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domingo, 19 de mayo de 2013
CAPÍTULO 18: Y surgió el amor.
Eran casi las 7 de la tarde y Jésica recordó que tenía que ir a ver a Carolina, para enseñarle el instituto y el pueblo, y por mucho que quisiera estar con sus amigos en ese momento tan triste, tenía que ir a verla, pero prometió volver por la noche a hacer compañía a todos.
Por el camino, Jésica fue recordando la dirección de la casa de Carolina, y al fin llegó: Calle del Viento nº 16.
Era un inmenso chalet adosado, con una puerta exterior de cristal, con una cortina de encaje por dentro.
Algo que sorprendió especialmente a Jésica fue que el buzón era como los ingleses, los buzones grandes y negros normalmente, que tenían una pestañita roja que cuando se levantaba era porque había correo, y pensó en ponerlo en su casa también.
Llamó al timbre y mientras esperaba a que Carolina abriera la puerta, cruzó la calle un chico no mucho mayor que ella, de pelo rubio y con grandes ojos de un color oscuro, que no conseguía distinguir, pero que fuera cual fuera el color, eran preciosos.
Jésica centró su mirada en el joven de cabellos dorados, y este paró de caminar y se acercó a ella.
A medida que se acercaba, Jésica encontraba cierto parecido con alguien conocido, pero no recordaba quién.
-Hola, me llamo Cristian Lay, se que esto te resultará extraño pero, ¿por casualidad eres Jésica Miró?-
Jésica se sorprendió al ver que ese chico que acababa de ver por primera vez sabía quién era, y aunque por un lado le alagaba, por otro le preocupaba.
-Sí, soy yo, ¿cómo lo has sabido?-
-Verás, soy el hijo de tu profesor de instituto, el señor Lay, acabo de llegar desde Galicia y me voy a quedar aquí viviendo con mi padre.-
No pudo evitar Jésica sonreír al escuchar que iba a vivir aquí, pero recordó que el hijo de Steve Lay estaba casado e iba a tener un bebé, de modo que le preguntó por su familia.
-Verá, hace unos meses mi mujer y yo nos divorciamos por una discusión que manteníamos desde hace unos dos años, pero que cada vez fue aumentando más, y ha terminado por separarnos.-
-Oh vaya...lo siento mucho, de veras.-
-No pasa nada, por el bien de la niña, hasta que sea mayor y pueda cuidarse ella sola, me haré cargo como pueda de ella, iré cada mes a verla varias veces y le enviaré dinero a mi ex mujer. Que nos hayamos separado no quiere decir que no quiera volver a ver a mi hija, a demás, nos llevamos más o menos bien todavía, pero hemos decidido que vivir juntos no es buena idea.-
Jésica asintió con la cabeza indicando que comprendía la difícil situación de Cristian.
-¿Tu padre vive por aquí cerca?-Preguntó Jésica.-
-Vive en esta calle, en el número 54, o en el 53, la verdad no me acuerdo muy bien.-
-Yo he venido a ver a Carolina, una chica de...14 años tendrá, que es nueva y quiere que le enseñe el instituto para que no se sienta perdida y eso, si quieres venirte, no creo que tenga inconveniente.-
Cristian aceptó la invitación de Jésica, y fue a casa de su padre a dejar las maletas, y quedaron en que volviera a casa de Carolina en 10 minutos.
Carolina abrió la puerta he invitó a Jésica a pasar.
-Me pongo las sandalias y voy.-DIjo Carolina sin mirarle a la cara mientras subía las escaleras hacia el piso de arriba.-
Mientras Carolina se calzaba, Cristian llamó al timbre, y Jésica abrió.
-Pasa, se está calzando, ahora baja.-Le dijo Jésica.-
-¿Quién es Jésica?-Gritó Carolina desde su habitación.-
-Me llamo Cristian Lay, voy a vivir en tu calle, en el número 54, soy el hijo del profesor de biología del instituto.-
Carolina bajó con un corto vestido blanco, sin tirantes, con un cinturón vaquero y unas sandalias marrones claro con piedras incrustadas en el cierre. Realmente iba preciosa.
Jésica les presentó y le explicó a Carolina por qué había abierto la puerta sin pedir permiso.
Se fueron al instituto, y por el camino, Cristian y Jésica le contaban a Carolina las cosas que se estudiaban en el instituto al que iba a ir, ya que Cristian en su infancia también acudió algunos años a clase en el pueblo.
Al llegar, se encontraron con el señor Litán, uno de los profesores de informática y tecnología del instituto, y se ofreció a enseñarle el edificio a la pequeña mientras Cristian y Jésica daban una vuelta por el pueblo.
-¿Te apetece ir a una heladería?, siempre vamos allí mis amigos y yo, hacen muy buenos helados, te invito yo si quieres incluso.-Ofreció Jésica de camino hacia allí.-
-Me parece genial, oye una pregunta, ¿cómo lograste esas notas en selectividad?-
La pregunta sorprendió a Jésica y ambos frenaron.
-Per...perdona, ¿te molesta la pregunta?-Preguntó Cristian.-
-No no...es solo que no se cómo te has enterado de las...ah claro, tu padre, ¿verdad?-
Cristian asintió sonriendo y continuaron el camino.
Al llegar, se encontraron con Lorena y Jésica volvió a presentarle a más gente a Cristian.
-Lorena es profesora de música, pero ahora mismo no da clases por unos problemas de salud, pero me parece que para el próximo curso volverá a dar clases, ¿no es así Lore?-Preguntó Jésica tomándose el helado.-
-Sí, tuve un accidente de tráfico hará unos dos años, y la recuperación ha sido lenta, pero mi rehabilitador me ha dicho que el próximo año, bueno...quiero decir el próximo curso volveré al instituto a dar clases. ¿Cómo lo has sabido Jésica?, no te he dicho nada.-
Jésica recordó que solo Hugo sabía que ella leía la mente, y se suponía que no iba a volver a hacerlo, pero como ya se temía, lo hizo involuntariamente, de modo que se inventó una excusa para salir del apuro.
-El señor Litán me comentó algo sobre que una antigua profesora iba a volver el curso que viene a dar clases, y pensé en ti, menos mal que eras tú, si no habría quedado fatal, jajaja.-
Cristian y Lorena se miraron y se rieron.
-Bueno, ¿cómo está tu primo?, tengo que ir a verle.-Comentó Lorena.-
Jésica intentó evitarlo pero no logró que las lágrimas no salieran de sus ojos, y en seguida Lorena se temió lo peor.
-¿Tu primo está bien?-
-Si si...¿te acuerdas de Raquel?-Preguntó Jésica llorando.-
-Si cielo, ¿es la chica que...?-
Lorena vio como Jésica miró de reojo a Cristian, para que Lorena se diera cuenta de que Cristian no sabía nada, de modo que terminó la pregunta inventándose lo primero que le vino a a cabeza.
-¿Es la chica que tuvo el accidente en el que murieron su prima y tu hermana?-
Cristian no sabía absolutamente nada de la vida de Jésica, por lo que le dio un abrazo y le dio ánimos al enterarse de que había perdido a su hermana recientemente por lo visto.
-No pasa nada Cristian, fue un accidente, Raquel fue la única que sobrevivió, pero esta tarde, antes de ir a casa de Carolina a verla, cuando fui al hospital...-
Jésica comenzó a llorar desconsoladamente y no hizo falta que dijera nada más, ya estaba todo claro, y no hicieron más preguntas.
-¿Te parece bien que volvamos al instituto ya a recoger a Carolina?, no creo que le quede mucho por ver, no hay tanto edificio.-Bromeó Jésica.-
-Vale, mi padre hoy tiene una reunión y volverá tarde, si os apetece venir a cenar, estaré encantado.-Ofreció Cristian.-
Jésica asintió a la primera, sin recordar que había prometido ir por la noche al hospital, pero Lorena tenía cosas que hacer, de modo que tuvo que rechazar la oferta.
-Bueno, otro día quedaremos, ahora que vivo aquí nos veremos a menudo. A demás, me han ofrecido trabajar en el hospital.-
-Eso es genial, tengo amigas enfermeras y una de ellas trabaja en el hospital, mañana te la presentaré.-Dijo Jésica.-Ahora vamos a por la enana, que se va a pensar que la hemos abandonado.-
Cristian y Jésica volvieron al instituto y por el camino fueron hablando de sus estudios.
A medida que pasaban los minutos, Jésica empezó a mirar de forma diferente a Cristian.
Al llegar al instituto, el señor Litán estaba mostrándole el patio a Carolina, y una vez que terminaron, volvieron a casa.
-El instituto es realmente grande, mucho más que mi antiguo instituto.-Dijo Carolina contenta.-
-Carolina, ¿te apetece venir hoy a mi casa a cenar con Jésica y conmigo?-Ofreció Cristian.-Iba a venir Lorena pero no podía, si te apetece puedes venir.-
Carolina lo pensó detenidamente, y respondió.
-No me gustaría ser un incordio.-
-No serás un incordio cariño.-Dijo cariñosamente Jésica.-Ven si quieres.-
Carolina negó nuevamente la oferta.
-Hoy es el primer día que Cristian está aquí, ve tú y otro día quedamos todos, ¿os parece bien el sábado?..., bueno mejor el domingo.-
Esa corrección de Carolina hizo a Jésica recordar que Hugo le había dicho que el sábado habría luna llena.
-El sábado me viene mejor pero puedo intentar quedar el domingo, ¿no puedes cambiar lo que tengas el sábado al domingo?-Preguntó Jésica intentando que diera más pistas.-
-Lo siento, es un compromiso familiar.-
-No pasa nada, el domingo nos vemos.-Dijo Cristian.-Vamos a casa, que aunque no quedemos hoy seguimos siendo vecinos.-
Los tres continuaron y Cristian y Jésica esperaron a que Carolina entrara en casa, ya que su casa estaba antes que la de Cristian.
Subieron la calle y llegaron a casa de Steve.
Era una copia de la casa de Carolina, pero con buhardilla y un acceso directo al sótano. Por las paredes tenía cuadros y fotos familiares, era una casa muy acogedora.
Jésica se sentó en un sofá y Cristian se sentó a su lado.
Charlaron mucho tiempo y cuando Cristian comenzó a tener hambre le ofreció comida a Jésica.
-Sigo una dieta muy estricta, no creo que tengas nada de lo que puedo comer.-
-Miremos a ver que hay..., ¿jamón?, ¿tortilla?, ¿croquetas?...mi padre tiene aquí casi de todo, jajaja.-Comentaba Cristian mientras miraba en la nevera.-
Jésica no quería decirle nada a Cristian, de modo que pidió tortilla para disimular.
-Un poco de tortilla puedo, si te apetece cenamos tortilla.-
-Genial, pero esta mejor se la dejamos a mi padre, que es poca, ¿te preparo una especial?, dicen que esta receta es buena para adelgazar, si quieres probarla...-
Jésica asintió encantada y observó con detenimiento cómo hacía la tortilla.
-¿Puedo ayudarte?-Ofreció Jésica.-
-Claro, si quieres ve cortando taquitos de jamón del que hay en el segundo cajón de abajo de la nevera.-
Jésica sacó el cuchillo y lo dejó en la mesa, y cogió el jamón y lo colocó en un plato.
Comenzó a cortar pero se resbaló y el cuchillo acabo cortándole la mano.
El pequeño quejido de Jésica fue suficiente para que Cristian se diera cuenta de lo ocurrido.
-Jésica, ¿estás bien?-
-Sí...si, es un pequeño corte, nada más.-
Jésica cogió un trapo de cocina y se envolvió la mano pero Cristian se empeñó en llevarla a un médico.
-Tranquilo, no es nada en serio.-Repitió Jésica.-
-Déjame verlo.-Dijo Cristian.-
-No, no hace falta, créeme, estoy bien.-
Cristian intentó destaparle la herida a Jésica y cuando lo consiguió, vio que había una pequeña cicatriz
-¿Cómo es posible?, he visto el corte, era muy profundo...-Dijo asombrado Cristian.-
-Te dije que te lo habías imaginado, que no era tan profundo.-
-Es que es una cicatriz, ni si quiera es un corte..., ¿cómo lo has hecho?-
Jésica dijo la primera excusa que se le ocurrió, lo cual fue un tremendo error.
-Es una habilidad que tengo, por lo visto si centro mis esfuerzos en aliviar el dolor se termina eliminando, puede hacerlo mucha gente.-
Jésica cometió el error de decir eso, porque aunque Cristian fuera mayor que ella, la tentación de intentarlo era inevitable, y Jésica no pudo hacer nada para impedirlo.
En seguida la sangre comenzó a bajar por la palma de su mano, continuando por la muñeca y bajando por el brazo.
Cristian cerró los ojos con mucha fuerza para concentrarse, pero no logró hacer nada. Por suerte, por si salía mal, el corte no fue muy profundo, así que fue a por una tirita, pero ya era tarde.
-¿Jésica qué te ocurre?-
Los ojos de Jésica eran completamente rojos, sus afilados colmillos se dejaban ver y la sed que tenía era inaguantable. Sin embargo, su fuerza le permitió irse corriendo al bosque a comer algo, para alejarse de Cristian y no hacerle daño.
-¿Dónde está Jess?, dijo que vendría...-Dijo Pablo nervioso.-
-Estoy segura de que llegará de un momento a otro, ¿quieres que vaya a por ella?-Preguntó Elena.-Ya estoy mejor, de hecho Lidia me ha dicho que mañana podré irme, pero si hablo con ella tal vez me deje salir ahora a por tu prima.-
-Si te dejan...-
Elena salió al pasillo a buscar a Lidia y a hablar con ella para contarle lo que ocurría.
Volvió a la habitación y se despidió de todos durante unos minutos.
"¿Dónde estás Jess?, soy Elena, cariño tu primo está preocupado porque no vienes...". Jésica recibió el mensaje y recordó que había prometido pasar la noche en el hospital, y le pidió a Elena que fuera al bosque, que había cometido un error y tenía que hablar con alguien.
-¿Qué ha pasado Jésica?-Preguntó Elena nada más llegar.-
Aún con la cara llena de sangre, Jésica contestó.
-Hoy he conocido al hijo mayor del señor Lay y antes preparando la cena me corté y me inventé una mala excusa para que se creyera que había cicatrizado por ella misma, y lo intentó probar y se cortó poco, pero lo justo. Vine corriendo aquí a comer, pero ahora no se que hacer...-
Elena pensó en lo que Jésica le había dicho. Ignoró el detalle de que prometió ir a cenar, ya que ya se lo había comentado pero había cosas más importantes de las que ocuparse.
-¿Dónde vive el hijo del señor Lay?-
-En la calle del Viento número 54, se llama Cristian, ¿por qué lo preguntas?-
-Voy a ir a verle, le borraré la memoria y me inventaré algo para que no se enfade contigo por irte sin más. Mientras deberías ir al hospital, que tu primo está fatal.-
Jésica se limpió la sangre con la manga y se levantó del suelo, dejando junto al árbol el cuerpo del ciervo del que se había alimentado.
-Tienes razón, estará enfadadísimo conmigo, llámame cuando hayas hablado con él.-Dijo Jésica.-Te veo luego...o mañana.-
Jésica se fue corriendo al hospital y su primo le perdonó el haberse olvidado cuando se enteró de lo ocurrido.
Mientras tanto, Elena fue a hablar con Cristian.
TOC TOC TOC
-Hola..., ¿quién eres?-Preguntó Cristian al abrir la puerta.-
Elena vio su mano con sangre todavía, pero logró contenerse gracias a que antes de salir del hospital, Lidia le había dado una bolsa de sangre.
-Me llamo Elena Lac, soy una amiga de Jésica, ha estado aquí antes.-
Cristian invitó a pasar a Elena y le preguntó si quería comer algo.
-Tranquilo ya he cenado.-
-¿Dónde está Jésica?, ¿cómo es que has venido sabiendo que estuvo aquí antes?-
Elena pensó en borrarle la memoria, pero cuando vio en los profundos ojos castaños de Cristian el sentimiento que tenía hacia Jésica se inventó una excusa bastante razonable.
-¿Te dijo Jésica que su primo está en el hospital?-
-No...bueno en la heladería, esta tarde, una tal Lorena comentó algo de su hermana que había muerto y dijo algo sobre un primo suyo...creo.-
Jésica no comentó nada sobre que le hubiera presentado a Lorena pero eso era irrelevante ahora mismo.
-Pues antes cuando te hiciste ese corte...-Dijo Elena mirándole la mano.-Recordó que prometió pasar la noche con él, porque falleció su amiga esta tarde y era la novia de su primo.-
-¿Y por qué no la he visto triste?-
-Quedó con Carolina...que creo que te la ha presentado, y me dijo que no quería que notara que estaba mal, porque si no iba a estropearle la visita al instituto, y luego pues supongo que también quiere olvidarse de sus problemas, que son muchos.-
Cristian comprendió lo que Elena le había dicho, y le pidió que cuando volviera a ver a Jésica le dijera que no se preocupara, que no se había enfadado.
-Cristian, yo me voy, que tengo que volver al hospital, me pidió Jésica que hablara contigo y eso he hecho, le digo que te llame mañana, ¿tiene tu teléfono?-
Cristian cogió su teléfono, miró el número y se lo dio a Elena.
-Dáselo a Jésica, pero si está mal o está ocupada o algo de eso, que no me llame, tampoco quiero que se agobie.-
Elena se levantó del sofá y le dio dos besos a Cristian antes de irse.
-Un placer Cristian, por cierto, ¿qué estudias o en qué trabajas?-
-Soy auxiliar de enfermería, ¿y tú?-
-Yo soy licenciada en medicina. Algún día a lo mejor te veo por el hospital antes de que me vaya.-
Cristian asintió y le abrió la puerta, pero antes de que se fuera le preguntó una última cosa.
-¿A qué te refieres con antes de que te vayas?-
-Cristian yo vivo en Italia con mi marido, y ahora con mi hija...-Se miró la tripa y se dio cuenta de que casi no se le notaba.-Tuve un bebé hace 2 días y en cuanto me den oficialmente el alta y no me necesiten por aquí, volveré a Venecia.-
-¿Por qué has venido?, si acabas de tener una niña no te deberían dejar salir.-
-La enfermera me está esperando en la calle de abajo con el coche, era una ocasión especial y como me llevo bien con ella y no estoy débil, me ha traído.-
Cristian sonrió y se despidió de Elena.
La noche fue dura...muy dura.
Jésica tuvo que llamar a sus amigos y comunicarles la noticia, ya que Pablo no podía y Elena y Diego estaban ocupados con la pequeña.
Seis días después, le dieron el alta a Pablo y a Elena, y fue ese mismo día el que hicieron el funeral a Raquel.
Pasaron los meses y poco a poco lo fueron superando todos.
Antes de darse cuenta, Jésica miró el calendario y vio que era Agosto, que hacía ya dos años que murió su madre, que hacía uno que murieron su padre y su hermana, y había pasado tiempo desde lo de Raquel.
El tiempo pasó bastante rápido para haber sufrido tantas desgracias.
Jésica comenzó a estudiar química, como quería desde hace tiempo, y Hugo subió las notas gracias a la ayuda de Charlote.
Todo iba genial. Carolina estuvo encantada en el instituto, hizo muchos amigos y conoció a algún chico interesante. Elena y Diego se habían ido a Italia a vivir y venían a pasar el mes de Agosto a España, entre otras cosas porque Daniel deseaba ver a Lana, y Lana quería verle a él.
La pequeña hija de Elena y Diego había crecido, tal y como dijo Carlota, a un ritmo increíble. Pero no igual que dijeron. Había pasado un año y ya era toda una mujercita. Tenía controlada su sed, y aún no se había transformado. Diego la enseñó trucos de autocontrol para no cambiar el estado de ánimo de todo el mundo para su bien propio, ya que el padre de Diego tuvo un don parecido, y aprendió mucho ayudándole a controlarse.
Ese verano, Pablo y Azucena estuvieron muy unidos, hasta tal punto que parecía haber algo más que amistad entre ellos.
Tras una racha de tragedias, el amor y el cariño estaba en todas partes, y Jésica aprovechaba cada segundo de esa perfecta vida que había comenzado.
Querido diario:
Hoy vienen Elena, Diego y Lana. ¡Tengo muchas ganas de ver a la pequeña!
Me mandaron una foto por correo y ha crecido muchísimo y aunque haya pasado un año, parece que tiene 18.
Ha crecido más rápido de lo que dijo Carlota, supongo que si fuera solo vampira crecería más lento, pero con lo rápido que crecen los hombres lobo, su crecimiento se ha disparado.
Daniel parece otro chico. Está impaciente por verla, y me alegra que haya pasado página y vuelva a sonreír. Este verano ha sido genial, ya falta poco para volver a las clases, y ver a todos contentos me alegra mucho.
A demás, Azucena y Pablo se llevan genial últimamente, a ver si con suerte consigo que Pablo se suelte un poco.
Su recuperación ha sido asombrosa. En seguida logró volver a utilizar todo su cuerpo, pero hablar le sigue costando un poco.
Me acaban de llamar de la universidad avisándome de que el curso se retrasa una semana, así que empiezo casi en Octubre.
En cuanto Jésica cerró el diario, sonó la puerta.
Daniel y Hugo habían pasado la noche allí: Hugo porque había quedado con Jésica y Daniel porque...se lo había pedido. Suponía que para cuando llegaran Elena, Diego y Lana.
Hugo abrió la puerta y antes de decir nada, Elena ya le estaba abrazando.
-¡Qué guapa estás cuqui!-Le dijo Hugo a su hermana.-
-Gracias, tú no, jaja, es broma, tú también.-
Lana le preguntó a Diego si él era su tío Hugo, y Diego le dijo que sí.
-Hola tío Hugo, ¿te acuerdas de mí?-
Hugo soltó a su hermana y abrazó a Lana sonriente.
-¡Cómo iba a olvidarme de ti!, con esa carita, y esos ojazos celestes, estás preciosa cariño.-
Jésica bajó las escaleras y vio a Hugo abrazada a una chica igual de alta que él, con un vestido corto lila, con escote palabra de honor, y unas sandalias con tacones altos. La chica era morena, así que no era Elena, por lo que Lana estaba aquí.
-¿Lana?-Preguntó desde la escalera.-
Lana escuchó la voz de Jésica y la reconoció al instante.
-¡Tía Jess!-
Lana fue corriendo como un auténtico vampiro hacia Jésica y antes de que bajara el último escalón ya se habían abrazado.
-¡Qué mayor estás!, y muy guapa....eres igual que tu madre...-
-Pero la belleza de mi madre está mejor reflejada en mi tío Hugo, no te ofendas mami.-
Hugo se sonrojó por el cumplido e invitó a pasar finalmente a Diego y a Elena.
-Tía Jess, ¿dónde está Daniel?-
Jésica sonrió al escuchar la pregunta. Era increíble como la emoción de verle era superior a todo. Se la veía enamorada, entusiasmada, feliz..., daba gusto verla.
-Está haciendo la cama, que hoy ha dormido aquí...para verte pronto.-Le susurró finalmente al oído.-
Elena lo escuchó, y le recordó a Jésica que era medio vampira y el oído lo tenía muy agudizado.
SOlo Jésica, Elena y Lana escuchaban las conversaciones.
-¿Dónde está su habitación?, quiero verle ya.-Dijo Lana sonriente.-
Parecía una niña pequeña, tenía un año, aparentaba 18, pero su comportamiento al hablar de Daniel ea de una niña de 10 años con ganas de ver dibujos.
-El la habitación que está según subes giras a la derecha y la primera habitación.-
-Gracias tía.-
Lana le dio un beso a Jésica y subió corriendo.
Llegó a la habitación y no llamó, se quedó en la puerta, apoyada en el marco, viendo a Daniel hacer la cama.
Cuando Daniel fue a la ventana Lana entró rápido y le tapó los ojos.
-¿Quién soy?-
Daniel se asustó al principio, pero logró reconocer la voz de Lana. Esa frase que dijo hace un año con tan solo dos días de vida fue suficiente para recordar su voz.
-Quítame las manos de los ojos que necesito verte.-
Lana apartó las manos y Daniel se dio la vuelta.
Jésica y Elena estaban en la puerta cotilleando lo que pasaba, pero se fueron cuando se abrazaron porque tampoco les parecía bien ser tan cotillas.
-Estás...estás...preciosa.-Dijo Daniel al ver a Lana.-
Lana se sonrojó cuando Dani le dijo lo guapa que estaba. Realmente el cariño que había entre ellos era increíble.
-Y pensar que yo te di de comer...-Comentó Daniel.-
Lana se rió y la sonrisa se contagió.
-¿Te apetece ir a cenar al restaurante de una amiga esta noche?-Propuso Daniel.-
-Claro, ¿vamos ahora dando un paseo y me enseñas el pueblo?-
-Vale, ayúdame a terminar esto por favor.-
Lana aprovechó su velocidad vampírica y en un segundo la cama estaba perfecta.
-¡Vámonos!-Exclamó Lana.-
Bajaron las escaleras y fueron directamente a la puerta, pero Elena les impidió salir.
-¿A dónde os creéis que vais?-
Se miraron y Daniel respondió.
-Voy a enseñarle el pueblo, y esta noche vamos a cenar al restaurante de Lorena, si os parece bien...-
Diego y Elena se miraron y asintieron.
-Vale, id a dar una vuelta, pero Lana, ¿no tienes que hacer algo antes de irte?-Preguntó Diego.-
-Es verdad, gracias por recordármelo papi.-
Daniel pensó que iba a despedirse de sus padres, pero en lugar de eso le besó.
Fue un beso oportuno, romántico y perfecto.
Todos se quedaron con la boca abierta, era el primer beso de Lana.
Se separaron y Daniel no sabía qué decir. Estaba confuso, aunque emocionado también.
-Lana...cariño, me refería a...-Diego contempló lo enamorados que se miraban su hija y Daniel y optó por no decir nada.-Es igual...volved a las 2 como muy tarde, ¿de acuerdo?-
-Sí, gracias papi.-
Ahora sí, Lana le dio un beso en la mejilla a su padre, y otro a su madre que, asombrada, miraba a su hija irse con el chico que le había dado de comer hasta que se fueron a Italia.
Daniel y Lana recorrieron el pueblo entero, y finalmente, decidieron pasar a ver a Azucena, que ese Sábado tenía que estar en una especie de mercadillo, para vender materiales a los nuevos alumnos del instituto.
-Hola guapa, ¿qué tal lleves la mañana?-Le preguntó Daniel a Azucena desde su espalda.-
Azucena se asustó pero en seguida se dio la vuelta y le abrazó.
-Muy bien Dann...-
Azucena se quedó mirando a Lana. El color celeste de sus ojos era inconfundible, pero por el aspecto no creyó que fuera ella.
Azucena había visto muchas fotos de la pequeña Lana, y aunque nunca la vio en persona, por las fotos era fácil recordarla.
-¿Eres...Lana?-
-Sí, la misma. Tú debes de ser Azucena.-
-Emm...sí, ¿cómo sabes mi nombre?-
-Tía Jésica me habla mucho de ti, tenía ganas de conocerte, pero si llego a saber que eres tan guapa, no vengo.-Bromeó Lana alagando a Azucena.-
Azucena se sonrojó y todos se rieron.
-¿Qué os trae por aquí chicos?-Preguntó Azucena.-
-Hemos salido a dar un paseo. Se quedan un mes aquí y quería que conociera el pueblo, por si sale sola o algo, para saber cómo volver a casa y esas cosas.-Respondió Daniel.-¿Qué tal con Pablo?
-Juzga por ti mismo.-
Azucena miró al puesto que estaba justo en diagonal a donde estaban. Allí estaba Pablo, hablando con una señora mayor que pedía unos libros para sus nietos.
En seguida, Pablo se percató de la presencia de Daniel y Lana, aunque nuevamente, no creyó que fuera Lana.
-Hola Daniel, ¿qué tal?-
Mientras Pablo saludaba, se dirigía hacia ellos apoyado en una muleta y con la cara aún con cicatrices, pero ni mucho menos como le recordaba Lana.
-¡Tío Pablo, estás genial!-Exclamó Lana.-
Cuando Lana dijo "Tío Pablo", Pablo reconoció su voz y la abrazó sin dudarlo.
-Lana estás preciosa cielo, pareces una mujercita.-
Lana puso cara de niña pequeña y a Daniel se le escapó un suspiro.
-¿Ocurre algo Dani?-Preguntó Lana.-
-Es que aún no me creo que estés aquí...tan guapa, y que...ya sabes, que...-
-¿Qué te quiera?-Preguntó Lana.-
Daniel asintió y besó a Lana, cosa que ni Pablo ni Azucena se esperaban.
-Tío Pablo.-Dijo Lana.-
-Dime cariño.-
-¿Azucena va a ser mi nueva tía?-
Azucena y Pablo se miraron y se rieron, y Pablo respondió.
-Puedes llamarla tía Azucena si quieres, porque de momento salimos juntos.-
Daniel sabía que se llevaban muy bien, y también que algún día saldrían juntos, pero no esperaba que fueran novios ya. Sin embargo, se alegró por ellos y no dijo nada más.
-Entre tía Azucena y tía Jésica puedo decir que tengo las tías más guapas del mundo.-Dijo sonriente Lana.-¡Qué bien!, voy a presumir de tías este curso.-
Todos se rieron. En ocasiones, Lana era realmente madura, tanto como su aspecto indicaba; sin embargo, había momentos en los que era como una niña pequeña: juguetona, adorable y halagadora.
Lana le dijo al oído a Daniel una cosa, y este asintió.
-¿Queréis venir esta noche a cenar al restaurante de Lorena?-Propuso Daniel.-Íbamos a ir solos, pero creo que es casi mejor ir los cuatro.-
No tardaron mucho en pensarlo, ambos estaban decididos a ir.
-Será como...una primera comida familiar.-Comentó Azucena ilusionada.-Siempre quise decir eso.-
Llamaron a Pablo del puesto en el que estaba y tuvo que marcharse, y de paso Lana y Daniel volvieron a casa.
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