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viernes, 31 de mayo de 2013

CAPÍTULO 19: Como de la familia.

Llegaron a casa y la mesa estaba preparada. Había mucha comida y muy variada.
Elena había traído algunos platos caseros de la madre de Diego para probarlos y Hugo preparó una receta de patatas asadas que triunfó.
Pero como estaba claro, no todos se saciarían con esa comida. La pega de vivir con vampiros y hombres lobo y demás criaturas es que cada una necesita una alimentación concreta.
-Mamá, tengo hambre.-Dijo Lana.-
-Dame un momento que termino de preparar con tu tío esto y nos vamos con Jésica.-
Lana fue a sentarse junto a Daniel, pero en su lugar se sentó en su regazo y apoyó la cabeza sobre su pecho. Los latidos de su corazón se oían perfectamente gracias a su oído de vampiro, y también escuchaba su sangre fluir, aunque no le resultaba tan tentador como a Jésica, porque ella era medio licántropa y también tenía necesidades más humanas.
Daniel, que había escuchado como Lana le decía a su madre que tenía hambre, le propuso una idea.
-¿Cómo llevas el autocontrol?-Le preguntó a Lana mentalmente.-
-Bien, aún no he matado a ningún animal.-
Daniel miró a Lana fijamente y entendió lo que quería hacer.
-Daniel me he alimentado de animales toda mi vida, desde que nos fuimos no he probado más sangre humana, no se si podré controlarme.-
-Inténtalo. Si vas a vivir aquí un mes, tienes que controlarte, porque no siempre tendrás a tu alcance un ciervo o un animal. Habrá veces que estés rodeada de gente y necesites comer, y si muerdes a alguien...-
Lana no le dejó terminar y mordió su cuello.
No recordaba que doliera tanto, sin embargo, la sensación de alimentar a ese bebé que hace tres días tenía en brazos era la misma.
No tardó en separarse de Daniel y en seguida fue a por una gasa para la sangre.
Al levantarse Lana y separar la boca de la herida del cuello, la sangre comenzó a resbalar, y como era de suponer, Jésica y Elena la olieron.
Sus ojos comenzaron a enrojecerse. Elena no probaba sangre humana desde antes del parto y Jésica hacía más tiempo todavía que no la probaba.
Lana volvió rápido con la gasa, justo a tiempo para detener a Jésica y Elena, que en cualquier momento se iban a lanzar a por Daniel.
-Vamos al bosque chicas, tenéis que comer.-Dijo Lana limpiándole la sangre a Daniel.-
Los ojos de Elena volvieron a su castaño habitual al escuchar a su hija, y poco a poco los de Jésica también.
-Vamos Lana, volveremos en 10 minutos.-Dijo Elena abriendo la puerta.-
Cuando iban a salir estaba en la puerta Cristian.
-Cri...Cristian, ¿qué haces aquí?-Preguntó Elena.-
-Mi padre me dio la dirección de Jésica, creí que habías vuelto a Italia.-
-Sí...bueno, vamos a pasar este mes aquí.-Miró de arriba a abajo a Cristian, estaba mucho más guapo de lo que estaba la última vez.-Has cambiado mucho, estás muy guapo.-
-Gracias Elena, ¿es tu hermana pequeña?-Preguntó Cristian mirando a Lana.-
Jésica escuchó la pregunta e inmediatamente le dijo mentalmente a Elena y a Lana que no sabía que era vampira, de manera que tenían que decir alguna mentira.
-Sí, es mi hermana pequeña, pero ya tiene sus añitos.-Bromeó Elena.-
-Jajaja, ¿cómo te llamas?-Preguntó Cristian.-
-Lana, me llamo Lana.-
Cristian le dio dos besos como era su costumbre al conocer a alguien, y Lana se los devolvió.
-Cristian, ¿qué haces aquí?-Preguntó Jésica simulando que no se había enterado de que estaba en la puerta.-¿Quién te ha dicho dónde vivo?-
-Mi padre. Escucha, hace varios meses que no hablamos y tengo que hablar contigo, ¿te importa venir 10 minutos?-
Jésica miró a Elena y a Lana y decidieron que ellas se fueran y luego iría ella.
-Por supuesto que no. Chicos, salgo a hablar con un amigo, ahora entro.-
Hugo asintió con la cabeza y recordó a Cristian. Nunca le había visto en persona, pero el señor Lay tenía una foto de cada uno de sus tres hijos en su despacho, y le reconoció.
-¿Qué querías Cristian?-
-He venido a pedirte ayuda.-
-Dime qué necesitas y haré lo que pueda.-
-Tienes que ayudarme a controlar a mi sobrina Lucy. Mi padre te habló de ella, me lo ha dicho. La fui a ver el otro día y...-
Cristian comenzó a llorar y se sentó en el suelo. Jésica se sentó a su lado y dedujo que había hecho alguna burrada, pero si era vampira como sabíamos, era de esperar que matara algún animal o algo.
-Dímelo cielo, ¿qué le pasa a tu sobrina?-Preguntó Jésica sin hacer mención a vampiros y demás.-
-La encontré en el salón, tirada en el suelo, llena de sangre...y a su lado, Silvia, en el suelo, con...con el cuello completamente abierto, y un charco de sangre entre ellas.-
Jésica pensó que había matado algún animal, o incluso que le había confesado directamente que era vampira. Jamás pensó que podía ser algo tan grave.
-Cielo, ¿qué quieres que haga con Lucy?-
-Ayúdala a controlar su sed.-
Jésica se quedó sin palabras al escuchar aquello. Había averiguado lo que era y en lugar de venir pidiendo explicaciones sobre por qué no se lo dijo, venía pidiendo ayuda.
-¿Cómo lo has sabido?-Preguntó Jésica.-
-Cuando vi a mi sobrina tenía los ojos rojos, y recordé que cuando me corté, antes de ir a por la tirita, me fijé en tus ojos y estaban algo rojos. En principio pensé que estaban irritados pero busqué información cuando vino Elena y me dijo que te tenías que ir y que no habías podido volver a despedirte. Recordé que dijiste que no podías comer por tu dieta y a mi siempre me han gustado los libros de fantasía y recordé algunos de vampiros. Aunque me costó creerlo lo admití y cuando vi a mi hermana en el suelo desangrada y los ojos de Lucy así, decidí venir a verte.-
Jésica abrazó a Cristian para consolarlo.
-¿Dónde puedo ver a Lucy?-
-Mañana es domingo, así que tiene que ir a una reunión con el club de lectura en el instituto.-
Jésica hizo memoria y como no tenía ningún plan concreto para mañana, decidió ir a ver a Lucy.
-Mañana a las 12 de la mañana iré, pero no creo que vaya sola.-Dijo Jésica.-
-No te preocupes, no pasa nada porque vayas acompañada.-
-No no, digo tu sobrina.-Aclaró Jésica.- Si viste lo que hizo y sospecha que lo sabes o que has venido a verme o algo, irá con alguien que la defienda o que impida que hable del tema, te lo digo por experiencia propia.-
-Entonces lleva tú a alguien, ¿no crees?-
-Sí, aprovecharé la visita para llevarles a dar una vuelta y de paso que miren el instituto, porque mi...mi hermana a lo mejor se queda aquí a estudiar, porque vivía con mi tía pero ahora que ya es mayor quiere estudiar aquí.-
-Genial, yo tengo que ir a ayudar a un amigo que está haciendo un trabajo y necesita que le ayude, cuando termine te llamo y me cuentas.-
Jésica asintió, le dio dos besos a Cristian y se fue.
Al poco tiempo volvieron las chicas, y como era de esperar, Lana no había comido nada.
-Que sea la última vez que lo haces estando Jésica o yo delante después de tanto tiempo sin sangre humana, ¿entendido?-Le dijo Elena a su hija.-
-Sí mamá, perdona otra vez.-
Elena besó en la frente a su hija y entró en casa con ella y Jésica.
-Ya podemos comer chicos.-Dijo Jésica nada más entrar.-
La mesa estaba preparada y la comida servida. No esperaban que al volver estuviera todo hecho.
Comieron todos menos Jésica que no tenía hambre. Si normalmente evitaba la comida normal por su sed de sangre, ahora que había comido no podía ni intentarlo.
Esa tarde la pasaron todos juntos y al llegar la noche, Daniel y Lana fueron al restaurante de Lorena, donde estaban ya Azucena y Pablo.
Daniel habló con Pablo en secreto por el móvil y quedaron en llevar los dos traje y corbata, pero para que fuera sorpresa, lo llevaron en un maletín.
Las chicas por el contrario iban ya preparadas. Lana llevaba un vestido azul marino con flecos en la parte de abajo y unas sandalias con 10 centímetros de tacón. El pelo lo llevaba liso y llevaba pintada sombra de ojos azul clarito.
Al llegar al restaurante vieron a Azucena con un vestido dorado largo pero sin mangas, con unas sandalias algo más bajas que las de Lana y con un moño sujeto con una peineta.
Estaban las dos espectaculares, y ciertamente se notaba la diferencia entre chicas y chicos.
-Chicas vamos a lavarnos las manos.-Dijo Pablo.-
-Vale.-Contestó Azucena.-Lana, esta es Lorena.-
-Así que el restaurante es tuyo...mola.-Dijo sonriendo Lana.-
-Gracias Lana, te pareces mucho a Elena Lac, ¿lo sabías?-
Lana miró a Azucena y esta asintió.
-"¿Seguro que lo sabe?"-Preguntó Lana.-"Si no lo sabe y se entera ahora mi madre me mata".
Azucena volvió a asentir con la cabeza y habló por fin.
-Soy su hija.-
Lorena se sorprendió al imaginarse a Elena con una hija tan mayor.
-¿Cuántos años tienes?, si no te importa decirlo claro.-Dijo Lorena.-
-En absoluto, me gusta presumir de mi edad, jaja.-Bromeó Lana mirando a ambos lados para asegurarse de que nadie escuchaba.-Hace poco cumplí un añito.-
Esa respuesta dejó sin palabras a Lorena. No se explicaba que tuviera un año y aspecto de 18.
Azucena miró fijamente a Lorena y le guiñó un ojo, y entonces comprendió que no era humana.
-¿Eres como tu madre?-
-Sí, mitad y mitad.-Bromeó Lana para responder sin que nadie se enterase.-Por eso aparento más años, crezco muy rápido.-
-¿Y cuándo dejarás de crecer?-
-Suponemos que pronto...más bien esperamos que pronto, jajaja.-
Dejaron la conversación cuando vieron al fondo del restaurante dos hombres con traje negro saliendo por la puerta de los servicios.
-No puede ser...-Susurró Azucena.-
Pablo, como tenía oído de vampiro escuchó el comentario de Azucena y le respondió que sí podía ser.
-¿Cómo os habéis cambiado?-Preguntó Lana contemplando una y otra vez a los chicos.-
-Ah, es un secreto.-Respondió Daniel.-
Lorena vio que llevaban un maletín y lo miró.
-En ese maletín, seguro.-
Ni Daniel ni Pablo se dieron cuenta de dejarlo en el servicio, así que confesaron dónde llevaban el traje.
La cena se extendió hasta altas horas de la noche. Cuando se fueron todos los clientes, Pablo sacó una bolsa de sangre del maletín.
-Regalo de Lidia chicas.-Dijo Pablo sacando la bolsa y dejándola en la mesa.-
Lorena era humana pero entendió lo que ocurría.
Aún así, le resultaba extraño cenar con sangre en la mesa, aunque por supuesto, Pablo esperó a que Daniel y Lorena cenaran, pues lo más probable era que al ver la sangre se les quitara el apetito.
-Muchas gracias, ¿a qué se debe el regalo?-Preguntó Azucena.-
-Fui esta tarde a por los resultados de unas pruebas y le conté que Elena, Diego y Lana iban a venir. Como me dijo que no podía ir a veros porque está muy ocupada, me dijo que le diera esto, y cuando le comenté lo de la cena de esta noche...-
-Dije que podía ir a veros.-Interrumpió una voz dulce desde la puerta.-
Pablo ya sabía quién era, pero nadie más.
Cuando Lana se giró y vio a esa mujer morena, con una sonrisa inconfundible y con una de las voces más melódicas que jamás había oído, supo quién era.
Sin embargo, la reacción no fue la misma por la otra parte.
-¡Lidia!-Gritó Lana dirigiéndose a ella con los brazos abiertos.-
Lidia no reconoció a Lana hasta que no se acercó y vio sus ojos celestes.
A punto estuvo la enfermera de detenerla con un hechizo para que dejara de avanzar, pero la reconoció a tiempo y no lo hizo.
-Lana...¿realmente eres tú?-
Lana se sonrojó y se rió, recordando las muchas veces que le habían preguntado eso, como si fuera alguien disfrazado de ella.
-Sí...creo, jajaja.-
Lidia se rió y abrazó a la joven.
-Estás preciosa.-
Lidia cogió de la mano a Lana y la dio una vuelta sobre sí misma para mirarla detenidamente.
No se podía creer que esa fuera Lana, pero era la única respuesta lógica. Los ojos eran iguales que los de aquel preciosos bebé al que ayudó a nacer.
-Gracias Lidia, me acuerdo de ti pero no mucho...aún me cuesta reconocer a algunas personas y el pueblo ni lo recordaba.-
Lidia se rió al escuchar a la pequeña Lana decirle que no recordaba el pueblo y a ella muy poco.
-¿Por qué me recuerdas a mí?, ¿Sabes qué hice por ti?-Preguntó Lidia.-
Lana no tardó mucho en responder y la verdad es que no esperaba esa respuesta.
-Creo que tú fuiste la que me ayudó a nacer...recuerdo que fuiste la primera en cogerme en brazos y que en seguida apareció este petardo y me cogió.-Bromeó Lana mirando a Pablo.-
Lidia asintió con la cabeza.
-Sí, yo asistí el parto de tu madre...-
-De no ser por Lidia no habrías nacido.-Interrumpió Pablo.-
Lana creía que su madre había tenido un parto normal, programado y con la atención necesaria. Nunca se planteó preguntarle a su madre cómo fue su parto, pero esta era la oportunidad de saberlo.
-¿Qué sucedió el día que nací?-
-Tu madre...-
Lidia le contó la historia con todo detalle y Lana comprendió que lo que Lidia había hecho por su madre y por ella había sido el gesto más bonito del mundo.
-No se si mis padres lo harán pero yo te considero de la familia.-Comentó Lana emocionada por la historia.-
Pablo asintió el comentario de Lana, pues si era familiar de Lana, también lo era suyo.

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