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viernes, 14 de diciembre de 2012

CAPÍTULO 3: Confesiones difíciles.


A la mañana siguiente, Elena despertó a Jésica.
-Buenos días Jess.-Saludó Elena.-¿Tienes hambre?
Jésica miró el reloj de su mesilla: las 8 y media de la mañana.
Jésica cogió la manta y se tapó completamente para seguir durmiendo.
-Te traigo algo para comer.-Dijo Elena.-Supongo que tendrás hambre.
Jésica notó como la habitación olía especialmente bien.
-No quiero sangre humana, anoche la tomé por obligación, no lo volveré a hacer.
-En algún momento la tienes que tomar, porque si no aumentará tu debilidad, pero esta es animal.-Respondió Elena.-Esta mañana he ido con Hugo y con Diego a cazar y hemos encontrado un precioso y riquísimo ciervo, jaja. Ahora en serio, te he traído sangre para que pruebes a ver que te parece.
Jésica cogió la bolsa de sangre de la noche anterior, que por lo visto había utilizado Elena para llenarla con la sangre de un ciervo.
-Está...buena.-Dijo saboreando la sangre.-No es como anoche, pero no está mal.
-Como anoche no es seguro, porque la de anoche era pura y muy buena, esta al ser de animal salvaje, no tengo ni idea de lo que lleva.-Respondió Elena.-
Jésica y Elena charlaron durante casi una hora, hasta que sonó el timbre.
Jésica fue a abrir la puerta y por el camino se miraba en un espejo para que no se notara que acababa de comer.
-Hola corazón.-Saludó Raquel.-
La cara de Jésica cambió por completo. Esta vez cambió para bien. Hacía muchos días que no veía a Raquel. Habían hablado por teléfono para aclarar una discusión pero hacía casi una semana que no se veían.
La reacción de Jésica fue darle un abrazo y pedirle perdón nuevamente por la discusión que tuvieron días antes.
-No te preocupes Jess.-Comentó Raquel.-Ya está bien. Volvemos a ser amigas y es lo que importa.
-Tienes razón Rachel.-Respondió Jésica.-¿Conoces a la hermana de Hugo?
-Creo que no.-Respondió Raquel.-
Elena y Laura bajaron a la entrada y Jésica presentó a Raquel y a Elena.
Laura vio como los ojos de Jésica empezaban a volverse rojos por momentos. Fijó la vista en los ojos de Jésica y vio que miraba su mano.
Raquel traía la mano vendada.
-¿Qué te ha pasado Raquel?-Preguntó Laura señalando a su mano.-
-Esta mañana me corté haciendo el desayuno, nada importante.-Explicó Raquel.-Aunque si Elena me pudiera echar un vistazo a la mano me ayudaría. No estoy segura de necesitar puntos pero no me fío.
-Jésica, ven conmigo.-Dijo Laura.-
-¿Le pasa algo?-Preguntó Raquel mirando a Jésica.-¿Qué te pasa en los ojos Jess?
-Es...es que me..me marea la sangre así que mejor me voy.-Respondió tartamudeando Jésica.-
Laura y Jésica subieron las escaleras y fueron al baño.
-¿Estás bien?-Preguntó Laura mientras cerraba la puerta y se apoyaba en ella.-
-Si, es más, me siento genial.-Respondió feliz Jésica.-He visto que tenía una herida muy profunda y he sabido controlarme y decir una mentira para poder salir de la situación sin poner a nadie en peligro.
-¿Cómo que has visto que tenía una herida?-Preguntó Laura.-Nos hemos ido antes de que destapara la venda.
-Que extraño, porque yo he visto que tenía una herida para puntos a demás, calculo que aproximadamente unos 10 puntos, bastantes para un simple corte con un cuchillo al hacer le desayuno.-Explicó Jésica.-
-Ahora veremos con lo que nos dice Elena, pero a lo mejor ha sido un pensamiento tuyo.-Comentó Laura.-
-Seguramente.-Afirmó Jésica.-
Elena gritó desde el salón que ya había acabado y que podían volver con ellas.
Cuando bajaron, los ojos de Jésica volvieron a su estado original.
-Tenías razón, lo de tus ojos debía de ser la sangre, porque ya están igual.-Comentó Raquel.-Me habías asustado por un momento creía que eras un vampiro.
Aunque Raquel bromeaba, se notó un cambio de humor entre todas las chicas.
-¿He dicho algo malo?-Preguntó preocupada Raquel.-
-No, que va. Solamente que nos ha extrañado que creyeras que es un vampiro. ¿Crees que existen?-Preguntó Elena.-
-Se que existen.-Aclaró Raquel.-Mi abuela me contó historias desde pequeña y no me las creía. Cuando murieron mis padres siempre decía que no era verdad, y que algún día les volvería a ver. Mi abuela me repetía que no les vería de nuevo, y el día de mi 16 cumpleaños, recibí una tarjeta de felicitación por parte de una pareja que se llamaban como mis padres: Andrea y Joseph.
-¿Tu padre era inglés?-Preguntó Jésica.-
-Mis abuelos paternos son británicos y le pusieron ese nombre a mi padre.-Explicó Raquel.-Bueno, el caso es que después de leer la tarjeta, miré el móvil y vi que me llamaban, y al cogerlo escuché la dulce voz de mi madre. Aunque no me lo creía del todo, confiaba en que fuera ella, y lo que me lo confirmó fue que cuando me dijo asómate a la ventana de la cocina estaba allí. Tenía un aspecto casi igual a como la recordaba y me contó que aunque mi papá había muerto, ella aun no, debido a que un vampiro la transformó. Recordé las historias de mi abuela y lo relacioné todo, pero en ese momento una flecha de madera la atravesó y murió a los pocos minutos.
-¿De verdad?-Preguntó Elena.-No quiero imaginarme lo mal que lo tuviste que pasar cuando te reencuentras con tu madre, supuestamente muerta y la matan justo en ese momento. ¿Viste quién fue?
-No, solo vi como una sombra doblaba la esquina de la calle, ni si quiera pude ver si era chico o chica.
Las cuatro se miraron y entonces Raquel hizo la pregunta que esperaban que no hiciera.
-¿Creéis en los vampiros, los hombres lobo y esas cosas?
Para alivio de Jésica, Elena y Laura, sonó el teléfono y Laura fue a contestar corriendo.
Raquel aprovechó para ir al baño y mientras Elena y Jésica hablaban sobre la historia de Raquel.
-Es increíble, no puedo creerme que la pobre haya pasado por eso y esté así de tranquila.-Comentó Jésica.-
-Imagino que aun le costará, pero lo irá asimilando poco a poco.-Respondió Elena.-
Jésica se sentó en el sofá y se llevó las manos a la cabeza.
-¿Estás bien?, ¿tienes hambre?-Preguntó Elena.-Es normal que tengas hambre, estás empezando.
-No es eso, es que...ya que sabe que existen, ¿no podríamos decírselo?-Preguntó finalmente Jésica.-
-Es un poco arriesgado, ahora relaciona vampiros con la muerte de su madre.-Razonó Elena.-Espera a que nos centremos en Raquel, y si vemos que realmente lo ha asimilado del todo y lo lleva bien, se lo diremos, tranquila.
-De acuerdo, pero si algo va mal y veo que es necesario decírselo, lo haré.-Respondió Jésica.-
-Si algo va lo suficientemente mal para decírselo, lo haremos cualquiera de nosotras, no te preocupes.-Respondió Laura.-
Raquel observaba las cortinas de la cocina y Elena se acercó a hablar con ella.
-¿Qué tal Raquel?
-Muy bien..supongo-Respondió Raquel algo dudosa, ya que acababa de hablar con Elena hacía escasos minutos.-
-¿Por qué nos has preguntado que si creemos en los vampiros?-Preguntó Elena.-¿Tú crees de verdad?
-Te acabo de contar la historia Elena.-Respondió Raquel algo enfadada porque no le había echo caso.-
-No me refiero a eso, quiero decir que si ahora mismo te dijeran que hay un vampiro en el pueblo, ¿te lo creerías?-Corrigió Elena.-
-No lo se, depende.-Respondió dudosa Raquel.-Supongo que tendría que investigar si ha pasado algo extraño en los últimos meses para relacionarlo y tal, pero de primeras seguramente no. ¿Por qué?
-Por saber, tenía curiosidad después de tu historia por saber cuál sería tu reacción ahora.-Explicó Elena.-
Elena y Raquel conversaron durante casi una hora. Mientras tanto, Laura y Jésica hablaban sobre Hugo y Diego.
Raquel miró el reloj y vio que eran las 10 de la mañana y se marchó.
-¿Me llamas por la tarde?-Preguntó Jésica cuando Raquel ya había salido.-
-¡Vale!-Respondió Raquel sin darse la vuelta y levantando la mano diciendo adiós.-
Jésica entró en casa y fue a su habitación.
-Ahora bajo chicas.-Dijo Jésica.-Voy a mi cuarto un momento.
-De acuerdo.-Respondió Laura.-¿Dónde estarán Hugo y Diego?
-No lo se-Respondió Elena.-
Empezó a sonar una melodía que sin duda procedía de un móvil.
-Es Diego.-Dijo Elena mirando su teléfono.-Dice que ya vienen.
-¡Genial!, ¿te apetece ir a dar un paseo?-Preguntó Laura.-
-Vale, pero habrá que esperar a los chicos y a que baje Jésica.-Bromeó Elena.-
-Ya lo se.-Respondió Laura.-¿Vemos la televisión mientras?
-De acuerdo.-Dijo Elena cogiendo el mando de la televisión.-
Mientras tanto, Jésica entraba en su habitación después de ir al baño y cogió su diario.

Querido diario:
Me siento rara.
Por lo visto, las cosas no son como parecen.
¿Realmente soy un monstruo devora-personas que se alimenta de sangre?
La verdad, lo dudo, pero por circunstancias que no alcanzo a comprender, la sangre me alivia el hambre atroz que tengo desde ayer.
Es extraño como de ser una chica normal, he pasado a ser esto.
Sinceramente, no lo quiero, pero si lo tengo que ser, que sea de verdad.

Jésica cerró su diario y bajó al salón, al mismo tiempo que Hugo llamaba a la puerta.
Cuando Jésica abrió la puerta, vio a Hugo y a Diego esperando fuera.
-¿Pasáis chicos?-Preguntó Jésica.-
-Hugo quería hablar contigo a solas un momento, entro yo y luego entráis vosotros mejor.-Aclaró Diego.-
Jésica cerró la puerta y se dirigió a Hugo.
-¿Ocurre algo?-Preguntó Jésica abrazándole.-
-No, nada demasiado importante.-Respondió Hugo.-
Jésica vio como Hugo agachaba la cabeza. Su tono de voz no era igual, parecía triste, nervioso, confundido...
-¿De verdad?-Preguntó Jésica.-Se que me ocultas algo, dímelo tranquilo.
-No es nada malo para ti, bueno..en realidad..en parte sí.
-¿Qué ha pasado Hugo?-Preguntó preocupada Jésica.-
-Verás, anoche cuando salimos Diego y yo, vimos un lobo.
-Sería algún primo tuyo.-Bromeó Jésica.-
-No, no era familiar mío, sino más bien tuyo.-Aclaró Hugo.-
Jésica se puso nerviosa y preguntó si había ocurrido algo malo.
-No es directamente familiar tuyo, pero la persona a la que más le afecta sí, Laura.-Explicó Hugo.-
-¿Qué pasa Hugo?-Preguntó nerviosa Jésica.-
-¿Tú conoces a Clara y a Pedro?
-Sí, les conozco, están saliendo juntos y son los mejores amigos de...
Jésica dejó de hablar y se sentó en la escalera de la entrada.
Agachó la cabeza y comprendió a qué se refería Hugo.
-¿El lobo los mató?-Preguntó, pero al segundo corrigió.-Vale, ¿Cuántos lobos viste?
-La verdad, dos.
-Dios mío, no puede ser.-Se escuchó en casa la voz de Laura.-
Corriendo se levantó Jésica y entró en casa, y haciendo uso de la gran velocidad que tenía, en un parpadeo entró en casa y abrazó a su hermana.
-Lo siento cariño.-Dijo Jésica.-Soy nueva en esto, pero después de todo, esto es como perder a un amigo.
-A dos amigos Jésica-Dijo llorando Laura.-Son lobos, y yo vampira, puedo controlar mi sed con los humanos y muy de vez en cuando, pero mi aversión a los lobos es algo que no creo que supere nunca, la verdad.
Jésica miró a Hugo y a Diego.
-¿Cómo que no?-Preguntó Jésica.-Estás en un salón, con 2 lobos y un híbrido, puedes estar con ellos dos tranquilamente.
-Es más difícil de lo que parece Jess.-Respondió Laura.-Con ellos me controlo más gracias a que desde que conocí a Hugo, he ido asimilando poco a poco la situación. Desde que le conociste he mantenido las distancias con él, y poco a poco las he recortado, pero con ellos, que son compañeros de clase desde siempre y les veo a diario no seré capaz de mantener distancia suficiente y no conseguiré adaptarme.
-Yo te puedo ayudar.-Intervino Diego.-A lo largo de mi vida he conocido a muchos vampiros y yo siempre he sido un licántropo. Con el tiempo lo superé y me pasó algo similar a tu problema con Pedro y Clara ahora. Aprendí a estar con ellos desde el principio sin salvar las distancias ni levantar sospechas.
-¿Me ayudarías a controlarme?-Preguntó Laura.-
-Por supuesto, si puedes controlarte conmigo no tendré ningún problema.-Respondió Diego.-
-Muchas gracias Diego.-Dijo Laura abrazándole.-Eres el único lobo al que no me importa abrazar.
-¿Y yo?-Bromeó Hugo.-
-Mi hermana no me deja.-Dijo riéndose Laura.-
Finalmente salieron a pasear todos.
Recorrieron toda la urbanización donde vivían Jésica y Laura y fueron a una heladería.
Se sentaron en unos bancos del parque y charlaron mientras se acababan el helado.
Entonces una niña de unos 8 años se acercó a Jésica e inmediatamente Elena y Hugo que estaban sentados a su lado se arrimaron a ella.
-Hola.-Saludó la niña a Jésica.-
-Hola pequeña.-Devolvió Jésica el saludo.-¿Tu también te tomas un helado como yo?
-Sí.-Dijo sonriendo la niña.-Es de vainilla, ¿y el tuyo?
-El mío es de vainilla y limón.-Respondió Jésica.-
-¿Tú eres mayor?-Preguntó la niña.-
Jésica escuchó una pequeña risita por parte de Diego y Laura que estaban en el banco que estaba en frente.
-Sí, tengo 19 años, fíjate que mayor.-Bromeó Jésica con la pequeña.-¿Cómo te llamas?
-Me llamo Susan.-Respondió la pequeña.-¿Y tú?
-Yo me llamo Jésica.-Respondió sonriente.-¿Susan es tu nombre o te llaman así porque es Susana?
-No, me llamo Susan, mi papá es inglés.-Aclaró la pequeña Susan.-
-El papá de una amiga también era inglés.-Dijo Jésica.-
-¿Qué le pasó?-
-Hace muchos años se fue a otro país para trabajar y ahora hace mucho que no le ve.-Explicó Jésica.-¿Dónde están tus papás?
-Por eso he venido.-Respondió Susan.-No los encuentro, y me dicen siempre que cuando me pierda que busque a una persona que sea mayor para que me ayude a encontrarles.
-Oh que ricura.-Susurró Laura en el otro banco.-
-¿Dónde viste a tus papis por última vez Susan?-Preguntó Jésica.-
-Estaban en la heladería pidiendo un helado para ellos, fui a saludar a una amia que vi en el parque y cuando volví no estaban. Creía que estaban en un banco del parque pero he mirado por todas partes y no están.-Explicó Susan.-¿Jésica me ayudas a encontrarles?
-Claro que sí pequeña, ¿Sabes el teléfono de alguno de los dos?-Preguntó Jésica sacando el móvil.-
-No. Mamá me dijo que yo era especial y no necesitaba saber el teléfono, porque cuando me perdiera la encontraría siempre.-Respondió Susan terminando el helado.-
Jésica miró a Elena y a Laura y se extrañó.
-Hola Susan, yo me llamo Laura, y soy la hermana de Jésica.-Dijo Laura tras levantarse del otro banco e ir con Jésica a ayudar a la niña.-
-Hola Laura. Me gusta tu nombre.-Dijo Susan.- Así me quería llamar mi mami antes que Susan, pero mi padre dijo que no, y al final no me llamé Laura.
-Susan es un nombre muy bonito también.-Aclaró Laura.-Mira, este es Hugo y es el novio de Jésica, y esta es Elena, la hermana de Hugo y él es Diego.
-¿Tu novio Laura?-Preguntó la niña.-
-Jajaja, no Susan, mi novio se llama Daniel, Diego es el novio de Elena.-Dijo riéndose Laura.-
-Ah, jajaja, vale. Encantada chicos, sois todos muy majos.-Dijo sonriendo Susan.-¿Me ayudáis por favor?
-Claro que si preciosa.-Respondió Hugo.-
-No se si pedirte esto o no....-comentó por lo bajo Susan.-
-Pide lo que quieras guapa.-Dijo Hugo.-
-¿Podrías cogerme en brazos como hacía mi papá?
-Claro que si, ningún problema pequeña.-Asintió sin dudarlo Hugo.-
Hugo cogió a la niña y comenzaron a andar los 7 por el parque para buscar a los padres de la pequeña Susan.
Jésica y Elena iban detrás de Hugo y la niña y Laura y Diego por delante.
La razón de que Jésica fuera por detrás con Elena era que si en algún momento sucedía algo y Jésica no se podía controlar, mantenerla alejada de la pequeña y evitar que esta viera nada.
Mientras buscaban, Elena y Jésica hablaban sobre Hugo.
-¿Has visto?-Comentó Jésica.-
-¿A qué te refieres?-Preguntó Elena.-
-A que Hugo está de maravilla con Susan en brazos.
Las dos se fijaron en Hugo y llegaron a la conclusión de que el papel de padre le quedaría de maravilla.
-Algún día pasearemos Hugo y yo por el parque y veré a nuestra hija correr jugando con otros niños...
Los ojos de Elena cambiaron de pronto a un rojo intenso.
-¿Estás bien?-Le susurró Jésica.-
-No, no estoy nada bien.
-¿He dicho algo malo?-Preguntó nerviosa Jésica.-Si te ha molestado mi plan con Hugo para el futuro lo siento.
-No es eso tranquila, eso me parece perfecto, de verdad.-Respondió Elena.-Es solo que...
Elena dejó de hablar y se sentó en un bordillo que había cerca.
Los demás pararon y Laura se acercó a preguntar si estábamos bien.
-A Elena le pasa algo, es extraño, nunca había visto un cambio tan rápido de ojos. Llévate a Susan de aquí.-Ordenó Jésica a su hermana.-
-¿Qué ha pasado Laura?-Preguntó Susan.-
-Nada, tranquila, a Elena le ha sentado mal el helado y se va a sentar un minuto, ahora viene.-Explicó Laura mirando después a Diego.-
-Elena, ¿Qué te pasa?-Preguntó Jésica otra vez.-
-No lo se, es como si algo no fuera bien. De pronto tengo una sed que no puedo controlar.-Comentó Elena.-
-¿Vamos a casa?-Preguntó Jésica.-
-No...-dijo Elena cerrando los ojos.-Necesito comer.
De pronto, Elena no estaba.
A Jésica le invadió la preocupación y no tuvo más remedio que ir tras Elena.
Envió un mensaje a Hugo diciendo que se inventara una excusa para que no se preocupara la pequeña que tenía que irse con Elena rápido.
-¿Dónde están Elena y Jésica?-Preguntó Susan.-
-Jésica la ha acompañado a casa, como vive aquí al lado, ha ido con ella a por una medicina para el estómago.-Explicó Hugo mirando a Diego y a Laura.-
Jésica buscó a Elena y la encontró en un árbol, recostada sobre él.
-¿Estás bien?-Preguntó Jésica.-
Entonces vio que Elena tenía la boca llena de sangre y a su lado vio lo que parecía ser un brazo.
-¿Qué has hecho Elena?-Preguntó preocupada y corriendo hacia ella Jésica.-
-Lo...lo siento Jésica..no..no se qué me ha pasado.-Dijo llorando Elena.-
Elena se apartó y vio que la persona que estaba en el suelo era Raquel.
-¡No!, ¿por qué?-Dijo llorando Jésica.-
-Lo siento, de verdad que lo siento Jésica.-Se disculpó varias veces Elena.-Sabes que nunca haría nada así, no se qué me ha pasado.
Jésica fijó la vista en Raquel y vio que movía la cabeza.
-¡Raquel!-Gritó Jésica.-
Raquel se movió y se sentó.
-¿Qué me ha pasado?-Preguntó llevándose la mano al cuello con gesto de dolor.-¿Por qué estoy sangrando?
-¿Sangrando?-Preguntó Jésica.-
Elena vio como los ojos de Jésica cambiaban a un rojo intenso, del mismo modo que antes le había pasado a ella, pero esta vez, la razón era evidente: Raquel estaba viva y sangrando.
-¿Jésica qué te pasa en los ojos?-Preguntó Raquel preocupada.-
-Elena...sácame de aquí por favor.-Suplicó Jésica.-¡Elena, o se va ella o me voy yo, pero aléjame de ella ya!
-¿Qué te pasa Jésica?-Preguntó Raquel acercándose a ella.-
Jésica se dio la vuelta y desapareció en un momento.
Raquel estaba desconcertada. No entendía nada y estaba preocupada.
-¿Qué le ha pasado a Jésica?-Preguntó Raquel a Elena.-
Elena pensó que una situación importante y en la cual Raquel debería enterarse de todo podía ser esa perfectamente.
-Raquel, hay una cosa que debes saber sobre Jésica y..bueno sobre mí también, y más gente.-Respondió Elena.-
-¿Qué pasa?-Preguntó Raquel asustada.-¿Tengo que tener miedo?
-No tienes por qué tenerlo si confías plenamente en mi.-Explicó Elena.-Pero tienes que fiarte de lo que te digo.
-Está bien.-Respondió Raquel.-Pero antes si me puedes ayudar a curarme esta herida del cuello mejor, por cierto, tienes la boca manchada.
Elena se relamió la boca y se contuvo para no atacar a Raquel. No había sido buena idea relamerse, pero no podía ponerla en peligro otra vez.
-Vamos a casa de Jésica y te lo cuento todo allí.-Dijo Elena.-
Elena y Raquel llegaron a la casa de Jésica y allí Elena se lo contó todo. Le recordó la conversación de por la mañana y le explicó por qué le extrañaba que supiera o que creyera en los vampiros, y por otro lado le aterraba la simple idea de que lo supiera.
-Entonces...¿no corro peligro con vosotras?-Preguntó Raquel.-
-Ninguno, lo de hoy ha sido extraño.
-¿Qué te  ha pasado para que me atacaras?-Preguntó Raquel.-
-No lo se.-Respondió Elena.-Iba andando a buscar a los padres de una niña llamada Susan con Diego, Hugo, Laura y Elena y de pronto me entró un hambre que no pude controlar, aguanté lo suficiente para que la pequeña no me viera pero nada más.
Elena vio la cara de Raquel. Estaba confusa pero parecía entenderlo mejor de lo previsto.
-¿Tienes idea de dónde puede estar Jésica?-Preguntó Raquel a Elena.-
-Habrá ido al bosque a buscar algún ciervo o algo para comer.-Respondió Elena.-La estamos educando para que se alimente de sangre animal. Dejamos la sangre humana para ocasiones de gran necesidad.
Elena escuchó a Jésica a lo lejos, y Raquel se dio cuenta de que algo pasaba.
-¿Sucede algo Elena?
-Oigo a Jésica.-Respondió preocupada.-Y está comiendo.
-Bueno, por lo menos sabemos que está bien.-Respondió relajada Raquel.-
Elena se levantó deprisa y le dijo a Raquel que se fuera a su casa y que no saliera pasara lo que pasara.
Raquel se fue sin más a su casa, no era consciente de que Elena la había manipulado para que hiciera lo que quisiera ella.
Elena fue corriendo con Jésica y la encontró en el hospital.
-Jésica, ¿Qué haces?-Preguntó Elena asombrada al descubrir a Jésica con los dientes clavados en el cuello de una señora mayor que estaba ingresada.-
-No lo puedo evitar, necesito sangre, mucha sangre, tengo hambre y no puedo pararla.-Admitió Jésica.-No quiero matar a nadie, pero necesito beber, ayúdame por favor Elena.

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