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viernes, 28 de diciembre de 2012

CAPÍTULO 5: Personas o animales


Pasaban los días y Jésica se habituaba a su rutina personal.
Sin embargo, una parte de ella quería saber lo que se sentía al ser un vampiro.

Querido diario:
Estas dos semanas han ido muy bien.
Me organicé al segundo día de clase y desde entonces me controlo mejor.
A pesar de eso, me gustaría saber qué pasaría si dejara de lado mi vida "humana" y viviera como un verdadero vampiro.
Aunque ahora no puedo dejar las clases, en plena selectividad, estaría bien ser un vampiro auténtico por un tiempo.
Es algo que debo meditar a conciencia y preguntárselo a los demás.

Faltaba menos para la graduación y Jésica estaba nerviosa.
-Hugo, son muchos exámenes juntos, no voy a poder con todo.-Le dijo a Hugo mientras iban hacia casa después de un día de clase.-
-Seguro que sí cariño.-Respondió abrazándola.-Yo te ayudaré.
Se dieron un beso y siguieron andando.
Al llegar a casa de Jésica encontraron la puerta abierta.
Jésica corrió a la puerta y Hugo la siguió vigilando que nadie pudiera ver a Jésica.
Los dos entraron en la casa, dispuestos a encontrarse con cualquier cosa, pero pensando en que a lo mejor Laura se había dejado la puerta abierta, con lo cual, debían tener cuidado.
Hugo vio como los ojos de Jésica cambiaban de color, y no era buena señal.
-Sangre....-Susurró Jésica.-Sangre...
Jésica subió las escaleras repitiendo la misma palabra una y otra vez, hasta que llegó a su habitación y al abrir la puerta se quedó parada en seco.
Hugo fue corriendo con ella y comprobó por qué se había parado.
Jésica estaba llorando: En su cama se encontraba su madre desangrada.
Jésica se fue de casa corriendo y Hugo entendió que aunque le daba pena, no podía resistir la sangre.
Hugo llamó por teléfono a Laura para darle la noticia.
Unos 5 minutos después apareció Laura con Diego y Elena en casa.
-¿Dónde está Jess?-Preguntó Laura.-
-Salió corriendo de casa en cuanto entró en su habitación, no he querido ir tras ella porque querrá estar sola ahora.-Respondió Hugo.-Pero si en 5 minutos no está aquí, saldré a buscarla.
Mientras Hugo subía a la habitación de Jésica a explicarles la situación a Laura, Elena y Diego, sonó la puerta.
Laura fue a abrir y se encontró con sus primos Carlos, Pablo y Ana.
Ana parecía muy afectada, y durante el tiempo que permanecieron en casa de Laura no se separó de ella.
-Tal vez...deberíamos decírselo a mamá.-Dijo Pablo a sus hermanos.-Después de todo, es su hermana.
Sus hermanos apoyaron la idea y llamaron a sus padres.
Tras hablar con ellos apareció Jésica.
Todos fueron a ver cómo estaba y no tuvieron respuesta.
Jésica cogió de la mano a su primo Pablo y se lo llevó al patio.
-¿Tú sabes el problema o lo que sea que tengo yo ahora?-Preguntó Jésica.-
-Creo que sí.-Respondió dudando Pablo.-¿Te refieres a lo de tu madre de ahora o a lo nuestro?
Jésica miró a su primo con cara desconcertada.
-¿Qué quieres decir con lo nuestro?-Preguntó Jésica.-
-Mírame a los ojos.-Dijo quitándose las gafas de sol que llevaba puestas.-
Jésica vio como los ojos de su primo Pablo tenían un color rojo intenso y se asustó.
-¿Tú también?-Preguntó Jésica.-Yo me refería al problema que tengo con lo de mi madre y el no poder concentrarme en los estudios.
-Yo también, soy veterano en comparación contigo pero no mucho.-Dijo Pablo.-
-¿Cuántos de la familia sois así?-Preguntó Jésica.-
-Mi hermano y yo somos vampiros y Ana es..digamos.."bruja"-Respondió Pablo.-
-¿Y ya?-
-Sí, pero luego hay más gente del pueblo con poderes o con..bueno, más como nosotros.-Dijo Pablo.-
-¿Y tú cómo llevas lo de la sed?-Preguntó Jésica.-
-Me cuesta, pero cada vez menos.-Respondió Pablo.-
-¿Bebes sangre humana?-
-Cuando tengas dudas de ese tipo, fíjate en los ojos de la persona en cuestión cuando no esté cerca de sangre humana, y si son rojos es que su dieta es la de un vampiro original, y si son dorados casi amarillos es que bebe sangre animal.-Explicó Pablo.-
-¿Por qué no puedo fijarme cuando haya sangre cerca?-
-Porque por mucho control que se tenga, al oler sangre humana, los vampiros tenemos el impulso de atacar, y cuando bebes sangre humana se te ponen los ojos rojos, de modo que si hay sangre cerca, los ojos siempre estarán rojos.-
-Entonces ahora sería inútil mirarte a los ojos.-Dijo Jésica.-
-¡Completamente inútil!-Comentó Carlos en la puerta de la casa.-
En un parpadeo, Carlos estaba junto a Jésica y Pablo.
-Ahora mismo, salvo los dos o tres lobitos que tenemos en casa, todos tenemos los ojos rojos, así que espero que las visitas que suelas tener entre semana, no las tuvieras hoy.-Bromeó Carlos.-
-Que yo sepa hoy no venía nadie.-Respondió Jésica.-
-Chicos, ¿habría algún modo de acercarme ahora a mi madre sin que terminara lanzándome a su cuello?-Preguntó Jésica.-
-Si comes antes te controlarás mejor.-Respondió Pablo.-Yo tengo hambre, si quieres damos un paseo.
Jésica miró a Carlos y pensó que tenía que avisar a los demás.
-Vale, vosotros iros y yo aviso Jess.-Dijo Carlos.-
-¿Me has leído la mente?-Preguntó Jésica.-
-Sí, pero no todos podemos. Ya te lo explicaré.-Dijo Carlos.-
Jésica y Pablo se fueron al bosque y Pablo se paró.
-¿Ocurre algo?-Preguntó Jésica.-
-Si quieres mirar mis ojos, ahora puedes, porque cuando coma estarán rojos.-Respondió Pablo.-
Jésica miró los ojos de Pablo, pero seguían rojos.
-Dijiste antes que estaban rojos si se alimentaban de sangre...-Dijo Jésica sin terminar la frase.-
-¿Humana?-Preguntó Pablo para acabar la frase de su prima.-Se puede ser un auténtico vampiro y controlarse en situaciones como estas.
Jésica, asombrada le preguntó cómo se controlaba cuando, por ejemplo, en clase de biología, tenía que diseccionar una rana, o simplemente si alguien se caía a su lado, cómo podía controlarse.
-Simplemente práctica.-Respondió Pablo.-Llevo 11 años así, y nunca lo has sabido.-
-¿11 años?, pero....eso es desde que tú tenías 10 años.-Dijo Jésica.-¿Cómo no lo he sabido?
-Porque se disimularlo, y procuro en las reuniones familiares, ir bien alimentado y no tener ni pizca de hambre.
-¿Cómo consigues la sangre: matas, robas en el hospital?
-Ni una ni otra.-Respondió Pablo.-Para beber sangre humana directamente, no necesitas matar a esa persona, si quieres pasar desapercibido y alimentarte cuando quras, aprendes a detenerte en el momento justo para no matar a nadie y luego borrarle los recuerdos.
-¿Crees que podría intentarlo?-Propuso Jésica.-Desde que soy así, más o menos un par de semanas, he sentido curiosidad por saber qué se siente al ser un auténtico vampiro.
Pablo se lo pensó y finalmente le dio respuesta.
-Si quieres terminar bien los estudios, no es recomendable, porque a la mínima que te descuides empezaras a buscar sangre por cualquier parte y a hacer lo imposible por conseguirla, y si tienes que abandonar las clases lo harás.
-Si ahora bebiera sangre humana, ¿crees que podría parar?
-Eso depende de ti, si tienes fuerza de voluntad pararás.-Respondió Pablo.-
-Quiero intentarlo.-Dijo finalmente Jésica.-
-Jess, es mejor esperar, yo beberé sangre animal mientras tanto.-Dijo Pablo.-Pero no acabes así con todo.
-Ya lo he decidido, quiero probar.-Repitió Jésica.-
Jésica, aunque obediente y relajada solía ser siempre, esta vez se mostró muy testaruda y consiguió lo que quería.
Pablo y Jésica fueron a un pequeño pueblo a las afueras de Madrid y allí encontraron una fiesta de cumpleaños, y Pablo pensó que sería un buen sitio para comer, pero no recordó que esta vez, no iba solo.
Pablo siguió a una joven rubia que se dirigía al lavabo y se interpuso en su camino.
-¿Dónde va esta joven tan guapa?, la fiesta es ahi.-Dijo Pablo.-
-Aunque agradezco el alago necesito ir al servicio, me he cortado al abrir un sobre y tengo que lavarme la mano.-Respondió la joven mostrándole la mano con el corte.-
-Si se me permite, me gustaría saber su nombre.-
-Carolina, aunque me llaman Carol.-Respondió la joven.-¿Tu nombre es?
-Me llamo Pablo.-Respondió Pablo.-Carol, ¿me harías un favor?
-Supongo que no hay problema.-Respondió la chica.-¿Qué favor?
-¿Podrías pasar tu mano por esa pared de ladrillos de ahí?-Dijo mirándola fijamente.-
Carol obedeció debido a que Pablo la había manipulado.
En seguida Carol empezó a sangrar con mayor intensidad, y en ese momento, Pablo atacó.
Jésica contemplaba todo desde un arbusto situado cerca del lugar donde se hallaba Pablo.
Jésica, cada vez más hambrienta se lanzó a por la joven Carol y acompañó a Pablo.
Al final, cuando ambos habían comido, borraron los recuerdos de la mente de la chica y Pablo la hizo recordar que se cayó a la puerta del servicio y se abrió la herida.
Mientras Jésica y Pablo volvían a casa, hablaban sobre lo ocurrido.
-No ha estado mal, te has controlado bastante bien y no has atacado a nadie más, no está nada mal.-Felicitaba Pablo a Jésica.-
-Gracias.-Respondía Jésica orgullosa de sí misma.-
Jésica vio cómo se llevaban a su madre en una manta a un hospital.
Asegurándose de que nadie la viera, corrió a casa y preguntó qué había pasado mientras se había ido con Pablo.
-Tu amiga Raquel ha venido y ha preguntado por ti, y le he dicho que estabas dando un paseo con Pablo para relajarte un poco.-Respondió Carlos.-Dijo que te llamaría por la noche.
-¿Dónde está Laura?, bueno el resto en general.-Preguntó Jésica.-
-Tu hermana está con la mía, hablando en su habitación, tu novio, su hermana y su novio se han ido a casa hace 10 minutos y han dicho que llamarían por la noche para saber las novedades pero que se tenían que ir.-Respondió Carlos.-
-¿Cómo que Laura y Ana están hablando?-Preguntó sorprendida Jésica.-¿Tanto he tardado?
Carlos se fijó en la boca de su prima y en sus ojos.
-¿Pasa algo?-Preguntó Jésica al ver a su primo Carlos examinarle la cara una y otra vez.-
-Aquí no queda sangre, ¿por qué tus ojos siguen rojos?-Preguntó Carlos.-
Jésica miró a Pablo y este le dijo que Carlos no lo sabía, pero que la única manera de salir de esa situación era decírselo.
-¿Has bebido sangre humana?-Preguntó Carlos.-
En seguida bajaron corriendo Ana y Laura.
-¿Cómo se te ocurre beber sangre humana?-Preguntó enfadada Laura.-
-No pasa nada, he bebido y me he controlado, no pasa nada.-Dijo Jésica.-Tengo a Pablo de testigo.
-¿Cómo se te ocurre llevarte a mi hermana a matar a gente?-Preguntó enfadada Laura.-¿No entiendes el problema que tenemos?
-Lo entiendo, y por eso no me ha importado, yo le he dicho que si sabe controlarse puede hacerlo, pero que no se lo recomiendo, y por mucho que lo he intentado no la he convencido, así que he cedido y ha ido todo muy bien.-Explicó Pablo.-
-Por cierto, ¿cómo es que sabes lo de mi hermana?-Preguntó Laura.-
-Otra igual, me acostumbraré supongo.-Bromeó Pablo con Jésica.-Mírame a los ojos.
Laura contempló los ojos rojos de su primo y se asustó.
-No puede ser...no...¿desde cuándo?-Dijo Laura.-
-Desde que tenía 10 años.-Respondió Pablo.-Me perdí en una excursión con el colegio y al día siguiente aparecí en el hospital así.
-¿Eres vampiro desde hace más que yo?-Preguntó Laura.-
-Al parecer sí.-Respondió Pablo.-Y antes de que preguntes otra vez, sí, bebo sangre humana. Evito la sangre animal no por nada en especial, sino porque desde pequeño, al no saber nadie mi secreto, me alimenté de sangre humana y pasé desapercibido. Con el tiempo, soy capaz de controlar mi sed aunque un humano se haga un corte delante de mi, pero claro está, tengo mis debilidades.
-¿Por eso te has ido antes con Jésica?-Preguntó Ana-
-Sí. Necesitaba comer y Jess parecía que también y mi idea era cazar a algún ciervo, pero me pidió que le demostrara como se puede beber sangre humana y no descontrolarse.-Respondió Pablo.-¿Dónde se llevaban a la tía?
-Van a hacerle la autopsia.-Respondió Laura.-Dado que apareció de repente, desangrada y con muchos golpes en el cuerpo, quieres investigar la causa de la muerte.
-¿Cómo han entrado sin veros los ojos?-Preguntó Jésica.-
-Tengo unas lentillas que, aunque escuecen al principio, luego no se notan y te oscurecen los ojos durante una hora más o menos, luego se deshacen.-Dijo Ana.-La ventaja que tienen es que para una visita corta te valen y al final, cuando se deshacen, salen en forma de lágrima, entonces puedes fingir que tienes alergia o que estás triste, irte al baño y ponerte otras.
-¿Crees que me podrías dejar un par para probar mañana en clase?-Preguntó Jésica.-
-Supongo que sí, cuando me vaya te las doy.-Dijo Ana.-Y pensándolo mejor..me voy a ir ahora, porque tengo que ver a Alejandro. Toma las lentillas.-Ana le entregó una caja azul a Jésica.-Hay 32, procura usarlas bien y no desperdiciarlas. Me tienen que durar una semana, que de vez en cuando las necesitan estos dos.-Dijo refiriéndose a sus hermanos.-Me voy, un beso.
Se despidió Ana y poco después sus hermanos se fueron.
Pablo se detuvo en la puerta a hablar con Jésica.
-Mañana vente a mi casa a las 7 de la mañana, y antes de las clases, desayunamos, ¿vale?-Propuso Pablo.-
-Suelo ir al bosque con mi hermana, mi novio y todos estos, pero por un día no pasa nada.-Respondió Jésica.-A las 7 estaré allí.

Querido diario:
A pesar de lo malo de este día, y de que me costará superarlo, he conseguido algo que deseaba desde que mi vida dio ese cambio tan grande: Hoy he vivido como un auténtico vampiro.
Fui a una fiesta con Pablo y fui capaz de parar cuando la chica de la que comía esmpezaba a marearse.
Pablo ha prometido enseñarme a controlar mi sed bebiendo sangre humana.
Ahora son las 6:50 de la mañana, voy a ir paseando a casa de mi primo para ir a desayunar.

Jésica salió de casa sin hacer ruido y se encontró con Elena en la puerta.
-¿A dónde vas?-Preguntó Elena.-
-Voy a ver a mi primo.-Respondió Jésica.-
-¿A estas horas?-Preguntó Elena.-¿Qué vais a hacer?
-Hemos quedado para dar un paseo.-Respondió Jésica.-Asi que...me voy.
-No vas a ninguna parte señorita.-Dijo Elena poniéndole la mano en el hombro a Jésica.-Se lo que pasó ayer con tu primo, y no quiero que seas como él. Le ha costado mucho acostumbrarse a ese modo de vida, y tú, ahora mismo, no puedes permitirte el lujo de desperdiciar las clases y de hacer tonterías.
-No pasa nada.-Respondió Jésica quitando la mano de Elena de su hombro.-Pablo me ayudará a controlarme y podré hacer una vida normal pero alimentándome de sangre humana.
-Hablamos luego, pero hazme un favor, cuando estés con él, pregúntale cuánto tiempo le ha costado controlarse de ese modo, porque aunque admito que es impresionante el control que tiene, es obvio que eso no pasa en dos días.-Dijo Elena.-
-Vale, ¿Quiéres venir conmigo?-Propuso Jésica.-
-No, he venido para hablar contigo ahora que no hay nadie despierto, pero yo me voy ya, pero ten en cuenta que no puedes permitirte lujos ahora. Les diré a los demás luego que estás con tu primo hablando de lo de tu madre, que por cierto, ¿sabemos algo?-Preguntó Elena.-
-Nada, no llamaron del laboratorio, te llamo cuando tenga novedades.-Dijo Jésica.-Ahora me voy.
Jésica le dio un beso en la mejilla a Elena y se fue.
Cuando llegó a casa de sus primos, Pablo la esperaba en la puerta.
-¿Seguro que quieres hacerlo ahora?-Preguntó Pablo.-Si sale bien no pasa nada, pero si sale mal, te puedes despedir de la vida que llevas hasta ahora. No es lo mismo tener que pasar desapercibido con 10 años que con 19, a demás, tu cumpleaños se acerca y si algo sale mal, no volverás a pasar un buen cumpleaños nunca.
-Ahora que lo dices...igual es algo arriesgado.-Pensó en voz alta Jésica.-Pero se que puedo hacerlo.
-Está bien, pues vamos a buscar algo de comer.-Dijo finalmente Pablo.-
Pablo y Jésica se fueron a dar una vuelta por Madrid, y como no encontraron nada, empezaron a correr y llegaron en muy poco tiempo a Ciudad Real.
Alli, en la carretera, encontraron un accidente de coche en el que había dos heridos y pensaron que en lugar de dañar a alguien sano, no pasaría nada por comer de ellos.
Eran dos chicos de aproximadamente 20 años que por lo visto habían volcado el coche en una curva.
Uno de ellos se levantó y vio a Jésica.
Jésica pensó que quería ese para ella y Pablo se lo permitió.
-¿Estáis todos bien?-Preguntó Pablo disimulando.-¿Qué ha pasado?
El chico que permanecía en el suelo respondió a Pablo.
-No estoy seguro. Íbamos a clase cuando en esa curva perdí el control y a juzgar por la hora, también el conocimiento. ¿Quiénes sois?
-Yo me llamo Jésica y él Pablo.-Respondió Jésica.-Creo que os podemos ayudar. Pablo tú ayúdale a él, yo me encargo de este chico, que por cierto, se llama...
-Marcos, pero puedes llamarme Marc.-Respondió el joven.-
-Bueno, pues yo me encargo de Marc.-Le dijo Jésica a Pablo.-Voy a alejarle de aquí para que si sufre algún mareo no corramos el riesgo de que se precipite por el barranco.
Jésica miró fijamente a Marcos a los ojos y le dijo:
-Ven conmigo Marc, que te voy a ayudar a salir de esta.
Marc asintió debido al control mental que Jésica ejercía sobre él.
Jésica colocó el brazo de Marcos en su hombro y le llevó al bosque.
Allí miró fijamente los ojos castaños claros, casi amarillos de Marcos y le dijo:
-Voy a beber tu sangre, cuando acabe estarás seguramente inconsciente pero tranquilo que no te mataré, o eso espero. Cuando te despiertes en el hospital le dirás a los médicos que al volcar el coche te cortaste el cuello con los cristales de la ventanilla, ¿entendido?
Marcos asintió nuevamente.
-Ahora inclina la cabeza.-Ordenó Jésica.-
Marcos ya tenía el cuello ligeramente dañado. Ciertamente, del accidente se había cortado el cuello pero no demasiado.
Jésica se inclinó sobre él y cuando le iba a morder le vino a la mente la imagen de ella y Hugo jugando a morderse en el cuello.
Lentamente, Jésica se apartó de él y, mirándole fijamente le dijo:
-Ahora vas a ir con Pablo y tu amigo y le vas a decir a Pablo que Jésica vuelve con los chicos y pase lo que pase o esté como esté tu amigo, te vas a ir corriendo, ¿vale?
-Entendido Jésica.-Respondió Marcos.-
Jésica echó a correr antes de que Marcos pudiera decir nada más y en ese momento Marcos fue con Pablo y su amigo e hizo lo que le mandó Jésica.
Ya eran las 7:20 cuando Jésica llegó al bosque donde todas las mañanas desayunaba con sus amigos.
-¿Qué haces aquí?, Creíamos que estabas con Pablo.-Dijo Laura.-
-He cambiado de opinión.-Respondió Jésica.-Supongo que durante un tiempo puedo seguir siendo la misma chica dulce que he sido siempre. Ahora no es momento de experimentos, ya tendré tiempo para hacerlos.
Unos 15 minutos después llegó Pablo.
Jésica fue a verle.
-Espero que no te enfades primo.-Dijo Jésica.-
-Estoy orgulloso de tí.-Respondió Pablo.-Has sabido entender que lo importante ahora es la familia y los estudios, no la sangre. Si terminas el curso bien y dejas que las cosas se normalicen otra vez, prometo enseñarte a controlarte como hago yo.
Jésica y Pablo se abrazaron.
-Si no has terminado de desayunar...me voy-Dijo Pablo.-
-Tranquilo, he terminado, es más, si quieres puedes acompañarme a casa a por la mochila, que como tenía pensado volver con el tiempo justo la dejé en casa.-Respondió Jésica.-
-Claro.-Dijo Pablo.-
Mientras Jésica y Pablo iban a por la mochila, Hugo y Elena hablaban sobre Jésica.
-Gracias por hablar con ella.-Dijo Hugo.-
-De nada.-Respondió su hermana.-Pero por mucho que yo le haya dicho, ha cambiado de opinión por ella misma. Dale las gracias a ella por cambiar.
-¿No la controlaste?-Preguntó Hugo.-
-Al principio lo pensé, pero luego me di cuenta de que se tenía que dar cuenta por sí misma de que lo que iba a hacer estaba mal o era peligroso por el momento, de modo que simplemente hablé con ella, pero creo que ha sido capaz de darse cuenta de lo importante que es para ella lo que tiene ahora.
Hugo sonrió a su hermana y él y Laura se despidieron para irse a clase.
Pasaron por casa de Daniel a esperarle y se fueron al instituto.
Al llegar a las clases, Hugo le dio a su novia la sorpresa de que iba a dar él la clase de tecnología de ese día.
Era la última clase del día, y cuando Jésica entró en el aula y le vio, lo primero que hizo fue abrazarle, ignorando que sus compañeros estaban presentes.
Jésica se dejó llevar y le besó apasionadamente hasta que, discretamente, Azucena, con quién compartía mesa en tecnología al igual que en biología, le dio un golpecito en el hombro para avisar de que el profesor había llegado.
Jésica se fue a su sitio con Azucena y comenzó la clase.
-Buenos días chicos.-Saludó el señor Litán.-Hoy como podéis ver y si no lo habéis visto preguntadle a la señorita Miró (Jésica), nos acompaña en clase una persona muy especial. Está estudiando ingeniería mecánica en Madrid, una carrera que por cierto estudié yo también y no es nada fácil. Pero en fin, volvamos al tema; se llama Hugo y la clase de hoy la dedicará a contarnos lo que ha estudiado hasta el día de hoy y ha resolver las dudas que se planteen.
Cuando el profesor Litán terminó de hablar, Jésica escuchó un montón de cuchicheos a cerca de lo ocurrido con Hugo al principio de la clase.
Hugo sonrió a Jésica y comenzó a hablar.
-Chicos, como vuestro profesor Ricardo, o..señor Litán mejor os ha dicho, estudio ingeniería mecánica, ¿alguien sabría decirme algo sobre esa carrera?
Azucena levantó la mano rápidamente.
-¡Sí, tú!, ¿Cómo te llamas?-Preguntó Hugo.-
-Azucena.-Respondió.-
-Vale Azucena, ¿qué entiendes tú o qué sabes de ingeniería mecánica?-Preguntó Hugo.-
-Se que tiene que ver con los coches y esas cosas, y que se centra en el estudio de la maquinaria interna más que en el diseño exterior, es decir, el motor..esas cosas.
-Muy bien Azucena.-Dijo Hugo.-Efectivamente se centra en los componentes mecánicos, y de ahí su nombre. ¿Alguien quiere aportar algo más o sigo?
Todos respondieron que siguiera menos Jésica que levantó la mano.
-Señor Lac (Hugo), ha dicho que la ingeniería mecánica se centra en el estudio del motor y esas cosas de los automóviles y no es cierto.
Parte de la clase empezó a comentar sobre la intervención de Jésica, y esta escuchó de un compañero suyo "Eso les costará el divorcio, jaja".
-Señorita Miró, o Jésica, eso a su gusto, creo que tengo más conocimientos que usted en este campo.-Respondió Hugo.-
-Primero, mejor que me llames Jésica y yo Hugo, y segundo, tengo una explicación que encontrará muy lógica a mi teoría, que por otro lado, con solo pensar en lo que ha respondido mi compañera encontrará su error.-Respondió Jésica.-
-¿He dicho algo malo?-Preguntó rápidamente Azucena.-
-Sí, pero no es problema, el problema es el profesor que no te ha corregido.-Dijo Jésica entre las risas de los compañeros por la reacción de Azucena.-
-La señorita Miró lleva razón señor Lac.-Dijo el señor Litán.-Aunque en su defensa diré, que lo acabo de entender, porque tampoco encontraba el fallo.
Hugo pensó durante un minuto y finalmente cedió la palabra a Jésica.
-Adelante, dime tu teoría.-Dijo Hugo.-
-Más que una teoría, es una corrección bastante simple.-Respondió Jésica.-Has dicho que se basa en..bueno lo de antes, pero ha dicho que en lo relativo a automóviles.
-No veo el error.-Dijo Hugo.-
-La ingeniería mecánica estudia el motor y demás de cualquier "objeto" o máquina que tenga un motor. Puede ser desde un automóvil hasta un avión, un barco o una nave espacial.-Respondió Jésica.-
Hugo se sorprendió del error, que ciertamente no era muy grave, pero era un error, y era suficiente para tener una pregunta del examen mal.
-Perdóname Jésica por mi despiste.-Se disculpó Hugo.-Efectivamente, Jésica tiene razón, cualquier objeto con un motor central puede ser estudiado por un ingeniero mecánico.
Azucena y Jésica chocaron las manos y continuó la clase.
Cuando tocó el timbre, muchos alumnos se quedaron en clase preguntando dudas a Hugo.
Jésica le esperó en clase sentada con Azucena, que quería estar con Jésica y de paso con Hugo, al que tenía ganas de conocer.
-Muchas gracias profesor Litán por invitarme a dar esta clase, no sabía que usted era ingeniero.-Dijo Hugo.-
-Supongo que al no conocerme era de esperar.-Bromeó el profesor.-Pero fuera de bromas, desde pequeño quise conducir en las carreras, pero no encontré la ocasión, de modo que para estar cerca del mundo de los coches, me hice ingeniero mecánico, y luego profesor de tecnología, pero siempre que puedo, cuando no hay exámenes cerca y las clases están más calmadas, cuento curiosidades sobre el tema, y la verdad, les gustan más a los alumnos que a mi. En fin, me voy, que tengo que comer. Un placer conocerle, y a propósito...-El profesor se acercó al oído de Hugo y le susurró.-Lo de antes con Jésica, no pasa nada, es lo que pasa en el amor. Jésica es muy buena alumna, tienes suerte de tenerla.
Hugo y el profesor miraron a Jésica y Azucena que estaban hablando en su mesa, pero Hugo sabía que Jésica lo había escuchado todo.
-Bueno que me voy, cuando necesite un profesor extra, le llamaré, y si se necesita a jornada completa, igual.-Dijo el señor Litán.-¡Hasta mañana chicas!
-¡Hasta mañana!-Respondieron a la vez Azucena y Jésica.-
Las chicas se levantaron a hablar con Hugo.
-¿Os ha gustado la clase?-Preguntó Hugo abrazando a Jésica.-
-Me ha encantado, menos la parte en la que respondí mal.-Respondió Azucena.-
-A mi ha sido la que más me ha gustado, ¿Sabes por qué?-Preguntó Hugo.-
-¿Por qué?-Dijo Azucena.-
-Porque has sido la única capaz de responder a mi pregunta.-Respondió Hugo.-Normalmente en estas situaciones nadie responde y se escoge una persona al azar y es peor porque si realmente esa persona no tiene ni idea, pasa un mal rato, y la que tiene idea, por miedo a equivocarse, también lo pasa. Tú has tenido el valor de responder arriesgándote a equivocarte y eso es algo muy importante.
-Gracias Hugo.-Respondió Azucena.-Perdona...quería decir, señor Lac.
-Hugo solo.-Corrigió Hugo a Azucena.-
-Por cierto Hugo, creo que deberías revisar los conceptos básicos, que te ha corregido una alumna de bachillerato.-Bromeó Jésica.-
-Es culpa tuya, por besarme antes de clase, me has distraído.-Respondió Hugo poniendo una excusa falsa.-
-Vale, pues no te besaré hasta que acabes la carrera y así no te distraerás.-Bromeó Jésica.-
-Entonces...igual suspendo.-Dijo Hugo besando a Jésica suavemente en los labios.-
-Chicos, me tengo que ir, que me muero de hambre, ¿queréis venir a comer?-Ofreció Azucena.-
-¿A tu casa?-Preguntó Jésica.-
-No. Hemos quedado Raquel, Rodrigo, Daniel, Clara, Pedro y tu hermana.-Respondió Azucena.-
-Quieres decir que como somos los únicos del pueblo que no hemos quedado, que nos apuntemos, ¿verdad?-Bromeó Jésica.-
-Jajajaja, ¿venís o no?-Dijo riéndose Azucena.-
-Vale, al menos por mi.-Dijo Hugo.-Y de paso digo que sí por parte de Jess.
Jésica le dio una colleja a Hugo y asintió de verdad.
-¡Genial!-Dijo Azucena.-Iremos a un bosquecito cercano a Ciudad Real.
-¿Cómo vais tan lejos?-Preguntó Hugo antes que Jésica, que también iba a preguntarlo.-
-Es que hicimos Clara y yo una apuesta hace un mes y la ganó ella, y la que ganaba elegía un lugar para ir a comer un día con 6 personas mínimo y el lugar dónde se iría a comer, y la que perdía elegía el restaurante de la zona o el sitio concreto para comer y en caso de ser restaurante pagaría, y si no, llevaría la comida.
-¿Y Clara eligió Ciudad Real?-Preguntó Jésica.-
-Sí, por lo visto allí vive un amigo suyo de cuando era pequeña.-Respondió Azucena.-
-Vale, pues a mi no me importa ir hasta Ciudad Real.-Dijo Jésica.-Yo me apunto.
-Y yo.-Dijo Hugo.-
-Vale, en 1 hora en casa de Daniel.-Dijo Azucena.-

martes, 25 de diciembre de 2012

CAPÍTULO 4: De vuelta a las clases


Jésica despertó en una cama con la sábanas moradas.
Sabía que no estaba en casa, no reconocía nada de aquella habitación.
De pronto, la puerta se abrió y apareció una sombra que preguntó con voz grave: "¿Cómo te encuentras?"
Jésica reconoció la voz de Diego en seguida, pero le extrañaba que no le hubiera oído entrar.
-¿Dónde estoy?-Preguntó Jésica.-
-Estás en la casa de los tíos de Elena y Hugo. Como ahora viven en Italia dejaron este piso libre para ocasiones especiales.-Respondió Diego.-
-¿Qué hago aquí?
-Ayer casi provocas un escándalo en plena calle.-Respondió Diego.-¿No recuerdas nada?
-Recuerdo..creo...a Raquel o a Elena en el hospital, una de las dos vino y me encontró.-Respondió dudando Jésica.-
-Fue Elena, te encontró matando a una pobre anciana y por lo visto mataste a dos personas en el hospital antes que a ella, tuvimos que recurrir a tu prima Ana para que no pareciera un ataque de animal, sino un infarto o algo.-Aclaró Diego.-
-¿He matado a alguien?-Preguntó preocupada Jésica.-
-Sí, por desgracia. A la ancianita la pudimos salvar, pero antes de ella entraste en una habitación donde estaba una madre dando de comer a su hijo de 6 años y...bueno ya sabes.
-No me lo puedo creer...-Dijo llorando Jésica.-¿De verdad hice eso?
-Sí-Intervino Raquel desde la puerta entrando a la habitación.-Y no me mataste de casualidad.
-¿Qué haces aquí Raquel?-Preguntó nerviosa Jésica.-¿Cómo sabes tú esto?
-Elena me dijo que en una situación de emergencia me contaríais todo, y anoche después de que Elena me atacara, tu estuviste a punto de repetirlo, pero tuviste el valor de irte, aunque con peores consecuencias creo.-Respondió Raquel.-
-Siento que te hayas tenido que enterar de este modo, y más aun cuando he intentado matarte.-Se disculpó Jésica.-
-Tranquila,ahora que ya lo se todo, entiendo las cosas que han pasado en estos años.-Respondió Raquel.-¿Dónde está Elena?
-Ha ido a desayunar-Dijo Diego mirando a la ventana, que daba lugar al bosque del pueblo.-
-Entiendo...-Respondió Raquel.-Es curioso lo fácil que lo he asimilado todo en tan poco tiempo.
-No lo has asimilado.-Dijo Elena desde la ventana.-Crees que sí pero no.
-Es verdad, no lo he asimilado.-Corrigió Raquel.-Lo llevo mal, pero me aguanto porque os quiero y no quiero que os pase nada malo.
-¿Qué le pasa?, ¿por qué cambia de opinión de repente?-Preguntó Jésica.-
-Ayer cuando se lo expliqué todo por la mañana la convencí para que creyera que lo asimilaba todo bien, pero en realidad no. No quiero que sufra y hasta que todo se arregle, seguirá creyendo que todo va bien, aunque realmente lo sepa.-Explicó Elena.-¿Tú cómo estás?
-Fatal, acabo de saber que he matado a una madre y a un niño de 6 años inocentes por culpa de un arrebato de hambre.-Respondió enfadada Jésica.-
-Relájate, Ana y Alejandro nos ayudaron y creo que hemos podido salvar a la madre y al niño.-Respondió Elena.-
-¿Cómo les van a salvar Ana y su novio así sin más?-Preguntó Jésica.-Os recuerdo que bebí su sangre hasta matarlos.
-Cierto, pero los poderes de Alejandro van más allá de lo que pensábamos.-Explicó Elena.-
-¿Qué poderes?, ¿No será otro vampiro?-Preguntó sarcásticamente Jésica.-
-No, tu prima y su novio son lo que se conoce vulgarmente como brujas.-Respondió Elena.-Con un hechizo, Alejandro consiguió devolverle la vida a los dos, el problema es que necesitan sangre con urgencia, y si en un par de horas nadie ha donado suficiente sangre, no se podrá hacer nada por ellos.
Jésica se quedó atónita tras descubrir que también los brujos existían.
Siguió pensando Jésica las razones por las que estaba allí, e intentando recordar lo que pasó el día anterior, y ese era el problema.
-¿Todo eso ocurrió ayer?-Preguntó Jésica.-
-Sí, cuando te encontró Elena después de todo el desastre que montaste-bromeó entre medias de la respuesta Diego.-Alejandro te durmió lo suficiente para que parecieras una víctima más en el hospital y poder llevarte a casa.
-¿Cómo encontrasteis a Alejandro y a Ana?-Preguntó Jésica.-
-Tu hermana la llamó por teléfono.-Explicó Diego.-Aunque por lo que se, no tiene una excelente relación con Ana, pero dado que estabas en peligro y es de la familia, se vio obligada a llamar.
-¿Qué pasó con la pequeña Susan?-Recordó Jésica.-
-Por lo visto encontraron a sus padres, bueno les encontró Hugo, porque el resto fue a buscarte, y para no causar daños a la pequeña Hugo se quedó con ella y cuando la dejó con sus padres se fue.-Respondió Diego.-
-Estoy confusa...-Dijo Jésica.-
-Ya imagino, pero antes de seguir debo ir a ver cómo está Raquel.-Intervino Elena.-Ya que no pinto nada aquí, voy a mirar qué hace, que hace un rato que no está aquí.
Elena entró en la habitación, ya que seguía sentada en la ventana desde que llegó del bosque.
Al salir por la puerta se encontró con Raquel y Laura, que estaban hablando.
-¿De qué habláis?-Preguntó Elena.-
-Creemos que Susan puede ser pariente de Raquel.-Respondió Laura.-
Elena soltó una pequeña risa pero al ver la cara de Raquel, la risa cesó.
-¿Qué os hace pensar eso?
-Tiene un nombre inglés, puesto por su padre inglés y no se sabía el teléfono de ninguno de los padres porque dice que es especial.-Respondió Raquel.-
-¿Las dos primeras me valen y lo de que es especial?
-Mi madre era una bruja, yo procedo de una familia de brujas, pero hasta hace nada no lo sabía. Yo personalmente, por lo que se, no lo soy, pero eso no impide que familiares míos lo sean.-Respondió Raquel.-Tenía unos ojos muy parecidos a los míos, y el pelo igual.
-En fin, dado que no tengo pruebas para negarlo, no puedo recriminarte la idea, pero por favor, si vas a investigar a la pequeña por tu cuenta, que no corra peligro, ¿vale?-Dijo Elena.-
-Tranquila, averiguaré lo que necesito por medio discretos.-Respondió Raquel.-Mañana es lunes, volvemos al instituto, ¿qué va a pasar con Jésica?
Laura y Elena se miraron.
Tras un minuto de silencio Elena habló.
-La verdad es que no lo había pensado, pero supongo que podemos apañarnos para vigilarla y si tiene algún problema ayudarla.-
-Yo puedo acompañarla y Dani está en el instituto también y nos puede ayudar.-Respondió Laura.-Por otro lado, si pudieras venir tú Elena solo mañana, para mirar en qué entorno se mueve y si hay algún foco de peligro cerca, me ayudarías mucho.
-Yo no puedo mañana porque tengo que preparar unos proyectos de la universidad, pero Diego seguramente pueda.-
Diego salió de la habitación y pregunto si hablaban de él y le contaron el plan.
Este asintió sin lugar a dudas.
Pasaron el día en casa de Diego y por la noche, sobre las 11 más o menos, todos se fueron a sus casas.
Diego y Elena se quedaron solos en la casa de los tíos de Elena y Hugo.
Jésica se fue con su hermana y su novio a casa y Raquel se fue a la suya.
Cuando llegaron a casa de Jésica vieron la televisión, cenaron y, en cuanto Hugo se fue a su casa, Jésica y Laura se fueron a dormir.
A la mañana siguiente, Jésica madrugó para escribir en su diario antes de irse a clase.

Querido diario:
Hoy es lunes 19 de Marzo, se acerca mi cumpleaños y estoy nerviosa.
Mis padres saben que mi hermana Laura es vampiro pero de mi no saben nada.
Por otro lado, hoy vuelvo a clase, hemos pasado un puente muy complicado pero ya es hora de regresar con los estudios.
Estoy preocupada porque aunque tendré cerca a Laura y Diego para vigilarme, y a Dani también por si acaso, no se cómo reaccionaré si me enfado por ejemplo.
Me parece que voy a desayunar bien para no sufrir en clase.
Espero que el día no sea muy duro y poder centrarme en los exámenes de selectividad.

Cuando terminó de escribir bajó a la cocina y vio en el sofá a Diego.
Tardó en verle la cara, pero su melena rubia como el oro era única.
Sin duda, la hermana de Hugo tenía buen gusto por los chicos.
Diego se levantó y se acercó a Jésica y le dio un beso y un abrazo.
-Buenos días preciosa, ¿lista para ir a clase?-Preguntó Diego.-
Jésica pensó: "Me ha llamado preciosa, es más bonito..."
Diego se percató de que Jésica estaba en otra parte y dejó de abrazarla para coger su cazadora.
Jésica vio como abría la puerta pero lo ignoró y se dirigió a la nevera.
-¿Qué haces?-Preguntó desde la puerta Diego, con la cazadora de Jésica en la mano.-
-No se..., tal vez...desayunar.-Respondió sarcásticamente Jésica.-
Diego miró a Jésica, le guiñó un ojo y miró la puerta.
Jésica en seguida le entendió, dejó el zumo de naranja en la nevera y en medio segundo estaba junto a Diego poniéndose la cazadora.
Diego y Jésica fueron al bosque y se encontraron con Laura y Elena.
-¿Qué hacéis aquí?, creía que tú estabas durmiendo y que tú no podías venir hoy conmigo.-Preguntó Jésica.-
-Yo estoy desayunando como vas a hacer tú ahora.-Respondió Laura separando la boca del cuello de un cervatillo.-
-Y yo igual que Laura, ahora me voy a la universidad pero como todo vampiro tengo mis puntos débiles, y aunque sea un híbrido, el hambre es el hambre. A demás, después de morder ayer a Raquel, tengo que volver a habituarme a la sangre animal, y el cambio es bastante grande.
Jésica mordió al cervatillo y a los 10 minutos se fue con Diego y Laura a buscar a Dani a su casa, para ir todos juntos a clase.
Cuando Dani abrió la puerta, Jésica vio como la cara de Laura cambiaba.
Se notaba que le gustaba mucho, cada vez que estaban juntos, Laura parecía otra persona, mucho más sonriente y cariñosa.
Jésica saludó a Daniel y le presentó a Diego.
-Pasad si queréis que tengo que terminar de recoger el desayuno y ahora nos vamos.-Dijo Daniel.-
Pasaron los tres y Laura y Diego miraron inmediatamente a Jésica.
Sus ojos estaban azules, como siempre.
Tras entrar en la casa, se fueron a sentar al sillón del salón.
5 minutos después apareció de nuevo Daniel con la mochila en los hombros.
-¿Nos vamos?-Preguntó.-Por cierto, ¿Cuántos años tienes tú Diego?
-Jaja, yo tengo 28.-Respondió riéndose Diego.-
-¿Vas en plan profesor o...?
-Voy en plan guardaespaldas.-Bromeó Diego.-Jésica está pasando por un mal momento y los profesores no la entenderán, lo se por que he visto casos como el suyo o peores y ha pasado. En caso de que haya algún problema, me haré pasar por su tío para defenderla y que la puedan creer.
Todos se rieron al imaginarse a Diego como el tío de Jésica y salieron de casa.
Al llegar al instituto, Laura y Daniel se adelantaron porque tenían examen de filosofía.
-¿Vas bien?-Preguntó Diego.-
Jésica parecía relajada, aunque en el fondo tenía aun hambre, y Diego sospechaba algo.
-Si...sí, voy bien-Tartamudeó Jésica.-
-Jess, dímelo, ¿vas bien?
-No voy bien, pero lo puedo aguantar.-Admitió Jésica.-
Diego pasó el brazo por encima del hombro de Jésica y caminaron juntos hasta su clase.
Diego le dio un beso en la frente y mientras Jésica se sentaba, él fue a hablar con el profesor de Biología.
-¿Es usted el profesor de biología?-Preguntó Diego.-
-Sí-Asintió el profesor.-Me llamo Steve Lay, pero me llaman Steve. ¿Con quién tengo el honor de hablar?
-Verá señor Steve, me llamo Diego y soy un familiar de Jésica.-Explicó Diego.-Este puente se ha puesto gravemente enferma y esa enfermedad ya la sufrió mi mujer hace años, cuando aún éramos novios y los síntomas aparecen y desaparecen con mucha frecuencia.
-¿A qué quiere llegar Diego?-Preguntó Steve.-
-Verá, ayer por la mañana salió del hospital y nos recomendaron que hiciera vida normal, pero que alguien cercano a ella estuviera pendiente por si sufriera algún síntoma repentino. Al ser su pariente más cercano y de mayor edad, el médico me lo pidió a mi, y dado que esta semana la tengo libre en el trabajo, había pensado quedarme por aquí vigilando a Jésica, ¿le importaría a usted mucho que me sentara a hacer cosas del trabajo al final de la clase?.Preguntó finalmente Diego.-
-No hay problema, por cierto, ¿en qué trabaja usted?-Preguntó Steve.-
-Trabajo en un centro de investigación de enfermedades relacionadas con el corazón, concretamente trabajo en el laboratorio y tengo que desarrollar un informe con los datos de la semana pasada.-Respondió Diego.-
-Interesante...-sonó el timbre y Steve le indicó un sitio a Diego donde sentarse.-En esa mesa no hay nadie, puede ocuparla.
-Muchas gracias.-dijo Diego estrechándole la mano al profesor de biología.-
Al ir a su sitio, Diego pasó por la mesa de Jésica, que estaba sentada con su compañera de biología Azucena.
-Estoy en esa mesa de ahí si me necesitas, tu profesor me ha dicho que no hay problema en que me quede.-Dijo Diego.-¿Un beso?
Jésica le dio dos besos en la mejilla y un abrazo y Diego se sentó en la mesa del final de la clase.
Jésica vio como Azucena seguía a Diego con la mirada hasta el final de la clase.
-¿Quién es ese?-Preguntó Azucena.-
-Es el novio de la hermana de Hugo.-Respondió Jésica sonriente.-¿A que es guapo?
Diego empezó a escuchar la conversación.
Algo que Jésica ignoraba, es que los lobos tenían un oído muy agudo, parecido a lo que pasa con los vampiros.
-Está buenísimo.-Dijo Azucena.-¿Cuántos años tiene?
-28 creo, pero no estoy segura.-Dijo Jésica.-
-5 añitos menos y me lo tiraba.-Dijo Azucena mirando de reojo a Diego.-
Jésica le dio un codazo y le recordó que tenía novia.
Durante la clase de biología, Azucena se giraba para ver a Diego y Jésica le giraba la cabeza a Azucena para que atendiese en clase.
Cuando quedaban 15 minutos de clase, Steve mandó leer en voz alta a Jésica.
-Todos los seres humanos tenemos sangre, pero no todos el mismo tipo. Por ejem...
Steve le interrumpió para pedirle a Azucena que prestara atención a clase.
-Continúa Jésica.-Ordenó Steve.-
-Por ejemplo: Algunas personas tienen sangre del grupo A, otras del grupo B y otras del grupo 0. Veamos en qué consiste cada uno.-Terminó de leer Jésica y el señor Lay preguntó a varias personas de la clase.-
-¿Quiénes de aquí tenéis el grupo A?
Unas 15 personas levantaron la mano.
Jésica miró a Diego y este le dijo que ella también tenía el grupo A.
Jésica se unió a sus compañeros del mismo grupo sanguíneo.
Steve miró a Diego y se acercó a él.
-Ya que estudiaste una carrera de ciencias, en la que este tema está implicado, ¿podrías aportar algún detalle?
-Supongo que podría resolver dudas, porque mis conocimientos son muchos y sinceramente, no sabría cómo empezar.-Respondió Diego.-¿Me levanto?
-Sí, ven a la pizarra y resuelve dudas.-Le pidió el señor Lay a Diego.-Chicos, este es Diego, es un familiar de Jésica. Hoy ha venido a clase por motivos personales pero da la casualidad de que trabaja en un laboratorio que investiga enfermedades del corazón, y como sabéis, el corazón bombea sangre, que es el tema que estamos viendo. Estos 10 minutos podéis preguntar cualquier cosa.
Diego echó un vistazo a toda la clase y se fijó en Jésica, que se pellizcaba la rodilla derecha.
En seguida supo que tenía hambre y tenía que sacarla de clase cuanto antes.
Un chico rubio le hizo una pregunta a Diego.
-¿Qué pasa si una persona del grupo A le dona sangre a una de tipo B?
-Pues que si consigue que le administren la sangre de tipo A, el médico es un despistado, y te explico por qué: La gracias por decirlo de algún modo de esto de los grupos sanguíneos está en que las personas del grupo 0 pueden donar a cualquier grupo, ya sea A, B o también 0, peor las del grupo A, por ejemplo, solo admiten sangre del grupo 0 o del A propiamente dicho, de modo que si un donante de sangre de grupo B donara sangre a alguien de grupo A, los glóbulos rojos serían incompatibles y acabarían por destruirse unos a otros matando a la persona en cuestión. ¿Cómo es que esto no lo sabias?, en bachillerato lo deberíais saber ya.
-Verás, el año pasado hubo problemas con el departamento de biología, y durante todo el curso hubo mucho cambio de profesor, con lo cual, cada uno iba por su lado y no dieron ni la mitad del libro y conceptos así de básicos no los saben.-Explicó el señor Lay.-
-Entiendo..¿estás bien Jésica?-Preguntó Diego.-
Mientras todos se giraban para mirarla, como él ya había previsto, sacó el móvil y le envió un sms a Laura diciéndole el estado de Jésica.
Rápidamente Jésica contestó a Diego diciendo que estaba mareada y que quería salir de clase.
Azucena se asustó, porque vio como los ojos de Jésica dejaban de ser azules y pasaban a ser anaranjados tirando a rojizos.
-Diego, ¿qué le pasa a Jésica?-Preguntó Azucena.-
-Este puente ha estado enferma, y la enfermedad que tiene es muy extraña y los síntomas aparecen y desaparecen con frecuencia, por eso está él aquí hoy.-Intervino Steve.-Diego, llévatela de clase a que le de el aire o a tomarse una aspirina o algo y si la cosa va muy mal, avísame e informaré a los profesores de su ausencia.
Diego asintió, cogió de la mano a Jésica y le pasó nuevamente el brazo por el hombro y la sacó de clase.
Nada más salir, estaban Laura y Dani esperando.
-Jésica, mírame.-Dijo Laura levantando la cara de su hermana para examinarle los ojos.-
-He pensado que a lo mejor con unas lentillas, si te volviera a pasar esto, no levantarías sospechas.-Dijo Daniel.-
Jésica miró a Laura y pensó en si había sido capaz de contárselo a Dani y esta respondió pensando que sí.
-Tengo experiencia con esto, no te preocupes, se lo que es Laura y se lo que eres tú, te puedo ayudar.-Ofreció Daniel.-
-Vale, no quiero discutir, y menos aquí, y ahora sacadme de aquí, dadme algo de comer lo que sea pero ya.-Ordenó nerviosa Jésica.-
Los 3 vieron los ojos de Jésica rojos y enseguida pensaron una solución.
-Es algo arriesgado pero lo podemos intentar.-Dijo Daniel.-
En seguida cogió de la mano a Jésica y se la llevó al baño de chicos, y Laura y Diego les siguieron.
Cuando llegaron, ninguno sabía el plan que tenía Daniel, solo sabían que les quedaban 5 minutos escasamente hasta que empezara la siguiente clase.
Jésica seguía muy hambrienta y no sabía que hacer, de modo que prestó atención a Daniel, ya que era la única esperanza que tenía.
-¡No!-Gritó Laura al ver como Daniel inclinaba la cabeza.-
-¿Por qué no?-Replicó Daniel.-Ya imagino por qué no, pero quiero decir, Jésica y yo nos llevamos bien, sabrá controlarse.
-¿Y luego qué?¿te dejamos medio muerto en el baño?-Preguntó enfadada Laura.-
-Podéis decir que me he caído y me he cortado.
-¿En el cuello?-Preguntó sarcásticamente Laura.-
-Podría beber de la muñeca.-Intervino Diego.-
-¿En serio le apoyas en esto?-Preguntó Laura.-
-No del todo, pero por rápido que vayamos, no hay tiempo suficiente para ir a cazar y volver, habrá que intentarlo.-Justificó Diego.-
-Tiene razón.-Repitió Daniel.-Si algo va mal asumo la responsabilidad, pero eso sí Jésica, tienes que tener autocontrol y sobre todo tienes que ser consciente de que me puedes matar.
Jésica asintió sin dudarlo y antes de morderle le dio las gracias.
-No puedo estar aquí, tengo autocontrol pero no se si el suficiente, yo me quedaré fuera vigilando si viene alguien.-dijo Laura alejándose del resto.-
-Está bien.-Admitió Diego.-Avisa si pasa algo.
Laura asintió con la cabeza sin darse la vuelta y Jésica cogió la muñeca de Daniel.
Diego veía como los ojos de Jésica se intensificaban y la cara de Daniel cambiaba. Tenía expresión de dolor, pero a la vez, se sentía bien.
Tocó el timbre para la siguiente clase y Jésica fue capaz de apartarse de Daniel.
-¿Mejor?-Preguntó Daniel.-
-Sí, muchísimas gracias.-Dijo Jésica.-Has arriesgado tu vida por darme de comer, parece una tontería pero puede que hayas salvado la vida de cualquiera de los alumnos del instituto.
Daniel abrazó a Jésica y se envolvió el brazo en papel.
-Diego, ¿crees que podrás romper el lavabo o algo para que parezca que me he cortado con eso?-Pidió Daniel.-
-Creo que sí.
Diego le dio un puñetazo al lavabo en el borde, y este se partió y dejó una de las piezas afilada como una cuchilla.
-¿Suficiente?-Bromeó Diego.-
Jésica le dio una colleja queriéndole decir que no bromeara y le dio un abrazo.
-Gracias por ayudarme Diego, pero si salimos de aquí ahora no parecerá nada raro.-Dijo Jésica.-
Diego se dio cuenta de que se refería a que estaba ella en el baño de chicos con dos chicos sola y salieron del servicio.
Para suerte de Jésica, aunque había tocado el timbre, aún permanecían todos en sus clases, y solo habían salido un par de chicos de cursos inferiores.
Disimularon de camino al laboratorio de química y Daniel se fue con Laura a su siguiente clase.
El resto de la mañana transcurrió con normalidad.
Jésica tuvo algo de hambre al final de la mañana pero lo controló.
A la salida, se fueron todos a casa de Laura y Jésica.
Comieron tranquilamente, a pesar de que prácticamente no se llenaban con nada, pero Diego necesitaba comer.
A las 6 de la tarde aparecieron Hugo y Elena.
Estuvieron comentando qué tal el día, y Jésica informó orgullosa de las novedades.
Daniel también presumió de haber tenido el valor de hacer lo que hizo, ya que la mayoría de las personas no se habría dejado.
Ya por la noche, cada uno se fue a su casa pero Hugo insistió en quedarse a dormir y al final se quedó también Daniel.
La noche transcurrió sin incidentes, a excepción de las bromas que se gastaron durante gran parte de la noche.
Al día siguiente madrugaron para ir al bosque a desayunar como todas las mañanas con Elena y Diego.
Daniel fue para observar de cerca el comportamiento de los vampiros.
Diego se fijó en Daniel, que tenía la mirada clavada en un banco del parque.
-¿Qué pasa?-Preguntó Diego.-
-Es que en el banco del parque hay sentada una niña y no para de mirar.-Respondió Daniel.-Intentaba averiguar si la conocía de algo.
Diego y Daniel se giraron inmediatamente para comprobar que no se veía nada, y efectivamente, no levantaban sospechas.
Entonces Diego se puso a buscar por todas partes con la mirada.
-¿Ocurre algo?-Preguntó Daniel.-
-A parte de esa niña que será una chica normal, aquí hay alguien más, y me preocupa.-Respondió Diego.-
Entonces una chica rubia con ojos azules se dejó caer desde el árbol bajo el que estaban Diego y Daniel y asustó a Diego.
Daniel se quedó paralizado, y no podía hacer ningún movimiento.
-Diego, ¡no me puedo mover!
Diego consiguió destaparse los ojos y miró hacia arriba y vio que tenía en hombros a Ana, la prima de Jésica.
En seguida Ana se bajó y se saludaron.
-Estoy aquí chicos y no me puedo mover, por cierto, soy Daniel, el..."novio" digamos de Laura.-Se presentó Daniel.-
-Encantada Daniel.-Le devolvió el saludo Ana.-¡Alex para!
Tras el grito de Ana, Daniel se podía mover de nuevo, pero no entendía que le había pasado.
Entonces apareció de entre los arbustos un chico rubio y musculoso.
-Tu debes de ser Alejandro.-Dijo Daniel.-
-Exacto, me llamo Alejandro Coraline, pero me llaman Alex.-Dijo Alejandro.-Perdona, a veces no me controlo.
-¿A qué te refieres?-Preguntó Daniel.-
-Se que sabes lo que son Laura, Jésica y Elena, pero aún no sabes lo que soy yo, ni lo que es Ana, no lo que es mucha gente.
-Alejandro y yo, a parte de ex-novios somos brujos.-Dijo Ana.-
-Te paralicé para asustarte y me despisté un segundo y se me olvidó devolverte la movilidad.-Se disculpó Alex.-Lo siento.
-¿Qué hacías para distraerte?-Preguntó Daniel.-
-Esa niña de ahí me miraba todo el rato y quería averiguar si la conocía.-
-Igual que yo antes.-Respondió Daniel.-Me suena y no se de qué.
Daniel y Alejandro miraron al banco pero la niña ya no estaba.
Todos se saludaron y Ana y Laura parecían buenas amigas y todo.
Ana y Laura siempre mantenían la postura con gente, no solían discutir cuando había más gente, intentaban llevarse bien, y lo solían conseguir.
-¿Qué haces aquí Ana?-Preguntó Jésica.-
-Vamos a casa de unos amigos a preparar unos trabajos y unos exámenes y cuando os he visto aquí hemos decidido venir.-Respondió Ana.-
Alejandro al ver la cara de desconcierto de todos explicó inmediatamente lo que quería decir.
-Ana ve el futuro y vio que estabais aquí, así que pasamos a saludar.
-Entiendo...-Dijo Laura.-
-Chicos nos tenemos que ir, que no llegamos a clase.-Dijo Jésica.-Diego, quédate si puedes cerca de mi clase, pero no entres, quiero comprobar si soy capaz de estar sola.
-De acuerdo, déjame tu horario e intentaré recordarlo para saber las clases que tienes.-Dijo Diego.-
Se despidieron y se fueron cada uno por su lado.
Elena acompañó a los chicos a clase y se quedó parte de la mañana con Diego fuera, en el patio del colegio.
Al finalizar el día volvieron a casa y lo primero que hizo Jésica fue ir al bosque a comer.
Jésica ya tenía organizado el resto del curso: Desayunaría en el bosque todas las mañanas, iría a clase y cada vez más sola, es decir, poco a poco Diego y Elena volverían a su rutina y Daniel y Laura no estarían pendientes de ella durante las clases y, al terminar el día, a la hora de salir del instituto, se iría al bosque, comería algo, y luego comería algo en casa o quedaría con algún amigo y comería en restaurantes para disimular.

viernes, 14 de diciembre de 2012

CAPÍTULO 3: Confesiones difíciles.


A la mañana siguiente, Elena despertó a Jésica.
-Buenos días Jess.-Saludó Elena.-¿Tienes hambre?
Jésica miró el reloj de su mesilla: las 8 y media de la mañana.
Jésica cogió la manta y se tapó completamente para seguir durmiendo.
-Te traigo algo para comer.-Dijo Elena.-Supongo que tendrás hambre.
Jésica notó como la habitación olía especialmente bien.
-No quiero sangre humana, anoche la tomé por obligación, no lo volveré a hacer.
-En algún momento la tienes que tomar, porque si no aumentará tu debilidad, pero esta es animal.-Respondió Elena.-Esta mañana he ido con Hugo y con Diego a cazar y hemos encontrado un precioso y riquísimo ciervo, jaja. Ahora en serio, te he traído sangre para que pruebes a ver que te parece.
Jésica cogió la bolsa de sangre de la noche anterior, que por lo visto había utilizado Elena para llenarla con la sangre de un ciervo.
-Está...buena.-Dijo saboreando la sangre.-No es como anoche, pero no está mal.
-Como anoche no es seguro, porque la de anoche era pura y muy buena, esta al ser de animal salvaje, no tengo ni idea de lo que lleva.-Respondió Elena.-
Jésica y Elena charlaron durante casi una hora, hasta que sonó el timbre.
Jésica fue a abrir la puerta y por el camino se miraba en un espejo para que no se notara que acababa de comer.
-Hola corazón.-Saludó Raquel.-
La cara de Jésica cambió por completo. Esta vez cambió para bien. Hacía muchos días que no veía a Raquel. Habían hablado por teléfono para aclarar una discusión pero hacía casi una semana que no se veían.
La reacción de Jésica fue darle un abrazo y pedirle perdón nuevamente por la discusión que tuvieron días antes.
-No te preocupes Jess.-Comentó Raquel.-Ya está bien. Volvemos a ser amigas y es lo que importa.
-Tienes razón Rachel.-Respondió Jésica.-¿Conoces a la hermana de Hugo?
-Creo que no.-Respondió Raquel.-
Elena y Laura bajaron a la entrada y Jésica presentó a Raquel y a Elena.
Laura vio como los ojos de Jésica empezaban a volverse rojos por momentos. Fijó la vista en los ojos de Jésica y vio que miraba su mano.
Raquel traía la mano vendada.
-¿Qué te ha pasado Raquel?-Preguntó Laura señalando a su mano.-
-Esta mañana me corté haciendo el desayuno, nada importante.-Explicó Raquel.-Aunque si Elena me pudiera echar un vistazo a la mano me ayudaría. No estoy segura de necesitar puntos pero no me fío.
-Jésica, ven conmigo.-Dijo Laura.-
-¿Le pasa algo?-Preguntó Raquel mirando a Jésica.-¿Qué te pasa en los ojos Jess?
-Es...es que me..me marea la sangre así que mejor me voy.-Respondió tartamudeando Jésica.-
Laura y Jésica subieron las escaleras y fueron al baño.
-¿Estás bien?-Preguntó Laura mientras cerraba la puerta y se apoyaba en ella.-
-Si, es más, me siento genial.-Respondió feliz Jésica.-He visto que tenía una herida muy profunda y he sabido controlarme y decir una mentira para poder salir de la situación sin poner a nadie en peligro.
-¿Cómo que has visto que tenía una herida?-Preguntó Laura.-Nos hemos ido antes de que destapara la venda.
-Que extraño, porque yo he visto que tenía una herida para puntos a demás, calculo que aproximadamente unos 10 puntos, bastantes para un simple corte con un cuchillo al hacer le desayuno.-Explicó Jésica.-
-Ahora veremos con lo que nos dice Elena, pero a lo mejor ha sido un pensamiento tuyo.-Comentó Laura.-
-Seguramente.-Afirmó Jésica.-
Elena gritó desde el salón que ya había acabado y que podían volver con ellas.
Cuando bajaron, los ojos de Jésica volvieron a su estado original.
-Tenías razón, lo de tus ojos debía de ser la sangre, porque ya están igual.-Comentó Raquel.-Me habías asustado por un momento creía que eras un vampiro.
Aunque Raquel bromeaba, se notó un cambio de humor entre todas las chicas.
-¿He dicho algo malo?-Preguntó preocupada Raquel.-
-No, que va. Solamente que nos ha extrañado que creyeras que es un vampiro. ¿Crees que existen?-Preguntó Elena.-
-Se que existen.-Aclaró Raquel.-Mi abuela me contó historias desde pequeña y no me las creía. Cuando murieron mis padres siempre decía que no era verdad, y que algún día les volvería a ver. Mi abuela me repetía que no les vería de nuevo, y el día de mi 16 cumpleaños, recibí una tarjeta de felicitación por parte de una pareja que se llamaban como mis padres: Andrea y Joseph.
-¿Tu padre era inglés?-Preguntó Jésica.-
-Mis abuelos paternos son británicos y le pusieron ese nombre a mi padre.-Explicó Raquel.-Bueno, el caso es que después de leer la tarjeta, miré el móvil y vi que me llamaban, y al cogerlo escuché la dulce voz de mi madre. Aunque no me lo creía del todo, confiaba en que fuera ella, y lo que me lo confirmó fue que cuando me dijo asómate a la ventana de la cocina estaba allí. Tenía un aspecto casi igual a como la recordaba y me contó que aunque mi papá había muerto, ella aun no, debido a que un vampiro la transformó. Recordé las historias de mi abuela y lo relacioné todo, pero en ese momento una flecha de madera la atravesó y murió a los pocos minutos.
-¿De verdad?-Preguntó Elena.-No quiero imaginarme lo mal que lo tuviste que pasar cuando te reencuentras con tu madre, supuestamente muerta y la matan justo en ese momento. ¿Viste quién fue?
-No, solo vi como una sombra doblaba la esquina de la calle, ni si quiera pude ver si era chico o chica.
Las cuatro se miraron y entonces Raquel hizo la pregunta que esperaban que no hiciera.
-¿Creéis en los vampiros, los hombres lobo y esas cosas?
Para alivio de Jésica, Elena y Laura, sonó el teléfono y Laura fue a contestar corriendo.
Raquel aprovechó para ir al baño y mientras Elena y Jésica hablaban sobre la historia de Raquel.
-Es increíble, no puedo creerme que la pobre haya pasado por eso y esté así de tranquila.-Comentó Jésica.-
-Imagino que aun le costará, pero lo irá asimilando poco a poco.-Respondió Elena.-
Jésica se sentó en el sofá y se llevó las manos a la cabeza.
-¿Estás bien?, ¿tienes hambre?-Preguntó Elena.-Es normal que tengas hambre, estás empezando.
-No es eso, es que...ya que sabe que existen, ¿no podríamos decírselo?-Preguntó finalmente Jésica.-
-Es un poco arriesgado, ahora relaciona vampiros con la muerte de su madre.-Razonó Elena.-Espera a que nos centremos en Raquel, y si vemos que realmente lo ha asimilado del todo y lo lleva bien, se lo diremos, tranquila.
-De acuerdo, pero si algo va mal y veo que es necesario decírselo, lo haré.-Respondió Jésica.-
-Si algo va lo suficientemente mal para decírselo, lo haremos cualquiera de nosotras, no te preocupes.-Respondió Laura.-
Raquel observaba las cortinas de la cocina y Elena se acercó a hablar con ella.
-¿Qué tal Raquel?
-Muy bien..supongo-Respondió Raquel algo dudosa, ya que acababa de hablar con Elena hacía escasos minutos.-
-¿Por qué nos has preguntado que si creemos en los vampiros?-Preguntó Elena.-¿Tú crees de verdad?
-Te acabo de contar la historia Elena.-Respondió Raquel algo enfadada porque no le había echo caso.-
-No me refiero a eso, quiero decir que si ahora mismo te dijeran que hay un vampiro en el pueblo, ¿te lo creerías?-Corrigió Elena.-
-No lo se, depende.-Respondió dudosa Raquel.-Supongo que tendría que investigar si ha pasado algo extraño en los últimos meses para relacionarlo y tal, pero de primeras seguramente no. ¿Por qué?
-Por saber, tenía curiosidad después de tu historia por saber cuál sería tu reacción ahora.-Explicó Elena.-
Elena y Raquel conversaron durante casi una hora. Mientras tanto, Laura y Jésica hablaban sobre Hugo y Diego.
Raquel miró el reloj y vio que eran las 10 de la mañana y se marchó.
-¿Me llamas por la tarde?-Preguntó Jésica cuando Raquel ya había salido.-
-¡Vale!-Respondió Raquel sin darse la vuelta y levantando la mano diciendo adiós.-
Jésica entró en casa y fue a su habitación.
-Ahora bajo chicas.-Dijo Jésica.-Voy a mi cuarto un momento.
-De acuerdo.-Respondió Laura.-¿Dónde estarán Hugo y Diego?
-No lo se-Respondió Elena.-
Empezó a sonar una melodía que sin duda procedía de un móvil.
-Es Diego.-Dijo Elena mirando su teléfono.-Dice que ya vienen.
-¡Genial!, ¿te apetece ir a dar un paseo?-Preguntó Laura.-
-Vale, pero habrá que esperar a los chicos y a que baje Jésica.-Bromeó Elena.-
-Ya lo se.-Respondió Laura.-¿Vemos la televisión mientras?
-De acuerdo.-Dijo Elena cogiendo el mando de la televisión.-
Mientras tanto, Jésica entraba en su habitación después de ir al baño y cogió su diario.

Querido diario:
Me siento rara.
Por lo visto, las cosas no son como parecen.
¿Realmente soy un monstruo devora-personas que se alimenta de sangre?
La verdad, lo dudo, pero por circunstancias que no alcanzo a comprender, la sangre me alivia el hambre atroz que tengo desde ayer.
Es extraño como de ser una chica normal, he pasado a ser esto.
Sinceramente, no lo quiero, pero si lo tengo que ser, que sea de verdad.

Jésica cerró su diario y bajó al salón, al mismo tiempo que Hugo llamaba a la puerta.
Cuando Jésica abrió la puerta, vio a Hugo y a Diego esperando fuera.
-¿Pasáis chicos?-Preguntó Jésica.-
-Hugo quería hablar contigo a solas un momento, entro yo y luego entráis vosotros mejor.-Aclaró Diego.-
Jésica cerró la puerta y se dirigió a Hugo.
-¿Ocurre algo?-Preguntó Jésica abrazándole.-
-No, nada demasiado importante.-Respondió Hugo.-
Jésica vio como Hugo agachaba la cabeza. Su tono de voz no era igual, parecía triste, nervioso, confundido...
-¿De verdad?-Preguntó Jésica.-Se que me ocultas algo, dímelo tranquilo.
-No es nada malo para ti, bueno..en realidad..en parte sí.
-¿Qué ha pasado Hugo?-Preguntó preocupada Jésica.-
-Verás, anoche cuando salimos Diego y yo, vimos un lobo.
-Sería algún primo tuyo.-Bromeó Jésica.-
-No, no era familiar mío, sino más bien tuyo.-Aclaró Hugo.-
Jésica se puso nerviosa y preguntó si había ocurrido algo malo.
-No es directamente familiar tuyo, pero la persona a la que más le afecta sí, Laura.-Explicó Hugo.-
-¿Qué pasa Hugo?-Preguntó nerviosa Jésica.-
-¿Tú conoces a Clara y a Pedro?
-Sí, les conozco, están saliendo juntos y son los mejores amigos de...
Jésica dejó de hablar y se sentó en la escalera de la entrada.
Agachó la cabeza y comprendió a qué se refería Hugo.
-¿El lobo los mató?-Preguntó, pero al segundo corrigió.-Vale, ¿Cuántos lobos viste?
-La verdad, dos.
-Dios mío, no puede ser.-Se escuchó en casa la voz de Laura.-
Corriendo se levantó Jésica y entró en casa, y haciendo uso de la gran velocidad que tenía, en un parpadeo entró en casa y abrazó a su hermana.
-Lo siento cariño.-Dijo Jésica.-Soy nueva en esto, pero después de todo, esto es como perder a un amigo.
-A dos amigos Jésica-Dijo llorando Laura.-Son lobos, y yo vampira, puedo controlar mi sed con los humanos y muy de vez en cuando, pero mi aversión a los lobos es algo que no creo que supere nunca, la verdad.
Jésica miró a Hugo y a Diego.
-¿Cómo que no?-Preguntó Jésica.-Estás en un salón, con 2 lobos y un híbrido, puedes estar con ellos dos tranquilamente.
-Es más difícil de lo que parece Jess.-Respondió Laura.-Con ellos me controlo más gracias a que desde que conocí a Hugo, he ido asimilando poco a poco la situación. Desde que le conociste he mantenido las distancias con él, y poco a poco las he recortado, pero con ellos, que son compañeros de clase desde siempre y les veo a diario no seré capaz de mantener distancia suficiente y no conseguiré adaptarme.
-Yo te puedo ayudar.-Intervino Diego.-A lo largo de mi vida he conocido a muchos vampiros y yo siempre he sido un licántropo. Con el tiempo lo superé y me pasó algo similar a tu problema con Pedro y Clara ahora. Aprendí a estar con ellos desde el principio sin salvar las distancias ni levantar sospechas.
-¿Me ayudarías a controlarme?-Preguntó Laura.-
-Por supuesto, si puedes controlarte conmigo no tendré ningún problema.-Respondió Diego.-
-Muchas gracias Diego.-Dijo Laura abrazándole.-Eres el único lobo al que no me importa abrazar.
-¿Y yo?-Bromeó Hugo.-
-Mi hermana no me deja.-Dijo riéndose Laura.-
Finalmente salieron a pasear todos.
Recorrieron toda la urbanización donde vivían Jésica y Laura y fueron a una heladería.
Se sentaron en unos bancos del parque y charlaron mientras se acababan el helado.
Entonces una niña de unos 8 años se acercó a Jésica e inmediatamente Elena y Hugo que estaban sentados a su lado se arrimaron a ella.
-Hola.-Saludó la niña a Jésica.-
-Hola pequeña.-Devolvió Jésica el saludo.-¿Tu también te tomas un helado como yo?
-Sí.-Dijo sonriendo la niña.-Es de vainilla, ¿y el tuyo?
-El mío es de vainilla y limón.-Respondió Jésica.-
-¿Tú eres mayor?-Preguntó la niña.-
Jésica escuchó una pequeña risita por parte de Diego y Laura que estaban en el banco que estaba en frente.
-Sí, tengo 19 años, fíjate que mayor.-Bromeó Jésica con la pequeña.-¿Cómo te llamas?
-Me llamo Susan.-Respondió la pequeña.-¿Y tú?
-Yo me llamo Jésica.-Respondió sonriente.-¿Susan es tu nombre o te llaman así porque es Susana?
-No, me llamo Susan, mi papá es inglés.-Aclaró la pequeña Susan.-
-El papá de una amiga también era inglés.-Dijo Jésica.-
-¿Qué le pasó?-
-Hace muchos años se fue a otro país para trabajar y ahora hace mucho que no le ve.-Explicó Jésica.-¿Dónde están tus papás?
-Por eso he venido.-Respondió Susan.-No los encuentro, y me dicen siempre que cuando me pierda que busque a una persona que sea mayor para que me ayude a encontrarles.
-Oh que ricura.-Susurró Laura en el otro banco.-
-¿Dónde viste a tus papis por última vez Susan?-Preguntó Jésica.-
-Estaban en la heladería pidiendo un helado para ellos, fui a saludar a una amia que vi en el parque y cuando volví no estaban. Creía que estaban en un banco del parque pero he mirado por todas partes y no están.-Explicó Susan.-¿Jésica me ayudas a encontrarles?
-Claro que sí pequeña, ¿Sabes el teléfono de alguno de los dos?-Preguntó Jésica sacando el móvil.-
-No. Mamá me dijo que yo era especial y no necesitaba saber el teléfono, porque cuando me perdiera la encontraría siempre.-Respondió Susan terminando el helado.-
Jésica miró a Elena y a Laura y se extrañó.
-Hola Susan, yo me llamo Laura, y soy la hermana de Jésica.-Dijo Laura tras levantarse del otro banco e ir con Jésica a ayudar a la niña.-
-Hola Laura. Me gusta tu nombre.-Dijo Susan.- Así me quería llamar mi mami antes que Susan, pero mi padre dijo que no, y al final no me llamé Laura.
-Susan es un nombre muy bonito también.-Aclaró Laura.-Mira, este es Hugo y es el novio de Jésica, y esta es Elena, la hermana de Hugo y él es Diego.
-¿Tu novio Laura?-Preguntó la niña.-
-Jajaja, no Susan, mi novio se llama Daniel, Diego es el novio de Elena.-Dijo riéndose Laura.-
-Ah, jajaja, vale. Encantada chicos, sois todos muy majos.-Dijo sonriendo Susan.-¿Me ayudáis por favor?
-Claro que si preciosa.-Respondió Hugo.-
-No se si pedirte esto o no....-comentó por lo bajo Susan.-
-Pide lo que quieras guapa.-Dijo Hugo.-
-¿Podrías cogerme en brazos como hacía mi papá?
-Claro que si, ningún problema pequeña.-Asintió sin dudarlo Hugo.-
Hugo cogió a la niña y comenzaron a andar los 7 por el parque para buscar a los padres de la pequeña Susan.
Jésica y Elena iban detrás de Hugo y la niña y Laura y Diego por delante.
La razón de que Jésica fuera por detrás con Elena era que si en algún momento sucedía algo y Jésica no se podía controlar, mantenerla alejada de la pequeña y evitar que esta viera nada.
Mientras buscaban, Elena y Jésica hablaban sobre Hugo.
-¿Has visto?-Comentó Jésica.-
-¿A qué te refieres?-Preguntó Elena.-
-A que Hugo está de maravilla con Susan en brazos.
Las dos se fijaron en Hugo y llegaron a la conclusión de que el papel de padre le quedaría de maravilla.
-Algún día pasearemos Hugo y yo por el parque y veré a nuestra hija correr jugando con otros niños...
Los ojos de Elena cambiaron de pronto a un rojo intenso.
-¿Estás bien?-Le susurró Jésica.-
-No, no estoy nada bien.
-¿He dicho algo malo?-Preguntó nerviosa Jésica.-Si te ha molestado mi plan con Hugo para el futuro lo siento.
-No es eso tranquila, eso me parece perfecto, de verdad.-Respondió Elena.-Es solo que...
Elena dejó de hablar y se sentó en un bordillo que había cerca.
Los demás pararon y Laura se acercó a preguntar si estábamos bien.
-A Elena le pasa algo, es extraño, nunca había visto un cambio tan rápido de ojos. Llévate a Susan de aquí.-Ordenó Jésica a su hermana.-
-¿Qué ha pasado Laura?-Preguntó Susan.-
-Nada, tranquila, a Elena le ha sentado mal el helado y se va a sentar un minuto, ahora viene.-Explicó Laura mirando después a Diego.-
-Elena, ¿Qué te pasa?-Preguntó Jésica otra vez.-
-No lo se, es como si algo no fuera bien. De pronto tengo una sed que no puedo controlar.-Comentó Elena.-
-¿Vamos a casa?-Preguntó Jésica.-
-No...-dijo Elena cerrando los ojos.-Necesito comer.
De pronto, Elena no estaba.
A Jésica le invadió la preocupación y no tuvo más remedio que ir tras Elena.
Envió un mensaje a Hugo diciendo que se inventara una excusa para que no se preocupara la pequeña que tenía que irse con Elena rápido.
-¿Dónde están Elena y Jésica?-Preguntó Susan.-
-Jésica la ha acompañado a casa, como vive aquí al lado, ha ido con ella a por una medicina para el estómago.-Explicó Hugo mirando a Diego y a Laura.-
Jésica buscó a Elena y la encontró en un árbol, recostada sobre él.
-¿Estás bien?-Preguntó Jésica.-
Entonces vio que Elena tenía la boca llena de sangre y a su lado vio lo que parecía ser un brazo.
-¿Qué has hecho Elena?-Preguntó preocupada y corriendo hacia ella Jésica.-
-Lo...lo siento Jésica..no..no se qué me ha pasado.-Dijo llorando Elena.-
Elena se apartó y vio que la persona que estaba en el suelo era Raquel.
-¡No!, ¿por qué?-Dijo llorando Jésica.-
-Lo siento, de verdad que lo siento Jésica.-Se disculpó varias veces Elena.-Sabes que nunca haría nada así, no se qué me ha pasado.
Jésica fijó la vista en Raquel y vio que movía la cabeza.
-¡Raquel!-Gritó Jésica.-
Raquel se movió y se sentó.
-¿Qué me ha pasado?-Preguntó llevándose la mano al cuello con gesto de dolor.-¿Por qué estoy sangrando?
-¿Sangrando?-Preguntó Jésica.-
Elena vio como los ojos de Jésica cambiaban a un rojo intenso, del mismo modo que antes le había pasado a ella, pero esta vez, la razón era evidente: Raquel estaba viva y sangrando.
-¿Jésica qué te pasa en los ojos?-Preguntó Raquel preocupada.-
-Elena...sácame de aquí por favor.-Suplicó Jésica.-¡Elena, o se va ella o me voy yo, pero aléjame de ella ya!
-¿Qué te pasa Jésica?-Preguntó Raquel acercándose a ella.-
Jésica se dio la vuelta y desapareció en un momento.
Raquel estaba desconcertada. No entendía nada y estaba preocupada.
-¿Qué le ha pasado a Jésica?-Preguntó Raquel a Elena.-
Elena pensó que una situación importante y en la cual Raquel debería enterarse de todo podía ser esa perfectamente.
-Raquel, hay una cosa que debes saber sobre Jésica y..bueno sobre mí también, y más gente.-Respondió Elena.-
-¿Qué pasa?-Preguntó Raquel asustada.-¿Tengo que tener miedo?
-No tienes por qué tenerlo si confías plenamente en mi.-Explicó Elena.-Pero tienes que fiarte de lo que te digo.
-Está bien.-Respondió Raquel.-Pero antes si me puedes ayudar a curarme esta herida del cuello mejor, por cierto, tienes la boca manchada.
Elena se relamió la boca y se contuvo para no atacar a Raquel. No había sido buena idea relamerse, pero no podía ponerla en peligro otra vez.
-Vamos a casa de Jésica y te lo cuento todo allí.-Dijo Elena.-
Elena y Raquel llegaron a la casa de Jésica y allí Elena se lo contó todo. Le recordó la conversación de por la mañana y le explicó por qué le extrañaba que supiera o que creyera en los vampiros, y por otro lado le aterraba la simple idea de que lo supiera.
-Entonces...¿no corro peligro con vosotras?-Preguntó Raquel.-
-Ninguno, lo de hoy ha sido extraño.
-¿Qué te  ha pasado para que me atacaras?-Preguntó Raquel.-
-No lo se.-Respondió Elena.-Iba andando a buscar a los padres de una niña llamada Susan con Diego, Hugo, Laura y Elena y de pronto me entró un hambre que no pude controlar, aguanté lo suficiente para que la pequeña no me viera pero nada más.
Elena vio la cara de Raquel. Estaba confusa pero parecía entenderlo mejor de lo previsto.
-¿Tienes idea de dónde puede estar Jésica?-Preguntó Raquel a Elena.-
-Habrá ido al bosque a buscar algún ciervo o algo para comer.-Respondió Elena.-La estamos educando para que se alimente de sangre animal. Dejamos la sangre humana para ocasiones de gran necesidad.
Elena escuchó a Jésica a lo lejos, y Raquel se dio cuenta de que algo pasaba.
-¿Sucede algo Elena?
-Oigo a Jésica.-Respondió preocupada.-Y está comiendo.
-Bueno, por lo menos sabemos que está bien.-Respondió relajada Raquel.-
Elena se levantó deprisa y le dijo a Raquel que se fuera a su casa y que no saliera pasara lo que pasara.
Raquel se fue sin más a su casa, no era consciente de que Elena la había manipulado para que hiciera lo que quisiera ella.
Elena fue corriendo con Jésica y la encontró en el hospital.
-Jésica, ¿Qué haces?-Preguntó Elena asombrada al descubrir a Jésica con los dientes clavados en el cuello de una señora mayor que estaba ingresada.-
-No lo puedo evitar, necesito sangre, mucha sangre, tengo hambre y no puedo pararla.-Admitió Jésica.-No quiero matar a nadie, pero necesito beber, ayúdame por favor Elena.

viernes, 7 de diciembre de 2012

CAPÍTULO 2:¿Hambre o sed?



Hugo buscó a Jésica por toda la casa pero no la encontró.
Miró el maletín de primeros auxilios y vio que estaba cubierto de sangre.
Al mirar al suelo, encontró el móvil de Jésica.
Marcó el número Carlos.
-Jésica, ¿qué quieres?-preguntó Carlos.-
-No soy Jésica, soy Hugo.
-Hola Hugo, ¿Ocurre algo?
-Jésica ha desaparecido.
-¿Qué?, ¿Cómo que desaparecido?-preguntó Carlos.-
-Fue a la caja de primeros auxilios mientras yo cerraba la puerta y cuando fui a ver cómo estaba, no había nadie.-Explicó Hugo.-
-Espera, voy para allá y ahora me lo cuentas.-Dijo finalmente Carlos.-
10 minutos después sonó el timbre y Hugo abrió la puerta.
-Cuéntame lo que ha pasado-Dijo nada más entrar Carlos.-
-Estaba cortando la tarta Jésica, cuando se le fue el cuchillo y se cortó la mano.-Relató Hugo.-Laura llamó enseguida preguntando que qué había pasado, pero rápidamente Dani le dijo que fuera con él y se la llevó lejos de la casa. Mientras Jésica me dijo que iba al maletín de primeros auxilios para vendarse la mano, y cuando cerré la puerta miré, y no estaba.-
-¿Sabes dónde estaba Laura antes de aparecer?-Preguntó Carlos.-
-La última vez que vi a Laura fue esta mañana en el parque, con vosotros.
-¿Estás seguro?-Se aseguró Carlos.-
-Si, completamente.-Afirmó Hugo.-Jésica le dijo a Laura que como muy tarde a las cuatro y media tenía que estar aquí, y ahora son las cuatro y cuarto, no tiene sentido que estuviera aquí.
Hugo contempló fijamente la cara de miedo y tristeza de Carlos.
Entonces Hugo vio como los ojos de Carlos cambiaban de color al mirar la mesa del salón.
-¿Estás bien Carlos?-Preguntó Hugo asustado.-Tus ojos....
-Si.., es..son los nervios-intentó decir Carlos.-Con el estrés me pasa esto. ¿Eso de la mesa es sangre?
Hugo miró la mesa en la que estaba la tarta y vió el cuchillo con la hoja con sangre.
-Si, es con el que se ha cortado Jésica, ¿por?
-Necesito que te lo lleves de aquí, ahora.-Exigió Carlos.-
-¿Qué dices?, ¿te molesta ahí el cuchillo?-preguntó Hugo.-
-He dicho que te lo lleves, que lo guardes en un sitio seguro hasta que me vaya, ¿entendido?-Dijo Carlos mirando fijamente a Hugo.-
-Emm.., si, claro voy a..voy a guardarlo en un armario con llave.-Dijo Hugo mirando el cuchillo.-
-No te molestes, me voy ya, vendré en unas horas a ver si sabes algo de Jésica, ¿vale?-Preguntó Carlos.-
-Si quieres te llamo yo si te necesito.-Ofreció Hugo.-
-De acuerdo, de todos modos, me quedo más tranquilo si al menos te llamo yo. Hasta luego.-Se despidió Carlos.-
A Hugo no le dio tiempo a decir adiós, para cuando quería despedirse, Carlos se había ido.
Cogió le móvil de Jésica y llamó a Raquel, la mejor amiga de Jésica.
Probó llamando a más números de teléfono de la agenda de Jésica pero solo le cogió el teléfono una persona: Elena.
-¡Hola Jess!, ¿qué tal todo?-Contestó feliz Elena.-
-Elena, soy Hugo, necesito tu ayuda.-Contestó Hugo.-
-¿Hugo?, ¿Qué haces con el teléfono de Jess?
-Jésica ha desaparecido, necesito que vengáis antes de esta noche, por favor.-Suplicó Hugo a su hermana mayor.-Creo que me puedes ayudar a encontrarla y explicarme un par de cosas.
-Estamos de camino.-Dijo Elena sorprendiendo a su hermano.-
-¿Tan rápido se lo has dicho a Diego?-Preguntó Hugo.-
-Os íbamos a dar una sorpresa apareciendo antes de tiempo, estoy aparcando en la puerta de tu casa, ve abriendo.-Pidió Elena.-
Hugo colgó y abrió la puerta y vio como una chica rubia altísima bajaba de un BMW.
Al entrar en el porche, Hugo vio como sus ojos cambiaban, al igual que los de Carlos minutos antes y los de Laura, según le decía Jésica por la mañana.
-¿Elena?-Preguntó Hugo asombrado-
-Hola enano, siento que la sorpresa se haya estropeado.-bromeó para que se relajara un poco.-
-Tranquila, Elena, estás..guapísima.-Piropeó Hugo a su hermana.-
-Gracias Huguito, tu tampoco estás mal, has crecido mucho, estás como yo.
-Soy algo más bajito, un centímetro o así, jaja-Bromeó Hugo.-Gracias por venir.
-De nada, ahora viene Diego, está revisando el motor del coche, que parece que no funciona bien. ¿A qué huele?-preguntó Elena.-
-A sangre.-Respondió con normalidad pero a la vez asustado Hugo.-Es por eso por lo que quería que vinieras. Tú eres medio vampira, esperaba que...
Elena tapó la boca de Hugo con la mano.
-Hugo, habla más bajo o te juro que te arranco la boca.-Susurró Elena a su hermano pequeño.-
-Vale-respondió susurrando Hugo.-Esperaba que pudieras oler la sangre de Jésica.
-¡Ya lo han hecho por ella!-gritó Diego mientras caminaba hacia el porche.-
-¿Qué?-preguntaron Elena y Hugo a la vez.-
-Elena, concéntrate-susurró Diego.-¿No hueles nada?
-Hugo, ¿quién ha estado aquí antes que nosotros?-preguntó preocupada Elena.-
-Hace unos cinco minutos que se ha ido Carlos, el primo de Jess. Y antes solo Laura y su amigo Dani.-Explicó Hugo.-
-Me acuerdo de Carlos, es el novio de Amanda, si mal no recuerdo.-Recordó Elena.-
-Sí, por lo visto solo su hermana Ana y yo no conocíamos a Amanda.-Confesó tímido Hugo.-
-Pues debíais ser los únicos, la conozco hasta yo.-Bromeó Diego.-
-¿Solo han estado esas tres personas?-Preguntó Elena.-
-Si, que yo sepa. Elena....tus ojos-dijo Hugo.-
-Hugo, cuando me entra hambre me cambian de color los ojos, parece mentira que no lo sepas.-Dijo Elena.-
-Lo se, pero entre que hace mucho que no te veo, porque el año pasado no nos pudimos ver, y que esto ya lo he visto hoy, me he confundido.-Respondió Hugo.-
-¿A qué te refieres con que lo has visto?-Preguntó Elena.-
-A que eso mismo lo he visto esta mañana. Es más, lo he visto ahora, a Carlos le ha pasado igual.-Confesó Hugo.-
Se miraron los tres y comenzaron las sospechas.
-¿No pensarás que Carlos...?-Empezó a preguntar Diego.-
-Es una posibilidad. No digo que él le haya hecho nada a Jésica, pero sí que puede que sea..ya sabes..-Respondió Elena.-
-Tiene sentido.-Comentó por lo bajo Hugo.-
-¿Qué tiene sentido?-preguntó Diego.-
-Esta mañana, Jésica dijo que había visto como los ojos de su hermana cambiaban de color, y cuando Jess se cortó y apareció Laura, aprecié un cambio de color en sus ojos.-Explicó Hugo.-
Hugo y Diego miraron a todas partes para encontrar a Elena, que no estaba con ellos.
Diego la encontró en la puerta de la casa, pero en la puerta de atrás.
-¿Qué haces Elena?-Preguntó Hugo.-
-Mirad esto chicos.
Hugo y Diego echaron la vista al suelo y vieron un charco de sangre con un pequeño reguero al lado, pero el camino se terminaba en el árbol de la casa de al lado.
-Aquí ha estado Laura-Afirmó Diego.-Se cómo huele.
-¿Cómo estás tan seguro?-Preguntó Hugo.-
Vio la cara de Elena y se temió lo peor.
Antes de que Hugo pudiera hablar, Elena intervino.
-¿A Carlos le cambiaron los ojos de color?-Preguntó Elena.-
-Si, según miró el cuchillo con sangre.-Respondió Hugo.-
-No puedo confirmarlo, pero estoy casi segura de que tanto Carlos como Laura son vampiros.-Dijo Elena.-
Diego escuchó un ruido en la puerta de delante y fue a investigar.
-¡Dejad de buscar chicos!-Gritó Diego desde la puerta.-La encontré.
Hugo y Elena corrieron al porche a ver a Diego y encontraron a Jésica sentada con la cabeza entre las piernas sin moverse.
-¡Jésica!, ¡Dios mío!, ¿Estás bien?-preguntó Hugo preocupado aunque aliviado al mismo tiempo.-
Jésica no se movió del sitio.
-¿Jess?-Dijo Elena dándole pequeños golpecitos en el hombro.-Jess soy Elena, ¿estás bien?
Pero Jésica no se movía.
Entonces Elena miró a Diego y este miró a Hugo.
Diego levantó la cabeza de Jésica y confirmó la sospecha que tenía.
-Va a tardar en despertar.-Dijo dejando la cabeza otra vez entre las piernas.-Es mejor meterla en casa, que ahora a plena luz del día es peligroso que esté aquí.
-¿Qué le pasa a Jésica?-Preguntó preocupado Hugo.-
-Un vampiro le ha mordido-respondió Diego.-y es reciente, pero no tardará en despertarse.
Entre los tres, levantaron a Jésica y la tumbaron en el sofá del salón.
Hugo cerró con llave todas y cada una de las puertas y ventanas de la casa, para evitar más desastres.
Pasaron las horas y Jésica no se despertó.
De pronto, Hugo empezó a marearse y tuvo que tumbarse en el otro sillón.
Por suerte, Hugo no se desmayó pero estuvo a punto.
Jésica despertó a las ocho de la tarde, ya empezaba a anochecer.
-¿Cómo te encuentras?-Preguntó Elena.-
-¿Qué pasa?, me muero de hambre.-susurró Jésica.-
-Es normal, se te pasará, en cuanto bebas algo.-Dijo Diego.-
-He dicho hambre no sed.-Replicó Jésica sentándose.-
-Lo sabemos, y haz caso a Diego, se te pasará en cuanto bebas algo.-Respondió Elena.-
-¿De qué habláis?-preguntó Jésica.-
-Jésica, ¿recuerdas algo de esta mañana?-preguntó Elena.-
-No mucho y no se por qué. Recuerdo estar partiendo la tarta de Hugo y haberme cortado y ya.-Recordó Jésica.-¿Qué ha pasado?
Hugo, Diego y Elena se miraron.
-No se cómo decirte esto Jess-respondió Hugo.-
-Déjamelo a mi enano.-Intervino Elena.-
-Decirme lo que tengáis que decirme y dadme algo de comer, por favor.-suplicó Jésica.-
-Jésica, ¿tienes hambre verdad?-Preguntó Elena.-
-Llevo cinco minutos diciendo que si.-Respondió Jésica.-¿Qué pasa?
-Es difícil de entender si no estás informada sobre el tema, como es el caso-contestó Elena.-No tienes hambre, tienes sed.
-¿Por qué decís eso?, tengo hambre y punto.-Replicó Jésica.-
Hugo miró a Elena y le hizo un gesto con los ojos señalando hacia el cuchillo.
Elena entendió el gesto de Hugo y mandó a Diego a por el cuchillo con el que Jésica se cortó por la mañana.
-¿Te produce alguna sensación?-Dijo Elena al acercarle el cuchillo a Jésica.-
-¿Qué pretendes con esto?-Preguntó Jésica.-
-Es difícil de explicar.-Respondió Elena.-¿Te produce alguna sensación?
-Si....-Respondió dudosa Jésica.-Y no se por qué.
-Yo si lo se-Respondió Hugo.-Te estás convirtiendo en vampira.
Jésica soltó una carcajada y luego se quedó quieta y callada.
-Jésica, ¿estás bien?-Preguntó Hugo.-
-No..¡NO!, ¿Cómo voy a estar bien?, me estás diciendo que soy vampira, que mire un cuchillo a ver que me pasa, ¿y todavía me preguntas si estoy bien?-Respondió Jésica furiosa y desconcertada.-No estoy bien, no me creo nada. Los vampiros no existen, y si existieran, cosa que aseguro que no es verdad, yo no sería uno de ellos.
Diego miró a Hugo y a Elena y Jésica veía como cambiaban los gestos de la cara sin decir palabra.
-¿Qué hacéis?-Preguntó Jésica.-Dejad de miraros entre vosotros y decidme lo que pasa.
Hugo cogió el teléfono del salón y marcó un número de teléfono.
-Hola guapa, ¿te pasas por aquí un momento?-Dijo Hugo.-Jésica tiene un par de dudas sobre un problemilla y puedes ayudarnos.
Colgó el teléfono y se dirigió a la puerta.
En seguida apareció Laura.
-¿Qué haces aquí?-Preguntó Jésica.-
-Ya me han contado lo que te ha pasado, y tengo que convencerte de que es verdad.-Explicó Laura.-Jésica, un vampiro te ha mordido y tienes que admitirlo.
-No voy a admitir esa tontería.-Dijo Jésica.-
-Escúchame, soy tu hermana pequeña pero tengo en esto más experiencia que tú.-Replicó Laura.-¿Quiéres una prueba?
-Sí, demuéstrame de qué va el asunto este.-Respondió Jésica.-
-Hugo, ¿puedes acercarme el cuchillo?-Pidió Laura.-
Hugo fue a por el cuchillo que anteriormente le habían acercado a Jésica.
-Elena, tú que eres vampira igual que yo, si tienes algún problema controlándote, puedes salir de la habitación.-Advirtió Laura.-
-Laura, soy híbrida.-Respondió Elena.-A parte de mayor fuerza de voluntad tengo mayor aguante ante la sangre.
-¿Híbrida?-Preguntaron Jésica y Laura a la vez.-
-Mis padres eran licántropos y al nacer un vampiro me atacó. No sabemos por qué en lugar de no afectarme, me transformé en medio vampira medio licántropa.-Explicó Elena.-
-¿Qué es un licántropo?-Preguntó Jésica.-
-Un hombre lobo.-Respondió Elena.-
-¿Hombre lobo?-Preguntó Jésica.-
-Efectivamente.-Respondió Diego.-Es difícil de entender pero muchas de las criaturas en las que no crees existen en la realidad. Dos ejemplos claros son Licántropos y Vampiros.
Los ojos de Jésica cambiaron de color y se pusieron rojizos.
Diego miró el cuchillo y luego a Jésica y fue a por un espejo.
Se lo arrimó a Jésica para que se viera los ojos y esta, al verse se asustó.
-¿Qué me está pasando?-Preguntó sollozando.-
-Jess, lo que te pasa es simplemente que tienes hambre.-Explicó Elena.-Has visto el cuchillo con tu sangre de humana y te ha entrado hambre.
-¡Imposible!, no soy un vampiro y no puedo oler la sangre-Replicó Jésica.-¿Qué es eso que huele tan bien?
Diego vio los ojos de Elena cambiar y empezó a registrar la habitación.
Al mirar a Laura también los ojos estaban cambiados de color, y solamente se mantenían en su estado original los de Hugo.
-¿Tú eres humano?-Le preguntó Diego a Hugo.-
-¡Claro que es humano, como todos!-Gritó Jésica.-
-No-Respondió rápidamente Hugo.-No soy humano.
Jésica no sabía qué hacer. Su casa estaba, literalmente, llena de monstruos, y ella era uno de esos monstruos.
-¿Y cómo es que no te han cambiado los ojos como a ellas?-Preguntó Diego.-
-Porque a los licántropos puros no les pasa.-Explicó Hugo.-
Elena alzó la vista y se acercó a Hugo.
-Siento habértelo ocultado Elena.-Se disculpó Hugo.-No quería que te preocuparas por mi.
-Todo es culpa mía...-Pensó Elena.-
-No es tu culpa.-Respondió Hugo en voz alta.-
-¿Cómo has sabido que he pensado eso?-Preguntó Elena con los ojos abiertos de par en par.-
-Porque soy un licántropo puro. Puedo leer el pensamiento de cualquier licántropo.-Explicó Hugo.-
-¿Por qué yo no puedo y tú si?-Preguntó Elena nuevamente.-
-Porque eres híbrida, con lo que las cualidades de los licántropos puros las has perdido.-Intervino Diego.-
-¿Tú cómo sabes eso?-Preguntó Laura interviniendo en la conversación entre los licántropos.-
-Porque es uno de ellos. Es un licántropo puro.-Respondió Elena antes que su novio.-
-Jésica necesita comer pronto. Si culmina la transición y no ha bebido morirá.-Informó Laura.-
Los ojos, ahora rojizos de Jésica se abrieron de par en par.
-¿Sangre?, ¿Estaréis de broma?-Preguntó Jésica.-
-No es una broma, necesitas sangre..pero sangre humana.-Concluyó Laura.-Llamaré a Raquel.
-¡No!, no quiero que metas a Raquel en esto-Intervino Jésica.-Aun no me creo que sea vampira, pero si lo soy, no quiero hacer daño a mis seres queridos.
-Tiene razón.-Intervino Elena.-Entregarle a Raquel la primera vez sería arriesgar tontamente su vida. Hay que encontrar una solución alternativa.
Todos se pusieron a pensar y sonó el reloj de Diego.
-Ya son las 11 de la noche, y hoy hay luna llena. Hugo y yo deberíamos irnos, por si acaso.-Dijo Diego.-
-Está bien, mañana de madrugada pasaron por aqui para ver como va todo, porque no estoy segura de poder quedarme.-Dijo Elena.-
-Hasta mañana chicas.-Dijeron los dos licántropos.-
-¿Es verdad?-Preguntó Jésica poniéndose de pie-
-¿El qué?-Respondió su hermana.-
-Que soy vampira y que vosotras también. Que Hugo y Diego son hombres lobo y que tengo que beber sangre humana o moriré...-Respondió Jésica llorando.-
-Lamentablemente si, siento que lo hayas tenido que saber de este modo.-Respondió Laura.-¿Comprendes ahora porque tenía los ojos anaranjados en el parque esta mañana?-Preguntó-
-¿Cómo lo sabes?-Preguntó Jésica.-
-Tengo el oído muy afinado. Cualidad de los vampiros, eso es una cosa buena que tiene esto.-Bromeó Laura.-Ahora en serio, necesitas comer ya.
-¿Qué puedo hacer?-Preguntó Jésica.-
-Daniel conoce los secretos de todas las criaturas fantásticas que existen.-Contestó Laura.-De no ser por él, no habría aprendido a controlar mi sed y posiblemente no hubiera sabido que soy vampiro.
-¿Qué pretendes con eso?-Preguntó Elena.-
-Seguro que encuentra una solución para el problema de Jésica.-Respondió Laura.-Encontrará una fuente alternativa de alimentación.
-¿Es necesario?-Preguntó Jésica.-Podría comer lo mismo que vosotras.
-Nosotras-Contestó Laura mirando a Elena.-O por lo mejor yo, me alimento de sangre animal, la humana la dejo para ocasiones de extrema necesidad.
-¿Sangre animal?, ¿Matas un animal y bebes su sangre?-Preguntó Jésica con cara de asco.-
-No, salvo que tenga mucha hambre, busco algún animal muerto o en algunas clínicas veterinarias hay sangre que se da a los pacientes con parientes veterinarios, para almacenarlos y tenerlos guardado para ocasiones de urgencia.-Respondió Laura.-
-¿Robas sangre a veterinarios?-Dijo asombrada Jésica.-
-No, como mamá es veterinaria tengo una especie de carné que me permite acceder a un cierto número de bolsas de sangre a la semana.-Respondió Laura.-
-¿Mamá sabe esto?-Preguntó Jésica.-
-Sí, mamá sabe lo que soy.-Respondió Laura.-Pero volviendo al tema principal, que te guste o no te guste eres tú, tenemos que llamar a Dani para ver si conoce alguna otra alternativa.
-¡Lo tengo!-Gritó Elena.-
-¿Qué pasa Elena?-Preguntó Laura.-
-Estoy acabando la carrera de medicina, y tengo acceso directo a todos y cada uno de los departamentos del hospital durante las prácticas.-Explicó contenta Elena.-
-Pero eso es en Italia, aquí en España no tienes ese permiso.-Respondió Jésica.-
-Al igual que tu hermana, tengo una especie de carné que indica que soy alumna en prácticas a punto de graduarme, no tengo más que enseñar la tarjeta y podré pasar y coger una bolsa de sangre del laboratorio.
-¿Vas a robar sangre?-Preguntó Jésica.-
-Nunca lo hago, pero mi madre me dijo que la primera vez que se bebe sangre humana, es mejor que no sea directamente de un humano ya que existe el riesgo de matarlo.-Respondió Elena.-
-¿Vas a ir ahora o esperamos a mañana?-Preguntó Laura miranod le reloj.-
-Iré ahora, porque lleva todo el día sin sangre, y no creo que aguante toda la noche.-Respondió Elena cogiendo el abrigo.-Aprovecha y haz preguntas Jess, que seguro que tienes dudas sobre todo esto, en diez minutos vuelvo.
Elena cerró la puerta y Jésica se tumbó en el sillón.
-¿Tienes preguntas?-Preguntó Laura.-
-¿En serio?-Respondió Jésica.-¿Estás de broma?
-Vale, veo que si, pregunta hermanita.-Bromeó Laura.-
-¿Los vampiros no duermen?
-Sí, dormimos.
-¿Los vampiros se queman con la luz del Sol?
-Si, pero no se derriten instantáneamente como en las películas.-Explicó Laura.-Es complicado que un vampiro muera por una exposición al Sol. Tendría que estar como 1 hora para que pasara algo similar, en la realidad es algo pero, porque te quemas lentamente y te duele, pero no se ven síntomas hasta pasado un tiempo. Preferiría que para que te fueras acostumbrando, no preguntaras sobre los vampiros, sino que lo hicieras en primra persona, dado que eres uno de ellos.
-Está bien.-Respondió Jésica.-¿Cómo podemos salir a la luz del Sol sin quemarnos?
-Existen leyendas sobre plantas y otros elementos naturales que nos protegen, pero lo más eficiente es tener un colgante, anillo o pulsera hechizado por un brujo, porque eso no falla nunca, a diferencia de las plantas, que en el momento en el que no tienes ninguna a mano, se acabó lo que se daba.
-¿Brujos?
-Sí, exacto, un caso de brujo es...bueno, te diré los dos únicos casos que conozco que casualmente tu también: La prima Ana y Alejandro, su ex-novio.
-¿Son brujos?-Preguntó Jésica asombrada.-
-Sí, Ana me lo dijo cuando le confesé lo de que era vampira.-Explicó Laura.-
-¿Cómo te convertiste en vampira?
-Hace 10 años mientras jugábamos en el parque, una niña me quitó una pelota que me encantaba y fui a por la niña para quitársela. Cuando la alcancé, vi a un chico mayor, que por aquel entonces tendría unos 16 años o así, y me convenció para que me dejara morder.
-¿Te hipnotizó?
-Ojalá, los vampiros puros tenemos la cualidad de cambiar la mente de las personas y conseguir que hagan lo que queramos.-Explicó Laura.-Aun no me creo que siendo yo más pequeña que tú esté explicándote tantas cosas.
-Pues créetelo porque quedan muchas preguntas y solo hace cinco minutos que Elena se ha ido.-Respondió Jésica.-
-Siguiente pregunta.
-¿Por qué me cambian los ojos de color?
-Al oler la sangre, nuestro cuerpo tiene un impulso a beber y cuando lo controlamos o intentamos hacerlo desaparecer, los ojos se cambian de color. Es como cuando una persona intenta dejar de respirar un tiempo, que se acaba poniendo roja.
-Entiendo...¿Qué pasa si estoy por ejemplo en el parque y un niño se cae y se hace sangre?
-Lo primero, al ser vampira reciente, en cuanto huelas sangre tenderás a ir a por ella y lo mas probable es que no te controles y ataques. Por eso es vital que bebas sangre humana ahora y poco a poco te acostumbres a la animal, pero combinando con humana, para que en una situación de esas, no te expongas ante todo el mundo y desangres al pobre niño. Lo segundo, si es mucha sangre la que pierde y ves que no puedes controlarte, lo mejor es alejarte de la situación.
-De acuerdo...mm ¡ah si!, ¿qué pasa entre licántropos y vampiros?
-Las historias dicen que se odian a muerte, pero realmente no. No son los mejores amigos digamos, pero no tienen por qué odiarse.
-¿Qué pasará ahora con Hugo y conmigo?
-Un licántropo y un vampiro pueden enamorarse, aunque no sea lo habitual. Cuando ocurre eso, por mucho odio que pueda llegar a haber entre lobos y vampiros nunca llegarán a odiarse, siempre y cuando, el sentimiento sea mutuo.
-¿Con la luna llena se transforman el lobos?
-Sí, eso no tiene más respuesta. Lo que pasa es que cuando un licántropo tiene la edad suficiente, puede adquirir la capacidad de controlarse, es decir, poder no transformarse una noche de luna llena, pero transformarse una noche normal o por el día, aunque es menos habitual debido a que cualquiera puede verlos.
-¿Qué pasa si un lobo muerde a un vampiro?
-Absolutamente nada, el único problema es que una vez que se han transformado en lobo, salvo que tengan muy controlada la situación, la fuerza sobrehumana que tienen no la controlan, y de un mordisco pueden arrancarle la cabeza a cualquier persona o animal.
Sonó la puerta y Jésica abrió.
No era Elena, era Carlos.
-¡Jésica!, Hugo no me dijo que...-Carlos paró de hablar y de pronto su cara cambió.-¿Te pasa algo?
Jésica se miró en el reflejo de la puerta y vio que seguía con los ojos rojos del hambre.
-No.., es que tengo sueño y estoy esperando a Elena y no me puedo dormir.-Intentó decir Jésica.-
-No....no...no...-Murmuró Carlos.-No puede ser...
-¿El qué?-Preguntó Jésica.-
-Lo sabes, Jésica lo sabes y no me lo has dicho, ¿por qué?-Respondió enfadado Carlos.-
-Carlos, no te lo ha dicho porque no se lo cree, y la entiendo.-Intervino Laura.-Comprendo que lo está pasando muy mal y que no quiere pensar en ello, pero poco a poco lo asimilará.
La cara de Carlos empezó a volver a su aspecto habitual. Sus ojos no estaban rojos y las venas de su cara hinchadas, sino que recuperaba sus ojos verdes.
Jésica se asomó a la puerta para comprobar si Elena regresaba del hospital con la sangre, pero no veía ningún coche aparcar.
-¿Ha comido ya?-Preguntó Carlos.-Parece nerviosa.
Jésica y Laura se miraron y esa reacción fue suficiente para hacer comprender a Carlos que Jésica aun no había tomado sangre.
-¿A qué esperáis?-Preguntó nervioso Carlos.-¿Cuánto lleva así?
-Desde esta mañana, más o menos al mediodía.-Respondió Laura.-Elena ha ido al hospital a por una bolsa de sangre, para que su cuerpo empiece a asimilarla, y a partir de ahí, la enseñaremos a controlarse y beber sangre animal.
Jésica miró el reloj.
-Elena se fue hace casi un cuarto de hora.-Comentó Jésica.-No se lo que tengo que hacer, pero desde luego lo que es seguro es que si no viene en cinco minutos me iré y comeré lo que quiera.
Carlos la apartó de la puerta y la sentó en el sofá en un suspiro.
-¿Cómo has hecho eso?-Preguntó Jésica.-
-Corro rápido y el llevar años bebiendo sangre humana ayuda a ir más rápido aun.-Explicó Carlos.-
-¿Bebes sangre humana?-Preguntó Jésica.-Laura dice que no se debe.
-Que no se deba no significa que no se pueda.-Argumentó Carlos.-Yo tengo 23 años, pero llevo bebiendo sangre humana desde los 14. Con el tiempo aprendes a controlarte.
-¿Y no bebes sangre animal?-Preguntó de nuevo Jésica.-
-Claro que sí, es de la que más bebo, pero por la sencilla razón de que si bebo mucha sangre humana o simplemente la bebo cuando se me antoje, puedo llegar a matar a alguien y no quiero.-Explicó Carlos.-
Una luz pasó por el salón a través de la ventana.
Elena llamó a la puerta.
-Hola Elena, yo ya me iba pero quería saludarte antes de nada.-Saludó Carlos.-
-Debes de ser Carlos, el primo de Jésica.-Comentó Elena.-Mucho gusto.
-Igualmente, en fin, prométeme que cuidarás de mi prima.
-No lo dudes.-Respondió sonriente Elena.-
-Gracias Elena. Bueno, hasta mañana.-Se despidió finalmente Carlos.-
Jésica recorrió con la vista a Elena en busca de la procedencia de un olor delicioso que en poco tiempo había invadido la habitación.
-Es la más pequeña que he encontrado, pero contiene la cantidad justa que necesitas para sobrevivir.-Bromeó Elena.-Tal vez, al ser la primera vez, prefieres que la ponga en un vaso oscuro o algo, para no ver la sangre directamente.
-Tranquila, imagino que tendré que acostumbrarme a ver sangre, así que mejor empezar ya.-Aclaró Jésica.-
Acto seguido Elena le dio la bolsa de sangre con la vía para que bebiera.
-¿Le has quitado la aguja?-Bromeó Jésica cuando tenía la pequeña vía al lado de los labios.-
-No, la he dejado para que te pinches y así mientras bebes sangre también la pierdes.-Respondió sarcásticamente Elena.-¿Cómo no la voy a haber quitado?
-Esa pregunta y otras del mismo tipo son síntomas de que tienes hambre pero no te atreves a beber.-Intervino Laura, sentada en el sofá azul al lado de la chimenea.-
-Lo se, pero tiene que beber se atreva o no.-Aclaró Elena.-
Jésica se metió la vía en la boca y empezó a beber.
-¿Qué tal Jess?-Preguntó levantándose Laura.-
Los ojos de Jésica se pusieron de un color rojo mucho más intenso que antes, síntoma de que le estaba gustando y quería más.
Cuando terminó la bolsa de sangre se levantó y la tiró a la basura. Al volver se sentó en el sofá y, cruzando los brazos, agachó la cabeza y cerró los ojos.
-¿Te encuentras bien?-Preguntó Elena.-
Jésica no respondió, simplemente se dejó caer sobre el hombro de Elena.
-¿Tienes sueño?-Preguntó de nuevo Elena.-
Esta vez, Jésica respondió.
-Es raro...tengo la sensación de haber comido cuando no lo he hecho.-Respondió Jésica.-
-Eso es porque al ser la primera vez y al haber pasado tanto tiempo desde que te convertiste, el hambre ha aumentado y con esa pequeña bolsa de sangre, has conseguido aliviar el hambre, la ansiedad que tenías antes por comer y, a demás, tu cuerpo empieza a introducir la sangre en tu organismo.-Explicó Laura.-
-No lo habría dicho mejor.-Bromeó Elena.-
-¿Tienes sueño Jess?-Preguntó por última vez Elena.-
-La verdad es que sí.
-Iros a la cama, yo dormiré abajo, tranquilas.-Dijo Elena apartando la cabeza de Jésica de su hombro.-
-En mi cuarto hay un colchón, puedes dormir conmigo.-Ofreció Jésica.-
-Tranquila, esperaré aquí a que vengan Hugo y Diego y si me entra sueño me dormiré en el sofá.-Respondió Elena.-Vosotras id a dormir que mañana tenemos mucho que hacer.
-Hasta mañana Elena.-Se despidieron Laura y Jésica.-
Mientras Elena se arropaba con la manta del sofá, Laura y Jésica se dirigían a sus habitaciones.
-Laura, si me entrara hambre a mitad de la noche, ¿qué tendría que hacer?-Pregunto Jésica.-
-Si te pasa eso, llámame.-Respondió Laura.-Por muy tarde que sea, da igual la hora, avísame, ¿vale?
-De acuerdo. Gracias enana.-Dijo Jésica abrazando a su hermana pequeña.-Gracias por ayudarme en esto, a lo mejor, ahora que las dos somos iguales, pasas a hacer el papel de hermana mayor, ya que tienes más experiencia que yo en esto.-Bromeó Jésica.-
-No estaría mal.-Respondió Laura.-Pero a partir de mañana, porque ahora mismo me caigo de sueño.
Se dieron un beso de buenas noches y cada una se fue a su habitación.