal que eras tú, si no habría quedado fatal, jajaja.-
Cristian y Lorena se miraron y se rieron.
-Bueno, ¿cómo está tu primo?, tengo que ir a verle.-Comentó Lorena.-
Jésica intentó evitarlo pero no logró que las lágrimas no salieran de sus ojos, y en seguida Lorena se temió lo peor.
-¿Tu primo está bien?-
-Si si...¿te acuerdas de Raquel?-Preguntó Jésica llorando.-
-Si cielo, ¿es la chica que...?-
Lorena vio como Jésica miró de reojo a Cristian, para que Lorena se diera cuenta de que Cristian no sabía nada, de modo que terminó la pregunta inventándose lo primero que le vino a a cabeza.
-¿Es la chica que tuvo el accidente en el que murieron su prima y tu hermana?-
Cristian no sabía absolutamente nada de la vida de Jésica, por lo que le dio un abrazo y le dio ánimos al enterarse de que había perdido a su hermana recientemente por lo visto.
-No pasa nada Cristian, fue un accidente, Raquel fue la única que sobrevivió, pero esta tarde, antes de ir a casa de Carolina a verla, cuando fui al hospital...-
Jésica comenzó a llorar desconsoladamente y no hizo falta que dijera nada más, ya estaba todo claro, y no hicieron más preguntas.
-¿Te parece bien que volvamos al instituto ya a recoger a Carolina?, no creo que le quede mucho por ver, no hay tanto edificio.-Bromeó Jésica.-
-Vale, mi padre hoy tiene una reunión y volverá tarde, si os apetece venir a cenar, estaré encantado.-Ofreció Cristian.-
Jésica asintió a la primera, sin recordar que había prometido ir por la noche al hospital, pero Lorena tenía cosas que hacer, de modo que tuvo que rechazar la oferta.
-Bueno, otro día quedaremos, ahora que vivo aquí nos veremos a menudo. A demás, me han ofrecido trabajar en el hospital.-
-Eso es genial, tengo amigas enfermeras y una de ellas trabaja en el hospital, mañana te la presentaré.-Dijo Jésica.-Ahora vamos a por la enana, que se va a pensar que la hemos abandonado.-
Cristian y Jésica volvieron al instituto y por el camino fueron hablando de sus estudios.
A medida que pasaban los minutos, Jésica empezó a mirar de forma diferente a Cristian.
Al llegar al instituto, el señor Litán estaba mostrándole el patio a Carolina, y una vez que terminaron, volvieron a casa.
-El instituto es realmente grande, mucho más que mi antiguo instituto.-Dijo Carolina contenta.-
-Carolina, ¿te apetece venir hoy a mi casa a cenar con Jésica y conmigo?-Ofreció Cristian.-Iba a venir Lorena pero no podía, si te apetece puedes venir.-
Carolina lo pensó detenidamente, y respondió.
-No me gustaría ser un incordio.-
-No serás un incordio cariño.-Dijo cariñosamente Jésica.-Ven si quieres.-
Carolina negó nuevamente la oferta.
-Hoy es el primer día que Cristian está aquí, ve tú y otro día quedamos todos, ¿os parece bien el sábado?..., bueno mejor el domingo.-
Esa corrección de Carolina hizo a Jésica recordar que Hugo le había dicho que el sábado habría luna llena.
-El sábado me viene mejor pero puedo intentar quedar el domingo, ¿no puedes cambiar lo que tengas el sábado al domingo?-Preguntó Jésica intentando que diera más pistas.-
-Lo siento, es un compromiso familiar.-
-No pasa nada, el domingo nos vemos.-Dijo Cristian.-Vamos a casa, que aunque no quedemos hoy seguimos siendo vecinos.-
Los tres continuaron y Cristian y Jésica esperaron a que Carolina entrara en casa, ya que su casa estaba antes que la de Cristian.
Subieron la calle y llegaron a casa de Steve.
Era una copia de la casa de Carolina, pero con buhardilla y un acceso directo al sótano. Por las paredes tenía cuadros y fotos familiares, era una casa muy acogedora.
Jésica se sentó en un sofá y Cristian se sentó a su lado.
Charlaron mucho tiempo y cuando Cristian comenzó a tener hambre le ofreció comida a Jésica.
-Sigo una dieta muy estricta, no creo que tengas nada de lo que puedo comer.-
-Miremos a ver que hay..., ¿jamón?, ¿tortilla?, ¿croquetas?...mi padre tiene aquí casi de todo, jajaja.-Comentaba Cristian mientras miraba en la nevera.-
Jésica no quería decirle nada a Cristian, de modo que pidió tortilla para disimular.
-Un poco de tortilla puedo, si te apetece cenamos tortilla.-
-Genial, pero esta mejor se la dejamos a mi padre, que es poca, ¿te preparo una especial?, dicen que esta receta es buena para adelgazar, si quieres probarla...-
Jésica asintió encantada y observó con detenimiento cómo hacía la tortilla.
-¿Puedo ayudarte?-Ofreció Jésica.-
-Claro, si quieres ve cortando taquitos de jamón del que hay en el segundo cajón de abajo de la nevera.-
Jésica sacó el cuchillo y lo dejó en la mesa, y cogió el jamón y lo colocó en un plato.
Comenzó a cortar pero se resbaló y el cuchillo acabo cortándole la mano.
El pequeño quejido de Jésica fue suficiente para que Cristian se diera cuenta de lo ocurrido.
-Jésica, ¿estás bien?-
-Sí...si, es un pequeño corte, nada más.-
Jésica cogió un trapo de cocina y se envolvió la mano pero Cristian se empeñó en llevarla a un médico.
-Tranquilo, no es nada en serio.-Repitió Jésica.-
-Déjame verlo.-Dijo Cristian.-
-No, no hace falta, créeme, estoy bien.-
Cristian intentó destaparle la herida a Jésica y cuando lo consiguió, vio que había una pequeña cicatriz
-¿Cómo es posible?, he visto el corte, era muy profundo...-Dijo asombrado Cristian.-
-Te dije que te lo habías imaginado, que no era tan profundo.-
-Es que es una cicatriz, ni si quiera es un corte..., ¿cómo lo has hecho?-
Jésica dijo la primera excusa que se le ocurrió, lo cual fue un tremendo error.
-Es una habilidad que tengo, por lo visto si centro mis esfuerzos en aliviar el dolor se termina eliminando, puede hacerlo mucha gente.-
Jésica cometió el error de decir eso, porque aunque Cristian fuera mayor que ella, la tentación de intentarlo era inevitable, y Jésica no pudo hacer nada para impedirlo.
En seguida la sangre comenzó a bajar por la palma de su mano, continuando por la muñeca y bajando por el brazo.
Cristian cerró los ojos con mucha fuerza para concentrarse, pero no logró hacer nada. Por suerte, por si salía mal, el corte no fue muy profundo, así que fue a por una tirita, pero ya era tarde.
-¿Jésica qué te ocurre?-
Los ojos de Jésica eran completamente rojos, sus afilados colmillos se dejaban ver y la sed que tenía era inaguantable. Sin embargo, su fuerza le permitió irse corriendo al bosque a comer algo, para alejarse de Cristian y no hacerle daño.
-¿Dónde está Jess?, dijo que vendría...-Dijo Pablo nervioso.-
-Estoy segura de que llegará de un momento a otro, ¿quieres que vaya a por ella?-Preguntó Elena.-Ya estoy mejor, de hecho Lidia me ha dicho que mañana podré irme, pero si hablo con ella tal vez me deje salir ahora a por tu prima.-
-Si te dejan...-
Elena salió al pasillo a buscar a Lidia y a hablar con ella para contarle lo que ocurría.
Volvió a la habitación y se despidió de todos durante unos minutos.
"¿Dónde estás Jess?, soy Elena, cariño tu primo está preocupado porque no vienes...". Jésica recibió el mensaje y recordó que había prometido pasar la noche en el hospital, y le pidió a Elena que fuera al bosque, que había cometido un error y tenía que hablar con alguien.
-¿Qué ha pasado Jésica?-Preguntó Elena nada más llegar.-
Aún con la cara llena de sangre, Jésica contestó.
-Hoy he conocido al hijo mayor del señor Lay y antes preparando la cena me corté y me inventé una mala excusa para que se creyera que había cicatrizado por ella misma, y lo intentó probar y se cortó poco, pero lo justo. Vine corriendo aquí a comer, pero ahora no se que hacer...-
Elena pensó en lo que Jésica le había dicho. Ignoró el detalle de que prometió ir a cenar, ya que ya se lo había comentado pero había cosas más importantes de las que ocuparse.
-¿Dónde vive el hijo del señor Lay?-
-En la calle del Viento número 54, se llama Cristian, ¿por qué lo preguntas?-
-Voy a ir a verle, le borraré la memoria y me inventaré algo para que no se enfade contigo por irte sin más. Mientras deberías ir al hospital, que tu primo está fatal.-
Jésica se limpió la sangre con la manga y se levantó del suelo, dejando junto al árbol el cuerpo del ciervo del que se había alimentado.
-Tienes razón, estará enfadadísimo conmigo, llámame cuando hayas hablado con él.-Dijo Jésica.-Te veo luego...o mañana.-
Jésica se fue corriendo al hospital y su primo le perdonó el haberse olvidado cuando se enteró de lo ocurrido.
Mientras tanto, Elena fue a hablar con Cristian.
TOC TOC TOC
-Hola..., ¿quién eres?-Preguntó Cristian al abrir la puerta.-
Elena vio su mano con sangre todavía, pero logró contenerse gracias a que antes de salir del hospital, Lidia le había dado una bolsa de sangre.
-Me llamo Elena Lac, soy una amiga de Jésica, ha estado aquí antes.-
Cristian invitó a pasar a Elena y le preguntó si quería comer algo.
-Tranquilo ya he cenado.-
-¿Dónde está Jésica?, ¿cómo es que has venido sabiendo que estuvo aquí antes?-
Elena pensó en borrarle la memoria, pero cuando vio en los profundos ojos castaños de Cristian el sentimiento que tenía hacia Jésica se inventó una excusa bastante razonable.
-¿Te dijo Jésica que su primo está en el hospital?-
-No...bueno en la heladería, esta tarde, una tal Lorena comentó algo de su hermana que había muerto y dijo algo sobre un primo suyo...creo.-
Jésica no comentó nada sobre que le hubiera presentado a Lorena pero eso era irrelevante ahora mismo.
-Pues antes cuando te hiciste ese corte...-Dijo Elena mirándole la mano.-Recordó que prometió pasar la noche con él, porque falleció su amiga esta tarde y era la novia de su primo.-
-¿Y por qué no la he visto triste?-
-Quedó con Carolina...que creo que te la ha presentado, y me dijo que no quería que notara que estaba mal, porque si no iba a estropearle la visita al instituto, y luego pues supongo que también quiere olvidarse de sus problemas, que son muchos.-
Cristian comprendió lo que Elena le había dicho, y le pidió que cuando volviera a ver a Jésica le dijera que no se preocupara, que no se había enfadado.
-Cristian, yo me voy, que tengo que volver al hospital, me pidió Jésica que hablara contigo y eso he hecho, le digo que te llame mañana, ¿tiene tu teléfono?-
Cristian cogió su teléfono, miró el número y se lo dio a Elena.
-Dáselo a Jésica, pero si está mal o está ocupada o algo de eso, que no me llame, tampoco quiero que se agobie.-
Elena se levantó del sofá y le dio dos besos a Cristian antes de irse.
-Un placer Cristian, por cierto, ¿qué estudias o en qué trabajas?-
-Soy auxiliar de enfermería, ¿y tú?-
-Yo soy licenciada en medicina. Algún día a lo mejor te veo por el hospital antes de que me vaya.-
Cristian asintió y le abrió la puerta, pero antes de que se fuera le preguntó una última cosa.
-¿A qué te refieres con antes de que te vayas?-
-Cristian yo vivo en Italia con mi marido, y ahora con mi hija...-Se miró la tripa y se dio cuenta de que casi no se le notaba.-Tuve un bebé hace 2 días y en cuanto me den oficialmente el alta y no me necesiten por aquí, volveré a Venecia.-
-¿Por qué has venido?, si acabas de tener una niña no te deberían dejar salir.-
-La enfermera me está esperando en la calle de abajo con el coche, era una ocasión especial y como me llevo bien con ella y no estoy débil, me ha traído.-
Cristian sonrió y se despidió de Elena.
La noche fue dura...muy dura.
Jésica tuvo que llamar a sus amigos y comunicarles la noticia, ya que Pablo no podía y Elena y Diego estaban ocupados con la pequeña.
Seis días después, le dieron el alta a Pablo y a Elena, y fue ese mismo día el que hicieron el funeral a Raquel.
Pasaron los meses y poco a poco lo fueron superando todos.
Antes de darse cuenta, Jésica miró el calendario y vio que era Agosto, que hacía ya dos años que murió su madre, que hacía uno que murieron su padre y su hermana, y había pasado tiempo desde lo de Raquel.
El tiempo pasó bastante rápido para haber sufrido tantas desgracias.
Jésica comenzó a estudiar química, como quería desde hace tiempo, y Hugo subió las notas gracias a la ayuda de Charlote.
Todo iba genial. Carolina estuvo encantada en el instituto, hizo muchos amigos y conoció a algún chico interesante. Elena y Diego se habían ido a Italia a vivir y venían a pasar el mes de Agosto a España, entre otras cosas porque Daniel deseaba ver a Lana, y Lana quería verle a él.
La pequeña hija de Elena y Diego había crecido, tal y como dijo Carlota, a un ritmo increíble. Pero no igual que dijeron. Había pasado un año y ya era toda una mujercita. Tenía controlada su sed, y aún no se había transformado. Diego la enseñó trucos de autocontrol para no cambiar el estado de ánimo de todo el mundo para su bien propio, ya que el padre de Diego tuvo un don parecido, y aprendió mucho ayudándole a controlarse.
Ese verano, Pablo y Azucena estuvieron muy unidos, hasta tal punto que parecía haber algo más que amistad entre ellos.
Tras una racha de tragedias, el amor y el cariño estaba en todas partes, y Jésica aprovechaba cada segundo de esa perfecta vida que había comenzado.

Querido diario:
Hoy vienen Elena, Diego y Lana. ¡Tengo muchas ganas de ver a la pequeña!
Me mandaron una foto por correo y ha crecido muchísimo y aunque haya pasado un año, parece que tiene 18.
Ha crecido más rápido de lo que dijo Carlota, supongo que si fuera solo vampira crecería más lento, pero con lo rápido que crecen los hombres lobo, su crecimiento se ha disparado.
Daniel parece otro chico. Está impaciente por verla, y me alegra que haya pasado página y vuelva a sonreír. Este verano ha sido genial, ya falta poco para volver a las clases, y ver a todos contentos me alegra mucho.
A demás, Azucena y Pablo se llevan genial últimamente, a ver si con suerte consigo que Pablo se suelte un poco.
Su recuperación ha sido asombrosa. En seguida logró volver a utilizar todo su cuerpo, pero hablar le sigue costando un poco.
Me acaban de llamar de la universidad avisándome de que el curso se retrasa una semana, así que empiezo casi en Octubre.


En cuanto Jésica cerró el diario, sonó la puerta.
Daniel y Hugo habían pasado la noche allí: Hugo porque había quedado con Jésica y Daniel porque...se lo había pedido. Suponía que para cuando llegaran Elena, Diego y Lana.
Hugo abrió la puerta y antes de decir nada, Elena ya le estaba abrazando.
-¡Qué guapa estás cuqui!-Le dijo Hugo a su hermana.-
-Gracias, tú no, jaja, es broma, tú también.-
Lana le preguntó a Diego si él era su tío Hugo, y Diego le dijo que sí.
-Hola tío Hugo, ¿te acuerdas de mí?-
Hugo soltó a su hermana y abrazó a Lana sonriente.
-¡Cómo iba a olvidarme de ti!, con esa carita, y esos ojazos celestes, estás preciosa cariño.-
Jésica bajó las escaleras y vio a Hugo abrazada a una chica igual de alta que él, con un vestido corto lila, con escote palabra de honor, y unas sandalias con tacones altos. La chica era morena, así que no era Elena, por lo que Lana estaba aquí.
-¿Lana?-Preguntó desde la escalera.-
Lana escuchó la voz de Jésica y la reconoció al instante.
-¡Tía Jess!-
Lana fue corriendo como un auténtico vampiro hacia Jésica y antes de que bajara el último escalón ya se habían abrazado.
-¡Qué mayor estás!, y muy guapa....eres igual que tu madre...-
-Pero la belleza de mi madre está mejor reflejada en mi tío Hugo, no te ofendas mami.-
Hugo se sonrojó por el cumplido e invitó a pasar finalmente a Diego y a Elena.
-Tía Jess, ¿dónde está Daniel?-
Jésica sonrió al escuchar la pregunta. Era increíble como la emoción de verle era superior a todo. Se la veía enamorada, entusiasmada, feliz..., daba gusto verla.
-Está haciendo la cama, que hoy ha dormido aquí...para verte pronto.-Le susurró finalmente al oído.-
Elena lo escuchó, y le recordó a Jésica que era medio vampira y el oído lo tenía muy agudizado.
SOlo Jésica, Elena y Lana escuchaban las conversaciones.
-¿Dónde está su habitación?, quiero verle ya.-Dijo Lana sonriente.-
Parecía una niña pequeña, tenía un año, aparentaba 18, pero su comportamiento al hablar de Daniel ea de una niña de 10 años con ganas de ver dibujos.
-El la habitación que está según subes giras a la derecha y la primera habitación.-
-Gracias tía.-
Lana le dio un beso a Jésica y subió corriendo.
Llegó a la habitación y no llamó, se quedó en la puerta, apoyada en el marco, viendo a Daniel hacer la cama.
Cuando Daniel fue a la ventana Lana entró rápido y le tapó los ojos.
-¿Quién soy?-
Daniel se asustó al principio, pero logró reconocer la voz de Lana. Esa frase que dijo hace un año con tan solo dos días de vida fue suficiente para recordar su voz.
-Quítame las manos de los ojos que necesito verte.-
Lana apartó las manos y Daniel se dio la vuelta.
Jésica y Elena estaban en la puerta cotilleando lo que pasaba, pero se fueron cuando se abrazaron porque tampoco les parecía bien ser tan cotillas.
-Estás...estás...preciosa.-Dijo Daniel al ver a Lana.-
Lana se sonrojó cuando Dani le dijo lo guapa que estaba. Realmente el cariño que había entre ellos era increíble.
-Y pensar que yo te di de comer...-Comentó Daniel.-
Lana se rió y la sonrisa se contagió.
-¿Te apetece ir a cenar al restaurante de una amiga esta noche?-Propuso Daniel.-
-Claro, ¿vamos ahora dando un paseo y me enseñas el pueblo?-
-Vale, ayúdame a terminar esto por favor.-
Lana aprovechó su velocidad vampírica y en un segundo la cama estaba perfecta.
-¡Vámonos!-Exclamó Lana.-
Bajaron las escaleras y fueron directamente a la puerta, pero Elena les impidió salir.
-¿A dónde os creéis que vais?-
Se miraron y Daniel respondió.
-Voy a enseñarle el pueblo, y esta noche vamos a cenar al restaurante de Lorena, si os parece bien...-
Diego y Elena se miraron y asintieron.
-Vale, id a dar una vuelta, pero Lana, ¿no tienes que hacer algo antes de irte?-Preguntó Diego.-
-Es verdad, gracias por recordármelo papi.-
Daniel pensó que iba a despedirse de sus padres, pero en lugar de eso le besó.
Fue un beso oportuno, romántico y perfecto.
Todos se quedaron con la boca abierta, era el primer beso de Lana.
Se separaron y Daniel no sabía qué decir. Estaba confuso, aunque emocionado también.
-Lana...cariño, me refería a...-Diego contempló lo enamorados que se miraban su hija y Daniel y optó por no decir nada.-Es igual...volved a las 2 como muy tarde, ¿de acuerdo?-
-Sí, gracias papi.-
Ahora sí, Lana le dio un beso en la mejilla a su padre, y otro a su madre que, asombrada, miraba a su hija irse con el chico que le había dado de comer hasta que se fueron a Italia.
Daniel y Lana recorrieron el pueblo entero, y finalmente, decidieron pasar a ver a Azucena, que ese Sábado tenía que estar en una especie de mercadillo, para vender materiales a los nuevos alumnos del instituto.
-Hola guapa, ¿qué tal lleves la mañana?-Le preguntó Daniel a Azucena desde su espalda.-
Azucena se asustó pero en seguida se dio la vuelta y le abrazó.
-Muy bien Dann...-
Azucena se quedó mirando a Lana. El color celeste de sus ojos era inconfundible, pero por el aspecto no creyó que fuera ella.
Azucena había visto muchas fotos de la pequeña Lana, y aunque nunca la vio en persona, por las fotos era fácil recordarla.
-¿Eres...Lana?-
-Sí, la misma. Tú debes de ser Azucena.-
-Emm...sí, ¿cómo sabes mi nombre?-
-Tía Jésica me habla mucho de ti, tenía ganas de conocerte, pero si llego a saber que eres tan guapa, no vengo.-Bromeó Lana alagando a Azucena.-
Azucena se sonrojó y todos se rieron.
-¿Qué os trae por aquí chicos?-Preguntó Azucena.-
-Hemos salido a dar un paseo. Se quedan un mes aquí y quería que conociera el pueblo, por si sale sola o algo, para saber cómo volver a casa y esas cosas.-Respondió Daniel.-¿Qué tal con Pablo?
-Juzga por ti mismo.-
Azucena miró al puesto que estaba justo en diagonal a donde estaban. Allí estaba Pablo, hablando con una señora mayor que pedía unos libros para sus nietos.
En seguida, Pablo se percató de la presencia de Daniel y Lana, aunque nuevamente, no creyó que fuera Lana.
-Hola Daniel, ¿qué tal?-
Mientras Pablo saludaba, se dirigía hacia ellos apoyado en una muleta y con la cara aún con cicatrices, pero ni mucho menos como le recordaba Lana.
-¡Tío Pablo, estás genial!-Exclamó Lana.-
Cuando Lana dijo "Tío Pablo", Pablo reconoció su voz y la abrazó sin dudarlo.
-Lana estás preciosa cielo, pareces una mujercita.-
Lana puso cara de niña pequeña y a Daniel se le escapó un suspiro.
-¿Ocurre algo Dani?-Preguntó Lana.-
-Es que aún no me creo que estés aquí...tan guapa, y que...ya sabes, que...-
-¿Qué te quiera?-Preguntó Lana.-
Daniel asintió y besó a Lana, cosa que ni Pablo ni Azucena se esperaban.
-Tío Pablo.-Dijo Lana.-
-Dime cariño.-
-¿Azucena va a ser mi nueva tía?-
Azucena y Pablo se miraron y se rieron, y Pablo respondió.
-Puedes llamarla tía Azucena si quieres, porque de momento salimos juntos.-
Daniel sabía que se llevaban muy bien, y también que algún día saldrían juntos, pero no esperaba que fueran novios ya. Sin embargo, se alegró por ellos y no dijo nada más.
-Entre tía Azucena y tía Jésica puedo decir que tengo las tías más guapas del mundo.-Dijo sonriente Lana.-¡Qué bien!, voy a presumir de tías este curso.-
Todos se rieron. En ocasiones, Lana era realmente madura, tanto como su aspecto indicaba; sin embargo, había momentos en los que era como una niña pequeña: juguetona, adorable y halagadora.
Lana le dijo al oído a Daniel una cosa, y este asintió.
-¿Queréis venir esta noche a cenar al restaurante de Lorena?-Propuso Daniel.-Íbamos a ir solos, pero creo que es casi mejor ir los cuatro.-
No tardaron mucho en pensarlo, ambos estaban decididos a ir.
-Será como...una primera comida familiar.-Comentó Azucena ilusionada.-Siempre quise decir eso.-
Llamaron a Pablo del puesto en el que estaba y tuvo que marcharse, y de paso Lana y Daniel volvieron a casa.

CAPÍTULO 17: La última desgracia


A la mañana siguiente, Daniel se despertó escuchando ruidos fuera de la habitación.
-Entramos ahora, uno, dos...-
Daniel esperó oír un tres, pero no esperaron y entraron Raquel y Jésica.
La niña aún yacía dormida junto a Daniel, y no quiso despertarla.
-¡Sorpresa!-Gritó Raquel.-
Con el grito, Lana se despertó y comenzó a llorar, y como consecuencia, Elena y Diego también se despertaron.
Pablo era el único vampiro, con lo que no necesitó dormir mucho, y llevaba rato despierto.
Al ver entrar a su novia, Pablo se levantó demasiado rápido y estuvo a punto de caerse, pero Jésica fue corriendo a ayudarle.
-Tranquilo, va a pasar aquí el día, no tengas prisa.-Le dijo Jésica a su primo.-
Raquel se acercó y se fundieron en un abrazo perfecto.
Elena se levantó de la cama y vio la cicatriz que tenía del parto. Al nacer, la niña le había desgarrado la piel y le tuvieron que dar puntos.
Se acercó a Raquel y le saludó.
-Gracias por venir, y...me encargaron Ana y Carlos que te pidiera perdón de su parte por haberte llamado asesina y todo eso...-Dijo Elena.-
-¿Qué pasó con Laura?-Preguntó Raquel.-
-Hemos decidido hacer como si fuéramos humanos, si Laura muere, pues tendremos que vivir con ello, Jésica no quiere renunciar a lo poco de humana que queda en ella, y lo comprendo.-Respondió Daniel.-Esta niña, ha conseguido que la tristeza sea alegría, solo con mirarle a los ojos.-
Raquel agachó la cabeza entristecida por lo que había dicho Daniel, pero entendió que si preferían dejarlo todo como estaba, por algo sería.
De pronto, la niña mordió a Daniel, y este, en consecuencia apartó la mano.
-Tiene hambre.-Dijo Diego.-Dame a la niña y le busco algo para comer.-
Daniel le entregó a la pequeña y se miró la mano: tenía marcas de colmillos.
Ninguno las vio, de modo que no dijo nada.
Diego salió con la niña a buscar a la enfermera Plac, ya que podía proporcionarles cualquier alimento, fuera cual fuera la necesidad de la pequeña.
Los ojos de la pequeña enrojecieron al pasar al lado de una habitación en la que estaban extrayendo sangre a un paciente, y dio media vuelta.
Cuando entró en la habitación, Elena estaba hablando con Daniel sobre las marcas de las manos.
-Me ha mordido...eso es todo.-
Elena resopló al oír la respuesta de Daniel y miró a Diego y a Lana.
-¿Dónde está Lidia?-Preguntó Elena mirando a Diego.-
-De camino hemos pasado por una habitación en la que le están sacando sangre a alguien, y sus ojos se han puesto rojos, y no me quería arriesgar a que la vieran así.-Dijo Diego mirando a la niña.-
Elena cogió a la pequeña en brazos y se sentó con ella, pero en seguida se inclinó hacia Daniel.
Cuando Daniel fue a coger a Lana, Pablo se lo impidió.
-¿Por qué no puedo cogerla?, le gusta estar conmigo.-
-Es cierto, pero ahora tiene hambre, necesita sangre y eres el único humano que hay aquí.-
-Tiene razón, espera a que coma.-Intervino Elena acercando a la niña de nuevo a ella.-
Lidia entró junto con Diego, con una bolsa de sangre en las manos.
-Esto no es para el bebé, tendréis que beber vosotros y que la niña se alimente de otro modo, por lo visto, un bebé vampiro se alimenta de sangre humana hasta que alcanza el equivalente nuestro a 8 años, aún que a ella se le pasará como si fueran 16.-Dijo Lidia.-Tendréis que apañároslas pero de aquí no puede, necesita sangre fresca.-
Daniel pensó que podía ser él el que alimentara a la pequeña, después de todo: ¿Cuánto podría comer un bebé?.
-Yo le daré mi sangre hasta que pueda beber de otra.-Dijo finalmente Daniel.-
Elena se negó rotundamente y argumentó que podía matarle, ahora no, pero cuando la niña fuera fuerte, acabaría con él sin problemas.
-Es la única forma, al menos hoy, luego ya buscaremos otros modos de alimentarla.-
Elena miró los profundos ojos de su hija y aceptó el trato, aún que se extrañó de su cambio de opinión.
Pablo no dijo nada hasta ese momento, y lo que dijo, cambió la vida de Elena y Diego.
-Tu hija tiene un don.-
Diego miró a Pablo y se acercó a él preguntándole qué le hacía pensar eso.
Lidia cerró la puerta pero se quedó dentro para escuchar la explicación del joven Pablo.
-Jésica puede leer la mente de ciertos seres, yo puedo anular mis instintos vampíricos y los de los que me rodean en caso de un peligro extremo, algunos familiares podían manipular la naturaleza y tu hija puede cambiar el estado de ánimo de una persona.-
Elena miró a la pequeña y entendió su cambio de opinión repentino.
-Lana quiere que le des de comer Dani...¿quieres intentarlo?-Ofreció Elena entregándole a la niña.-
Daniel cogió a Lana encantado y la abrazó, colocando su cabeza en su cuello.
-Yo me voy, que tengo pacientes, si me necesitáis, llamadme.-Dijo despidiéndose la enfermera Plac.-
Lana apoyó su pequeña cabecita en el hombro de Daniel, colocando su boca en su cuello.
Elena y Diego observaron las reacciones de Daniel al hecho, para comprobar que realmente no sufría.
La pequeña comenzó a succionar la sangre de Daniel, y sus negros ojos comenzaron a abrirse.
Para sorpresa de todos, la pequeña paró en cuanto Daniel soltó un pequeño gemido de dolor, le miró a los ojos y este dejó de sentir dolor, y ahora sentía alivio por haberle dado de comer.
Raquel se fue a la cama de Pablo, para hablar con él, ya que hacía días que casi no se veían.
-Siento mucho lo que hice...esa estúpida de Anabel...-
-¿Anabel?-Preguntó Pablo.-Esa cría ha venido esta mañana y ha intentado hacerme olvidar lo ocurrido, y me dijo que lo hizo también contigo.-
Elena se acercó a la cama cuando escuchó el nombre de Anabel.
-Raquel, ¿recuerdas algo de aquel día?-Preguntó Elena.-
-Recuerdo verla entrar en casa, y lo último es ver como Susan caía al suelo sin...-
Diego hizo un gesto con la mano para evitar que terminara la frase, puesto que no era agradable de oír y ya sabían todos lo ocurrido...o eso creían.
-¿Qué le ha pasado a Susan?, tenía poderes, ¿qué le ha podido pasar?-
Aún que no fuera agradable la respuesta, Raquel respondió sonriente debido al progreso de Pablo en cuanto a la comunicación oral.
-Le arranqué la cabeza...-Confesó entristecida.-Prefiero no hablar del tema.-
Pablo la abrazó sin ayuda alguna, y Raquel le preguntó a Elena si ya había hecho eso antes, y esta respondió que no, por lo que le devolvió el abrazo orgullosa.
-Mañana tengo...¡ya no tengo clase!, la semana pasada fue la última, la semana esta de preparación para la universidad, el jueves tengo la graduación...¿crees que te dejarán venir con la silla de ruedas?-Preguntó Raquel.-
Pablo pensó en su avance, realmente había mejorado notablemente desde el día que ingresó.
-Es posible que hasta sin silla.-Contestó contento.-
Raquel y Pablo se fundieron en un beso que no olvidarían jamás, pues sería el último.
-Vamos al parque a dar un paseo anda...-Le ofreció Jésica a Hugo.-
Hugo se levantó del sofá y fue hacia Jésica y la abrazó por detrás.
-No me apetece salir al parque ahora...-Dijo besándola por el cuello.-
Jésica sonrió al recordar la última vez que empezaron a jugar así, pero realmente sentía ganas de pasear por el parque.
-Un paseo corto, por favor...luego venimos y hacemos lo que elijas tú, ¿de acuerdo?-
Los verdes ojos de Hugo se fundieron con los de Jésica y aceptó el trato.
De manera que salieron por la puerta y fueron hasta el parque de la heladería a la que siempre iban.
-¿Un helado?-Propuso Jésica.-
Hugo asintió y acompañó a Jésica a la heladería.
Allí se encontraron a Lorena, junto con una chica mucho más joven que ella. Una chica morena de ojos castaños, alta aún que no demasiado, y con una sonrisa preciosa.
-Hola Lorena, ¿qué tal?-Saludó Jésica, y después miró a la joven.-¿Es tu sobrina?-
La chica se rió y se presentó muy educadamente.
-No, que va, jeje. Me llamo Carolina, y estudio en 3º de la ESO, pero quiero ser bailarina.-Dijo con una encantadora sonrisa y con una voz muy dulce.-¿Sois alumnos de Lorena?-
Jésica miró a Hugo y luego a Lorena y se rió.
-No, jajaja, somos amigos de Lorena, yo soy Jésica y este es mi novio Hugo.-
-Encantada Jésica y Hugo.-Dijo Carolina dándoles dos besos a cada uno.-
-Igualmente.-Contestó Hugo.-¿Qué os trae hoy por aquí?-
-Me he mudado y ahora estudio en el instituto "Jubrero", ¿sabéis llegar?-Preguntó Carolina.-Lorena cree que sí, pero no está segura, y yo mañana tengo que ir a clase y me gustaría visitarlo antes, para no perderme y quedar como una tonta...-
Jésica colocó su mano sobre el hombro de Carolina y contestó.
-Acabo de terminar la selectividad, he estudiado en ese instituto desde que empecé, yo te llevo si quieres.-Miró a Hugo y corrigió el comentario.-Tengo que hacer ahora cosas en casa, pero a las 7 de la tarde quedamos en tu casa y te indico el camino, si quieres.-
Carolina asintió feliz de haber hecho una amiga tan pronto.
Pero en seguida empezó a sospechar Jésica de Carolina, pero para no estropear el momento y montar un numerito en la heladería se calló.
Se tomaron los helados en el parque, y charlaron durante una hora, pero Hugo quiso irse a casa y Jésica cedió.
-Dime dónde vives y a las 7 estaré en tu casa.-
-Vivo a las afueras del pueblo, la calle se llama "Calle del Viento", en el nº 16.-
Jésica anotó la dirección en el móvil y se despidió de las chicas.
Al llegar a casa, Jésica pensó que Hugo propondría cualquier plan romántico...pero no. El conocer a Carolina le había dado en que pensar.
-No es humana...-Murmuró sentándose en el sofá.-
Jésica se acercó a él, se sentó en su regazo y charlaron.
-Te has dado cuenta también por lo que veo...es muy pequeña, no quiero pensar lo que sufrirá.-
Hugo miró a Jésica y la abrazó.
-En 2 semanas hay luna llena, tal vez si esperamos a esa noche lo averiguaremos.-
Jésica clavó sus ojos en los de Hugo y comentó su plan.
-No hace falta...tú ya sabes que es licántropa.-
-¿Cómo lo sabes?, no he dicho nada.-Preguntó Hugo asombrado por la respuesta de su novia.-
Hugo pensó que tal vez Jésica leyera la mente, que tuviera un...don de esos de las películas. Y confirmó su teoría al oir a Jésica.
-Si que lo leo, pero evito hacerlo. Siento no habértelo dicho, lo descubrí hace poco y lo usé una vez pero es mucha tentación el evitar cotillear mentes ajenas.-
Hugo se rió y besó a Jésica.
-¿Puedes hacerme un favor?-Preguntó Hugo mirando a los ojos a Jésica.-
Jésica asintió y le besó en los labios.
Acarició la cabeza de Hugo con suavidad y con los labios comenzó a besarle el cuello.
Jésica paró de repente, y Hugo se extrañó. Vio como Jésica fue corriendo a la puerta de entrada y buscaba algo con la mirada.
-¿Ocurre algo Jésica?-Preguntó Hugo preocupado.-
Jésica se dio la vuelta y miró a Hugo.
-Algo va mal en el hospital.-
Hugo se acercó a su novia y le preguntó si sabía lo que ocurría exactamente y cómo lo sabía.
-Elena me lo ha dicho, me ha pedido que vayamos corriendo...-
Pronto llegaron al hospital y vieron a Lidia, la enfermera que había ayudado a Elena a dar a luz a su hija Lana, en la puerta de la sala de espera, tomando unos apuntes en unas hojas.
Jésica y Hugo fueron hacia ella y le preguntaron si estaba todo bien, aunque ambos sabían que si Elena le había dicho a Jésica que fueran era porque algo iba mal, pero prefería hablar con la enfermera y que se lo explicara todo con detalles.
-Tu amiga Raquel está en quirófano, estaba tomando nota en el expediente médico y ahora iba a la habitación de Elena a comunicárselo oficialmente.-
Jésica no se lo podía creer. ¿Por qué tenía tan mala suerte últimamente?. Todo lo ocurrido en un mes había sido peor que todas las desgracias de su infancia entera juntas.
Lidia subió a la habitación y Jésica y Hugo la acompañaron, y al llegar allí, había otro enfermero en la habitación.
Lidia le pidió que saliera para hablar con él, y Jésica y Hugo entraron en la habitación a consolar a sus amigos, en especial a Pablo, que como ya suponía Jésica, sería el que peor lo estaría pasando, y no se confundió.
Pablo lloraba desconsolado en su cama, sentado y con las manos moviendo las piernas para balancearse, y al ver a Jésica intentó levantarse corriendo para abrazarla, pero su prima aceleró ahora que nadie la veía ir corriendo como un vampiro y se acercó a la cama.
-Cariño, verás como sale bien.-Consoló Jésica a su primo besándole la frente.-
Como había estado llorando, prefirió no hablar y escribir, para no hacerse daño al intentar pronunciar las palabras que tenía intención de decir.
"Jess, no han podido hacer nada."
Jésica leyó la pizarra y no se lo creía, era imposible que se hubiera muerto, después de lo que se había esmerado por disculparse y compensar a todos por la muerte de Laura y Susan.
Hugo también leyó el mensaje y sin dudarlo abrazó a Jésica.
-Todo esto...ha sido mi culpa...-Decía llorando Jésica.-
Diego fue hacia la pareja y le pidió a Hugo que le dejara abrazarla, pero se lo pidió de manera que solo ellos dos lo supieron, y Hugo aceptó y se apartó de Jésica.
Daniel le entregó a Elena su hija, y fue a hablar con Pablo, para darle ánimos y ofrecerle ayuda en lo que necesitara.
-¿Por qué dices que ha sido tu culpa?-Le preguntó Diego a Jésica.-
-Porque...porque si le hubiera pedido a Laura que me acompañara, o a Raquel, a ver las notas de selectividad, esto no habría pasado, y ahora estaríamos todos sentados en una mesa merendando y...-
-¡No!-Le interrumpió Diego.-No digas eso Jess, lo de las notas no tuvo que ver, si hubieran ido contigo ellas, la bruja esta...¡Anabel!, se las habría apañado para acabar con alguien distinto, si tenía intención de matar, habría matado a quién estuviera por delante, y a Raquel le ha dado un infarto, no tiene que ver.-
Elena intentó dormir a la pequeña, pero no lo consiguió. En su lugar, pronunció 2 palabras, sus primeras palabras, y no eran mamá, papá o esas palabras que decimos todos con 1 año, sino que Lana, con 2 días, ya pronunció dos palabras que conmocionaron a todos.
-Tranquila Jésica.-
En ese momento, todas las conversaciones cesaron de inmediato, incluyendo la de Lidia con el otro enfermero, que estaban en el pasillo, pero al tener la puerta abierta lo escucharon.
Jésica se acercó a Elena y Lana y le pidió a la pequeña que repitiera eso, para comprobar si había sido imaginación suya o realmente había hablado.
-Tranquila Jésica.-Repitió la pequeña.-
-Yo les conozco, les daré la noticia, tú vete que creo que te necesitan en la 103.-Le dijo Lidia al enfermero entrando en la habitación y cerrando la puerta.-
La enfermera se acercó a la cama y preguntó si la niña había hablado, y al ver como Jésica asentía, esta quedó fascinada.
Jésica cogió a Lana, con el permiso de Elena, que prácticamente no la tenía en brazos, ya que el ver a Daniel tan feliz con su hija en brazos le hacía muy feliz.
-¿Cómo puede hablar?, tiene 2 días de vida, es imposible.-Dijo acunándola en sus brazos.-
Ninguno pudo responder a la pregunta, hasta que entró Carlota en la habitación.
-Crece varias veces más deprisa que un humano, su desarrollo físico aún no ha comenzado pero el mental sí. De hecho, en una semana seguramente mida lo que una niña de 2 años, y su inteligencia se irá ajustando a su aspecto poco a poco.-
El ver a Carlota hizo que Pablo dedujera, al igual que el resto, que lo de los vampiros ya no era un secreto para ella.
Carlota se acercó a su hijo y le abrazó, dándole ánimos por la pérdida de su novia, y a continuación fue a ver a Jésica.
-Como ya habréis deducido, se que Lana es vampira, al igual que mis hijos Pablo y Carlos y Jésica.-Comentó Carlota.-Me he documentado sobre leyendas y he consultado a un viejo conocido, cuyo hermano fue vampiro y me ha dicho que si una humana queda embarazada por un vampiro y el bebé resulta no se humano, como es normal, el pequeño crece a velocidades rapidísimas y al alcanzar cierto grado de madurez, dejan de crecer o...bueno...-Elena le pidió que terminara la frase ya que su hija era uno de esos casos, y Carlota continuó.-Si sufre algún daño durante el crecimiento, como por ejemplo que sus músculos crezcan demasiado rápido y fuercen los huesos, o que ella crezca y su corazón lo haga más despacio, por lo que la sangre que recibe es insuficiente...pues puede fallecer.-
La explicación de Carlota resultó interesante, pero en ese momento, lo principal era averiguar cómo se había enterado de que eran vampiros y por otro lado, lo que había ocurrido con Raquel, ya que Jésica, al igual que con la autopsia de su madre, no se quedó tranquila y no se terminó de creer que muriera por un golpe.
-¿Cómo sabes que somos vampiros?-Preguntó Jésica.-Es decir...ninguno te lo hemos dicho, y Ana no creo que te haya dicho nada...¿o sí?-
Carlota negó la opción de que Ana hubiera dicho algo sobre el tema, es más, aseguró que no sabía que se había enterado del secreto de sus hermanos.
-Cuando vine con tu padre a verte.-Dijo mirando a Pablo.-Me di cuenta de que tus ojos no eran como siempre, eran de otro color, y siempre me han gustado las novelas de fantasía y esas cosas, dado que soy...bueno, ya sabéis que soy bruja pero por motivos extraños, al igual que tu madre-En esta ocasión llevó la vista hacia Jésica.-No podemos usar nuestros poderes. En fin, cuando vi que el color de ojos no era el mismo, recordé algunas novelas que leía yo de pequeña, en las que se hablaba pues eso, de brujas y vampiros, y en un principio pensé que era una locura, pero tres días después de que volviéramos a Valencia, me llamaron de una escuela de patinaje para que fuera a hacer una exhibición con otros profesores, y era aquí, en Madrid. Cuando regresé, vine a verte pero ya estaba contigo Elena, y no quise interrumpir puesto que llegué de noche.-
Lana comenzó a llorar a mitad del relato de Carlota, y Jésica le cambió el pañal y se la entregó a Daniel para que intentara dormirla.
Carlota estuvo a punto de perder el hilo de la historia cuando vio la sonrisa de Daniel al tener en brazos a la pequeña Lana, pero logró recuperar la memoria y continuó el relato.
-El caso es que esa noche decidí ir a un hotel que estaba cerca de la escuela, ya que si dormía en casa sabrían que estaba en Madrid, y quería sorprenderos a todos.-Dijo mirando a Pablo pero refiriéndose a él y a sus hermanos.-A la mañana siguiente volví temprano al hospital, pero fui demasiado pronto, y Elena seguía dentro. Sin embargo, observé algo curioso, Pablo no tenía ninguna vía puesta ya y había una bolsa de sangre en la cama, por lo que mis sospechas casi se confirmaron. Entré en la habitación sin hacer ruido y miré por si tuviera la vía en el brazo o incluso que la bolsa no estuviera y que las arrugas de las sábanas me hubieran confundido, pero al ver una pequeña marca de sangre en la boca de Pablo lo supe. En un principio me asusté y me entristecí, he de reconocerlo  pero una vez que lo asumí, lo cual curiosamente no me llevó más que un par de horas, comprendí que si nunca habías dicho nada y ni habías mostrado interés por la sangre humana delante de tu padre y yo, sería por una buena causa, así que decidí hacer la exhibición de patinaje y volver a Valencia.-
Pablo parecía más sorprendido que los demás, y ya era difícil, porque hasta la enfermera, que no conocía de nada a Carlota no sabía qué decir al respecto.
-¿Papá sabe algo de esto?-Preguntó Pablo.-
-No cariño, nunca llevó bien lo de que fuera una "bruja sin poderes", eso le ha mosqueado siempre mucho. Cuando vio que Ana sí tenía poderes comenzó a llevarlo mejor, pero le ha costado tiempo. Si ahora le digo que sus otros dos hijos son vampiros me pide el divorcio, jajaja.-
-Antes dijiste que te pusiste en contacto con un viejo amigo que su hermano era vampiro y no se que..., ¿con quién hablaste?-Preguntó Hugo curioso.-Si no supone un problema la pregunta, claro.-
Carlota se rió por la aclaración del novio de su sobrina y contestó sin problemas a la pregunta.
-De llama Andrew Williams, y es profesor en Barcelona, pero veranea en mi pueblo. Le conocí hace 6 años, y todos los veranos nos vemos en la playa y tomamos algo.-
-¿Andy?-Preguntó Pablo.-
-Sí, Andy.-Aclaró su madre que Pablo, Carlos y Ana le llamaban Andy.-Pues su hermano murió hace 8 años, le expusieron al Sol sin ninguna protección de esas que usan los vampiros, que la verdad no se qué protección es, pero por lo visto sin ella, la exposición a la luz solar, al cabo de unas horas es mortal. El caso es que por disputas entre antiguos amigos, murió su hermano, y el que intentó matarle también, pues se habían tendido la misma trampa los dos sin saberlo. Cuando me enteré, me pidió que guardara el secreto a no ser que fuera absolutamente necesario decirlo, y que en ese caso se lo comentara antes. Cuando volví el otro día a Valencia le comenté lo que pensaba de Pablo, bueno, lo que sabía, pero necesitaba alguna confirmación de alguien que hubiera vivido algo parecido. Le comenté que una amiga se Pablo estaba embarazada y ya que estaba con él en la habitación, aunque no me fijara en su boca, la sospecha estaba ahí. Entonces fue cuando me contó lo que ocurría, pero me dijo que la mujer tendría que ser humana, los vampiros hembra no pueden tener hijos.-
Elena miró a Pablo y este negó con la cabeza, y a continuación asintió.
-Carlota...verá, yo soy vampira, pero la razón por la que tengo una hija es porque mi marido y yo somos hombres lobo, yo soy híbrida, otro día te cuento cómo es posible eso, pero ahora lo importante, una vez que sabemos que sabe nuestro secreto y nos ha informado sobre Lana, tenemos que centrarnos en Raquel.-
Carlota se sorprendió por la respuesta, ya que nunca pensó que fuera posible la unión de un lobo y un vampiro, que a la vez era lobo y...bueno, no se lo creía.