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domingo, 19 de mayo de 2013

CAPÍTULO 17: La última desgracia


A la mañana siguiente, Daniel se despertó escuchando ruidos fuera de la habitación.
-Entramos ahora, uno, dos...-
Daniel esperó oír un tres, pero no esperaron y entraron Raquel y Jésica.
La niña aún yacía dormida junto a Daniel, y no quiso despertarla.
-¡Sorpresa!-Gritó Raquel.-
Con el grito, Lana se despertó y comenzó a llorar, y como consecuencia, Elena y Diego también se despertaron.
Pablo era el único vampiro, con lo que no necesitó dormir mucho, y llevaba rato despierto.
Al ver entrar a su novia, Pablo se levantó demasiado rápido y estuvo a punto de caerse, pero Jésica fue corriendo a ayudarle.
-Tranquilo, va a pasar aquí el día, no tengas prisa.-Le dijo Jésica a su primo.-
Raquel se acercó y se fundieron en un abrazo perfecto.
Elena se levantó de la cama y vio la cicatriz que tenía del parto. Al nacer, la niña le había desgarrado la piel y le tuvieron que dar puntos.
Se acercó a Raquel y le saludó.
-Gracias por venir, y...me encargaron Ana y Carlos que te pidiera perdón de su parte por haberte llamado asesina y todo eso...-Dijo Elena.-
-¿Qué pasó con Laura?-Preguntó Raquel.-
-Hemos decidido hacer como si fuéramos humanos, si Laura muere, pues tendremos que vivir con ello, Jésica no quiere renunciar a lo poco de humana que queda en ella, y lo comprendo.-Respondió Daniel.-Esta niña, ha conseguido que la tristeza sea alegría, solo con mirarle a los ojos.-
Raquel agachó la cabeza entristecida por lo que había dicho Daniel, pero entendió que si preferían dejarlo todo como estaba, por algo sería.
De pronto, la niña mordió a Daniel, y este, en consecuencia apartó la mano.
-Tiene hambre.-Dijo Diego.-Dame a la niña y le busco algo para comer.-
Daniel le entregó a la pequeña y se miró la mano: tenía marcas de colmillos.
Ninguno las vio, de modo que no dijo nada.
Diego salió con la niña a buscar a la enfermera Plac, ya que podía proporcionarles cualquier alimento, fuera cual fuera la necesidad de la pequeña.
Los ojos de la pequeña enrojecieron al pasar al lado de una habitación en la que estaban extrayendo sangre a un paciente, y dio media vuelta.
Cuando entró en la habitación, Elena estaba hablando con Daniel sobre las marcas de las manos.
-Me ha mordido...eso es todo.-
Elena resopló al oír la respuesta de Daniel y miró a Diego y a Lana.
-¿Dónde está Lidia?-Preguntó Elena mirando a Diego.-
-De camino hemos pasado por una habitación en la que le están sacando sangre a alguien, y sus ojos se han puesto rojos, y no me quería arriesgar a que la vieran así.-Dijo Diego mirando a la niña.-
Elena cogió a la pequeña en brazos y se sentó con ella, pero en seguida se inclinó hacia Daniel.
Cuando Daniel fue a coger a Lana, Pablo se lo impidió.
-¿Por qué no puedo cogerla?, le gusta estar conmigo.-
-Es cierto, pero ahora tiene hambre, necesita sangre y eres el único humano que hay aquí.-
-Tiene razón, espera a que coma.-Intervino Elena acercando a la niña de nuevo a ella.-
Lidia entró junto con Diego, con una bolsa de sangre en las manos.
-Esto no es para el bebé, tendréis que beber vosotros y que la niña se alimente de otro modo, por lo visto, un bebé vampiro se alimenta de sangre humana hasta que alcanza el equivalente nuestro a 8 años, aún que a ella se le pasará como si fueran 16.-Dijo Lidia.-Tendréis que apañároslas pero de aquí no puede, necesita sangre fresca.-
Daniel pensó que podía ser él el que alimentara a la pequeña, después de todo: ¿Cuánto podría comer un bebé?.
-Yo le daré mi sangre hasta que pueda beber de otra.-Dijo finalmente Daniel.-
Elena se negó rotundamente y argumentó que podía matarle, ahora no, pero cuando la niña fuera fuerte, acabaría con él sin problemas.
-Es la única forma, al menos hoy, luego ya buscaremos otros modos de alimentarla.-
Elena miró los profundos ojos de su hija y aceptó el trato, aún que se extrañó de su cambio de opinión.
Pablo no dijo nada hasta ese momento, y lo que dijo, cambió la vida de Elena y Diego.
-Tu hija tiene un don.-
Diego miró a Pablo y se acercó a él preguntándole qué le hacía pensar eso.
Lidia cerró la puerta pero se quedó dentro para escuchar la explicación del joven Pablo.
-Jésica puede leer la mente de ciertos seres, yo puedo anular mis instintos vampíricos y los de los que me rodean en caso de un peligro extremo, algunos familiares podían manipular la naturaleza y tu hija puede cambiar el estado de ánimo de una persona.-
Elena miró a la pequeña y entendió su cambio de opinión repentino.
-Lana quiere que le des de comer Dani...¿quieres intentarlo?-Ofreció Elena entregándole a la niña.-
Daniel cogió a Lana encantado y la abrazó, colocando su cabeza en su cuello.
-Yo me voy, que tengo pacientes, si me necesitáis, llamadme.-Dijo despidiéndose la enfermera Plac.-
Lana apoyó su pequeña cabecita en el hombro de Daniel, colocando su boca en su cuello.
Elena y Diego observaron las reacciones de Daniel al hecho, para comprobar que realmente no sufría.
La pequeña comenzó a succionar la sangre de Daniel, y sus negros ojos comenzaron a abrirse.
Para sorpresa de todos, la pequeña paró en cuanto Daniel soltó un pequeño gemido de dolor, le miró a los ojos y este dejó de sentir dolor, y ahora sentía alivio por haberle dado de comer.
Raquel se fue a la cama de Pablo, para hablar con él, ya que hacía días que casi no se veían.
-Siento mucho lo que hice...esa estúpida de Anabel...-
-¿Anabel?-Preguntó Pablo.-Esa cría ha venido esta mañana y ha intentado hacerme olvidar lo ocurrido, y me dijo que lo hizo también contigo.-
Elena se acercó a la cama cuando escuchó el nombre de Anabel.
-Raquel, ¿recuerdas algo de aquel día?-Preguntó Elena.-
-Recuerdo verla entrar en casa, y lo último es ver como Susan caía al suelo sin...-
Diego hizo un gesto con la mano para evitar que terminara la frase, puesto que no era agradable de oír y ya sabían todos lo ocurrido...o eso creían.
-¿Qué le ha pasado a Susan?, tenía poderes, ¿qué le ha podido pasar?-
Aún que no fuera agradable la respuesta, Raquel respondió sonriente debido al progreso de Pablo en cuanto a la comunicación oral.
-Le arranqué la cabeza...-Confesó entristecida.-Prefiero no hablar del tema.-
Pablo la abrazó sin ayuda alguna, y Raquel le preguntó a Elena si ya había hecho eso antes, y esta respondió que no, por lo que le devolvió el abrazo orgullosa.
-Mañana tengo...¡ya no tengo clase!, la semana pasada fue la última, la semana esta de preparación para la universidad, el jueves tengo la graduación...¿crees que te dejarán venir con la silla de ruedas?-Preguntó Raquel.-
Pablo pensó en su avance, realmente había mejorado notablemente desde el día que ingresó.
-Es posible que hasta sin silla.-Contestó contento.-
Raquel y Pablo se fundieron en un beso que no olvidarían jamás, pues sería el último.
-Vamos al parque a dar un paseo anda...-Le ofreció Jésica a Hugo.-
Hugo se levantó del sofá y fue hacia Jésica y la abrazó por detrás.
-No me apetece salir al parque ahora...-Dijo besándola por el cuello.-
Jésica sonrió al recordar la última vez que empezaron a jugar así, pero realmente sentía ganas de pasear por el parque.
-Un paseo corto, por favor...luego venimos y hacemos lo que elijas tú, ¿de acuerdo?-
Los verdes ojos de Hugo se fundieron con los de Jésica y aceptó el trato.
De manera que salieron por la puerta y fueron hasta el parque de la heladería a la que siempre iban.
-¿Un helado?-Propuso Jésica.-
Hugo asintió y acompañó a Jésica a la heladería.
Allí se encontraron a Lorena, junto con una chica mucho más joven que ella. Una chica morena de ojos castaños, alta aún que no demasiado, y con una sonrisa preciosa.
-Hola Lorena, ¿qué tal?-Saludó Jésica, y después miró a la joven.-¿Es tu sobrina?-
La chica se rió y se presentó muy educadamente.
-No, que va, jeje. Me llamo Carolina, y estudio en 3º de la ESO, pero quiero ser bailarina.-Dijo con una encantadora sonrisa y con una voz muy dulce.-¿Sois alumnos de Lorena?-
Jésica miró a Hugo y luego a Lorena y se rió.
-No, jajaja, somos amigos de Lorena, yo soy Jésica y este es mi novio Hugo.-
-Encantada Jésica y Hugo.-Dijo Carolina dándoles dos besos a cada uno.-
-Igualmente.-Contestó Hugo.-¿Qué os trae hoy por aquí?-
-Me he mudado y ahora estudio en el instituto "Jubrero", ¿sabéis llegar?-Preguntó Carolina.-Lorena cree que sí, pero no está segura, y yo mañana tengo que ir a clase y me gustaría visitarlo antes, para no perderme y quedar como una tonta...-
Jésica colocó su mano sobre el hombro de Carolina y contestó.
-Acabo de terminar la selectividad, he estudiado en ese instituto desde que empecé, yo te llevo si quieres.-Miró a Hugo y corrigió el comentario.-Tengo que hacer ahora cosas en casa, pero a las 7 de la tarde quedamos en tu casa y te indico el camino, si quieres.-
Carolina asintió feliz de haber hecho una amiga tan pronto.
Pero en seguida empezó a sospechar Jésica de Carolina, pero para no estropear el momento y montar un numerito en la heladería se calló.
Se tomaron los helados en el parque, y charlaron durante una hora, pero Hugo quiso irse a casa y Jésica cedió.
-Dime dónde vives y a las 7 estaré en tu casa.-
-Vivo a las afueras del pueblo, la calle se llama "Calle del Viento", en el nº 16.-
Jésica anotó la dirección en el móvil y se despidió de las chicas.
Al llegar a casa, Jésica pensó que Hugo propondría cualquier plan romántico...pero no. El conocer a Carolina le había dado en que pensar.
-No es humana...-Murmuró sentándose en el sofá.-
Jésica se acercó a él, se sentó en su regazo y charlaron.
-Te has dado cuenta también por lo que veo...es muy pequeña, no quiero pensar lo que sufrirá.-
Hugo miró a Jésica y la abrazó.
-En 2 semanas hay luna llena, tal vez si esperamos a esa noche lo averiguaremos.-
Jésica clavó sus ojos en los de Hugo y comentó su plan.
-No hace falta...tú ya sabes que es licántropa.-
-¿Cómo lo sabes?, no he dicho nada.-Preguntó Hugo asombrado por la respuesta de su novia.-
Hugo pensó que tal vez Jésica leyera la mente, que tuviera un...don de esos de las películas. Y confirmó su teoría al oir a Jésica.
-Si que lo leo, pero evito hacerlo. Siento no habértelo dicho, lo descubrí hace poco y lo usé una vez pero es mucha tentación el evitar cotillear mentes ajenas.-
Hugo se rió y besó a Jésica.
-¿Puedes hacerme un favor?-Preguntó Hugo mirando a los ojos a Jésica.-
Jésica asintió y le besó en los labios.
Acarició la cabeza de Hugo con suavidad y con los labios comenzó a besarle el cuello.
Jésica paró de repente, y Hugo se extrañó. Vio como Jésica fue corriendo a la puerta de entrada y buscaba algo con la mirada.
-¿Ocurre algo Jésica?-Preguntó Hugo preocupado.-
Jésica se dio la vuelta y miró a Hugo.
-Algo va mal en el hospital.-
Hugo se acercó a su novia y le preguntó si sabía lo que ocurría exactamente y cómo lo sabía.
-Elena me lo ha dicho, me ha pedido que vayamos corriendo...-
Pronto llegaron al hospital y vieron a Lidia, la enfermera que había ayudado a Elena a dar a luz a su hija Lana, en la puerta de la sala de espera, tomando unos apuntes en unas hojas.
Jésica y Hugo fueron hacia ella y le preguntaron si estaba todo bien, aunque ambos sabían que si Elena le había dicho a Jésica que fueran era porque algo iba mal, pero prefería hablar con la enfermera y que se lo explicara todo con detalles.
-Tu amiga Raquel está en quirófano, estaba tomando nota en el expediente médico y ahora iba a la habitación de Elena a comunicárselo oficialmente.-
Jésica no se lo podía creer. ¿Por qué tenía tan mala suerte últimamente?. Todo lo ocurrido en un mes había sido peor que todas las desgracias de su infancia entera juntas.
Lidia subió a la habitación y Jésica y Hugo la acompañaron, y al llegar allí, había otro enfermero en la habitación.
Lidia le pidió que saliera para hablar con él, y Jésica y Hugo entraron en la habitación a consolar a sus amigos, en especial a Pablo, que como ya suponía Jésica, sería el que peor lo estaría pasando, y no se confundió.
Pablo lloraba desconsolado en su cama, sentado y con las manos moviendo las piernas para balancearse, y al ver a Jésica intentó levantarse corriendo para abrazarla, pero su prima aceleró ahora que nadie la veía ir corriendo como un vampiro y se acercó a la cama.
-Cariño, verás como sale bien.-Consoló Jésica a su primo besándole la frente.-
Como había estado llorando, prefirió no hablar y escribir, para no hacerse daño al intentar pronunciar las palabras que tenía intención de decir.
"Jess, no han podido hacer nada."
Jésica leyó la pizarra y no se lo creía, era imposible que se hubiera muerto, después de lo que se había esmerado por disculparse y compensar a todos por la muerte de Laura y Susan.
Hugo también leyó el mensaje y sin dudarlo abrazó a Jésica.
-Todo esto...ha sido mi culpa...-Decía llorando Jésica.-
Diego fue hacia la pareja y le pidió a Hugo que le dejara abrazarla, pero se lo pidió de manera que solo ellos dos lo supieron, y Hugo aceptó y se apartó de Jésica.
Daniel le entregó a Elena su hija, y fue a hablar con Pablo, para darle ánimos y ofrecerle ayuda en lo que necesitara.
-¿Por qué dices que ha sido tu culpa?-Le preguntó Diego a Jésica.-
-Porque...porque si le hubiera pedido a Laura que me acompañara, o a Raquel, a ver las notas de selectividad, esto no habría pasado, y ahora estaríamos todos sentados en una mesa merendando y...-
-¡No!-Le interrumpió Diego.-No digas eso Jess, lo de las notas no tuvo que ver, si hubieran ido contigo ellas, la bruja esta...¡Anabel!, se las habría apañado para acabar con alguien distinto, si tenía intención de matar, habría matado a quién estuviera por delante, y a Raquel le ha dado un infarto, no tiene que ver.-
Elena intentó dormir a la pequeña, pero no lo consiguió. En su lugar, pronunció 2 palabras, sus primeras palabras, y no eran mamá, papá o esas palabras que decimos todos con 1 año, sino que Lana, con 2 días, ya pronunció dos palabras que conmocionaron a todos.
-Tranquila Jésica.-
En ese momento, todas las conversaciones cesaron de inmediato, incluyendo la de Lidia con el otro enfermero, que estaban en el pasillo, pero al tener la puerta abierta lo escucharon.
Jésica se acercó a Elena y Lana y le pidió a la pequeña que repitiera eso, para comprobar si había sido imaginación suya o realmente había hablado.
-Tranquila Jésica.-Repitió la pequeña.-
-Yo les conozco, les daré la noticia, tú vete que creo que te necesitan en la 103.-Le dijo Lidia al enfermero entrando en la habitación y cerrando la puerta.-
La enfermera se acercó a la cama y preguntó si la niña había hablado, y al ver como Jésica asentía, esta quedó fascinada.
Jésica cogió a Lana, con el permiso de Elena, que prácticamente no la tenía en brazos, ya que el ver a Daniel tan feliz con su hija en brazos le hacía muy feliz.
-¿Cómo puede hablar?, tiene 2 días de vida, es imposible.-Dijo acunándola en sus brazos.-
Ninguno pudo responder a la pregunta, hasta que entró Carlota en la habitación.
-Crece varias veces más deprisa que un humano, su desarrollo físico aún no ha comenzado pero el mental sí. De hecho, en una semana seguramente mida lo que una niña de 2 años, y su inteligencia se irá ajustando a su aspecto poco a poco.-
El ver a Carlota hizo que Pablo dedujera, al igual que el resto, que lo de los vampiros ya no era un secreto para ella.
Carlota se acercó a su hijo y le abrazó, dándole ánimos por la pérdida de su novia, y a continuación fue a ver a Jésica.
-Como ya habréis deducido, se que Lana es vampira, al igual que mis hijos Pablo y Carlos y Jésica.-Comentó Carlota.-Me he documentado sobre leyendas y he consultado a un viejo conocido, cuyo hermano fue vampiro y me ha dicho que si una humana queda embarazada por un vampiro y el bebé resulta no se humano, como es normal, el pequeño crece a velocidades rapidísimas y al alcanzar cierto grado de madurez, dejan de crecer o...bueno...-Elena le pidió que terminara la frase ya que su hija era uno de esos casos, y Carlota continuó.-Si sufre algún daño durante el crecimiento, como por ejemplo que sus músculos crezcan demasiado rápido y fuercen los huesos, o que ella crezca y su corazón lo haga más despacio, por lo que la sangre que recibe es insuficiente...pues puede fallecer.-
La explicación de Carlota resultó interesante, pero en ese momento, lo principal era averiguar cómo se había enterado de que eran vampiros y por otro lado, lo que había ocurrido con Raquel, ya que Jésica, al igual que con la autopsia de su madre, no se quedó tranquila y no se terminó de creer que muriera por un golpe.
-¿Cómo sabes que somos vampiros?-Preguntó Jésica.-Es decir...ninguno te lo hemos dicho, y Ana no creo que te haya dicho nada...¿o sí?-
Carlota negó la opción de que Ana hubiera dicho algo sobre el tema, es más, aseguró que no sabía que se había enterado del secreto de sus hermanos.
-Cuando vine con tu padre a verte.-Dijo mirando a Pablo.-Me di cuenta de que tus ojos no eran como siempre, eran de otro color, y siempre me han gustado las novelas de fantasía y esas cosas, dado que soy...bueno, ya sabéis que soy bruja pero por motivos extraños, al igual que tu madre-En esta ocasión llevó la vista hacia Jésica.-No podemos usar nuestros poderes. En fin, cuando vi que el color de ojos no era el mismo, recordé algunas novelas que leía yo de pequeña, en las que se hablaba pues eso, de brujas y vampiros, y en un principio pensé que era una locura, pero tres días después de que volviéramos a Valencia, me llamaron de una escuela de patinaje para que fuera a hacer una exhibición con otros profesores, y era aquí, en Madrid. Cuando regresé, vine a verte pero ya estaba contigo Elena, y no quise interrumpir puesto que llegué de noche.-
Lana comenzó a llorar a mitad del relato de Carlota, y Jésica le cambió el pañal y se la entregó a Daniel para que intentara dormirla.
Carlota estuvo a punto de perder el hilo de la historia cuando vio la sonrisa de Daniel al tener en brazos a la pequeña Lana, pero logró recuperar la memoria y continuó el relato.
-El caso es que esa noche decidí ir a un hotel que estaba cerca de la escuela, ya que si dormía en casa sabrían que estaba en Madrid, y quería sorprenderos a todos.-Dijo mirando a Pablo pero refiriéndose a él y a sus hermanos.-A la mañana siguiente volví temprano al hospital, pero fui demasiado pronto, y Elena seguía dentro. Sin embargo, observé algo curioso, Pablo no tenía ninguna vía puesta ya y había una bolsa de sangre en la cama, por lo que mis sospechas casi se confirmaron. Entré en la habitación sin hacer ruido y miré por si tuviera la vía en el brazo o incluso que la bolsa no estuviera y que las arrugas de las sábanas me hubieran confundido, pero al ver una pequeña marca de sangre en la boca de Pablo lo supe. En un principio me asusté y me entristecí, he de reconocerlo  pero una vez que lo asumí, lo cual curiosamente no me llevó más que un par de horas, comprendí que si nunca habías dicho nada y ni habías mostrado interés por la sangre humana delante de tu padre y yo, sería por una buena causa, así que decidí hacer la exhibición de patinaje y volver a Valencia.-
Pablo parecía más sorprendido que los demás, y ya era difícil, porque hasta la enfermera, que no conocía de nada a Carlota no sabía qué decir al respecto.
-¿Papá sabe algo de esto?-Preguntó Pablo.-
-No cariño, nunca llevó bien lo de que fuera una "bruja sin poderes", eso le ha mosqueado siempre mucho. Cuando vio que Ana sí tenía poderes comenzó a llevarlo mejor, pero le ha costado tiempo. Si ahora le digo que sus otros dos hijos son vampiros me pide el divorcio, jajaja.-
-Antes dijiste que te pusiste en contacto con un viejo amigo que su hermano era vampiro y no se que..., ¿con quién hablaste?-Preguntó Hugo curioso.-Si no supone un problema la pregunta, claro.-
Carlota se rió por la aclaración del novio de su sobrina y contestó sin problemas a la pregunta.
-De llama Andrew Williams, y es profesor en Barcelona, pero veranea en mi pueblo. Le conocí hace 6 años, y todos los veranos nos vemos en la playa y tomamos algo.-
-¿Andy?-Preguntó Pablo.-
-Sí, Andy.-Aclaró su madre que Pablo, Carlos y Ana le llamaban Andy.-Pues su hermano murió hace 8 años, le expusieron al Sol sin ninguna protección de esas que usan los vampiros, que la verdad no se qué protección es, pero por lo visto sin ella, la exposición a la luz solar, al cabo de unas horas es mortal. El caso es que por disputas entre antiguos amigos, murió su hermano, y el que intentó matarle también, pues se habían tendido la misma trampa los dos sin saberlo. Cuando me enteré, me pidió que guardara el secreto a no ser que fuera absolutamente necesario decirlo, y que en ese caso se lo comentara antes. Cuando volví el otro día a Valencia le comenté lo que pensaba de Pablo, bueno, lo que sabía, pero necesitaba alguna confirmación de alguien que hubiera vivido algo parecido. Le comenté que una amiga se Pablo estaba embarazada y ya que estaba con él en la habitación, aunque no me fijara en su boca, la sospecha estaba ahí. Entonces fue cuando me contó lo que ocurría, pero me dijo que la mujer tendría que ser humana, los vampiros hembra no pueden tener hijos.-
Elena miró a Pablo y este negó con la cabeza, y a continuación asintió.
-Carlota...verá, yo soy vampira, pero la razón por la que tengo una hija es porque mi marido y yo somos hombres lobo, yo soy híbrida, otro día te cuento cómo es posible eso, pero ahora lo importante, una vez que sabemos que sabe nuestro secreto y nos ha informado sobre Lana, tenemos que centrarnos en Raquel.-
Carlota se sorprendió por la respuesta, ya que nunca pensó que fuera posible la unión de un lobo y un vampiro, que a la vez era lobo y...bueno, no se lo creía.

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