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viernes, 31 de mayo de 2013

CAPÍTULO 20: Una situación...distinta.

A la mañana siguiente Lana despertó en el sofá-cama de Jésica junto con Daniel.
Con mucho cuidado se levantó y fue a hacerse el desayuno, pero la calma no duraría mucho.
Lana lanzó un grito al ver a Jésica en el suelo cubierta de sangre.
Rápidamente Diego, Elena y Daniel fueron a ver qué ocurría.
La escena era desoladora: Jésica estaba tirada en el suelo con la cara amoratada y una gran herida en el cuello.
Daniel se dio cuenta de algo, y Diego se percató de ello.
-¿Qué ocurre Dani?-
-Nada nada...es solo que...-Contemplo que los ojos llorosos de Elena y Lana le miraban fijamente y no tuvo más opción que terminar la respuesta.-Que resulta raro ver que ni Elena ni Lana se hayan abalanzado sobre Jésica a por la sangre.-
Aunque en un primer momento Elena iba a reprocharle que entre vampiros la sangre no produce ansiedad, pensó que lo que había dicho tenía sentido.
-Dani...¿sabes si Jésica hizo algo anoche?-
-¿Cómo lo voy a saber?, estuve cenando con Lana, Pablo y Azucena.-
-Cierto...-
Jésica comenzó a moverse despacio, sin intentar levantarse, pero si intentado abrir los ojos y mover los brazos.
Lana dirigió la vista hacia ella.
-Jess, Jess...¿qué ha pasado?, ¿quién te ha hecho esto?-
Jésica tosió fuertemente y comenzó a vomitar sangre.
La reacción fue que Daniel tuviera que irse al cuarto de baño a vomitar también, pero del asco que le dio ver aquello.
Diego le proporcionó a Jésica un cubo y Lana le levantó la cabeza a Jésica para que no se atragantara.
Elena pensó en aquello y llegó a una conclusión: Jésica había ingerido sangre de un vampiro, pero no de uno como ella, sino de uno que se alimentaba de sangre humana.
Lana escuchó el pensamiento de Elena y recordó lo que ocurrió el día anterior.
Jésica estaba demasiado débil para escuchar los comentarios entre Lana y Elena, pero intentó pronunciar una palabra, aunque sin éxito.
-Lu...lu...-
Ni hizo falta más. Esa sílaba que había pronunciado Jésica era más que suficiente para adivinar el resto de la palabra.
-¿Lucy?-Preguntó Lana.-
Elena recordó, al igual que Lana, la conversación de Jésica con Cristian el día anterior. Cristian no lo supo pero todo lo que le fue diciendo lo fue repitiendo mentalmente Jésica para que se enterasen Elena y Lana.
Jésica no consiguió responder, pero si asentir.
Daniel regresó y vio que Jésica se movía y se dirigió a ella.
-Jésica, ¿qué ha ocurrido?-
-Lucy, la hermana de Cristian, la ha atacado y al defenderse ha bebido su sangre y no la tolera, porque es un vampiro muy reciente.-Explicó Elena.-
-¿No se os ha ocurrido llamar a un médico?-Intervino Diego.-
-¡No!-Contestó rápidamente Elena.-Lana no lo sabrá porque es muy joven, pero en estas situaciones que se dan poco, porque los vampiros las evitamos porque conocemos sus consecuencias, la única solución es que Jésica beba sangre humana.-
Lana se levantó corriendo y se dirigió a la puerta.
-Iré al hospital, seguro que Lidia me da una bolsa.-Dijo mientras corría hacia la salida.-
-¡Lana no!-Intervino Elena de nuevo.-Tiene que beber directamente de un humano, y ahora Dani tiene suerte de que esté débil, porque te aseguro que el hambre que tiene ahora Jess es inaguantable y...-
Daniel apartó a Elena de un empujón y apoyó su muñeca en la boca de Jésica. Esta se negó a beber, a pesar de que sus ojos rojos intensos indicaban que realmente tenía mucha hambre.
-¡Jésica, es la única forma!-Insistió Daniel.-
Elena jamás había visto a un vampiro en semejantes condiciones rechazar sangre humana. Estaba asombrada por el autocontrol de Jésica, pero aún así, apoyó la idea de Daniel.
-Lana y yo nos iremos lejos hasta que tengas fuerzas para irte de caza, llamaré a Hugo, a Clara y a Pedro para que vengan a controlarte.-Dijo Elena.-
-¿Por qué no nos podemos quedar?-Preguntó llorando Lana.-Quiero estar con la tía Jésica.-
-Cielo, no aguantarás el olor de la sangre de Daniel, puede descontrolarse y hacerle mucho daño por eso llamaré a Hugo, Clara y Pedro para que la controlen junto con Diego.-
Antes de que Lana dijera nada más, Hugo estaba en la puerta.
-¡Largo de aquí Lana!, hazle caso a tu madre.-Ordenó Hugo.-Clara y Pedro ya vienen.-
Elena cogió del brazo a Lana y tiró de ella, y a pesar del esfuerzo que supuso para Lana separarse de Jésica, logró entrar en razón e irse con su madre.
Según salían vieron a Clara y a Pedro, pero no venían solos, venía con ellos una joven morena de unos 15 años o como mucho 16.
-¡Iros chicas!-Dijo Clara.-Luego te informo Elena.-
Esto fue lo último que escucharon Lana y Elena antes de que todo volviera a la normalidad.
Clara, Pedro y la joven entraron en la casa y Jésica se percató de que alguien a parte de los dos a los que esperaba habían entrado pero no tenía fuerzas para decir su nombre.
-Jésica muerde.-Le ordenó Daniel.-
Como era de esperar, se volvió a negar y Diego miró a Daniel y ambos asintieron. No entendía lo que ocurría, pero como estaba tan débil no logró preguntarlo.
No tardó en descubrirlo, en cuanto vio que Diego se acercaba a Daniel con la boca abierta.
Jésica no quiso verlo y cerró los ojos, pero no pudo evitar abrirlos tras escuchar el grito de dolor de Daniel y observó que tenía una herida en la muñeca de la cual la sangre no paraba de salir.
Daniel volvió a la posición de Jésica y le colocó la muñeca en la boca y esta vez no pudo evitarlo y mordió la herida y comenzó a succionar la sangre.
Daniel estaba sufriendo más que en toda su vida, pero le estaba salvando la vida a la hermana de su difunta novia, y en cierto modo era como una hermana para él.
-¡Tengo que volver con Jésica!-Le dijo Lana a su madre.-
-Lana no. Si vuelves no lo soportarás y atacarás a Daniel y si te lo impiden atacarás al que te lo impida, y me niego a sufrir otra pérdida.-
Elena no se acordó de que nunca le había hablado a Lana de su tía Laura. Se dio cuenta al ver que su hija expresaba duda solamente en la mirada.
-¿Qué otra pérdida ha habido?-Preguntó Lana dejando atrás el tema de Jésica.-
Elena resopló al darse cuenta de su error, pero no tuvo más remedio que contárselo todo.
-Cielo, tú quieres mucho a tu tía Jésica y a toda su familia, ¿verdad?-
-Ajam...-
-Bueno pues la tía Jésica tenía una hermana pequeña, de tan solo 2 años menos que ella y hace unos dos años se murió tras...un accidente.-
Elena cometió otro error al mentirla "parcialmente", y es que Lana también leía la mente de otros vampiros, puesto que ella era uno también.
Utilizando su habilidad de cambiar el estado de ánimo de la gente, Lana obligó a su madre a verse forzada a decir la verdad, y esta no pudo hacer nada para impedirlo.
-La mejor amiga de Jésica se transformó en lobo el mismo año en que murió Laura, que era la hermana de Jess...-
Le contó la historia completa a Lana y, finalmente, le explicó por qué no quería que fuera en esta situación.
-Si entraras de repente mientras están controlando a Jésica y alguno se descontrolara, no perdonaría que te pasara nada, y si tu te descontrolases tampoco me lo perdonaría.-
-Querrás decir que no me lo perdonarías a mi.-Corrigió Lana a su madre.-
-No cariño, no me perdonaría el haberte dejado ir cuando prometí que os mantendría a todos a salvo. Por eso nos hemos ido hasta que pase todo.-
Lana abrazó a su madre y se disculpó por su forma de hablar.
-Tranquila tesoro...estás asustada y nerviosa, es normal.-Consoló Elena a su hija.-Tranquila, si pasa algo nos avisarán no te-
-Chiquitas, Diego se ha llevado al hospital a Daniel a que le cosan la muñeca pero está bien. Cuando queráis venís.-Les dijo Jésica a Lana y a Elena.-
La emoción y la alegría en la cara de Lana era evidente. SI antes lloró un poco cuando tuvo esa discusión con su madre, ahora lloraba mucho al recibir de parte de Jésica que todo iba bien.
Madre e hija salieron corriendo y en nada llegaron a casa de Jésica, y sin llamar al timbre ni nada, Lana entró a buscar a su tía.
-¡Tía Jésica!-Gritó emocionada Lana al ver a su tía tumbada en el sofá.-
-Jajaja, hola cariño...-Dijo con la voz algo débil aún.-¿cómo te encuentras?-
Lana abrazó a su tía y soltó una carcajada.
-¿Me preguntas a mi que cómo me encuentro?-Preguntó de nuevo Lana.-Eso te lo tendría que preguntar yo a ti.-
-Yo estoy bien, ¿no me ves?-Bromeó Jésica.-
-Ya te veo...-
Lana no tardó en llorar y Jésica abrió los brazos para abrazar a su sobrina.
-¿Qué sucede cielo?-Preguntó Jésica.-
-Me has...asus...asustado tía Jess-
Se le escapó una pequeña lágrima a Jésica al comprobar el miedo que tenía aún su sobrina e intentó compensarlo.
-¿Te vienes al mercadillo a ver si ves algo que te guste?-
Lana se secó las lágrimas y asintió.
-Vámonos, que tengo que visitar a una joven vampira con mala sangre, nunca mejor dicho.-Dijo Jésica levantándose.-
Hugo impidió que se pusiera de pie y le dejó sentada.
-¿A dónde te crees que vas morena?-Le preguntó a Jésica.-Tú quieta ahí, me niego a que vayas a ver a Lucy.-
-¿Lucy?-Preguntó Lana.-¿Quiéres ir al mercadillo a hablar con la que ha estado a punto de matarte?-
-Chicos, dejadme que os lo explique.-Dijo Jésica.-Vino a verme esta madrugada, pero antes me avisó Cristian por sms de que su prima pretendía venir, así que me preparé por si acaso. Lucy es muy maja y buena chica, pero la sed no la tiene ni mucho menos controlada. Tras un rato hablando le comenté que su primo quería que hablara con ella mañana porque le asustó el tema de lo que le hizo a su hermana y no le hizo gracia que yo lo supiera y se enfadó con su primo. Empezó a decir que le iba a matar y se fue corriendo, pero a pesar de que bebe sangre humana la alcancé a tiempo y le impedí que continuara. Se enfadó conmigo por bloquearla el paso pero logré que volviera a dentro a seguir hablando. Me equivoqué; seguía muy muy enfadada y me intentó atacar y yo sabía algo que en ese momento no sabía e imagino que lo dedujo al ver lo que ocurrió, que si yo bebía sangre de un vampiro reciente que se alimenta de sangre humana, su sangre y la mía serían incompatibles, pues parte de ella sigue siendo humana, otra vampiro y por otro lado aún no ha asimilado la sangre de todas aquellas personas que se la hayan proporcionado a la fuerza o no...-
-Vale vale, lo entiendo, pero ¿cómo te has recuperado tan pronto?-Preguntó Lana.-
-Pues soy más fuerte de lo normal debido a mi parte de bruja. Por lo visto me ha dado una fuerza extra o algo así.-
-Tiene sentido...-Comentó Elena.-Aún así, nos has dado un buen susto y sigo sin entender por qué quieres ir al mercadillo.-
-Porque se lo prometí a Cristian.-Respondió firmemente Jésica.-Ha sufrido mucho y no quiero que piense que está solo. Ahora que sabe cómo es su prima quiere convivir con ello, y o la enseño a controlarse o no tardará en hacerle daño o en perderla para siempre.-
Ninguno de los presentes estaba dispuesto a dejar irse a Jésica, pero justo cuando más le necesitaba, entró Diego.
-Jésica vamos a ver a esta chiquita.-Dijo nada más entrar.-Y te vienes tú Hugo.-
Elena se sorprendió al escuchar a su marido decirle a Jésica que fuera a ver a quien había querido matarla y se negó.
-No dejaré que Jésica haga esto y mucho menos que te lleves a mi hermano.-
Hugo intervino en la conversación una vez que entró en razón.
-Es el único modo, tiene razón Jésica, pero...¿no somos pocos tres enfrentados a una vampira tan descontrolada?-
-¿Dudas de tu fuerza?-Preguntó Diego vacilándole.-
-Sabes que no, pero no quiero encontrarme allí con otros tantos vampiros y tener que enfrentarme a ellos solo. Porque sinceramente, si vienen a por mi dejaré que vengan siempre y cuando Jess esté a salvo, y no quiero que si me pasa algo te quedes solo y-
-¡Haced el favor de venir ya, que estoy harto de esperar!-Gritó una voz grave y familiar.-
Jésica reconoció la voz que había gritado. Su oído y su memoria le permitían reconocer voces de cualquiera al que hubiera escuchado alguna vez hablar, pero ciertas voces eran inconfundibles.
Antes de que Jésica pronunciara el nombre de esa persona entró por la puerta.
-Chicos, o salís ya o no vamos.-
Confirmado, era Pablo el que gritaba.
-¿Qué haces aquí petardo?-Preguntó Jésica dirigiéndose a él para abrazarle.-
-Me han contado lo que te ha pasado y como veo que estás bien no pregunto jajaja, pero me niego a que esto quede así. Esa renacuaja tiene que saber que o se controla o no puede seguir aquí.-
Jésica le dio dos besos a su primo y miró a Elena como si le pidiera permiso para irse de su propia casa. Elena asintió esta vez.
-Mantenedme informada y si pasa algo avisadme.-Dijo Elena como condición a que se fueran a ver a Lucy.-
-Está Carlos esperando fuera con Azucena, me van a matar como no vayamos ya.-
Jésica le dio un beso a Lana y otro a Elena y se marchó.
Llegaron al mercadillo y se dividieron para buscar a Lucy, y Jésica fue quién dio con ella.
Como ya sabía, no iba sola. Parecía que iba a una batalla, porque Jésica notó la presencia de más criaturas de lo normal, sin embargo, no localizó más que a un vampiro, Lucy. ¿Quiénes eran los otros seres?
-Hola Lucy.-Saludó Jésica haciendo que esta levantara la cabeza para mirarla.-
-Hola Jésica...-Contestó entristecida.-
A pesar de las ganas de acabar con ella que sentía Jésica en su interior, se vio forzada a preguntarle si estaba bien, pues su tono de voz sugería que no.
-¿Ocurre algo?-
-Es que...lo de esta madrugada...no me lo perdonaré.-Contestó Lucy.-Ya hice mucho daño a mi primo, no quiero hacerle más daño.-
En seguida llegaron Hugo, Diego, Carlos, Azucena y Pablo y se pusieron al corriente de lo que ocurría.
Jésica notó que Lucy se sentía incómoda con tanto vampiro y hombre lobo cerca, y la tranquilizó diciéndole que no la iban a hacer daño.
-Aunque creas que han venido para atacarte no es cierto, han venido para ayudarme.-Dijo Jésica.-
-¿Ayudarte a qué?-
-A hacerte entrar en razón.-Respondió Jésica.-Tu primo me lo ha contado como ya te dije pero no tiene por qué volver a pasar nada similar-
Lucy se mostró receptiva. A estar sola como vampiro nunca había pensado en una vida alternativa.
-Te escucho.-
-Primero necesito que confíes en mi y en que vosotros lo hagáis también.-Dijo Jésica mirando después a sus amigos.-
Todos asintieron afirmando que iban a confiar en ella.
-Quiero quedarme a solas con Lucy un rato y luego si necesito algo os aviso.-
-¡No!-Dijo una voz aguda al fondo del mercadillo.-
Diego la reconoció y se fue en dirección a esa voz, pero no pudo detenerla.
-Jésica ha intentado matarte y...-
Jésica vio que Carolina paró en seco y dejó de hablar en cuanto se acercó un poco.
-¿Carolina?-Preguntó Lucy.-
-¿Eres Lucy?-Preguntó Carolina en respuesta.-
-Pues claro...que...¿qué haces aquí? no sabía que estabas en el pueblo.-
-Vivo aquí desde hace un año guapa...no me puedo creer lo que le hiciste a Jésica y tampoco que vosotros no me avisarais de que os ibais, me he quedado sola en tu casa Jésica.-
En ese momento respondió a su pregunta. No sabía quién más había pero sabía que allí se encontraban más personas de las previstas.
Por otro lado, también recordó haber visto a Carolina en casa, pero no sabía por qué al salir no.
-¿Os conocéis?-Preguntó Jésica.-
-Sí, jajaja.-Respondió Carolina feliz.-Lucy era muy buena amiga hasta que me mudé y nos dejamos de ver. Cuando yo tenía 6 años, enseñé a Lucy a alcanzar un bote de galletas aprovechando que pesaba poquito. Yo le cogía y ella lo cogía, jajaja.-
-Me acuerdo de eso, jajaja.-Comentó Lucy contenta.-
-¿Es verdad que has atacado a Jésica?-Preguntó Carolina saliéndose de su conversación particular.-
Lucy asintió apenada por lo sucedido y Carolina mostró una expresión similar, pero de decepción.
-Entonces, ¿eres...?-
-Sí...desde hace un año o un poquito menos, pero sí.-
Carolina quería asegurarse de ello acercándose a ella. Al ser tan joven, su olfato podía detectar un vampiro a kilómetros, pero anulaba esa "faceta" suya porque no le gustaba la idea de no acercarse a ningún vampiro, puesto que la mayoría de sus amigos lo eran.
Lucy no entendía por qué se acercaba, pero cuando estuvo relativamente cerca la olió y se echó para atrás.
A pesar de ser vampira desde hace un año, no comprendía por qué su mejor amiga de la infancia le olía mal. Sabía que los hombres lobo existían, pero nunca había estado cerca cerca de uno.
-¿A qué hueles?-Preguntó extrañada Lucy.-
-A lo que soy.-
Lucy comprendió que no era humana y que por lo tanto no iba a decirlo en público, pero le pidió que lo dijera en bajo o en privado.
Finalmente optaron por irse a hablar en privado.
Lucy y Carolina se alejaron poco, lo justo para que los humanos no escucharan, aunque ambas sabían que los vampiros sí podían oír.
-¿Por qué me resulta tan desagradable estar contigo?-Preguntó Lucy.-
-Porque los vampiros y los hombres lobo tienen una rivalidad desde hace siglos y se ha transmitido generación tras generación, y ya es algo común.-
Lucy se sorprendió más de lo que Carolina esperaba, pues se había dado cuenta de que no era humana pero no había pensado en que fuera una licántropa.
-¿Eres...licántropa?-
-Sí.-
La respuesta de Carolina fue breve, lo justo para que Lucy lo comprendiera y, si tenía alguna duda preguntara. Tampoco quería contarle historias que no le interesaran.
-¿Cómo has sabido que soy vampira?-
-Estuve mientras curaban a Jésica de...lo que tuviera y al acercarme a ti lo confirmé.-
-Entiendo...¿tú me crees verdad?-
-¿A qué te refieres?-
-No lo hice aposta. No sabía los efectos que tendrían mi sangre en Jésica...me enfadé mucho pero jamás le haría daño a nadie...-
Carolina miró a su amiga con cara de escarnio y dedujo que sabía lo de su prima.
-No es lo que piensas...-
-¿No?, ¿y qué es entonces?, porque a mi me sigue pareciendo un asesinato.-
Lucy comenzó a llorar y, aunque estaba enfadada, Carolina la abrazó. El que hubiera hecho daño a su prima no quería decir que no lo sintiera ahora.
-Si no es lo que parece, ¿qué es?-
Lucy se secó las lágrimas y comenzó a hablar.
-Silvia tuvo problemas con su novio. Ella quería cortar y él se negaba. Cristian no sabe que, durante meses, su hermana estuvo amenazada de muerte por su novio. Un día fui a verla y estaba discutiendo con su novio. Me dijo que me fuera porque no podía hablar ahora y me fui, pero no olvidé la cara de su novio. Según cerré la puerta le escuché llamarla "zorra" y me prometí a mi misma que le haría pagar caro el haberle dicho eso a Silvia. Una semana después sufría el ataque de un vampiro y me convertí. Fui a casa de Silvia a pedirle ayuda, pues aunque no creyera en los vampiros y demás, siempre confió en mi, y sabía que si le decía lo que pasaba, podría creer en esos seres. Cuando llegué, su novio estaba en la puerta y fui a hablar con él. Me preguntó que por qué iba a ver sufrir a Silvia y me dijo que la iba a matar el día que se descuidase. Se fue y de pronto escuché gritos en casa.-Lucy miró la cara de atención de Carolina y prosiguió el relato.-Entré por la fuerza, aprovechando que ahora que era vampiro tenía más y vi a Silvia en el suelo con un corte en el cuello, y a su novio con un cuchillo ensangrentado en la mano, llorando pero con el cuchillo. Cuando me vio me pidió perdón y se marchó corriendo. Fui a ayudar a Silvia pero desde que me convertí no había bebido más que una vez, la necesaria para completar el proceso. El hambre pudo conmigo y...bueno ya sabes el resto.-
Carolina estaba llorando. A pesar de todo, era inocente y realmente lamentaba la pérdida de su prima.
-¿Me crees verdad?-Preguntó Lucy sollozando aún.-
Carolina asintió emocionada por el relato y abrazó a su amiga.
-Tenemos que contárselo a tu primo.-
-No hace falta.-Dijo una voz grave acercándose.-
Carolina y Lucy vieron como aparecía Cristian cabizbajo.
-Cristian...yo...lo siento mucho de veras, lo llevo peor que tú...-
Cristian abrazó a su prima llorando pero de alegría por tras saber que su prima era inocente.
-Tranquila...pero deberías haber hablado conmigo después.-
-No podía, después de lo que viste temía que no me dejaras explicarme.-
-Te entiendo...pero a partir de ahora, que lo se todo, necesito que confíes en mí siempre, ¿vale?-
-Por supuesto primo.-
Se abrazaron de nuevo los primos y volvieron al puesto del mercadillo.
-¿Habéis hablado?-Preguntó Jésica.-
Cristian miró a su amiga con la típica cara que se pone cuando algo es evidente que sabe el otro.
-¿Por qué miras así a Jess?-Preguntó Carolina.-
-Porque sabe que se ha enterado de todo.-Intervino Lucy.-¿Me creéis todos?-
Todos asintieron y decidieron ayudar a Lucy en el mercadillo.
El resto del día fue mucho más tranquilo y, al irse a casa, Hugo decidió pasar la noche con su novia y Daniel y Lana la pasaron en casa de Elena y Diego.
-¿Quiéres que haga yo la cena?-Preguntó Hugo mientras sacaba una sartén.-
-Vale, mientras voy a mi diario que tengo que escribir.-
Jésica subió a su habitación y escuchó la risita de Hugo desde la cocina.
-¡Te he oído tonto!-Gritó sonriente Jésica.-
-¡Eres una cotilla!-Respondió sacando de la nevera un plato con filetes.-

Querido diario:
Hoy hemos averiguado la verdad acerca del suceso tan extraño de Lucy, la prima de Cristian, con Silvia.
Por otro lado estoy viva gracias al novio...bueno, "amigo especial" de Lana, Daniel.
Ese pequeñajo es todo amor y creo que mi hermana habría sido muy feliz con él.
El lunes iré al instituto a hablar con el señor Lay para comentarle lo ocurrido y anunciarle la muerte de su hija, que al parecer no tiene constancia de ello aún, y si esperamos más será peor.
Por mi parte ayudaré a Lucy a controlarse y el que su mejor amiga de la infancia...bueno actual, porque mayores no son ninguna que digamos..., sea un hombre lobo ayuda, porque por otro lado controlará la repulsión por esas criaturas, sin las que sería incapaz de vivir.
En fin, no creo que hoy escriba más, Hugo y yo pasamos la noche en casa y no tenemos planes mañana, así que será una noche larga.

Terminó de escribir y cerró el diario.
Salió de su cuarto y encontró una alfombra roja en la escalera, como la de los premios importantes.
Se asomó al piso de abajo y la mesa estaba preparada al completo, la comida servida y había velas encendidas.
-Vale...¿cómo lo has hecho tan rápido?-Preguntó confusa Jésica.-
-Has tardado más de la cuenta.-
Jésica miró el reloj y había estado escasamente 10 minutos en su habitación.
-No me lo creo, pero me da igual, está precioso todo.-
Jésica bajó las escaleras y a mitad de camino se detuvo.
-¿Ocurre algo cielo?-Preguntó Hugo.-
-Voy con vaqueros...y tal vez me podría cambiar de ropa...-
-Estás bien así, tranquila.-Dijo sonriendo Hugo.-
Jésica sonrió y terminó de bajar las escaleras.
Caminó hacia la mesa y Hugo se sentó en frente de ella.
La cena fue perfecta. Ni un contratiempo, ni un despiste tonto...nada.
De postre, Hugo había traído de casa una tarta de bizcocho y nata con fresas por encima que tenía un aspecto de lo más apetitoso.
Jésica disfrutó de la cena y del postre como nunca, pero recordó que después de una comida similar, hacía dos años se convirtió en vampiro, y eso la entristeció un poco.
Hugo se dio cuenta y supuso que era por eso precisamente, de modo que se levantó y se sentó al lado de su novia.
-Tranquila...hoy no me he cortado.-Bromeó para que se sintiera mejor.-
Jésica soltó una pequeña risita y se sentó en las piernas de Hugo y le besó.
-Te quiero.-Dijo Jésica acariciándole la cara.-
-Te amo.-
Hugo besó a Jésica y comenzó a acariciarle la cara. Jésica cerró los ojos y sonrió y Hugo le acarició suavemente el cuello.
Jésica pensaba que iba a seguir acariciándola, pero en lugar de eso, Hugo la sorprendió tapándola los ojos.
-¿Qué haces?-Preguntó Jésica.-
-Déjame levantarme y te sientas ahora, pero con los ojos cerrados.-
Jésica hizo caso a su novio y le dejó ponerse de pie y luego ella se sentó.
La cabeza de Jésica se llenó de pensamientos sobre lo que iba a pasar, pero en ninguno de ellos estaba lo que ocurrió de verdad.
-Jésica Miró, te amo desde hace tiempo, sabes que mi vida sin ti no tendría sentido y que cada día que paso contigo es único...-
Jésica sonrió y abrió los ojos poco a poco, por si acaso Hugo le decía que los cerrara. Pero no lo hizo y, en su lugar, le hizo abrirlos del todo.
-Jésica...¿quieres casarte conmigo?-

CAPÍTULO 19: Como de la familia.

Llegaron a casa y la mesa estaba preparada. Había mucha comida y muy variada.
Elena había traído algunos platos caseros de la madre de Diego para probarlos y Hugo preparó una receta de patatas asadas que triunfó.
Pero como estaba claro, no todos se saciarían con esa comida. La pega de vivir con vampiros y hombres lobo y demás criaturas es que cada una necesita una alimentación concreta.
-Mamá, tengo hambre.-Dijo Lana.-
-Dame un momento que termino de preparar con tu tío esto y nos vamos con Jésica.-
Lana fue a sentarse junto a Daniel, pero en su lugar se sentó en su regazo y apoyó la cabeza sobre su pecho. Los latidos de su corazón se oían perfectamente gracias a su oído de vampiro, y también escuchaba su sangre fluir, aunque no le resultaba tan tentador como a Jésica, porque ella era medio licántropa y también tenía necesidades más humanas.
Daniel, que había escuchado como Lana le decía a su madre que tenía hambre, le propuso una idea.
-¿Cómo llevas el autocontrol?-Le preguntó a Lana mentalmente.-
-Bien, aún no he matado a ningún animal.-
Daniel miró a Lana fijamente y entendió lo que quería hacer.
-Daniel me he alimentado de animales toda mi vida, desde que nos fuimos no he probado más sangre humana, no se si podré controlarme.-
-Inténtalo. Si vas a vivir aquí un mes, tienes que controlarte, porque no siempre tendrás a tu alcance un ciervo o un animal. Habrá veces que estés rodeada de gente y necesites comer, y si muerdes a alguien...-
Lana no le dejó terminar y mordió su cuello.
No recordaba que doliera tanto, sin embargo, la sensación de alimentar a ese bebé que hace tres días tenía en brazos era la misma.
No tardó en separarse de Daniel y en seguida fue a por una gasa para la sangre.
Al levantarse Lana y separar la boca de la herida del cuello, la sangre comenzó a resbalar, y como era de suponer, Jésica y Elena la olieron.
Sus ojos comenzaron a enrojecerse. Elena no probaba sangre humana desde antes del parto y Jésica hacía más tiempo todavía que no la probaba.
Lana volvió rápido con la gasa, justo a tiempo para detener a Jésica y Elena, que en cualquier momento se iban a lanzar a por Daniel.
-Vamos al bosque chicas, tenéis que comer.-Dijo Lana limpiándole la sangre a Daniel.-
Los ojos de Elena volvieron a su castaño habitual al escuchar a su hija, y poco a poco los de Jésica también.
-Vamos Lana, volveremos en 10 minutos.-Dijo Elena abriendo la puerta.-
Cuando iban a salir estaba en la puerta Cristian.
-Cri...Cristian, ¿qué haces aquí?-Preguntó Elena.-
-Mi padre me dio la dirección de Jésica, creí que habías vuelto a Italia.-
-Sí...bueno, vamos a pasar este mes aquí.-Miró de arriba a abajo a Cristian, estaba mucho más guapo de lo que estaba la última vez.-Has cambiado mucho, estás muy guapo.-
-Gracias Elena, ¿es tu hermana pequeña?-Preguntó Cristian mirando a Lana.-
Jésica escuchó la pregunta e inmediatamente le dijo mentalmente a Elena y a Lana que no sabía que era vampira, de manera que tenían que decir alguna mentira.
-Sí, es mi hermana pequeña, pero ya tiene sus añitos.-Bromeó Elena.-
-Jajaja, ¿cómo te llamas?-Preguntó Cristian.-
-Lana, me llamo Lana.-
Cristian le dio dos besos como era su costumbre al conocer a alguien, y Lana se los devolvió.
-Cristian, ¿qué haces aquí?-Preguntó Jésica simulando que no se había enterado de que estaba en la puerta.-¿Quién te ha dicho dónde vivo?-
-Mi padre. Escucha, hace varios meses que no hablamos y tengo que hablar contigo, ¿te importa venir 10 minutos?-
Jésica miró a Elena y a Lana y decidieron que ellas se fueran y luego iría ella.
-Por supuesto que no. Chicos, salgo a hablar con un amigo, ahora entro.-
Hugo asintió con la cabeza y recordó a Cristian. Nunca le había visto en persona, pero el señor Lay tenía una foto de cada uno de sus tres hijos en su despacho, y le reconoció.
-¿Qué querías Cristian?-
-He venido a pedirte ayuda.-
-Dime qué necesitas y haré lo que pueda.-
-Tienes que ayudarme a controlar a mi sobrina Lucy. Mi padre te habló de ella, me lo ha dicho. La fui a ver el otro día y...-
Cristian comenzó a llorar y se sentó en el suelo. Jésica se sentó a su lado y dedujo que había hecho alguna burrada, pero si era vampira como sabíamos, era de esperar que matara algún animal o algo.
-Dímelo cielo, ¿qué le pasa a tu sobrina?-Preguntó Jésica sin hacer mención a vampiros y demás.-
-La encontré en el salón, tirada en el suelo, llena de sangre...y a su lado, Silvia, en el suelo, con...con el cuello completamente abierto, y un charco de sangre entre ellas.-
Jésica pensó que había matado algún animal, o incluso que le había confesado directamente que era vampira. Jamás pensó que podía ser algo tan grave.
-Cielo, ¿qué quieres que haga con Lucy?-
-Ayúdala a controlar su sed.-
Jésica se quedó sin palabras al escuchar aquello. Había averiguado lo que era y en lugar de venir pidiendo explicaciones sobre por qué no se lo dijo, venía pidiendo ayuda.
-¿Cómo lo has sabido?-Preguntó Jésica.-
-Cuando vi a mi sobrina tenía los ojos rojos, y recordé que cuando me corté, antes de ir a por la tirita, me fijé en tus ojos y estaban algo rojos. En principio pensé que estaban irritados pero busqué información cuando vino Elena y me dijo que te tenías que ir y que no habías podido volver a despedirte. Recordé que dijiste que no podías comer por tu dieta y a mi siempre me han gustado los libros de fantasía y recordé algunos de vampiros. Aunque me costó creerlo lo admití y cuando vi a mi hermana en el suelo desangrada y los ojos de Lucy así, decidí venir a verte.-
Jésica abrazó a Cristian para consolarlo.
-¿Dónde puedo ver a Lucy?-
-Mañana es domingo, así que tiene que ir a una reunión con el club de lectura en el instituto.-
Jésica hizo memoria y como no tenía ningún plan concreto para mañana, decidió ir a ver a Lucy.
-Mañana a las 12 de la mañana iré, pero no creo que vaya sola.-Dijo Jésica.-
-No te preocupes, no pasa nada porque vayas acompañada.-
-No no, digo tu sobrina.-Aclaró Jésica.- Si viste lo que hizo y sospecha que lo sabes o que has venido a verme o algo, irá con alguien que la defienda o que impida que hable del tema, te lo digo por experiencia propia.-
-Entonces lleva tú a alguien, ¿no crees?-
-Sí, aprovecharé la visita para llevarles a dar una vuelta y de paso que miren el instituto, porque mi...mi hermana a lo mejor se queda aquí a estudiar, porque vivía con mi tía pero ahora que ya es mayor quiere estudiar aquí.-
-Genial, yo tengo que ir a ayudar a un amigo que está haciendo un trabajo y necesita que le ayude, cuando termine te llamo y me cuentas.-
Jésica asintió, le dio dos besos a Cristian y se fue.
Al poco tiempo volvieron las chicas, y como era de esperar, Lana no había comido nada.
-Que sea la última vez que lo haces estando Jésica o yo delante después de tanto tiempo sin sangre humana, ¿entendido?-Le dijo Elena a su hija.-
-Sí mamá, perdona otra vez.-
Elena besó en la frente a su hija y entró en casa con ella y Jésica.
-Ya podemos comer chicos.-Dijo Jésica nada más entrar.-
La mesa estaba preparada y la comida servida. No esperaban que al volver estuviera todo hecho.
Comieron todos menos Jésica que no tenía hambre. Si normalmente evitaba la comida normal por su sed de sangre, ahora que había comido no podía ni intentarlo.
Esa tarde la pasaron todos juntos y al llegar la noche, Daniel y Lana fueron al restaurante de Lorena, donde estaban ya Azucena y Pablo.
Daniel habló con Pablo en secreto por el móvil y quedaron en llevar los dos traje y corbata, pero para que fuera sorpresa, lo llevaron en un maletín.
Las chicas por el contrario iban ya preparadas. Lana llevaba un vestido azul marino con flecos en la parte de abajo y unas sandalias con 10 centímetros de tacón. El pelo lo llevaba liso y llevaba pintada sombra de ojos azul clarito.
Al llegar al restaurante vieron a Azucena con un vestido dorado largo pero sin mangas, con unas sandalias algo más bajas que las de Lana y con un moño sujeto con una peineta.
Estaban las dos espectaculares, y ciertamente se notaba la diferencia entre chicas y chicos.
-Chicas vamos a lavarnos las manos.-Dijo Pablo.-
-Vale.-Contestó Azucena.-Lana, esta es Lorena.-
-Así que el restaurante es tuyo...mola.-Dijo sonriendo Lana.-
-Gracias Lana, te pareces mucho a Elena Lac, ¿lo sabías?-
Lana miró a Azucena y esta asintió.
-"¿Seguro que lo sabe?"-Preguntó Lana.-"Si no lo sabe y se entera ahora mi madre me mata".
Azucena volvió a asentir con la cabeza y habló por fin.
-Soy su hija.-
Lorena se sorprendió al imaginarse a Elena con una hija tan mayor.
-¿Cuántos años tienes?, si no te importa decirlo claro.-Dijo Lorena.-
-En absoluto, me gusta presumir de mi edad, jaja.-Bromeó Lana mirando a ambos lados para asegurarse de que nadie escuchaba.-Hace poco cumplí un añito.-
Esa respuesta dejó sin palabras a Lorena. No se explicaba que tuviera un año y aspecto de 18.
Azucena miró fijamente a Lorena y le guiñó un ojo, y entonces comprendió que no era humana.
-¿Eres como tu madre?-
-Sí, mitad y mitad.-Bromeó Lana para responder sin que nadie se enterase.-Por eso aparento más años, crezco muy rápido.-
-¿Y cuándo dejarás de crecer?-
-Suponemos que pronto...más bien esperamos que pronto, jajaja.-
Dejaron la conversación cuando vieron al fondo del restaurante dos hombres con traje negro saliendo por la puerta de los servicios.
-No puede ser...-Susurró Azucena.-
Pablo, como tenía oído de vampiro escuchó el comentario de Azucena y le respondió que sí podía ser.
-¿Cómo os habéis cambiado?-Preguntó Lana contemplando una y otra vez a los chicos.-
-Ah, es un secreto.-Respondió Daniel.-
Lorena vio que llevaban un maletín y lo miró.
-En ese maletín, seguro.-
Ni Daniel ni Pablo se dieron cuenta de dejarlo en el servicio, así que confesaron dónde llevaban el traje.
La cena se extendió hasta altas horas de la noche. Cuando se fueron todos los clientes, Pablo sacó una bolsa de sangre del maletín.
-Regalo de Lidia chicas.-Dijo Pablo sacando la bolsa y dejándola en la mesa.-
Lorena era humana pero entendió lo que ocurría.
Aún así, le resultaba extraño cenar con sangre en la mesa, aunque por supuesto, Pablo esperó a que Daniel y Lorena cenaran, pues lo más probable era que al ver la sangre se les quitara el apetito.
-Muchas gracias, ¿a qué se debe el regalo?-Preguntó Azucena.-
-Fui esta tarde a por los resultados de unas pruebas y le conté que Elena, Diego y Lana iban a venir. Como me dijo que no podía ir a veros porque está muy ocupada, me dijo que le diera esto, y cuando le comenté lo de la cena de esta noche...-
-Dije que podía ir a veros.-Interrumpió una voz dulce desde la puerta.-
Pablo ya sabía quién era, pero nadie más.
Cuando Lana se giró y vio a esa mujer morena, con una sonrisa inconfundible y con una de las voces más melódicas que jamás había oído, supo quién era.
Sin embargo, la reacción no fue la misma por la otra parte.
-¡Lidia!-Gritó Lana dirigiéndose a ella con los brazos abiertos.-
Lidia no reconoció a Lana hasta que no se acercó y vio sus ojos celestes.
A punto estuvo la enfermera de detenerla con un hechizo para que dejara de avanzar, pero la reconoció a tiempo y no lo hizo.
-Lana...¿realmente eres tú?-
Lana se sonrojó y se rió, recordando las muchas veces que le habían preguntado eso, como si fuera alguien disfrazado de ella.
-Sí...creo, jajaja.-
Lidia se rió y abrazó a la joven.
-Estás preciosa.-
Lidia cogió de la mano a Lana y la dio una vuelta sobre sí misma para mirarla detenidamente.
No se podía creer que esa fuera Lana, pero era la única respuesta lógica. Los ojos eran iguales que los de aquel preciosos bebé al que ayudó a nacer.
-Gracias Lidia, me acuerdo de ti pero no mucho...aún me cuesta reconocer a algunas personas y el pueblo ni lo recordaba.-
Lidia se rió al escuchar a la pequeña Lana decirle que no recordaba el pueblo y a ella muy poco.
-¿Por qué me recuerdas a mí?, ¿Sabes qué hice por ti?-Preguntó Lidia.-
Lana no tardó mucho en responder y la verdad es que no esperaba esa respuesta.
-Creo que tú fuiste la que me ayudó a nacer...recuerdo que fuiste la primera en cogerme en brazos y que en seguida apareció este petardo y me cogió.-Bromeó Lana mirando a Pablo.-
Lidia asintió con la cabeza.
-Sí, yo asistí el parto de tu madre...-
-De no ser por Lidia no habrías nacido.-Interrumpió Pablo.-
Lana creía que su madre había tenido un parto normal, programado y con la atención necesaria. Nunca se planteó preguntarle a su madre cómo fue su parto, pero esta era la oportunidad de saberlo.
-¿Qué sucedió el día que nací?-
-Tu madre...-
Lidia le contó la historia con todo detalle y Lana comprendió que lo que Lidia había hecho por su madre y por ella había sido el gesto más bonito del mundo.
-No se si mis padres lo harán pero yo te considero de la familia.-Comentó Lana emocionada por la historia.-
Pablo asintió el comentario de Lana, pues si era familiar de Lana, también lo era suyo.

domingo, 19 de mayo de 2013

CAPÍTULO 18: Y surgió el amor.


Eran casi las 7 de la tarde y Jésica recordó que tenía que ir a ver a Carolina, para enseñarle el instituto y el pueblo, y por mucho que quisiera estar con sus amigos en ese momento tan triste, tenía que ir a verla, pero prometió volver por la noche a hacer compañía a todos.
Por el camino, Jésica fue recordando la dirección de la casa de Carolina, y al fin llegó: Calle del Viento nº 16.
Era un inmenso chalet adosado, con una puerta exterior de cristal, con una cortina de encaje por dentro.
Algo que sorprendió especialmente a Jésica fue que el buzón era como los ingleses, los buzones grandes y negros normalmente, que tenían una pestañita roja que cuando se levantaba era porque había correo, y pensó en ponerlo en su casa también.
Llamó al timbre y mientras esperaba a que Carolina abriera la puerta, cruzó la calle un chico no mucho mayor que ella, de pelo rubio y con grandes ojos de un color oscuro, que no conseguía distinguir, pero que fuera cual fuera el color, eran preciosos.
Jésica centró su mirada en el joven de cabellos dorados, y este paró de caminar y se acercó a ella.
A medida que se acercaba, Jésica encontraba cierto parecido con alguien conocido, pero no recordaba quién.
-Hola, me llamo Cristian Lay, se que esto te resultará extraño pero, ¿por casualidad eres Jésica Miró?-
Jésica se sorprendió al ver que ese chico que acababa de ver por primera vez sabía quién era, y aunque por un lado le alagaba, por otro le preocupaba.
-Sí, soy yo, ¿cómo lo has sabido?-
-Verás, soy el hijo de tu profesor de instituto, el señor Lay, acabo de llegar desde Galicia y me voy a quedar aquí viviendo con mi padre.-
No pudo evitar Jésica sonreír al escuchar que iba a vivir aquí, pero recordó que el hijo de Steve Lay estaba casado e iba a tener un bebé, de modo que le preguntó por su familia.
-Verá, hace unos meses mi mujer y yo nos divorciamos por una discusión que manteníamos desde hace unos dos años, pero que cada vez fue aumentando más, y ha terminado por separarnos.-
-Oh vaya...lo siento mucho, de veras.-
-No pasa nada, por el bien de la niña, hasta que sea mayor y pueda cuidarse ella sola, me haré cargo como pueda de ella, iré cada mes a verla varias veces y le enviaré dinero a mi ex mujer. Que nos hayamos separado no quiere decir que no quiera volver a ver a mi hija, a demás, nos llevamos más o menos bien todavía, pero hemos decidido que vivir juntos no es buena idea.-
Jésica asintió con la cabeza indicando que comprendía la difícil situación de Cristian.
-¿Tu padre vive por aquí cerca?-Preguntó Jésica.-
-Vive en esta calle, en el número 54, o en el 53, la verdad no me acuerdo muy bien.-
-Yo he venido a ver a Carolina, una chica de...14 años tendrá, que es nueva y quiere que le enseñe el instituto para que no se sienta perdida y eso, si quieres venirte, no creo que tenga inconveniente.-
 Cristian aceptó la invitación de Jésica, y fue a casa de su padre a dejar las maletas, y quedaron en que volviera a casa de Carolina en 10 minutos.
Carolina abrió la puerta he invitó a Jésica a pasar.
-Me pongo las sandalias y voy.-DIjo Carolina sin mirarle a la cara mientras subía las escaleras hacia el piso de arriba.-
Mientras Carolina se calzaba, Cristian llamó al timbre, y Jésica abrió.
-Pasa, se está calzando, ahora baja.-Le dijo Jésica.-
-¿Quién es Jésica?-Gritó Carolina desde su habitación.-
-Me llamo Cristian Lay, voy a vivir en tu calle, en el número 54, soy el hijo del profesor de biología del instituto.-
Carolina bajó con un corto vestido blanco, sin tirantes, con un cinturón vaquero y unas sandalias marrones claro con piedras incrustadas en el cierre. Realmente iba preciosa.
Jésica les presentó y le explicó a Carolina por qué había abierto la puerta sin pedir permiso.
Se fueron al instituto, y por el camino, Cristian y Jésica le contaban a Carolina las cosas que se estudiaban en el instituto al que iba a ir, ya que Cristian en su infancia también acudió algunos años a clase en el pueblo.
Al llegar, se encontraron con el señor Litán, uno de los profesores de informática y tecnología del instituto, y se ofreció a enseñarle el edificio a la pequeña mientras Cristian y Jésica daban una vuelta por el pueblo.
-¿Te apetece ir a una heladería?, siempre vamos allí mis amigos y yo, hacen muy buenos helados, te invito yo si quieres incluso.-Ofreció Jésica de camino hacia allí.-
-Me parece genial, oye una pregunta, ¿cómo lograste esas notas en selectividad?-
La pregunta sorprendió a Jésica y ambos frenaron.
-Per...perdona, ¿te molesta la pregunta?-Preguntó Cristian.-
-No no...es solo que no se cómo te has enterado de las...ah claro, tu padre, ¿verdad?-
Cristian asintió sonriendo y continuaron el camino.
Al llegar, se encontraron con Lorena y Jésica volvió a presentarle a más gente a Cristian.
-Lorena es profesora de música, pero ahora mismo no da clases por unos problemas de salud, pero me parece que para el próximo curso volverá a dar clases, ¿no es así Lore?-Preguntó Jésica tomándose el helado.-
-Sí, tuve un accidente de tráfico hará unos dos años, y la recuperación ha sido lenta, pero mi rehabilitador me ha dicho que el próximo año, bueno...quiero decir el próximo curso volveré al instituto a dar clases. ¿Cómo lo has sabido Jésica?, no te he dicho nada.-
Jésica recordó que solo Hugo sabía que ella leía la mente, y se suponía que no iba a volver a hacerlo, pero como ya se temía, lo hizo involuntariamente, de modo que se inventó una excusa para salir del apuro.
-El señor Litán me comentó algo sobre que una antigua profesora iba a volver el curso que viene a dar clases, y pensé en ti, menos mal que eras tú, si no habría quedado fatal, jajaja.-
Cristian y Lorena se miraron y se rieron.
-Bueno, ¿cómo está tu primo?, tengo que ir a verle.-Comentó Lorena.-
Jésica intentó evitarlo pero no logró que las lágrimas no salieran de sus ojos, y en seguida Lorena se temió lo peor.
-¿Tu primo está bien?-
-Si si...¿te acuerdas de Raquel?-Preguntó Jésica llorando.-
-Si cielo, ¿es la chica que...?-
Lorena vio como Jésica miró de reojo a Cristian, para que Lorena se diera cuenta de que Cristian no sabía nada, de modo que terminó la pregunta inventándose lo primero que le vino a a cabeza.
-¿Es la chica que tuvo el accidente en el que murieron su prima y tu hermana?-
Cristian no sabía absolutamente nada de la vida de Jésica, por lo que le dio un abrazo y le dio ánimos al enterarse de que había perdido a su hermana recientemente por lo visto.
-No pasa nada Cristian, fue un accidente, Raquel fue la única que sobrevivió, pero esta tarde, antes de ir a casa de Carolina a verla, cuando fui al hospital...-
Jésica comenzó a llorar desconsoladamente y no hizo falta que dijera nada más, ya estaba todo claro, y no hicieron más preguntas.
-¿Te parece bien que volvamos al instituto ya a recoger a Carolina?, no creo que le quede mucho por ver, no hay tanto edificio.-Bromeó Jésica.-
-Vale, mi padre hoy tiene una reunión y volverá tarde, si os apetece venir a cenar, estaré encantado.-Ofreció Cristian.-
Jésica asintió a la primera, sin recordar que había prometido ir por la noche al hospital, pero Lorena tenía cosas que hacer, de modo que tuvo que rechazar la oferta.
-Bueno, otro día quedaremos, ahora que vivo aquí nos veremos a menudo. A demás, me han ofrecido trabajar en el hospital.-
-Eso es genial, tengo amigas enfermeras y una de ellas trabaja en el hospital, mañana te la presentaré.-Dijo Jésica.-Ahora vamos a por la enana, que se va a pensar que la hemos abandonado.-
Cristian y Jésica volvieron al instituto y por el camino fueron hablando de sus estudios.
A medida que pasaban los minutos, Jésica empezó a mirar de forma diferente a Cristian.
Al llegar al instituto, el señor Litán estaba mostrándole el patio a Carolina, y una vez que terminaron, volvieron a casa.
-El instituto es realmente grande, mucho más que mi antiguo instituto.-Dijo Carolina contenta.-
-Carolina, ¿te apetece venir hoy a mi casa a cenar con Jésica y conmigo?-Ofreció Cristian.-Iba a venir Lorena pero no podía, si te apetece puedes venir.-
Carolina lo pensó detenidamente, y respondió.
-No me gustaría ser un incordio.-
-No serás un incordio cariño.-Dijo cariñosamente Jésica.-Ven si quieres.-
Carolina negó nuevamente la oferta.
-Hoy es el primer día que Cristian está aquí, ve tú y otro día quedamos todos, ¿os parece bien el sábado?..., bueno mejor el domingo.-
Esa corrección de Carolina hizo a Jésica recordar que Hugo le había dicho que el sábado habría luna llena.
-El sábado me viene mejor pero puedo intentar quedar el domingo, ¿no puedes cambiar lo que tengas el sábado al domingo?-Preguntó Jésica intentando que diera más pistas.-
-Lo siento, es un compromiso familiar.-
-No pasa nada, el domingo nos vemos.-Dijo Cristian.-Vamos a casa, que aunque no quedemos hoy seguimos siendo vecinos.-
Los tres continuaron y Cristian y Jésica esperaron a que Carolina entrara en casa, ya que su casa estaba antes que la de Cristian.
Subieron la calle y llegaron a casa de Steve.
Era una copia de la casa de Carolina, pero con buhardilla y un acceso directo al sótano. Por las paredes tenía cuadros y fotos familiares, era una casa muy acogedora.
Jésica se sentó en un sofá y Cristian se sentó a su lado.
Charlaron mucho tiempo y cuando Cristian comenzó a tener hambre le ofreció comida a Jésica.
-Sigo una dieta muy estricta, no creo que tengas nada de lo que puedo comer.-
-Miremos a ver que hay..., ¿jamón?, ¿tortilla?, ¿croquetas?...mi padre tiene aquí casi de todo, jajaja.-Comentaba Cristian mientras miraba en la nevera.-
Jésica no quería decirle nada a Cristian, de modo que pidió tortilla para disimular.
-Un poco de tortilla puedo, si te apetece cenamos tortilla.-
-Genial, pero esta mejor se la dejamos a mi padre, que es poca, ¿te preparo una especial?, dicen que esta receta es buena para adelgazar, si quieres probarla...-
Jésica asintió encantada y observó con detenimiento cómo hacía la tortilla.
-¿Puedo ayudarte?-Ofreció Jésica.-
-Claro, si quieres ve cortando taquitos de jamón del que hay en el segundo cajón de abajo de la nevera.-
Jésica sacó el cuchillo y lo dejó en la mesa, y cogió el jamón y lo colocó en un plato.
Comenzó a cortar pero se resbaló y el cuchillo acabo cortándole la mano.
El pequeño quejido de Jésica fue suficiente para que Cristian se diera cuenta de lo ocurrido.
-Jésica, ¿estás bien?-
-Sí...si, es un pequeño corte, nada más.-
Jésica cogió un trapo de cocina y se envolvió la mano pero Cristian se empeñó en llevarla a un médico.
-Tranquilo, no es nada en serio.-Repitió Jésica.-
-Déjame verlo.-Dijo Cristian.-
-No, no hace falta, créeme, estoy bien.-
Cristian intentó destaparle la herida a Jésica y cuando lo consiguió, vio que había una pequeña cicatriz
-¿Cómo es posible?, he visto el corte, era muy profundo...-Dijo asombrado Cristian.-
-Te dije que te lo habías imaginado, que no era tan profundo.-
-Es que es una cicatriz, ni si quiera es un corte..., ¿cómo lo has hecho?-
Jésica dijo la primera excusa que se le ocurrió, lo cual fue un tremendo error.
-Es una habilidad que tengo, por lo visto si centro mis esfuerzos en aliviar el dolor se termina eliminando, puede hacerlo mucha gente.-
Jésica cometió el error de decir eso, porque aunque Cristian fuera mayor que ella, la tentación de intentarlo era inevitable, y Jésica no pudo hacer nada para impedirlo.
En seguida la sangre comenzó a bajar por la palma de su mano, continuando por la muñeca y bajando por el brazo.
Cristian cerró los ojos con mucha fuerza para concentrarse, pero no logró hacer nada. Por suerte, por si salía mal, el corte no fue muy profundo, así que fue a por una tirita, pero ya era tarde.
-¿Jésica qué te ocurre?-
Los ojos de Jésica eran completamente rojos, sus afilados colmillos se dejaban ver y la sed que tenía era inaguantable. Sin embargo, su fuerza le permitió irse corriendo al bosque a comer algo, para alejarse de Cristian y no hacerle daño.
-¿Dónde está Jess?, dijo que vendría...-Dijo Pablo nervioso.-
-Estoy segura de que llegará de un momento a otro, ¿quieres que vaya a por ella?-Preguntó Elena.-Ya estoy mejor, de hecho Lidia me ha dicho que mañana podré irme, pero si hablo con ella tal vez me deje salir ahora a por tu prima.-
-Si te dejan...-
Elena salió al pasillo a buscar a Lidia y a hablar con ella para contarle lo que ocurría.
Volvió a la habitación y se despidió de todos durante unos minutos.
"¿Dónde estás Jess?, soy Elena, cariño tu primo está preocupado porque no vienes...". Jésica recibió el mensaje y recordó que había prometido pasar la noche en el hospital, y le pidió a Elena que fuera al bosque, que había cometido un error y tenía que hablar con alguien.
-¿Qué ha pasado Jésica?-Preguntó Elena nada más llegar.-
Aún con la cara llena de sangre, Jésica contestó.
-Hoy he conocido al hijo mayor del señor Lay y antes preparando la cena me corté y me inventé una mala excusa para que se creyera que había cicatrizado por ella misma, y lo intentó probar y se cortó poco, pero lo justo. Vine corriendo aquí a comer, pero ahora no se que hacer...-
Elena pensó en lo que Jésica le había dicho. Ignoró el detalle de que prometió ir a cenar, ya que ya se lo había comentado pero había cosas más importantes de las que ocuparse.
-¿Dónde vive el hijo del señor Lay?-
-En la calle del Viento número 54, se llama Cristian, ¿por qué lo preguntas?-
-Voy a ir a verle, le borraré la memoria y me inventaré algo para que no se enfade contigo por irte sin más. Mientras deberías ir al hospital, que tu primo está fatal.-
Jésica se limpió la sangre con la manga y se levantó del suelo, dejando junto al árbol el cuerpo del ciervo del que se había alimentado.
-Tienes razón, estará enfadadísimo conmigo, llámame cuando hayas hablado con él.-Dijo Jésica.-Te veo luego...o mañana.-
Jésica se fue corriendo al hospital y su primo le perdonó el haberse olvidado cuando se enteró de lo ocurrido.
Mientras tanto, Elena fue a hablar con Cristian.
TOC TOC TOC
-Hola..., ¿quién eres?-Preguntó Cristian al abrir la puerta.-
Elena vio su mano con sangre todavía, pero logró contenerse gracias a que antes de salir del hospital, Lidia le había dado una bolsa de sangre.
-Me llamo Elena Lac, soy una amiga de Jésica, ha estado aquí antes.-
Cristian invitó a pasar a Elena y le preguntó si quería comer algo.
-Tranquilo ya he cenado.-
-¿Dónde está Jésica?, ¿cómo es que has venido sabiendo que estuvo aquí antes?-
Elena pensó en borrarle la memoria, pero cuando vio en los profundos ojos castaños de Cristian el sentimiento que tenía hacia Jésica se inventó una excusa bastante razonable.
-¿Te dijo Jésica que su primo está en el hospital?-
-No...bueno en la heladería, esta tarde, una tal Lorena comentó algo de su hermana que había muerto y dijo algo sobre un primo suyo...creo.-
Jésica no comentó nada sobre que le hubiera presentado a Lorena pero eso era irrelevante ahora mismo.
-Pues antes cuando te hiciste ese corte...-Dijo Elena mirándole la mano.-Recordó que prometió pasar la noche con él, porque falleció su amiga esta tarde y era la novia de su primo.-
-¿Y por qué no la he visto triste?-
-Quedó con Carolina...que creo que te la ha presentado, y me dijo que no quería que notara que estaba mal, porque si no iba a estropearle la visita al instituto, y luego pues supongo que también quiere olvidarse de sus problemas, que son muchos.-
Cristian comprendió lo que Elena le había dicho, y le pidió que cuando volviera a ver a Jésica le dijera que no se preocupara, que no se había enfadado.
-Cristian, yo me voy, que tengo que volver al hospital, me pidió Jésica que hablara contigo y eso he hecho, le digo que te llame mañana, ¿tiene tu teléfono?-
Cristian cogió su teléfono, miró el número y se lo dio a Elena.
-Dáselo a Jésica, pero si está mal o está ocupada o algo de eso, que no me llame, tampoco quiero que se agobie.-
Elena se levantó del sofá y le dio dos besos a Cristian antes de irse.
-Un placer Cristian, por cierto, ¿qué estudias o en qué trabajas?-
-Soy auxiliar de enfermería, ¿y tú?-
-Yo soy licenciada en medicina. Algún día a lo mejor te veo por el hospital antes de que me vaya.-
Cristian asintió y le abrió la puerta, pero antes de que se fuera le preguntó una última cosa.
-¿A qué te refieres con antes de que te vayas?-
-Cristian yo vivo en Italia con mi marido, y ahora con mi hija...-Se miró la tripa y se dio cuenta de que casi no se le notaba.-Tuve un bebé hace 2 días y en cuanto me den oficialmente el alta y no me necesiten por aquí, volveré a Venecia.-
-¿Por qué has venido?, si acabas de tener una niña no te deberían dejar salir.-
-La enfermera me está esperando en la calle de abajo con el coche, era una ocasión especial y como me llevo bien con ella y no estoy débil, me ha traído.-
Cristian sonrió y se despidió de Elena.
La noche fue dura...muy dura.
Jésica tuvo que llamar a sus amigos y comunicarles la noticia, ya que Pablo no podía y Elena y Diego estaban ocupados con la pequeña.
Seis días después, le dieron el alta a Pablo y a Elena, y fue ese mismo día el que hicieron el funeral a Raquel.
Pasaron los meses y poco a poco lo fueron superando todos.
Antes de darse cuenta, Jésica miró el calendario y vio que era Agosto, que hacía ya dos años que murió su madre, que hacía uno que murieron su padre y su hermana, y había pasado tiempo desde lo de Raquel.
El tiempo pasó bastante rápido para haber sufrido tantas desgracias.
Jésica comenzó a estudiar química, como quería desde hace tiempo, y Hugo subió las notas gracias a la ayuda de Charlote.
Todo iba genial. Carolina estuvo encantada en el instituto, hizo muchos amigos y conoció a algún chico interesante. Elena y Diego se habían ido a Italia a vivir y venían a pasar el mes de Agosto a España, entre otras cosas porque Daniel deseaba ver a Lana, y Lana quería verle a él.
La pequeña hija de Elena y Diego había crecido, tal y como dijo Carlota, a un ritmo increíble. Pero no igual que dijeron. Había pasado un año y ya era toda una mujercita. Tenía controlada su sed, y aún no se había transformado. Diego la enseñó trucos de autocontrol para no cambiar el estado de ánimo de todo el mundo para su bien propio, ya que el padre de Diego tuvo un don parecido, y aprendió mucho ayudándole a controlarse.
Ese verano, Pablo y Azucena estuvieron muy unidos, hasta tal punto que parecía haber algo más que amistad entre ellos.
Tras una racha de tragedias, el amor y el cariño estaba en todas partes, y Jésica aprovechaba cada segundo de esa perfecta vida que había comenzado.

Querido diario:
Hoy vienen Elena, Diego y Lana. ¡Tengo muchas ganas de ver a la pequeña!
Me mandaron una foto por correo y ha crecido muchísimo y aunque haya pasado un año, parece que tiene 18.
Ha crecido más rápido de lo que dijo Carlota, supongo que si fuera solo vampira crecería más lento, pero con lo rápido que crecen los hombres lobo, su crecimiento se ha disparado.
Daniel parece otro chico. Está impaciente por verla, y me alegra que haya pasado página y vuelva a sonreír. Este verano ha sido genial, ya falta poco para volver a las clases, y ver a todos contentos me alegra mucho.
A demás, Azucena y Pablo se llevan genial últimamente, a ver si con suerte consigo que Pablo se suelte un poco.
Su recuperación ha sido asombrosa. En seguida logró volver a utilizar todo su cuerpo, pero hablar le sigue costando un poco.
Me acaban de llamar de la universidad avisándome de que el curso se retrasa una semana, así que empiezo casi en Octubre.


En cuanto Jésica cerró el diario, sonó la puerta.
Daniel y Hugo habían pasado la noche allí: Hugo porque había quedado con Jésica y Daniel porque...se lo había pedido. Suponía que para cuando llegaran Elena, Diego y Lana.
Hugo abrió la puerta y antes de decir nada, Elena ya le estaba abrazando.
-¡Qué guapa estás cuqui!-Le dijo Hugo a su hermana.-
-Gracias, tú no, jaja, es broma, tú también.-
Lana le preguntó a Diego si él era su tío Hugo, y Diego le dijo que sí.
-Hola tío Hugo, ¿te acuerdas de mí?-
Hugo soltó a su hermana y abrazó a Lana sonriente.
-¡Cómo iba a olvidarme de ti!, con esa carita, y esos ojazos celestes, estás preciosa cariño.-
Jésica bajó las escaleras y vio a Hugo abrazada a una chica igual de alta que él, con un vestido corto lila, con escote palabra de honor, y unas sandalias con tacones altos. La chica era morena, así que no era Elena, por lo que Lana estaba aquí.
-¿Lana?-Preguntó desde la escalera.-
Lana escuchó la voz de Jésica y la reconoció al instante.
-¡Tía Jess!-
Lana fue corriendo como un auténtico vampiro hacia Jésica y antes de que bajara el último escalón ya se habían abrazado.
-¡Qué mayor estás!, y muy guapa....eres igual que tu madre...-
-Pero la belleza de mi madre está mejor reflejada en mi tío Hugo, no te ofendas mami.-
Hugo se sonrojó por el cumplido e invitó a pasar finalmente a Diego y a Elena.
-Tía Jess, ¿dónde está Daniel?-
Jésica sonrió al escuchar la pregunta. Era increíble como la emoción de verle era superior a todo. Se la veía enamorada, entusiasmada, feliz..., daba gusto verla.
-Está haciendo la cama, que hoy ha dormido aquí...para verte pronto.-Le susurró finalmente al oído.-
Elena lo escuchó, y le recordó a Jésica que era medio vampira y el oído lo tenía muy agudizado.
SOlo Jésica, Elena y Lana escuchaban las conversaciones.
-¿Dónde está su habitación?, quiero verle ya.-Dijo Lana sonriente.-
Parecía una niña pequeña, tenía un año, aparentaba 18, pero su comportamiento al hablar de Daniel ea de una niña de 10 años con ganas de ver dibujos.
-El la habitación que está según subes giras a la derecha y la primera habitación.-
-Gracias tía.-
Lana le dio un beso a Jésica y subió corriendo.
Llegó a la habitación y no llamó, se quedó en la puerta, apoyada en el marco, viendo a Daniel hacer la cama.
Cuando Daniel fue a la ventana Lana entró rápido y le tapó los ojos.
-¿Quién soy?-
Daniel se asustó al principio, pero logró reconocer la voz de Lana. Esa frase que dijo hace un año con tan solo dos días de vida fue suficiente para recordar su voz.
-Quítame las manos de los ojos que necesito verte.-
Lana apartó las manos y Daniel se dio la vuelta.
Jésica y Elena estaban en la puerta cotilleando lo que pasaba, pero se fueron cuando se abrazaron porque tampoco les parecía bien ser tan cotillas.
-Estás...estás...preciosa.-Dijo Daniel al ver a Lana.-
Lana se sonrojó cuando Dani le dijo lo guapa que estaba. Realmente el cariño que había entre ellos era increíble.
-Y pensar que yo te di de comer...-Comentó Daniel.-
Lana se rió y la sonrisa se contagió.
-¿Te apetece ir a cenar al restaurante de una amiga esta noche?-Propuso Daniel.-
-Claro, ¿vamos ahora dando un paseo y me enseñas el pueblo?-
-Vale, ayúdame a terminar esto por favor.-
Lana aprovechó su velocidad vampírica y en un segundo la cama estaba perfecta.
-¡Vámonos!-Exclamó Lana.-
Bajaron las escaleras y fueron directamente a la puerta, pero Elena les impidió salir.
-¿A dónde os creéis que vais?-
Se miraron y Daniel respondió.
-Voy a enseñarle el pueblo, y esta noche vamos a cenar al restaurante de Lorena, si os parece bien...-
Diego y Elena se miraron y asintieron.
-Vale, id a dar una vuelta, pero Lana, ¿no tienes que hacer algo antes de irte?-Preguntó Diego.-
-Es verdad, gracias por recordármelo papi.-
Daniel pensó que iba a despedirse de sus padres, pero en lugar de eso le besó.
Fue un beso oportuno, romántico y perfecto.
Todos se quedaron con la boca abierta, era el primer beso de Lana.
Se separaron y Daniel no sabía qué decir. Estaba confuso, aunque emocionado también.
-Lana...cariño, me refería a...-Diego contempló lo enamorados que se miraban su hija y Daniel y optó por no decir nada.-Es igual...volved a las 2 como muy tarde, ¿de acuerdo?-
-Sí, gracias papi.-
Ahora sí, Lana le dio un beso en la mejilla a su padre, y otro a su madre que, asombrada, miraba a su hija irse con el chico que le había dado de comer hasta que se fueron a Italia.
Daniel y Lana recorrieron el pueblo entero, y finalmente, decidieron pasar a ver a Azucena, que ese Sábado tenía que estar en una especie de mercadillo, para vender materiales a los nuevos alumnos del instituto.
-Hola guapa, ¿qué tal lleves la mañana?-Le preguntó Daniel a Azucena desde su espalda.-
Azucena se asustó pero en seguida se dio la vuelta y le abrazó.
-Muy bien Dann...-
Azucena se quedó mirando a Lana. El color celeste de sus ojos era inconfundible, pero por el aspecto no creyó que fuera ella.
Azucena había visto muchas fotos de la pequeña Lana, y aunque nunca la vio en persona, por las fotos era fácil recordarla.
-¿Eres...Lana?-
-Sí, la misma. Tú debes de ser Azucena.-
-Emm...sí, ¿cómo sabes mi nombre?-
-Tía Jésica me habla mucho de ti, tenía ganas de conocerte, pero si llego a saber que eres tan guapa, no vengo.-Bromeó Lana alagando a Azucena.-
Azucena se sonrojó y todos se rieron.
-¿Qué os trae por aquí chicos?-Preguntó Azucena.-
-Hemos salido a dar un paseo. Se quedan un mes aquí y quería que conociera el pueblo, por si sale sola o algo, para saber cómo volver a casa y esas cosas.-Respondió Daniel.-¿Qué tal con Pablo?
-Juzga por ti mismo.-
Azucena miró al puesto que estaba justo en diagonal a donde estaban. Allí estaba Pablo, hablando con una señora mayor que pedía unos libros para sus nietos.
En seguida, Pablo se percató de la presencia de Daniel y Lana, aunque nuevamente, no creyó que fuera Lana.
-Hola Daniel, ¿qué tal?-
Mientras Pablo saludaba, se dirigía hacia ellos apoyado en una muleta y con la cara aún con cicatrices, pero ni mucho menos como le recordaba Lana.
-¡Tío Pablo, estás genial!-Exclamó Lana.-
Cuando Lana dijo "Tío Pablo", Pablo reconoció su voz y la abrazó sin dudarlo.
-Lana estás preciosa cielo, pareces una mujercita.-
Lana puso cara de niña pequeña y a Daniel se le escapó un suspiro.
-¿Ocurre algo Dani?-Preguntó Lana.-
-Es que aún no me creo que estés aquí...tan guapa, y que...ya sabes, que...-
-¿Qué te quiera?-Preguntó Lana.-
Daniel asintió y besó a Lana, cosa que ni Pablo ni Azucena se esperaban.
-Tío Pablo.-Dijo Lana.-
-Dime cariño.-
-¿Azucena va a ser mi nueva tía?-
Azucena y Pablo se miraron y se rieron, y Pablo respondió.
-Puedes llamarla tía Azucena si quieres, porque de momento salimos juntos.-
Daniel sabía que se llevaban muy bien, y también que algún día saldrían juntos, pero no esperaba que fueran novios ya. Sin embargo, se alegró por ellos y no dijo nada más.
-Entre tía Azucena y tía Jésica puedo decir que tengo las tías más guapas del mundo.-Dijo sonriente Lana.-¡Qué bien!, voy a presumir de tías este curso.-
Todos se rieron. En ocasiones, Lana era realmente madura, tanto como su aspecto indicaba; sin embargo, había momentos en los que era como una niña pequeña: juguetona, adorable y halagadora.
Lana le dijo al oído a Daniel una cosa, y este asintió.
-¿Queréis venir esta noche a cenar al restaurante de Lorena?-Propuso Daniel.-Íbamos a ir solos, pero creo que es casi mejor ir los cuatro.-
No tardaron mucho en pensarlo, ambos estaban decididos a ir.
-Será como...una primera comida familiar.-Comentó Azucena ilusionada.-Siempre quise decir eso.-
Llamaron a Pablo del puesto en el que estaba y tuvo que marcharse, y de paso Lana y Daniel volvieron a casa.

CAPÍTULO 17: La última desgracia


A la mañana siguiente, Daniel se despertó escuchando ruidos fuera de la habitación.
-Entramos ahora, uno, dos...-
Daniel esperó oír un tres, pero no esperaron y entraron Raquel y Jésica.
La niña aún yacía dormida junto a Daniel, y no quiso despertarla.
-¡Sorpresa!-Gritó Raquel.-
Con el grito, Lana se despertó y comenzó a llorar, y como consecuencia, Elena y Diego también se despertaron.
Pablo era el único vampiro, con lo que no necesitó dormir mucho, y llevaba rato despierto.
Al ver entrar a su novia, Pablo se levantó demasiado rápido y estuvo a punto de caerse, pero Jésica fue corriendo a ayudarle.
-Tranquilo, va a pasar aquí el día, no tengas prisa.-Le dijo Jésica a su primo.-
Raquel se acercó y se fundieron en un abrazo perfecto.
Elena se levantó de la cama y vio la cicatriz que tenía del parto. Al nacer, la niña le había desgarrado la piel y le tuvieron que dar puntos.
Se acercó a Raquel y le saludó.
-Gracias por venir, y...me encargaron Ana y Carlos que te pidiera perdón de su parte por haberte llamado asesina y todo eso...-Dijo Elena.-
-¿Qué pasó con Laura?-Preguntó Raquel.-
-Hemos decidido hacer como si fuéramos humanos, si Laura muere, pues tendremos que vivir con ello, Jésica no quiere renunciar a lo poco de humana que queda en ella, y lo comprendo.-Respondió Daniel.-Esta niña, ha conseguido que la tristeza sea alegría, solo con mirarle a los ojos.-
Raquel agachó la cabeza entristecida por lo que había dicho Daniel, pero entendió que si preferían dejarlo todo como estaba, por algo sería.
De pronto, la niña mordió a Daniel, y este, en consecuencia apartó la mano.
-Tiene hambre.-Dijo Diego.-Dame a la niña y le busco algo para comer.-
Daniel le entregó a la pequeña y se miró la mano: tenía marcas de colmillos.
Ninguno las vio, de modo que no dijo nada.
Diego salió con la niña a buscar a la enfermera Plac, ya que podía proporcionarles cualquier alimento, fuera cual fuera la necesidad de la pequeña.
Los ojos de la pequeña enrojecieron al pasar al lado de una habitación en la que estaban extrayendo sangre a un paciente, y dio media vuelta.
Cuando entró en la habitación, Elena estaba hablando con Daniel sobre las marcas de las manos.
-Me ha mordido...eso es todo.-
Elena resopló al oír la respuesta de Daniel y miró a Diego y a Lana.
-¿Dónde está Lidia?-Preguntó Elena mirando a Diego.-
-De camino hemos pasado por una habitación en la que le están sacando sangre a alguien, y sus ojos se han puesto rojos, y no me quería arriesgar a que la vieran así.-Dijo Diego mirando a la niña.-
Elena cogió a la pequeña en brazos y se sentó con ella, pero en seguida se inclinó hacia Daniel.
Cuando Daniel fue a coger a Lana, Pablo se lo impidió.
-¿Por qué no puedo cogerla?, le gusta estar conmigo.-
-Es cierto, pero ahora tiene hambre, necesita sangre y eres el único humano que hay aquí.-
-Tiene razón, espera a que coma.-Intervino Elena acercando a la niña de nuevo a ella.-
Lidia entró junto con Diego, con una bolsa de sangre en las manos.
-Esto no es para el bebé, tendréis que beber vosotros y que la niña se alimente de otro modo, por lo visto, un bebé vampiro se alimenta de sangre humana hasta que alcanza el equivalente nuestro a 8 años, aún que a ella se le pasará como si fueran 16.-Dijo Lidia.-Tendréis que apañároslas pero de aquí no puede, necesita sangre fresca.-
Daniel pensó que podía ser él el que alimentara a la pequeña, después de todo: ¿Cuánto podría comer un bebé?.
-Yo le daré mi sangre hasta que pueda beber de otra.-Dijo finalmente Daniel.-
Elena se negó rotundamente y argumentó que podía matarle, ahora no, pero cuando la niña fuera fuerte, acabaría con él sin problemas.
-Es la única forma, al menos hoy, luego ya buscaremos otros modos de alimentarla.-
Elena miró los profundos ojos de su hija y aceptó el trato, aún que se extrañó de su cambio de opinión.
Pablo no dijo nada hasta ese momento, y lo que dijo, cambió la vida de Elena y Diego.
-Tu hija tiene un don.-
Diego miró a Pablo y se acercó a él preguntándole qué le hacía pensar eso.
Lidia cerró la puerta pero se quedó dentro para escuchar la explicación del joven Pablo.
-Jésica puede leer la mente de ciertos seres, yo puedo anular mis instintos vampíricos y los de los que me rodean en caso de un peligro extremo, algunos familiares podían manipular la naturaleza y tu hija puede cambiar el estado de ánimo de una persona.-
Elena miró a la pequeña y entendió su cambio de opinión repentino.
-Lana quiere que le des de comer Dani...¿quieres intentarlo?-Ofreció Elena entregándole a la niña.-
Daniel cogió a Lana encantado y la abrazó, colocando su cabeza en su cuello.
-Yo me voy, que tengo pacientes, si me necesitáis, llamadme.-Dijo despidiéndose la enfermera Plac.-
Lana apoyó su pequeña cabecita en el hombro de Daniel, colocando su boca en su cuello.
Elena y Diego observaron las reacciones de Daniel al hecho, para comprobar que realmente no sufría.
La pequeña comenzó a succionar la sangre de Daniel, y sus negros ojos comenzaron a abrirse.
Para sorpresa de todos, la pequeña paró en cuanto Daniel soltó un pequeño gemido de dolor, le miró a los ojos y este dejó de sentir dolor, y ahora sentía alivio por haberle dado de comer.
Raquel se fue a la cama de Pablo, para hablar con él, ya que hacía días que casi no se veían.
-Siento mucho lo que hice...esa estúpida de Anabel...-
-¿Anabel?-Preguntó Pablo.-Esa cría ha venido esta mañana y ha intentado hacerme olvidar lo ocurrido, y me dijo que lo hizo también contigo.-
Elena se acercó a la cama cuando escuchó el nombre de Anabel.
-Raquel, ¿recuerdas algo de aquel día?-Preguntó Elena.-
-Recuerdo verla entrar en casa, y lo último es ver como Susan caía al suelo sin...-
Diego hizo un gesto con la mano para evitar que terminara la frase, puesto que no era agradable de oír y ya sabían todos lo ocurrido...o eso creían.
-¿Qué le ha pasado a Susan?, tenía poderes, ¿qué le ha podido pasar?-
Aún que no fuera agradable la respuesta, Raquel respondió sonriente debido al progreso de Pablo en cuanto a la comunicación oral.
-Le arranqué la cabeza...-Confesó entristecida.-Prefiero no hablar del tema.-
Pablo la abrazó sin ayuda alguna, y Raquel le preguntó a Elena si ya había hecho eso antes, y esta respondió que no, por lo que le devolvió el abrazo orgullosa.
-Mañana tengo...¡ya no tengo clase!, la semana pasada fue la última, la semana esta de preparación para la universidad, el jueves tengo la graduación...¿crees que te dejarán venir con la silla de ruedas?-Preguntó Raquel.-
Pablo pensó en su avance, realmente había mejorado notablemente desde el día que ingresó.
-Es posible que hasta sin silla.-Contestó contento.-
Raquel y Pablo se fundieron en un beso que no olvidarían jamás, pues sería el último.
-Vamos al parque a dar un paseo anda...-Le ofreció Jésica a Hugo.-
Hugo se levantó del sofá y fue hacia Jésica y la abrazó por detrás.
-No me apetece salir al parque ahora...-Dijo besándola por el cuello.-
Jésica sonrió al recordar la última vez que empezaron a jugar así, pero realmente sentía ganas de pasear por el parque.
-Un paseo corto, por favor...luego venimos y hacemos lo que elijas tú, ¿de acuerdo?-
Los verdes ojos de Hugo se fundieron con los de Jésica y aceptó el trato.
De manera que salieron por la puerta y fueron hasta el parque de la heladería a la que siempre iban.
-¿Un helado?-Propuso Jésica.-
Hugo asintió y acompañó a Jésica a la heladería.
Allí se encontraron a Lorena, junto con una chica mucho más joven que ella. Una chica morena de ojos castaños, alta aún que no demasiado, y con una sonrisa preciosa.
-Hola Lorena, ¿qué tal?-Saludó Jésica, y después miró a la joven.-¿Es tu sobrina?-
La chica se rió y se presentó muy educadamente.
-No, que va, jeje. Me llamo Carolina, y estudio en 3º de la ESO, pero quiero ser bailarina.-Dijo con una encantadora sonrisa y con una voz muy dulce.-¿Sois alumnos de Lorena?-
Jésica miró a Hugo y luego a Lorena y se rió.
-No, jajaja, somos amigos de Lorena, yo soy Jésica y este es mi novio Hugo.-
-Encantada Jésica y Hugo.-Dijo Carolina dándoles dos besos a cada uno.-
-Igualmente.-Contestó Hugo.-¿Qué os trae hoy por aquí?-
-Me he mudado y ahora estudio en el instituto "Jubrero", ¿sabéis llegar?-Preguntó Carolina.-Lorena cree que sí, pero no está segura, y yo mañana tengo que ir a clase y me gustaría visitarlo antes, para no perderme y quedar como una tonta...-
Jésica colocó su mano sobre el hombro de Carolina y contestó.
-Acabo de terminar la selectividad, he estudiado en ese instituto desde que empecé, yo te llevo si quieres.-Miró a Hugo y corrigió el comentario.-Tengo que hacer ahora cosas en casa, pero a las 7 de la tarde quedamos en tu casa y te indico el camino, si quieres.-
Carolina asintió feliz de haber hecho una amiga tan pronto.
Pero en seguida empezó a sospechar Jésica de Carolina, pero para no estropear el momento y montar un numerito en la heladería se calló.
Se tomaron los helados en el parque, y charlaron durante una hora, pero Hugo quiso irse a casa y Jésica cedió.
-Dime dónde vives y a las 7 estaré en tu casa.-
-Vivo a las afueras del pueblo, la calle se llama "Calle del Viento", en el nº 16.-
Jésica anotó la dirección en el móvil y se despidió de las chicas.
Al llegar a casa, Jésica pensó que Hugo propondría cualquier plan romántico...pero no. El conocer a Carolina le había dado en que pensar.
-No es humana...-Murmuró sentándose en el sofá.-
Jésica se acercó a él, se sentó en su regazo y charlaron.
-Te has dado cuenta también por lo que veo...es muy pequeña, no quiero pensar lo que sufrirá.-
Hugo miró a Jésica y la abrazó.
-En 2 semanas hay luna llena, tal vez si esperamos a esa noche lo averiguaremos.-
Jésica clavó sus ojos en los de Hugo y comentó su plan.
-No hace falta...tú ya sabes que es licántropa.-
-¿Cómo lo sabes?, no he dicho nada.-Preguntó Hugo asombrado por la respuesta de su novia.-
Hugo pensó que tal vez Jésica leyera la mente, que tuviera un...don de esos de las películas. Y confirmó su teoría al oir a Jésica.
-Si que lo leo, pero evito hacerlo. Siento no habértelo dicho, lo descubrí hace poco y lo usé una vez pero es mucha tentación el evitar cotillear mentes ajenas.-
Hugo se rió y besó a Jésica.
-¿Puedes hacerme un favor?-Preguntó Hugo mirando a los ojos a Jésica.-
Jésica asintió y le besó en los labios.
Acarició la cabeza de Hugo con suavidad y con los labios comenzó a besarle el cuello.
Jésica paró de repente, y Hugo se extrañó. Vio como Jésica fue corriendo a la puerta de entrada y buscaba algo con la mirada.
-¿Ocurre algo Jésica?-Preguntó Hugo preocupado.-
Jésica se dio la vuelta y miró a Hugo.
-Algo va mal en el hospital.-
Hugo se acercó a su novia y le preguntó si sabía lo que ocurría exactamente y cómo lo sabía.
-Elena me lo ha dicho, me ha pedido que vayamos corriendo...-
Pronto llegaron al hospital y vieron a Lidia, la enfermera que había ayudado a Elena a dar a luz a su hija Lana, en la puerta de la sala de espera, tomando unos apuntes en unas hojas.
Jésica y Hugo fueron hacia ella y le preguntaron si estaba todo bien, aunque ambos sabían que si Elena le había dicho a Jésica que fueran era porque algo iba mal, pero prefería hablar con la enfermera y que se lo explicara todo con detalles.
-Tu amiga Raquel está en quirófano, estaba tomando nota en el expediente médico y ahora iba a la habitación de Elena a comunicárselo oficialmente.-
Jésica no se lo podía creer. ¿Por qué tenía tan mala suerte últimamente?. Todo lo ocurrido en un mes había sido peor que todas las desgracias de su infancia entera juntas.
Lidia subió a la habitación y Jésica y Hugo la acompañaron, y al llegar allí, había otro enfermero en la habitación.
Lidia le pidió que saliera para hablar con él, y Jésica y Hugo entraron en la habitación a consolar a sus amigos, en especial a Pablo, que como ya suponía Jésica, sería el que peor lo estaría pasando, y no se confundió.
Pablo lloraba desconsolado en su cama, sentado y con las manos moviendo las piernas para balancearse, y al ver a Jésica intentó levantarse corriendo para abrazarla, pero su prima aceleró ahora que nadie la veía ir corriendo como un vampiro y se acercó a la cama.
-Cariño, verás como sale bien.-Consoló Jésica a su primo besándole la frente.-
Como había estado llorando, prefirió no hablar y escribir, para no hacerse daño al intentar pronunciar las palabras que tenía intención de decir.
"Jess, no han podido hacer nada."
Jésica leyó la pizarra y no se lo creía, era imposible que se hubiera muerto, después de lo que se había esmerado por disculparse y compensar a todos por la muerte de Laura y Susan.
Hugo también leyó el mensaje y sin dudarlo abrazó a Jésica.
-Todo esto...ha sido mi culpa...-Decía llorando Jésica.-
Diego fue hacia la pareja y le pidió a Hugo que le dejara abrazarla, pero se lo pidió de manera que solo ellos dos lo supieron, y Hugo aceptó y se apartó de Jésica.
Daniel le entregó a Elena su hija, y fue a hablar con Pablo, para darle ánimos y ofrecerle ayuda en lo que necesitara.
-¿Por qué dices que ha sido tu culpa?-Le preguntó Diego a Jésica.-
-Porque...porque si le hubiera pedido a Laura que me acompañara, o a Raquel, a ver las notas de selectividad, esto no habría pasado, y ahora estaríamos todos sentados en una mesa merendando y...-
-¡No!-Le interrumpió Diego.-No digas eso Jess, lo de las notas no tuvo que ver, si hubieran ido contigo ellas, la bruja esta...¡Anabel!, se las habría apañado para acabar con alguien distinto, si tenía intención de matar, habría matado a quién estuviera por delante, y a Raquel le ha dado un infarto, no tiene que ver.-
Elena intentó dormir a la pequeña, pero no lo consiguió. En su lugar, pronunció 2 palabras, sus primeras palabras, y no eran mamá, papá o esas palabras que decimos todos con 1 año, sino que Lana, con 2 días, ya pronunció dos palabras que conmocionaron a todos.
-Tranquila Jésica.-
En ese momento, todas las conversaciones cesaron de inmediato, incluyendo la de Lidia con el otro enfermero, que estaban en el pasillo, pero al tener la puerta abierta lo escucharon.
Jésica se acercó a Elena y Lana y le pidió a la pequeña que repitiera eso, para comprobar si había sido imaginación suya o realmente había hablado.
-Tranquila Jésica.-Repitió la pequeña.-
-Yo les conozco, les daré la noticia, tú vete que creo que te necesitan en la 103.-Le dijo Lidia al enfermero entrando en la habitación y cerrando la puerta.-
La enfermera se acercó a la cama y preguntó si la niña había hablado, y al ver como Jésica asentía, esta quedó fascinada.
Jésica cogió a Lana, con el permiso de Elena, que prácticamente no la tenía en brazos, ya que el ver a Daniel tan feliz con su hija en brazos le hacía muy feliz.
-¿Cómo puede hablar?, tiene 2 días de vida, es imposible.-Dijo acunándola en sus brazos.-
Ninguno pudo responder a la pregunta, hasta que entró Carlota en la habitación.
-Crece varias veces más deprisa que un humano, su desarrollo físico aún no ha comenzado pero el mental sí. De hecho, en una semana seguramente mida lo que una niña de 2 años, y su inteligencia se irá ajustando a su aspecto poco a poco.-
El ver a Carlota hizo que Pablo dedujera, al igual que el resto, que lo de los vampiros ya no era un secreto para ella.
Carlota se acercó a su hijo y le abrazó, dándole ánimos por la pérdida de su novia, y a continuación fue a ver a Jésica.
-Como ya habréis deducido, se que Lana es vampira, al igual que mis hijos Pablo y Carlos y Jésica.-Comentó Carlota.-Me he documentado sobre leyendas y he consultado a un viejo conocido, cuyo hermano fue vampiro y me ha dicho que si una humana queda embarazada por un vampiro y el bebé resulta no se humano, como es normal, el pequeño crece a velocidades rapidísimas y al alcanzar cierto grado de madurez, dejan de crecer o...bueno...-Elena le pidió que terminara la frase ya que su hija era uno de esos casos, y Carlota continuó.-Si sufre algún daño durante el crecimiento, como por ejemplo que sus músculos crezcan demasiado rápido y fuercen los huesos, o que ella crezca y su corazón lo haga más despacio, por lo que la sangre que recibe es insuficiente...pues puede fallecer.-
La explicación de Carlota resultó interesante, pero en ese momento, lo principal era averiguar cómo se había enterado de que eran vampiros y por otro lado, lo que había ocurrido con Raquel, ya que Jésica, al igual que con la autopsia de su madre, no se quedó tranquila y no se terminó de creer que muriera por un golpe.
-¿Cómo sabes que somos vampiros?-Preguntó Jésica.-Es decir...ninguno te lo hemos dicho, y Ana no creo que te haya dicho nada...¿o sí?-
Carlota negó la opción de que Ana hubiera dicho algo sobre el tema, es más, aseguró que no sabía que se había enterado del secreto de sus hermanos.
-Cuando vine con tu padre a verte.-Dijo mirando a Pablo.-Me di cuenta de que tus ojos no eran como siempre, eran de otro color, y siempre me han gustado las novelas de fantasía y esas cosas, dado que soy...bueno, ya sabéis que soy bruja pero por motivos extraños, al igual que tu madre-En esta ocasión llevó la vista hacia Jésica.-No podemos usar nuestros poderes. En fin, cuando vi que el color de ojos no era el mismo, recordé algunas novelas que leía yo de pequeña, en las que se hablaba pues eso, de brujas y vampiros, y en un principio pensé que era una locura, pero tres días después de que volviéramos a Valencia, me llamaron de una escuela de patinaje para que fuera a hacer una exhibición con otros profesores, y era aquí, en Madrid. Cuando regresé, vine a verte pero ya estaba contigo Elena, y no quise interrumpir puesto que llegué de noche.-
Lana comenzó a llorar a mitad del relato de Carlota, y Jésica le cambió el pañal y se la entregó a Daniel para que intentara dormirla.
Carlota estuvo a punto de perder el hilo de la historia cuando vio la sonrisa de Daniel al tener en brazos a la pequeña Lana, pero logró recuperar la memoria y continuó el relato.
-El caso es que esa noche decidí ir a un hotel que estaba cerca de la escuela, ya que si dormía en casa sabrían que estaba en Madrid, y quería sorprenderos a todos.-Dijo mirando a Pablo pero refiriéndose a él y a sus hermanos.-A la mañana siguiente volví temprano al hospital, pero fui demasiado pronto, y Elena seguía dentro. Sin embargo, observé algo curioso, Pablo no tenía ninguna vía puesta ya y había una bolsa de sangre en la cama, por lo que mis sospechas casi se confirmaron. Entré en la habitación sin hacer ruido y miré por si tuviera la vía en el brazo o incluso que la bolsa no estuviera y que las arrugas de las sábanas me hubieran confundido, pero al ver una pequeña marca de sangre en la boca de Pablo lo supe. En un principio me asusté y me entristecí, he de reconocerlo  pero una vez que lo asumí, lo cual curiosamente no me llevó más que un par de horas, comprendí que si nunca habías dicho nada y ni habías mostrado interés por la sangre humana delante de tu padre y yo, sería por una buena causa, así que decidí hacer la exhibición de patinaje y volver a Valencia.-
Pablo parecía más sorprendido que los demás, y ya era difícil, porque hasta la enfermera, que no conocía de nada a Carlota no sabía qué decir al respecto.
-¿Papá sabe algo de esto?-Preguntó Pablo.-
-No cariño, nunca llevó bien lo de que fuera una "bruja sin poderes", eso le ha mosqueado siempre mucho. Cuando vio que Ana sí tenía poderes comenzó a llevarlo mejor, pero le ha costado tiempo. Si ahora le digo que sus otros dos hijos son vampiros me pide el divorcio, jajaja.-
-Antes dijiste que te pusiste en contacto con un viejo amigo que su hermano era vampiro y no se que..., ¿con quién hablaste?-Preguntó Hugo curioso.-Si no supone un problema la pregunta, claro.-
Carlota se rió por la aclaración del novio de su sobrina y contestó sin problemas a la pregunta.
-De llama Andrew Williams, y es profesor en Barcelona, pero veranea en mi pueblo. Le conocí hace 6 años, y todos los veranos nos vemos en la playa y tomamos algo.-
-¿Andy?-Preguntó Pablo.-
-Sí, Andy.-Aclaró su madre que Pablo, Carlos y Ana le llamaban Andy.-Pues su hermano murió hace 8 años, le expusieron al Sol sin ninguna protección de esas que usan los vampiros, que la verdad no se qué protección es, pero por lo visto sin ella, la exposición a la luz solar, al cabo de unas horas es mortal. El caso es que por disputas entre antiguos amigos, murió su hermano, y el que intentó matarle también, pues se habían tendido la misma trampa los dos sin saberlo. Cuando me enteré, me pidió que guardara el secreto a no ser que fuera absolutamente necesario decirlo, y que en ese caso se lo comentara antes. Cuando volví el otro día a Valencia le comenté lo que pensaba de Pablo, bueno, lo que sabía, pero necesitaba alguna confirmación de alguien que hubiera vivido algo parecido. Le comenté que una amiga se Pablo estaba embarazada y ya que estaba con él en la habitación, aunque no me fijara en su boca, la sospecha estaba ahí. Entonces fue cuando me contó lo que ocurría, pero me dijo que la mujer tendría que ser humana, los vampiros hembra no pueden tener hijos.-
Elena miró a Pablo y este negó con la cabeza, y a continuación asintió.
-Carlota...verá, yo soy vampira, pero la razón por la que tengo una hija es porque mi marido y yo somos hombres lobo, yo soy híbrida, otro día te cuento cómo es posible eso, pero ahora lo importante, una vez que sabemos que sabe nuestro secreto y nos ha informado sobre Lana, tenemos que centrarnos en Raquel.-
Carlota se sorprendió por la respuesta, ya que nunca pensó que fuera posible la unión de un lobo y un vampiro, que a la vez era lobo y...bueno, no se lo creía.

CAPÍTULO 16: Un "no" que da la bienvenida a un "sí".


Jésica se quedó ojiplática al escuchar la última respuesta.
-Todo te lo ha dicho tu primo...vale...¿por qué?-Preguntó Jésica desconcertada.-
-No se por qué me lo dijo pero...-
-No, no...digo que ¿por qué quiere ser vampiro?-Corrigió Jésica.-
Anabel entendió la pregunta y cambió la respuesta.
-Verás, él y yo no hablamos mucho, pero cuando estuvo en el hospital por lo de que le atacaste y esas cosas, fui a verle y me pidió que te buscara y que averiguara información sobre ti.-Explicó Anabel.-Cuando le dije que eras vampiro y entendió lo ocurrido en la carretera me pidió que te buscara y te pidiera que le convirtieras, porque durante el tiempo que duró tu ataque, vio reacciones en ti que le gustaron...los ojos rojos, la valentía, la fuerza...esas cosas.-
Jésica soltó una pequeña carcajada y a continuación negó con la cabeza.
-No voy a hacerle eso a tu primo, lo siento.-
Anabel agachó la cabeza entristecida, con lo que Jésica supo que no sabía lo que significaba ser vampiro, de modo que se lo explicó.
-Anabel, cariño, ¿sabes qué tiene que pasar para ser vampiro?-
Anabel abrió sus profundos ojos azules y, secándose las lágrimas, negó la pregunta.
-¿Por qué lloras cielo?-Preguntó Jésica dándole un pañuelo para secarse los ojos.-
-Porque he estado sin hablarme con mi primo años, y por una vez que me pide algo, le tengo que decir que no.-Respondió sollozando todavía.-
Jésica sonrió levemente al escuchar la respuesta y le explicó lo que suponía el cambio que quería su hermano.
-Yo soy vampira desde hace casi 2 años, pero tengo un autocontrol tan grande que según me dicen, parece que llevo años así. Yo no quería ser vampiro, pero una tarde, casi por la noche, alguien me secuestró y me durmió. Cuando desperté, ya era así, y me explicaron que lo que había pasado era que había muerto.-Miró a Anabel, y a pesar de haber dicho la palabra "muerto" seguía prestando atención sin inmutarse, así que prosiguió.-Las primeras semanas fueron duras, aún que nada que ver con el primer día, ¿sabes por qué es el peor?-Anabel negó y Jésica respondió.-Una vez que un vampiro te muerde y te..."inyecta" su veneno, para terminar de ser vampiro, tienes que beber sangre humana.-
-¿Y si no lo haces?-
-Mueres.-
Esa última respuesta hizo que Anabel dejara de llorar.
-Tienes razón, mejor que no lo haga...si llego a saber lo que tiene que pasar para que se convierta en vampiro no vengo a buscarte...siento haberte molestado Jésica.-Se disculpó Anabel.-Pero me ha gustado hablar contigo, tal vez cuando sea mayor podemos ir a comer o algo...-
Jésica soltó una risita y abrazó a Anabel.
-Hoy tengo que ir a ver a una amiga, pero mañana te vienes a comer a mi casa, ¿te apetece?-Propuso Jésica.-
Anabel se emocionó y abrazó a Jésica.
-¡Claro que sí!, mañana a las 2 en tu casa...si te parece bien, claro.-
Jésica asintió y se levantó del suelo.
-Voy a ver a mi amiga, mañana no te olvides de venir Anabel.-Se despidió Jésica abrazando de nuevo a la pequeña y se puso en marcha.-
-¡No lo olvidaré!-Dijo Anabel.-
De camino a casa de Raquel, Jésica pensaba en lo que iba a decirle. Después de lo ocurrido, Raquel solo podía pedir perdón, así que era imposible averiguar lo que tenía que decirle.
Llegó a su casa y llamó al timbre. Raquel no tardó en abrir la puerta e invitarla a pasar.
-¿Quiéres comer al...?-Raquel cortó la pregunta ahí porque sabía la respuesta.-
-Raquel, soy muy joven todavía, aún necesito comida normal, aún que cada vez menos, así que si te sientes mejor...una galleta no estaría mal.-Bromeó Jésica.-
Raquel fue a por la galleta sonriendo por la broma de su amiga y ambas se sentaron en los sillones.
-¿Qué querías decirme Rachel?-
Hacía mucho que Jésica no llamaba Rachel a su amiga. Solo en los momentos en los que estaba de muy buen humor lo hacía, y por eso Raquel se extrañó.
-He hablado con Charlote. Me la encontré ayer por la mañana y estuvimos hablando. Me ha dicho que cree tener una solución para lo de tu hermana.-
Jésica, a pesar de no creérselo le pidió que le explicara eso que le dijo Charlote.
-Como ya sabes, es una bruja muy..."antigua" digamos...-Raquel vio como Jésica sonreía levemente por la manera tan elegante de llamar vieja a Charlote.-Me dijo que aún que no podía hacer revivir a algunas personas, el caso de tu hermana era distinto, por aquello de vuestros genes de bruja.-
-¿Quién te ha dicho que soy bruja....bueno que podría haber sido bruja?-Preguntó Jésica sorprendida.-
-Charlote me lo dijo, supongo que tu prima Ana contaría algo. Bueno, a lo que iba, al ser bruja, hay una conexión entre vosotras que es única, me refiero entre las brujas. No es como los lobos que con la confianza u otros lobos pueden hablar, sino que las brujas tenéis un don con el que solo podéis hablar entre vosotras en ciertos casos. Bien, pues ese don para comunicaros con la palabra, también se puede emplear con la magia.-
-¿Qué tiene que hacer exactamente y cómo?-
-Charlote tiene que hacer un conjuro una noche de cuarto creciente y, al día siguiente, si el hechizo ha salido bien, volverá a la vida, pero como bruja, no como vampira.-
Esa explicación no le gustaba mucho a Jésica, pero la idea de recuperar a su hermana era superior a sus ideas.
-¿Cómo te ha contado eso a tí y no a mi?-Preguntó Jésica tirando a la papelera el envoltorio de la galleta.-
-Porque cuando la vi, le pregunté qué posibilidades había de que volviera a la vida Laura, y aún que tardó unas horas, insistí en que intentara buscar una solución, y finalmente encontró un viejo hechizo que lleva años sin hacerse, pero que con su experiencia es capaz. Me dijo que una vez lo hizo y consiguió que su madre volviera a vivir como una bruja.-
Jésica se pensó la idea de revivir a su hermana poco tiempo, pues solo pensaba en estar con ella.
-Raquel, ¿esto era lo que querías?-
Raquel asintió.
-¿Sabes que esto no perdona lo ocurrido?-Raquel asintió y Jésica continuó hablando.-Quiero decirte dos cosas: la primera es que gracias por esto, por la disculpa y sobre todo por este remedio que has encontrado, que es posible que no salga bien, pero demuestra que lo que pasó no fue queriendo y que quieres remediarlo.-Raquel abrazó a su amiga y le preguntó la segunda cosa que iba a decirle.-¿Qué ocurrió ese día para que te transformaras y mataras a mi hermana y a tu prima?-
Raquel se separó de Jésica y se puso de pie. Comenzó a andar por el salón y respondió a la pregunta sinceramente.
-La verdad es que recuerdo poco, y no se por qué, pero una niña pequeña fue a tu casa cuando tú te fuiste y me preguntó por ti y lo siguiente que recuerdo es a mi prima Susan diciéndome que tenía poderes de nuevo Sinceramente no recuerdo haberle hecho nada a tu hermana, pero como a Susan la maté yo, deduje que a tu hermana también y por eso no dije nada.-
Jésica pensó en lo que había dicho Raquel: "Una niña pequeña preguntando por ella" "No recuerda nada hasta antes de matar a Susan"...
-¿Recuerdas a la niña?-Preguntó Jésica.-
-Sí, me acuerdo pero no me dijo su nombre ni nada.-
-No lo necesito, dime cómo era.-
-Era rubia, aparentaba 13 o 14 años, no creo que tuviera más, tenía ojos...-Raquel intentó recordar el color de ojos, y aún que tardó, finalmente lo consiguió recordar.-Ojos azul oscuro, muy bonitos por cierto y...-
-No necesito saber más, tengo que irme.-Jésica se levantó corriendo y se dirigió a la puerta.-
Antes de que Raquel dijera nada, Jésica se había ido de su casa.
-Carlos, Ana, ¿os dijo Jésica dónde iba esta mañana?-Preguntó Hugo dejando su plato en el fregadero.-
-No, pero si no viene pronto saldré a buscarla.-Dijo Carlos.-
De pronto, Carlos fue corriendo a la puerta a abrir.
-Es Jess.-Dijo abriendo.-¿Dónde estabas?
Jésica le dio un beso a su primo y entró.
-Buenos días...o buenas tardes, y esas cosas que se dicen al entrar.-Bromeó Jésica.-Perdonad que me fuera, tuve que ir a ver a Raquel.-
Ana dejó el vaso de golpe en la mesa, con tan mala suerte que lo rompió y los trocitos de cristal se le clavaron en la mano.
-¿Cómo que has ido a ver a...?-Carlos paró de hablar cuando el olor de la sangre de su hermana le llegó.-Ana, véndate eso ahora mismo por favor.-
Ana se miró la mano y tenía muchos pequeños puntitos de sangre, pero en la palma de la mano tenía un corte bastante profundo. Se levantó y fue corriendo al baño de arriba, cerró la puerta e intentó cortar la hemorragia, pero sin resultados.
Hugo vio como Jésica cerraba los ojos y respiraba hondo para relajarse, pero Carlos estaba salivando.
-Carlos es tu hermana por favor, si la tocas no vuelves a entrar en esta casa.-Amenazó Jésica a su primo.-
Carlos gruñó por la amenaza de su prima pequeña pero la obedeció y salió corriendo.
-Hugo, huele demasiado a sangre, no se lo que voy a aguantar, ocúpate de Ana. Llámame cuando esté curada por favor.-
Dicho esto, Jésica se fue con su primo lo más lejos posible.
Encontró a su primo en el bosque, con un pequeño cervatillo en las manos. El hambre era inaguantable, de modo que fue a comer con su primo.
Dejaron al animal muy herido, pero Jésica se empeñó en no matarle del todo, no quería matar a nadie, animal o persona, en mucho tiempo.
-¿Por qué has ido a ver a esa asesina de Raquel?-Preguntó Carlos enfadado.-
-Me dijo que tenía que hablar conmigo y fui, y ya no tienes motivos para decirle que es una asesina, porque no era consciente de lo que hacía.-Respondió Jésica.-Aquella tarde, a Raquel la hechizó una bruja llamada Anabel. Tiene 14 años pero es muy poderosa. No recuerda el por qué, pero de pronto empezó a enfadarse y solo recuerda como mató a Susan, ni si quiera recuerda haber matado a Laura.-
Carlos intentó replicar, pero no pudo.
-Me cuesta decir esto, pero te creo...y a ella también, pero, ¿por qué una niña de 14 años quería matar a alguien?-
-Esa niña estaba en casa esta mañana, esperándome. Es la prima de Marcos, el chico al que tu hermano y yo intentamos atacar cuando tuvo un accidente de tráfico en Ciudad Real, ¿le recuerdas?-
-Si...creo.-Respondió dudando.-¿Por qué fue a tu casa?
-Dice que Marcos quiere ser un vampiro, y aún que no se llevan muy bien, le ha pedido a Anabel que me de el mensaje, pero le he explicado lo que pasa al convertirse y lo que hay que hacer y...-
-¿Qué has hecho?-Preguntó Carlos.-
Jésica no sabía qué contestar. No había dicho nada malo.
-El tal Marcos no quería ser vampiro, quería matarte.-
-¿Qué?, imposible, le dejé vivir, le pude haber matado y no lo hice.-
-Por eso, es pura venganza. Una vez que sabe que los vampiros existen, irá a por ti, y luego a por nosotros. Anabel no tiene nada que ver, su primo la ha manipulado.-
Jésica se levantó y empezó a caminar en círculos al rededor de una piedra que había al lado del árbol en el que estaban apoyados.
-Anabel es una bruja, ¿cómo la puede haber manipulado un humano?-Preguntó Jésica.-
-Jess, es bruja, pero también es una niña. El ser bruja no te hace inmune a los chantajes y a las manipulaciones.-
-Tengo que avisar a Anabel cuanto antes...Hugo nos llama cielo.-
Jésica y Carlos se pusieron en marcha para volver a casa, y no pudieron evitar la tentación de echar una carrera.
Finalmente llegó Jésica antes, pero como siempre, discutieron sobre quién había ganado.
-No sabes perder...admite tu derrota Charlie.-Dijo Jésica entrando en casa.-
-Aprende que no siempre ganas tú, y reconoce que te he ganado, por poco pero he ganado...-Carlos se calló y entró en casa intentando escuchar.-
Pasaron y vieron a Amanda terminando de vendar la mano a Ana.
-¿Ya has vuelto?-Preguntó Carlos sonriendo.-
Amanda besó en la frente a Ana y se levantó, fue hacia Carlos y le besó en los labios.
-Si prefieres que me vaya...-
Carlos se rió y le devolvió el beso.
Jésica fue a hablar con Hugo y con Ana sobre Raquel. Les contó lo ocurrido y Ana pidió perdón por romper el vaso.
-Según te escuché decir que habías ido a ver a Raquel me enfadé...te compraré otro vaso prima.-
Jésica intentó evitarlo, pero acabó riéndose.
-Ana, ¿te han cosido la mano y me dices que lo importante es el vaso?-
Ana se rió al darse cuenta de la estupidez que había dicho.
-Jess, ¿qué quería Raquel?-Preguntó Carlos sentándose en el sofá.-Al final no me lo contaste.-
Jésica recordó la conversación con Raquel y se la contó a sus primos y amigos.
-Charlote habló con ella ayer..creo que fue ayer, y le dijo que había un hechizo que hizo una vez y funcionó, y es posible que funcione con Laura, ya que al ser bruja hay una conexión especial y...-
-¿Es bruja?-Preguntaron a la vez Amanda y Hugo.-
Ambos se rieron por haber preguntado lo mismo a la vez, pero no cambiaron la pregunta, porque no se esperaban esa respuesta.
-Yo me enteré esta mañana, aún no lo he asimilado.-Respondió Jésica antes de aclarar el asunto de las brujas.-Mi madre y mi tía Carlota son brujas, pero ninguna de ellas pudo usar sus poderes, no se sabe por qué, sin embargo, al tener hijos, el gen de la magia sigue en la familia,  pero solo Ana puede tener poderes porque...-
Jésica contó la historia con todo lujo de detalles, y una vez terminado el relato, explicó lo sucedido con Charlote.
-Hay un hechizo con el que Charlote consiguió revivir a su madre, que tampoco podía usar sus poderes, pero al revivirla, su magia volvió. Cree que aún que Laura fuera vampiro, si hace ese hechizo, al tener el gen de la magia, puede revivir en forma de bruja. No sería lo mismo que la antigua Laura, pero recordaría todo y volvería con nosotros, solo que habría que enseñarle a usar sus poderes, y para eso solo Ana puede ayudarla.-
Se formó un silencio abrumador. Era como si en la casa no hubiera nadie. Se escuchaba hasta el agua del grifo del baño de Laura gotear.
-¿Cuántas posibilidades de que funcione hay?-Preguntó Ana.-
-Lo ha hecho una vez y ha funcionado, no puedo decirte con seguridad nada. Es más, su madre no era vampira, simplemente era una bruja sin poderes, es posible que al ser vampiro, Laura no pueda revivir, pero por mi...lo intentamos.-Dijo Jésica.-
-Quiero recuperar a mi prima...-Dijo Carlos.-Yo voto que sí.-
Votaron todos y la decisión fue que intentarían que Laura volviera a la vida. De modo que en seguida, Jésica llamó a Charlote y a Raquel para que vinieran.
Sonó la puerta y Jésica abrió.
-Hola Elena...¿y Diego?-
-Está en el hospital, ha ido a ver a Pablo, ¿es cierto lo que me ha dicho mi hermano?-Preguntó Elena.-
Jésica miró rápidamente a Hugo y supo que se había comunicado con Elena a través de la mente, pero no le importó.
-Sí...¿qué opinas?-
-Opino que merece la pena intentarlo, pero siempre que tengas claro que si sale mal, volverás a sufrir como la primera vez.-
Jésica asintió e invitó a pasar a Elena.
Ese día, Charlote les explicó que dentro de una semana, habría cuarto creciente, y esa noche, haría el hechizo.

Querido diario:
Como en las películas, cuando muere alguien importante, a veces revive...pues eso no es una película y es posible que ocurra.
Charlote cree que puede hacer vivir otra vez a Laura, pero no será vampira, sino bruja, como deberíamos ser Pablo, Carlos, ella y yo.
Voy a cenar y a dormir, y quiero que esta semana termine cuanto antes, para volver con mi pequeña.

Esa semana, en clase, todo el mundo daba noticias buenas. El profesor Lay recibió noticias de su hija, diciendo que estaba mejor, dentro de lo mal que se encontraba, Hugo dio una nueva clase y Elena supo que el bebé sería una niña. El viernes, al salir de clase, Jésica fue al hospital a ver a su primo Pablo.
-¿Y tus padres?-Preguntó Jésica.-
-Se fueron hace tres das-Respondió Pablo hablando como podía, debido a la falta de sensibilidad en la mitad derecha de la cara.-
-Para la próxima lo escribes, pero si no he entendido mal, se fueron hace tres días, ¿verdad?-
Pablo asintió, cogió una pizarra y escribió: "¿Cómo es que has venido tú sola?".
-He venido a asegurarme de que te habían avisado de lo de el sábado.-
Pablo negó haber recibido información alguna sobre cualquier evento del sábado.
-Mañana por la noche, Charlote intentará que Laura vuelva a vivir convertida en la bruja que es.-
El pulso de Pablo se aceleró y Jésica llamó a una enfermera, o lo habría hecho si Pablo no le hubiera agarrado de la manga y la hubiera detenido.
"Ha sido por lo de la bruja, es normal".
-Cielo, tú, tu hermano, Laura y yo deberíamos ser como tu hermana, pero...-
Jésica contó de nuevo la historia, y rezó porque fuera la última vez que la contaba. Solo en una semana la había contado cuatro veces.
-¿Sabes qué?, el bebé de Elena va a ser una niña y me ha pedido que elijas un nombre tú.-
Pablo se señaló y soltó un gemido de dolor por el movimiento que había hecho.
-Me ha dicho que ya que eres el que peor parado salió...sin contar con Susan y Laura, que le encantaría que eligieras su nombre.-
A Pablo se le escapó una pequeña lágrima por la emoción de lo que su prima le había dicho.
"Hazme un favor: llama a Elena y que venga a verme".
-Claro cariño, ahora vuelvo.-Dijo Jésica besando en la frente a su primo.-
Pablo alargó los brazos para darle un abrazo a Jésica, pues el beso casi ni lo notó.
10 minutos después, entraron en la habitación Elena y Jésica.
-Tú háblale normal y él te responderá si puede con palabras, pero como no podrá, te lo escribirá en la pizarra.-Le explicó Jésica a Elena.-Yo voy a ver a Clara y a Pedro, que no saben lo de mañana y quiero que estén.-
Jésica se despidió de Elena y Pablo y les dejó solos en la habitación del hospital.
-Te veo bien Pablo. ¿Por qué me ha llamado Jésica?-
"Quiero que me digas en persona lo que quieres que haga por ti".
Elena se rió por la respuesta de Pablo.
-Quiero que elijas el nombre de mi hija.-
Pablo borró la pizarra y volvió a escribir: "¿No quieres hacerlo tú?".
-Cielo, casi mueres por salvar a Laura y a Susan...yo considero a Jésica parte de mi familia, pero desde ese día, a Ana, Carlos y a tí también. Y la familia se ayuda, y se hace favores.-
"Tengo que pedirte un favor antes de nada Elena...llevo días sin comer, mis padres no saben que soy vampiro así que no me han dado sangre, llevo una semana sin comer y..."
Elena fue leyendo lo que escribía y le paró antes de terminar.
-No escribas más, ya te entiendo...intentaré que me den una bolsa de sangre...como tengo la carrera de medicina igual cuela si digo que es para un proyecto de universidad.-Bromeó Elena.-Ahora vengo.-
Elena tardó casi 20 minutos en volver, pero mereció la pena.
-Cielo la enfermera me ha dicho que en media hora viene a tomarte la temperatura y todo eso, así que date prisa.-
Pablo olió la sangre y sus ojos recuperaron el rojo que habían perdido por falta de sangre.
Empezó a beber de la bolsa y vio los ojos de Elena enrojecer, pero sin embargo, no parecía tensa.
Pablo paró, cogió la pizarra y escribió: "Tú eres medio vampiro, aún que no estás tensa, tienes hambre...te dejo la mitad".
Elena, asombrada por la generosidad de Pablo rechazó la oferta.
-Estás débil Pablo, lo necesitas más que yo.-
Pablo borró y volvió a escribir: "Es un favor entre familia".
Cuando Elena lo leyó, se le escaparon dos lagrimitas y abrazó a Pablo.
-Bebe hasta que no quieras más...dentro del límite, y lo que quede me lo beberé yo, ¿te parece bien?-
Pablo negó con la cabeza y, sonriendo, le ofreció nuevamente la sangre a Elena.
-Te..te quiero.-Dijo Pablo.-
Elena paró de beber en el momento en el que Pablo pronunció perfectamente dos palabras.
-¿Cómo has hecho eso?-Preguntó Elena.-
-La sagre...-Se rindió y optó por volver a la pizarra.-
"La sangre me ha sentado bien, pero no quiero forzarme mucho...te quiero Elena, eres como una hermana mayor para mi".
Elena le dio la sangre a Pablo y este cedió y se la terminó.
Borró la pizarra Elena y escribió: "Como te la has terminado quiero que me digas otra vez eso".
Pablo sonrió y repitió la frase.
-Te quiero El...Elena.-
Elena se emocionó y abrazó a su "hermano pequeño".
Sonó el teléfono de Elena y lo cogió.
-Esta noche me quedo yo...te quiero cariño.-Elena colgó el teléfono y vio como ya le había escrito en la pizarra Pablo "¿Quién era?".-Era Diego, que decía que si sabía quién se quedaba contigo esta noche...-
Pablo levantó la mano buena y le tapó la boca a Elena.
-¿Vas a...quedar...quedarte conmigo?-Preguntó Pablo.-
Elena asintió y cerró la puerta de la habitación.
-Así esta noche te traigo algo de comer...-Dijo Elena mirando de reojo la bolsa de sangre que había en la papelera.-
Pablo sonrió y pulsó el botón para que la cama de levantara y pudiera, así sentarse.
-Ve a ver a...mis hermanos.-Dijo Pablo hiperventilando.-
Elena le acarició la cabeza a Pablo y le besó en la mejilla de la mitad de la cara que sentía.
-Vuelvo en 2 horas corazón.-
Salió del hospital y llamó a Ana.
-¿Estáis en casa de Jess?, voy para allá, vengo del hospital, que tu hermano quiere que hable con vosotros. Ahora llegaré, en 2 minutos.-
Carlos y Amanda charlaban sobre sus respectivos estudios, y Carlos felicitaba a su novia por terminar la carrera 2 años antes, debido a sus aumentos de curso en primaria y secundaria.
Exactamente 2 minutos después, llegó Elena, como acordó con Ana.
-¿Qué ocurre?-Preguntó Ana.-
-Esta noche la paso yo con vuestro hermano, pero me ha pedido que esté con vosotros antes de ir...supongo que para que no os sintáis solos o para que sepáis que está bien, jajaja.-Respondió Elena.-
Carlos se fijó en la pequeña mancha roja de la boca de Elena. Se acercó a ella y le pasó el índice por el labio inferior.
Los ojos de Carlos enrojecieron al oler la sangre que llevaba en los labios Elena.
-Cariño ¿qué ocu...?-
Amanda no pudo terminar la frase porque, al igual que su novio, olió la sangre, y debido a su carrera, no había probado ni gota en días.
-Por favor...dime que no le has hecho nada a Pablo.-Le dijo Ana a Elena.-
Elena enfureció por la pregunta. No esperaba que sus amigos pensaran que le había hecho daño a su nuevo hermano.
-¡Claro que no!-Respondió Elena.-Le he dado sangre y me ha dicho que bebiera también, nada más.-
-¿Le has dado sangre en pleno hospital?-Preguntó alarmada Amanda.-
-S...si...¿pasa algo?-
Amanda se acercó a Elena y dejó atrás a Carlos.
-Ha perdido movilidad en la mitad del cuerpo y sensibilidad en la mayoría de la cara, el tratamiento es muy estricto, la más mínima alteración puede bloquearlo y que se quede así para siempre...esperemos que no haya bebido mucho...-Dijo Amanda agachando la cabeza.-
-Una bolsa...bueno, media bolsa normal, no es demasiado.-
Amanda se relajó al escuchar la cantidad de sangre ingerida por Pablo.
-Si esta noche bebe más, recuerda: No más de 3 litros de...-
-¡Amanda!-Interrumpió Elena.-Cariño, soy licenciada en medicina, por eso conseguí la sangre, ya se que el límite de litros es 3, por eso le di una bolsa y no veinte.-
Amanda se disculpó por su enfado y Elena la perdonó, pues no sabía que era licenciada en medicina.
Pasaron las horas y Elena volvió al hospital con su pequeño. Durante la noche, bebieron algo de sangre de bolsas que le daban a Elena, y de una enfermera cuyo hermano era vampiro, y sabía su secreto.
-Vale que su hermano sea vampiro, pero...¿cómo sabe que nosotros lo somos?-Le preguntó Elena.-
-No hace falta ser muy listo. Si sabes que existen los vampiros, y ves a una chica que necesita bolsas pequeñas de sangre para un enfermo que está en tratamiento y cuya temperatura es algo más baja de lo normal, sabes que es vampiro. Cualquier médico pensaría que tiene la tensión baja y que tú te aprovechas de tu carrera para sacar sangre para los demás alumnos, pero ya está, ninguno se plantearía jamás el que fueseis vampiros.-Respondió la enfermera.-Mi hermano bebe de mi a veces, podré soportar una más.-
La enfermera inclinó la cabeza y Pablo mordió como pudo es suave y resbaladizo cuello de la enfermera, succionando la sangre poco a poco.
Pablo paró al poco tiempo, porque Elena le había explicado el riesgo que suponía para él beber sangre en sus condiciones, de modo que pasaron la noche hablando con la enfermera.
-Es una pregunta algo ridícula dado que si usted es vampiro es imposible, pero...¿está embarazada?-Le preguntó la enfermera a Elena.-
Elena asintió sonriente y llevándose las manos al vientre.
-¿Cómo es posible?, los vampiros no pueden procrear.-
-Los vampiros no, los lobos sí.-Intervino Pablo sin pausa alguna.-
-Lo primero, deja que hable ella, tú no debes forzarte, y lo segundo, ¿de verdad es usted licántropa?-Dijo la enfermera.-
-Soy híbrida, hija de licántropos, al nacer mi madre murió y me atacó un vampiro justo antes de que muriera...sospecho que fue el enfermero, porque murió el mismo día que nací y el único que estuvo con mi madre fue el enfermero.-
-Asombroso...realmente, asombroso, ¿de cuántas semanas está?-
-2 meses casi, poco tiempo, pero parece que no es un bebé normal...aún que eso era evidente, el padre es lobo y yo soy lobo y vampiro, pero se desarrolla muy rápido.-Respondió Elena.-En 1 o 2 meses nacerá...-
-Lana.-Intervino Pablo haciendo caso omiso de la enfermera.-
-¿Por qué dices lana?-Preguntó la enfermera.-
-Le considero de la familia porque dio su vida por intentar salvar a su prima, que es la hermana pequeña de la novia de mi hermano...aún que es un lío decirlo.-Bromeó Elena.-En compensación, le he dejado que elija el nombre de mi hija.-
La enfermera se emocionó al escuchar las palabras de Elena. Realmente, dejar que alguien le ponga nombre a la que seguramente sea tu única hija, es todo un detalle.
-Lana Lac...me gusta.-Dijo Elena contenta abrazando a Pablo.-Estoy segura de que a Lana le encantaría que fueses su padrino.-
La enfermera recibió una llamada urgente y tuvo que irse, pero prometió no contar nada y volver al día siguiente a cuidar de Pablo cuando no hubiera nadie.
"¿Quiéres que sea su padrino? Solo tengo 21 años."
-Se la edad que tienes, pero tu edad no es igual que tu madurez. Eres más maduro y responsable de lo que piensas, por eso te lo pido a ti.-
Decidieron descansar las pocas horas que quedaban de noche y a la mañana siguiente, la enfermera trajo una bolsa de sangre.
-No está entera, de esta bolsa han extraído lo necesario para unas analíticas y me han pedido que tire esta, tal vez la queráis vosotros.-
Pablo asintió con la cabeza y alargó la mano para cogerla.
-Tengo que ir a ver a Diego, te veo mañana.-Besó a Pablo en la frente y se despidió de la enfermera agradeciéndole su ayuda.-
Según salía del hospital sintió un dolor muy fuerte, que la obligó a sentarse en un banco. Nunca había tenido un dolor tan insoportable en la zona del vientre. Pero pensó que sería por un movimiento de la niña.
Por si acaso, entró de nuevo y buscó a la enfermera, que en ese corto tiempo, seguiría en la habitación de Pablo, pues no le habría dado tiempo a salir.
Cuando fue a abrir la puerta, se encontró con una niña pequeña, rubia, que tenía una mano en la cabeza de Pablo.
Caminó un metro hacia atrás y observó la escena sin que la vieran.
-Ya me he encargado de que la rubia lo olvide...te toca a ti, y si me intentas detener, haré lo mismo que con tu amada prima.-
La niña pronunció unas palabras y en seguida le dijo a Pablo lo que debía recordar, pero cuando lo iba a decir, alguien le agarró por detrás.
-Shh...-Dijo el desconocido tapándole los ojos a Elena.-Soy Lidia, la enfermera, vamos a mi consulta.-
Lidia destapó los ojos a Elena y la acompañó a su consulta habitual.
-Cuando te fuiste, esa niña entró y me dijo que me fuera, y aún que no quería salir, involuntariamente me fui, lo siento.-Se disculpó.-
-Esa niña...es Anabel...la asquerosa bruja que mató a Laura, la chica que te dije anoche.-Dijo Elena enfadada.-
Sus ojos se volvieron rojos y su temperatura subió, pero poco a poco, los ojos fueron cambiando de rojo a amarillo...dorado.
-Elena, calma...no es bueno para la niña.-Dijo Lidia.-
-¿Sabes que no es bueno para la niña?, que una niñata mate a su padrino.-
Dicho esto, Elena se levantó y fue a la habitación, pero ya se había ido la bruja.
Lejos de calmarse, se enfadó más y fue a la consulta de Lidia a decirle que por haberla llevado a su despacho y haberla retenido, había perdido de vista a la bruja, pero no pudo, pues su despacho estaba sellado con un hechizo.
-¿Te ha encerrado?-Le preguntó a la enfermera.-
Lidia se levantó, cerró los ojos e invitó a Elena a pasar.
-No puedo, está hechizada.-Dijo desde fuera.-
-Entra por favor.-Repitió.-
Elena se dio por vencida e intentó entrar, y lo logró.
Elena no entendía nada de lo que pasaba.
-¿Qué has...?-
Lidia vio que Elena había descubierto su secreto, era bruja.
-Tu padrino está bien, tranquila.-Dijo Lidia dirigiéndose a la habitación de Pablo.-Jésica Miró me advirtió de que una niña entraría en cualquier momento y haría algo malo con Pablo, al igual que con una tal Raquel, así que me pidió que le impidiera el paso. Como no me dio tiempo a avisar a los de seguridad para que estuvieran pendientes, le hechicé anoche y ahora está igual que antes.-
-¿Por qué le has hechizado en lugar de estar pendiente?-Preguntó Elena.-
-Pablo me dijo...me escribió que la pequeña le agredió y que creía que le había hecho algo a su novia, y cuando ayer me dijiste que dio su vida por la de un familiar, deduje que había pasado algo con...Anabel. Pensé que si la niña venía a hacerle algo, al ser inmune a cualquier hechizo, la podría reconocer y eso ayudaría a delatarla.-
Elena abrazó a Lidia y le agradeció la ayuda de esos dos días. Pero no pudo pasar por alto su dolor, de modo que le pidió una revisión urgente.
-La mitad de la habitación de Pablo está desocupada, la otra cama nos servirá.-Dijo Lidia.-Sabiendo de qué va la cosa, si te duele tanto como dices, es mejor verlo ya.-
Elena fue con Lidia a la cama que estaba en frente de la de Pablo, y la enfermera corrió la cortina que las separaba, para tener más privacidad al examinarla.
-¿Qué has estudiado Elena?-Le preguntó Lidia mientras preparaba las cosas para hacerle una ecografía.-
-Medicina.-Respondió al momento.-Pero nunca he visto un embarazo de un vampiro...bueno de un híbrido, por lo que no puedo deducir lo que me pasa.-
Lidia se rió sorprendida por la respuesta a la pregunta y se puso manos a la obra.
Antes de que Lidia dijera nada, una mano agarraba la cortina, y Elena se asustó. Pero el susto duró poco, y cambió a alegría al ver a Pablo de pie, caminando despacio.
-Estoy contigo para lo que quieras.-Dijo perfectamente Pablo mirando a Elena.-
-Cielo vuelve a la cama, si entra una enfermera te regañará.-Dijo Elena.-
-Y a ella también por utilizar una cama de habitación para una ecografía.-Contestó Pablo.-
Finalmente se dieron cuenta de que tan mal era lo uno como lo otro, así que le dejaron sentarse en una silla cerca de Elena.
No tardó Lidia en pedirle el móvil aún que no diera tiempo para realizar la llamada.
-Nena, esto no te dolerá.-Dijo Lidia sacando una aguja.-
El pinchazo en la zona lumbar dolió algo, pero Elena aguantó bien el dolor.
No entendía nada, de pronto la estaban vacunando o poniéndola una inyección en el lumbar.
Elena permaneció atenta a Lidia, que sacaba un bisturí de una bandeja plateada.
-¿Qué vas a hacer?-Preguntó nerviosa Elena.-
-Si tengo que intervenir, lo haré rápido.-Dijo Lidia.-Mira a Pablo por favor.-
Elena dirigió la vista hacia Pablo, que tenía su mano izquierda agarrada.
Pablo vio como Elena mantenía la mirada fija en él y comenzaba a convulsionar y a soltar pequeños gemidos de dolor, hasta que no pudo más y gritó.
-¡AAAAH!, Pablo no te vayas por favor.-Suplicó temblando.-
-Tran...tranquila no me...-
TOC TOC TOC
Jésica abrió la puerta y vio a Charlote.
-Cariño, son casi las 9 de la noche, la luna ya ha salido, vamos al cementerio.-
Jésica salió de casa junto con Carlos, Ana y Amanda.
Al llegar al cementerio, vieron allí a Raquel, Diego, Hugo, Clara, Pedro y a Daniel, pero ni rastro de Elena.
-¿Dónde está Elena?-Le preguntó Jésica a Diego.-
-Quedamos en vernos hace 2 horas, supongo que habrá preferido no dejar solo a tu primo...lo respeto.-
-Hugo, Daniel, ¿podéis desenterrar el ataúd?-Les pidió Charlote.-
Los chicos cedieron y se pusieron a cavar hasta dar con el ataúd de Laura.
-No sabremos si funciona hasta mañana, ¿lo tenéis claro todos?-Preguntó Charlote.-
Los presentes asintieron, pero Charlote atisbó en Jésica algo de preocupación.
-¿Qué ocurre?-Le preguntó.-
-No quiero hacerlo.-Dijo Jésica.-
Clara fue hacia Jésica enfadada. Sus ojos grises estaban enrojeciendo por momentos.
-Todos votamos que sí, ¿por qué ahora no?-
Jésica comenzó a llorar, pero pudo responder.
-De no ser vampira yo, esto habría sido distinto. Si aún queda algo de humano en mi, que sea esto...Si Laura ha muerto, pues ha muerto. Tendré que aprender a vivir con ello.-
Daniel cogió una pala y comenzó a tapar el ataúd de nuevo sin preguntar a nadie. Pedro no tardó en ayudarle, y Jésica vio que sus amigos la entendían.
-Estoy orgullosa de ti Jésica.-Dijo Charlote.-Es muy valiente lo que has hecho por conservar tu humanidad.-
Tras un cambio de planes radical, fueron a casa de Jésica, y allí Diego llamó a Elena por teléfono.
-¿Si?-Contestó alguien al teléfono.-
-Quiero hablar con Elena Lac, ¿quién es usted?-
-La enfermera Lidia Plac, ahora mismo no está en condiciones de contestar, si me dice quién es, se lo diré cuando pueda.-
-Soy su novio Diego, y su futuro marido dentro de 2 meses, ¿qué le ha pasado a Elena?-
-Le paso con Pablo Miró, supongo que le conocerá.-
-Le conozco sí. ¿Puedes hablar?-
Carlos y Ana se extrañaron al escuchar la pregunta de Diego. ¿Qué le hacía pensar que Elena no pudiera hablar?.
-Poco, escucha, ven al hospital con to...todos, no puedo hablar m...más, me duele.-
Carlos escuchó la voz de su hermano por teléfono, pero no entendió lo que dijo.
-Vamos para allá. Gracias tío.-
Diego colgó el teléfono y se lo guardó en el bolsillo del pantalón.
-Cambio de planes, al hospital todos.-Anunció Diego desde la puerta.-
-¿Qué ocurre?-Preguntó Amanda.-Dime que no le han dado demasiada sangre a Pablo.-
-Es Elena, dice una enfermera que no está en condiciones de hablar, y Pablo me ha podido decir, aún que con dificultad, que tenemos que ir todos. Así que vámonos.-
En seguida todos salieron de casa y fueron al hospital. Los vampiros corriendo y los lobos en uno de los coches.
Al llegar al hospital, una enfermera alta y morena, con ojos lila les recibió.
-¿Es usted Diego?-Le preguntó la enfermera.-
-Sí, ¿usted es la enfermera Plac?-
-En efecto, voy a hacer una excepción y les dejaré pasar a todos, pues se encuentra en la habitación con Pablo Miró, que por lo que se, es su hermano, ¿verdad?-Preguntó mirando a Ana y Carlos.-
-Sí, es nuestro hermano, ¿qué hace Elena en su habitación?-Preguntó Ana.-
-Suban a verlo ustedes.-Respondió Lidia.-
"Soy bruja, si alguno de vosotros también lo es, por favor decid un sí alto y claro y avisad al resto de lo que soy, para evitar problemas".
-Sí.-Dijeron a la vez Charlote y Ana.-
Lidia les sonrió y les acompañó a la habitación, pues Charlote, por ejemplo, no sabía llegar.
Antes de entrar preguntó si todos habían recibido el mensaje de Ana y Charlote, y dijeron que sí.
-Diego, tengo que decírselo antes de entrar...-
Diego se puso en lo peor, y empezó a ponerse nervioso.
Al ver la reacción, la enfermera terminó la frase y abrió la puerta.
-Os presento a Lana Lac.-Dijo finalmente la enfermera.-
Diego se extrañó por lo dicho por la enfermera, pero entró rápidamente en la habitación.
Allí estaba Elena tumbada en una cama, con las sábanas cubiertas de sangre, aún que no les afectó a ninguno por ser sangre de vampiro.
Al lado de Elena, estaba sentado Pablo, con la cara mucho mejor, más curada y con mejor tono de piel, que sostenía en sus brazos una pequeña niña rubia de ojos castaños.
Todos permanecieron al borde de la cama y concedieron a Diego el privilegio de saludar a Elena y a Lana primero.
Diego se acercó a su novia, le dio unas palmaditas en el hombro a Pablo y besó a Elena.
-Alguien te qui...quiere conocer.-Dijo Pablo levantándose, ante el asombro de los demás, que llevaban una semana sin ver a Pablo de pie.-
Diego miró a la pequeña que estaba en brazos de Pablo y se sentó en la silla. Pablo le entregó a la pequeña y se fue al borde de la cama, junto con sus hermanos.
Diego comenzó a llorar de emoción al tener en sus manos a su hija, a la que había esperado durante toda su vida, pero esos 2 meses desde que Elena se quedó embarazada fueron eternos, y el alivio de saber que había nacido ya, era inmenso.
Poco a poco, fueron viendo a la niña todos, hasta que llegó el momento esperado.
-¿Por qué le has puesto Lana de nombre?-Preguntó Jésica.-
Elena miró sonriendo a Pablo y le guiñó un ojo.
-Se lo he pu...puesto yo.-Intervino Pablo desde su cama, en la que estaba sentado hacía 10 minutos.-Soy su pa...padrino.-
Diego miró a Elena y esta temió que le pareciera mal su decisión, pero en su lugar le entregó la niña a Hugo, que estaba a su lado y fue a abrazar a Pablo.
-Estoy segura de que a Lana le parece igual de bien que a mí. Gracias por todo.-
Pablo le devolvió el abrazo contento.
Cuando Pablo vio a la niña en brazos de Hugo, pensó en todos los que la habían cogido, y faltaba Daniel.
"Dile a tu hermano que le de a la niña a Daniel, que está sentado el pobre sin hacer nada".
Elena recibió el mensaje de Pablo y se lo dijo a Hugo.
-Daniel, ¿quieres coger a Lana?-Preguntó Hugo.-
Todas las miradas fueron hacia Daniel, que en un principio dijo que no, pero acabó cediendo y cogiendo a la pequeña.
Pronto se hizo media noche, y todos se fueron, excepto Diego, que se quedó a cuidar de Pablo, Elena y Lana.
Daniel fue el último en irse, y cuando le entregó a Diego su hija, esta empezó a llorar.
Diego empezó a acunarla pero no dio resultado. Se la entregó a Elena y al fin se calmó, pero no por mucho tiempo.
Pablo pensó en cogerla, pero decidió dar otra idea.
-Daniel, Diego se queda con Elena, pero conmigo no se queda nadie, si le decimos a la enfermera que te quedas a pasar la noche, puedes dormir aquí, ¿os parece bien chicos?-Preguntó a Elena y a Diego.-
-Me parece perfecto.-Dijo Elena abrazando a su hija.-Por cierto, no te he preguntado por Laura, ¿era esta noche la del hechizo?-
A Daniel se le borró la sonrisa y Diego fue a abrazarle.
-Jésica cambió de opinión y al final decidimos que si Laura había muerto, pues no había más que hacer.-Dijo Diego.-Él fue el primero en aprobar la idea, pero como a todos, aún nos puede el remordimiento.-
-Tuve la ocasión y decidí no hacerlo, se por qué lo hice y no me arrepiento la verdad.-Intervino Daniel.-Elena, ¿puedo coger a Lana otra vez?, antes al cogerla ha hecho que me sienta mejor.-
Elena soltó una pequeña risita y le entregó al bebé encantada.
-¿Sabéis ya qué es?-Preguntó Daniel.-
-Una niña...-Respondió extrañado Diego, se llama Lana...-
-Me refiero a vampiro, lobo...-
Elena no había pensado en eso, pero todo se vería a la hora de comer.
Pablo se fijó en que cuando la niña estaba en brazos de Daniel se callaba, y le hizo gracias.
Soltó una pequeña risita sin venir a cuento y explicó el motivo.
Pasaron la noche charlando, pero a las 3 de la madrugada Daniel tuvo que dormir.
La noche transcurrió tranquila, pero la niña se tardó, y al final pensaron en lo que había dicho Pablo, de manera que despertaron a Daniel y le tumbaron en la cama con Pablo, ya que prefería dormir sentado para comprobar cómo iba su recuperación. Una vez que Daniel se tumbó, le entregaron a la niña, y en menos de 5 minutos, ambos se durmieron.